Javier Sádaba

Javier Sádaba: entrevista en compañía

Tiene un punto exhibicionista –lo dice él mismo en su último libro Memorias desvergonzadas–, así que no hay muchas cosas que leyendo esta obra falten por saber sobre Javier Sádaba. O quizá sí; preguntas que, a veces, ya sea por la cercanía –o por lo contrario, la distancia– o por imposibilidades de tipo práctico no le han planteado quienes lo conocen. Hemos ido a buscarlos y les hemos pedido a ellos si tenían alguna pregunta para Javier Sádaba. Este es el resultado.

Pilar G. Rodríguez

Lo primero es una exclusiva. Javier Sádaba sí tiene vergüenza o, mejor, le dan vergüenza ciertas cosas. Y comparte aquí algunas, al hilo, por ejemplo, de la intervención del profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid Igor Sádaba. Por si se lo preguntan, sí, es hijo del entrevistado y su cuestión es ontológica y antológica porque combina dos de las formas de ser esenciales de Javier Sádaba: ser de Bilbao y ser filósofo. Como lo conoce bien, lo lleva directamente al principio, a sus orígenes en Portugalete, donde empezó todo un 28 de noviembre de 1940. Allí nació en una familia numerosa donde mandaba su madre, “una mujer que no era amiga de pamplinas (…) ocupada en sacar hijos adelante”, como explica el propio Javier Sádaba en su libro Memorias comillenses (Foca). Tuvo siete.

Aparte de ser de Bilbao, la otra condición capaz de definir a Javier Sádaba es su ser de/como filósofo. En su caso, la filosofía, más que una materia o una formación con la que ejercer una profesión –que también–, se ha convertido en una práctica, en un ejercicio o en una mirada, filosófica (y a menudo crítica), que verter sobre lo que la actualidad de la época va deparando. Esa mezcla –no muy habitual en este país– de teoría más discusión y acción ha hecho de él uno de los nombres más conocidos de la filosofía en español. Quizá eso es lo que le daba cierto pudor reconocer y quizá por ello la extensa explicación que ha servido de pequeña biografía e introducción.

Igor Sádaba: ¿Cómo se compatibiliza ser de Bilbao en lo particular y filósofo en/de lo universal? ¿Existe una filosofía de tradición vasca?
La verdad que es un problema grande. Pero uno tiene que humillarse y lograr un acuerdo. Pienso que lo he conseguido dando a cada uno lo suyo. Una filosofía en euskera no creo que exista. En erdera o castellano podemos citar nombres que van de Unamuno a Zubiri. No me incluyo porque me da vergüenza. Pero existen personas que han reflexionado, con mayor o menor fortuna, sobre la antropología vasca. Pienso también que es un tema apasionante.

“Una filosofía en euskera no creo que exista. En erdera o castellano podemos citar nombres que van de Unamuno a Zubiri. No me incluyo porque me da vergüenza”

Una de las personas que mejor lo conoce y más cantidad de documentación guarda sobre su producción es María del Olmo, directora del Archivo histórico provincial de Alicante. María del Olmo dedicó su tesis doctoral al “universo Sádaba” y posteriormente ha escrito varios estudios comparativos de su obra en relación a la de otros pensadores como Manuel Fraijó y Tomás Pollán.

María del Olmo: Conociendo tu “gozo” y pasión por el conocimiento que has definido como “el puro placer intelectual en relación con el grito gnóstico ‘queremos saber’”, ¿con qué filósofos amigos has disfrutado más en el diálogo reflexivo?
Yo citaría a tres: Tugenhat, Tomas Pollán y Jesús Mosterín. Con ellos he podido desarrollar el juego intelectual y aprender. Ojalá los dioses me hayan dado la capacidad de que aprendieran, al menos algo, de mí.

Compañero de juegos intelectuales, el filósofo y antropólogo Tomas Pollán le hace varias preguntas que lo sitúan respecto al pasado, al presente y al futuro.

Tomás Pollán:  ¿Con qué pensador actual o histórico crees tener más “afinidades electivas”, y qué libro de la historia de la filosofía y de la literatura te hubiera gustado haber sido capaz de escribir?
Mi afinidad sigue siendo con Wittgenstein. Lo leo y releo, lo sigo y lo rechazo. Como los novios. Así que respondiendo a la pregunta, el Tractatus. O, sin tener nada que ver, el Evangelio de San Juan. De la literatura, donde por desgracia soy un novicio, me encantaría haber escrito cualquiera de los libros de amor de García Márquez, especialmente El amor en los tiempos del cólera. O, de Ernesto Sábato, El túnel.

Tomás Pollán: ¿Qué cosas que no has hecho te hubiera gustado haber podido hacer o piensas explorar todavía en los próximos años: investigaciones, libros, viajes, amistades, etc.?
En el tiempo que me quede no intentaré investigar en sentido estricto. Me agobia viajar; sí me gustaría amarrar más a los amigos y, sobre todo, descansar, leyendo de manera anárquica. Respecto a escribir, aunque me rondan varias ideas, dudo que lo haga. Tal vez unos aforismos. Y respecto al tiempo pasado, son tantas las cosas que me gustaría haber hecho y no hecho que me pierdo. Quizás, saber mucho más de biología.

A preguntas de Tomás Pollán, Javier Sádaba responde, mirando hacia el pasado, que le gustaría haber estudiado y saber más de biología

Una de las razones –esbozada anteriormente en la introducción– por la que Javier Sádaba es conocido por un público amplio, más allá del ámbito de la filosofía, es por no esquivar las diversas polémicas, conflictos o dilemas que la actualidad propicia. Él da su opinión y da la cara. Y vuelve a darla cuando le preguntan por el procés catalán. Lo hace otro filósofo con quien comparte esa característica, César Rendueles, sociólogo y profesor en la Universidad Complutense de Madrid.

César Rendueles: Durante algunos de los periodos más negros del conflicto vasco fuiste a menudo una voz disidente, subrayando de forma muy valiente que la condena sin paliativos de la violencia era compatible con el reconocimiento de los problemas políticos que nos había legado el ordenamiento territorial de la Constitución de 1978. Con ese bagaje, ¿cómo ves la situación en Cataluña?, ¿crees que existe alguna salida política al atolladero de unionismo y procesismo?
En el tema del confuso e interesado nacionalismo no solo no he cambiado de opinión, sino que la he radicalizado. Que cada pueblo decida lo que le da la gana y que los Estados no se consideren dioses. Y mantengo el ideal de un organismo internacional que elimine todas las fronteras y respete todas las culturas. Si es un ideal utópico-romántico, qué le voy a hacer. En relación a Catalunya, creo que al final tendrá que llegar un referéndum de autodeterminación. Y se podría lograr un acuerdo siempre y cuando se planeara bien, se entendiera lo que es la autodeterminación y se dieran los plazos adecuados. Respecto al procés, tengo mis dudas de que se esté llevando bien.

“En el tema del nacionalismo no solo no he cambiado de opinión, sino que la he radicalizado: que cada pueblo decida lo que le da la gana y que los Estados no se consideren dioses”

Catedrático de ética en la Universidad autónoma de Madrid, otra de las ramas de interés que Javier Sádaba ha explorado en los último años ha sido la bioética. En este sentido ha compartido intereses con María Casado, Directora del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona.

María Casado: ¿Por qué el interés en promover una “bioética laica”?
Cada vez me da más pereza defenderla porque chocas constantemente con un muro. Las Iglesias lo son de granito. Pero pedir una ética laica no es nada del otro mundo (al pie de la letra). Es una consecuencia de una sociedad que se llame democrática. Y que ningún poder externo a lo humano legisle sobre la vida y la muerte, que es el núcleo de nuestra existencia.

Javier Sádaba y los libros

Ha escrito más de treinta; normal que varias de las preguntas tiren por ese camino. Las hemos agrupado en este recuadro. Algunos de quienes se interesaban por los libros escritos por Javier Sádaba o por su relación con los mismos ya han aparecido y han sido presentados. El que no, será presentado ahora. Raimund Herder es el director de Herder Editorial, donde publicó Sádaba en 2016 La religión al descubierto.

Raimund Herder: ¿Crees que tus libros cambian o contribuyen a cambiar el mundo (al menos un poco)?
Al escribir un libro uno se expresa. Nunca he perdido la esperanza de que puedan ser útiles a algunos. Y no desisto, por grande que sea mi escepticismo, de que tengamos otro mundo mucho más justo. Tal vez algunas de mis frases, aunque solo sea por casualidad, hayan servido para que se apunte en ese horizonte ideal.

Tomás Pollán: ¿De qué libro de los que has publicado estás más satisfecho?  
El menos malo creo que es el Diccionario de ética publicado en Planeta a finales de los noventa.

María del Olmo: En España eres el filósofo de la vida cotidiana, de la filosofía para la vida, como lo demuestra el exitoso Saber vivir (Libertarias Prodhufi). Me gustaría saber tu opinión sobre esta “filosofía para la vida” que en los medios aparece como novedosa y sobre la que se está publicando bastante ahora en nuestro país y en el extranjero. Ejemplo de ello sería el filósofo estadounidense Michael Sandel.
Respecto a este tema, me sorprende que algunos lo propongan como novedoso: es esencial al filosofar desde Sócrates. Otra cosa es la banalidad o una autoayuda que me parece que ayuda poco, a la filosofía y a la gente. De Sandel no conozco lo suficiente como para dar una opinión comprometida. Pero tengo la impresión, como con Harari, de que son los obamas de la filosofía. Mucho ruido, mucha publicidad, y pocas nueces.

Director del Instituto de ética clínica Francisco Vallés, Benjamín Herreros es internista y filósofo. Una de las amistades que la bioética le ha procurado a Javier Sádaba más allá de las conferencias, los debates y los grupos de trabajo y así lo manifiesta en Memorias desvergonzadasdonde lo presenta diciendo que “es, ante todo, un amigo. Un amigo tardío pero intenso”.

Benjamín Herreros: Si existiera una máquina del tiempo, ¿a qué época te trasladarías? Y también ¿con quién –y sobre qué– te gustaría hablar largo y tendido dentro del ámbito del pensamiento?
Me quedaría en esta porque es la mía y las otras solo las conozco de manera indirecta. Pero si hay que escoger, me hubiera gustado vivir en medio del romanticismo alemán. Respecto a la segunda cuestión, aparte de con Dios, como diría Wittgenstein, con Aristóteles o con Napoleón. Este ultimo fue, además de cruel estratega, un gran matemático. También sería un placer poder hablar con Diderot.

A Dios estamos dedicándole este mes un dosier en Filosofía&co. Y no podemos ni queremos dejar escapar a un licenciado en teología y campeón infantil de catecismo –esto lo cuenta en su libro Memorias comillenses– sin preguntarle si cree en algún Dios, en alguna religión.
Cuando alguna persona me dice que es creyente religioso, un test simple para mí consiste en comprobar que no sabe responder nada más. Porque hay miles de religiones y decir que la suya es la verdadera… Entonces debería admitir que si hubiera nacido en Arabia sería musulmán sunita, o que Dios es un caprichoso que le ha hecho nacer en la única religión verdadera. No veo otra salida. Esto le provoca rabia, desconcierto o recurre a la fe, que tampoco le resuelve el problema. El absurdo le rodea. Por otra parte, yo no creo en casi nada. En relación a las religiones, no creo en ninguna como sobrenatural, revelada o sencillamente natural. Otra cosa es que con unas religiones simpatice más que con otras. Por ejemplo, el budismo o aún más el jainismo frente a los duros monoteísmos.

“Yo no creo en casi nada. En relación a las religiones no creo en ninguna como sobrenatural, revelada o sencillamente natural. Otra cosa es que con unas como el budismo o el jainismo simpatice más que otras”

Eso no me hace ser ateo, sino agnóstico en un sentido que no quiere decir que estoy en medio de la creencia y la no creencia. Lo que digo es que si el ateo afirma que sabe que no hay fuerzas superiores a lo espacio-temporal, es decir, que sabe que no hay nada mas allá, yo me limito a afirmar que no sé nada. La diferencia es notable.

La amistad según Javier Sádaba

Este tipo duro que dice no creer en “casi nada” cree en sus amigos. A petición de María Casado, Javier Sádaba contesta así sobre qué es para él la amistad: “El amor y la amistad son primos hermanos. La amistad, tomada en sí misma, es el mayor de los bienes. Lo decía Aristóteles y, cómo no, estoy de acuerdo. Lo difícil es lograr y mantener amigos de verdad”.

Pero a Iban Sádaba esa respuesta no le parece suficiente. Como los buenos filósofos, él prefiere y pregunta por lo más concreto: “¿Por qué hablas tan bien de tus amigos?”. ¿Qué quién es Iban Sádaba? Lo explica el propio entrevistado: “Con mi nieto no me sale una respuesta que me satisfaga. Es un crack y me supera en todo. Menos contando chistes. Ha acertado observando que yo no hablo mal de los amigos, salvo algún pequeño matiz. Aprovecho la pregunta para decir que a mí no me molesta que hablen mal de mí e incluso ‘me pone’”. Otra exclusiva para acabar esta entrevista en compañía.

Fuente:

https://blogs.herdereditorial.com/filco/javier-sadaba-entrevista-en-compania/

 

 

 

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