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Mito y filosofía (logos): una relación mal entendida

La historia del pueblo de Atenas se inicia con la narración de un mito. La patrona de la ciudad, Atenea, nace sin el amparo del útero materno, de lo que se ha dado en llamar una “rarísima paternidad virginal”. Vino al mundo provista de armas, dada a luz desde un curioso habitáculo: la cabeza de Zeus. El principal dios del Olimpo sufría desde hacía algún tiempo jaquecas que se traducían en diversos sucesos meteorológicos (intensas tormentas, rayos, fuertes lluvias, etc.), hasta que Hefesto (el dios herrero) pudo resolver el problema –literalmente- de un mazazo. De la apertura craneal surgió Atenea, a quien pronto Hefesto pidió por esposa en recompensa de la tan particular cirugía practicada a Zeus.

Sin embargo, la diosa rechazó la proposición del poco agraciado titular de la fragua olímpica (Hefesto era cojo y desventurado). Quizás sea éste uno de los primeros atisbos históricos, si bien de origen mítico, en el que se da la elección libre de una mujer en un entorno en el que –muy bien lo sabía Hera, esposa y hermana de Zeus– la figura femenina adolecía de estar, en la mayor parte de los casos, supeditada a la historia y asechanzas de las divinidades masculinas.

Siguiendo con la historia, en un intento desesperado, Hefesto se acostó sobre la recién venida al mundo Atenea, pero lo que hubiera sido una cópula amorosa entre entidades inmortales derivó en un forcejeo divino: cuando el dios herrero tocó a Atenea, y a causa de la gran excitación de aquél, eyaculó con la mala fortuna de que su semen fue a parar a la tierra, a suelo mortal. El resultado fue el nacimiento de Erictonio, el que un día se convertiría en rey de Atenas (si reparamos en la etimología, Eris se refiere a la diosa griega de la discordia). Pero no perdamos de vista a Atenea. Durante el reinado de Erictonio, la diosa se batió en duelo con el hermano de Zeus, Poseidón, para conseguir el patronazgo de Atenas. El primero ofreció a los atenienses el caballo, animal invencible en la carrera y poderoso en las batallas. Sin embargo, Atenea obsequió a la ciudad con el olivo: aceite, fuerte madera y la posibilidad de ser cultivado en condiciones de terreno muy adversas. De este duelo la diosa salió victoriosa, y fue ensalzada desde entonces como patrona de Atenas.

En este sentido, ya desde los más arcanos albores de la humanidad el mito cumple numerosas y variadas funciones, más en particular en el forjamiento del pensamiento y evolución del pueblo griego. En primer lugar, una función sociopolítica: en Grecia no existía –como tal– un poder centralizado, sino que se daban más bien Estados más o menos independientes. Lo que precisamente anexionaba a estas comunidades era una unidad cultural, dada por el mito y el espíritu homérico. También cumplían una función religiosa: los textos de Homero permitieron a los griegos albergar y defender una concepción de qué son los dioses, lo que fundaba la marcha ritual de la vida griega, lo misterioso. El mito era la base de lo religioso y lo divino, a la vez que constituía una llamada a que el hombre ocupara su lugar. Por otro lado, teniendo en cuenta la narración sobre Atenea más arriba mencionada, el mito cumple una función fabuladora: permite al griego remitirse a otro mundo, basado, fundamentalmente, en la evocación y la memoria (Mnemosine –la memoria– era esposa de Zeus). Esto convierte al mito en una narración no sólo maravillosa, sino también fundante y dadora de sentido, junto al carácter de fabulación como encanto y huída fugaz de lo mundano. Así, el mito no es profecía, sino que se refiere al pasado, lo que diferencia a la religiosidad griega de otras hoy aún vivas, como el judaísmo y el cristianismo, que sí son proféticos (lo bueno, lo más bello y lo más digno, es lo que está por venir).

El griego se entusiasma con el pasado, y con los datos recopilados en los textos de Homero y Hesíodo iluminaba su presente: la evocación de aquel mundo es lo que convierte al mito en evocación de lo maravilloso, ensalzando el poder de la imaginación. Una imaginación que no inventa, sino que rememora. Por eso podemos adscribir a lo mitológico una función estética y lingüística: el mito se expresa en una lengua, se dice y se escribe. Más allá, está vinculado al uso no sólo adecuado, sino también y sobre todo al uso bello de la lengua, que se traduce en la forja de bellas creaciones; de ahí su estrecho vínculo con el epos, la poesía. En definitiva, el mito es la expresión maravillosa de lo maravilloso. No sólo se narran hechos, sino hechos modélicos: no hombres, sino modelos de humanidad.

De este intento por acudir a los modelos surgirá, poco a poco y andando el tiempo, una visión filosófica donde la realidad será vista desde tales arquetipos: las ideas. Homero es una llamada a lo perfecto, y ya en Platón observamos cómo los griegos no se conformaban con lo circundante, hay que ver la realidad a partir de sus modelos, el reflejo de lo perfecto. Y es que no debemos olvidar, a su vez, su función formativa y educativa: los mitos marcaron para los griegos la norma ideal del espíritu, señalaron la norma primera de la paideia, de la formación o educación. Era necesario poner en forma el cuerpo (gimnasia) y desarrollar, a la vez, la excelencia humanística (musiké, lo inspirado por las musas). El hombre se forma en la medida en que busca -y aspira a– la perfección. Es conocida la anécdota, relatada por Plutarco, que cuenta que Alejandro Magno llevó a su conquista dos únicos bienes: su caballo Bucéfalo y su ejemplar de la Ilíada, texto al que acudía en busca de fortaleza, consuelo y ánimo.

Sin embargo, los mitos también tuvieron sus detractores: Heráclito explicaba que en tales narraciones el hombre aparece desencajado de su medio, lo que le aleja demasiado de la realidad. Jenófanes, poeta ambulante, fundaba su crítica afirmando que es imposible que existiera tamaño número de dioses (los primeros atisbos de monoteísmo, aunque de manera incipiente y restringida, surgieron también en Grecia). Incluso el propio Platón critica el mito en el Libro X de La República: a los poetas deberían expulsarlos sin miramientos de la ciudad, pues hablan de apariencias, no de hechos. A pesar de ello, incluso los más fervientes críticos reconocieron el relevante papel de los mitos en la educación de los niños, que aprendían a leer a partir de los textos de Homero.

Por último, podemos referirnos a una función explicativa: el griego vive el mito, primero, como una explicación del conjunto de la realidad, como una develación unitaria que parte del origen. Así, el griego sabe a qué atenerse en función de lo que se cuenta en los poemas. El mito es conocimiento, es un recurso teorético, pero también un motor eficaz que conduce a la admiración, un dejarse sorprender (el comienzo, para Aristóteles, de todo conocimiento). A su través los griegos ordenan su mundo y dan sentido a su vida.

En conclusión, eso que habitualmente se denomina logos (la racionalidad, y de su mano, la palabra) está ya en el mito. La diferencia capital entre filosofía y mito es que la enseñanza de este último se basa en una afectación, en un estado sobre el ánimo del griego. El mito, en resumen, es aceptado como explicación de lo que nos rodea como hombres y mujeres habitantes de la Tierra. Por su parte, la filosofía es un compromiso individual de descubrimiento, de desvelamiento: filósofo es quien que pregunta e interroga acerca de todo aquel mundo que (a)parece como previamente configurado. Si el mito funciona como un código de respuestas, como razón-sistema (una creencia no indagada), la filosofía se presenta como razón-problema. Mas no por ello el mito carece de razón (logos) ni ha de ser tomado como una creencia fútil e infundada, sino como un conjunto de saberes que configuran y dan sentido a la realidad del griego.

Hace no mucho leí un artículo en la revista Historia y Vida (número 509) cuyo título reza “Bajo el influjo del Olimpo”. En él se dice que la mitología griega no tardó demasiado en cuestionarse: “El desarrollo de una intensa cultura intelectual, con el cultivo de la filosofía y las ciencias, transformó el mundo helénico. […] [L]a razón terminó sustituyendo a la mitología como instrumento para comprender el universo”. Pero, de nuevo nos preguntamos tras lo dicho hasta ahora, ¿fue esta transición del mito al logos tan abrupta, tan aparentemente sencilla, o peca de poco rigurosa –desde el punto de vista tanto histórico como filosófico–?

En el mundo griego, los dioses no poseían un ser –una esencia, ousía–, sino que aparecen como una forma de dar legalidad al cosmos: una organización del mundo mediante leyes que se propugnaron por vía oral a través de ciertos poemas (la Ilíada y la Odisea de Homero y, poco más tarde, la Teogonía y Los trabajos y los días de Hesíodo). La mitología griega representa una manera del todo racional de otorgar un sistema unitario frente a lo que antes sólo era caos: viento, lluvia, fuego, movimientos del sol y la luna, etc. Y sólo quien está fuera de la ley puede instituirla: los dioses. Por ejemplo, el –muchas veces malinterpretado– Romanticismo de los siglos XVIII y principios del XIX quiso poner de manifiesto la existencia de un estado de humanidad allí donde existía una relación con los dioses (de manera similar al mundo griego): la vuelta al “paraíso perdido” de los románticos no es sino una tendencia a reencontrarse con nuestro origen, con lo mítico, con lo maravilloso que pervive con independencia del tiempo.

Si seguimos con el artículo de la revista más arriba mencionado, leemos que “el escandaloso comportamiento de los dioses y su lejanía respecto al hombre hicieron que el individuo pusiera en duda unas normas morales que ni los mismo dioses seguían”. Sin embargo, a poco que se haya estudiado el mundo griego, se sabrá que el concepto de justicia que empleaban los griegos no se cuidaba en absoluto de la intención: sólo el acto importa, como observamos en las historias de los grandes trágicos. Sólo el acto sella la intención, que hasta ese punto no importaba. A partir de la divulgación de las historias de Homero y Hesíodo, notamos una conciencia más viva al respecto de la inseguridad humana y la condición desvalida del ser humano; el correlato religioso de tales sentimientos será la hostilidad de los dioses. Pero, y aquí está lo interesante, no se posee la imagen de una divinidad maligna, sino la de otra en la que existen un poder y una sabiduría dominantes, que (recuérdese aquí el mito de Sísifo) mantienen de manera permanente al hombre abatido, impidiéndole remontar su condición. Es más, los dioses viven temerosos de nuestro posible éxito: desean mantener su mayor prerrogativa, la inmortalidad.

El propio Aquiles lo expresa en la Ilíada (Canto XXIV) de esta forma: “Porque los dioses han tejido el hilo de la desgraciada humanidad de tal suerte que la vida del Hombre tiene que ser dolor, mientras ellos viven exentos de cuidado”. Aquiles reclama el heroísmo no como aproximación a la felicidad, sino como acercamiento a la fama. De una manera similar, los dioses que encontramos en este tipo de obras se interesan por su honor. Sin embargo, los primeros pensadores salen de la existencia guiada por el mito (que no deja de ser una revelación de la esencia del mundo en conjunto, aquel “poner orden” que mencioné). Es entonces cuando comienza a barruntarse la idea de un saber absoluto y necesario, un saber inaudito, y en definitiva, un dirigirse hacia la totalidad de las cosas. Tal es el comienzo de la filosofía.

El Todo es el contenido de la verdad innegable. Hasta la llegada del pensamiento en forma de filosofía, la totalidad de las cosas están ocultas en su esencia (viento, mareas, fuego, etc.). La naturaleza (aquello que los griegos englobaban bajo la palabra physis) comprende todo lo pensable y lo recoge en una cohabitación con el hombre, caracterizada por la aletheia (un brotar continuo por parte de la naturaleza a la luz) y la lethe (la parte oculta de la physis), que comprenden –ambos– el devenir de todas las cosas. En este proceso, la physis sale de sí misma (trascendencia) con la reflexión del hombre, aunque, al mismo tiempo, se oculta (inmanencia). Con la llegada de los trágicos y Platón, se deja de lado la idea de lethe y aparece la de la nada, que deja a la aletheia y por tanto al hombre a merced de un fundamento (razón, Dios, lo Uno, lo Eterno, etc.) que la puede modificar e instrumentalizar.

En resumen, los griegos afirman que la totalidad de las cosas, a pesar de que tienen rasgos diferentes, manifiestan a la vez un todo unitario. Fue la manera de enfrentarse a este “todo unitario” la que cambió, pero en ningún caso el mito se olvidó de la noche a la mañana con el surgimiento del pensar filosófico.

Para terminar con un apunte geopolítico, el nacimiento de la polis provocó una estructuración finita de la realidad que surge con las asambleas de guerreros caracterizada por ritos funerarios con juegos, repartos de botines, asambleas deliberativas, etc. De este hecho nace la noción griega de to mesón (en español puede traducirse como “dentro”), que representa el poner algo en común, en público, una soberanía impersonal que adquiere la idea de arjé (jefe) y de kratos (poder). Las asambleas siempre se disponían en círculo como representación de una sociedad no piramidal caracterizada por la igualdad y el equilibrio, lo que permite el desarrollo del pensamiento y la aparición del ágora en la polis. Estos datos, por fin, provocarán una nueva concepción del espacio y del tiempo, y por supuesto, de la religión.

Un dato que parece querer olvidarse: lejos de desaparecer –con la llegada del cristianismo al Imperio de Roma y la conversión de Constantino–, la influencia del panteón de dioses y héroes griegos y romanos pervivió como parte importante de la cultura antigua en la Edad Media, resucitada más tarde en el Renacimiento, cuando se restauraron tanto las lenguas de la Antigüedad como las imágenes plásticas de aquellos dioses y semidioses como modelo inmarcesible de belleza en las artes.

 

Este artículo ha sido escrito por Carlos Javier González Serrano y publicado en www.elvuelodelalechuza.com.

La filosofía rescata los placeres sencillos y ocultos

…un asomo a la ventana para explorar la belleza de la calle, un silencio en casa que desvela los ruidos armoniosos de la vida, un beso que por temor se queda en la comisura de los labios…

Ahí están, nadie los ve o los quiere ver, ni los aprecia, ni los valora; son los placeres ocultos, secretos o sencillos de la vida. Instantes, gestos o emociones secuestradas por los hábitos, los prejuicios, los miedos, la vorágine del tiempo o las ambiciones de sueños inabordables. Al rescate y descubrimiento de esos pequeños y cotidianos placeres, gozos y alegrías verdaderas y accesibles invitan varios expertos y filósofos en sus libros de aire epicúreo. Piden no dejarse extraviar en los espejismos de felicidades prometidas por el mundo contemporáneo. Lo hacen tras varios años en que la filosofía había reflexionado sobre esos conceptos más en abstracto.

“¿Qué significa estar plenamente vivo, en vez de estarlo solo a medias o al 20%?”, se pregunta el historiador y pensador Theodore Zeldin, exdecano del St. Anthony College de Oxford. Tras esa pregunta, surge otra: “¿Cómo elegir entre las múltiples formas de escapar al sufrimiento y a la frustración, entre las diversas variantes de la religión (existen 4.200), entre ideales tan dispares como los de los estoicos y los de los románticos, el Renacimiento y los enciclopedistas, la ciencia y la tecnología, y así sucesivamente? Aunque hay más donde elegir que nunca, es inevitable la confusión. A desentrañar esa búsqueda ha dedicado los últimos 25 años Zeldin. El resultado lo cuenta en una treintena de historias reales de aliento reflexivo en el libro Los placeres ocultos de la vida. Una nueva forma de recordar el pasado e imaginar el futuro.

Crear una atmósfera

El ser humano ha convertido la búsqueda de la felicidad en un laberinto al desdeñar lo básico y convertir lo sencillo en una complicación, viene a decir el italiano Giuseppe Scaraffia en Los grandes placeres (Periférica). Una obra con más de medio centenar de pistas sobre esas dichas subestimadas a través de episodios vividos por personajes de la cultura bajo títulos que dejan claro el camino: Amueblar el vacío, Modales, Flores, Paseo, Indulgencia, Lágrimas… Según el filósofo italiano, “hemos olvidado que la felicidad no es un estado de ánimo edificante, y sí la suma de muchos pequeños placeres que en conjunto crean una atmósfera”.

…los buenos modales anhelados por todos pero aplicados por pocos, un minuto de atención para escuchar las ideas del otro, una caricia furtiva al amigo para dar optimismo en días grises…

Pero el sistema y el mundo contemporáneo exigen expectativas sobredimensionadas como vía para alcanzar la felicidad, coinciden los dos pensadores. A lo que Scaraffia añade que no nos contaron cómo buscarla. Pero recuerda que “Stendhal que pidió ir ‘a la caza de la felicidad’ dijo: ‘Hay que saber lo que te hace feliz y convertirlo en hábito’. Y para construir la felicidad se requiere sensibilidad, paciencia, cultura y memoria”.

Lo cierto, afirma Zeldin, es que los seres humanos se aburren: “Unos menos que otros. Incluso a quienes les gusta la rutina y siguen ligados a los hábitos familiares, de vez en cuando anhelan sorpresas diferentes. La economía mundial se basa en poner remedio al aburrimiento”.

El mundo digital es un ejemplo. Es un obstáculo o un amigo Internet para los pequeños placeres? Giuseppe Scaraffia lo tiene claro: “Internet no es el enemigo de los placeres de la vida. Es un amigo. Puedo escuchar en alguna plataforma la música rara que me gusta y que no comparto con nadie o ver pinturas y descubrir a nuevos artistas”.

Zeldin es más escéptico. Considera que siempre se ha esperado demasiado de las nuevas tecnologías, que invariablemente han producido efectos colaterales inesperados. “Evidentemente, Internet no ha sido un sustituto apropiado de la experiencia completa de contacto personal íntimo que proporciona a los seres humanos su placer más profundo. Sin embargo, no tiene sentido echar toda la culpa a la Red. El aislamiento de los individuos también se ha acentuado por el crecimiento de las ciudades monstruo. Yo disfruto de los placeres sencillos y también encuentro placer en investigar cómo se podría acabar con esa clase de barreras”.

Buscar la belleza

La solución está al alcance de todos. Está en descubrir el placer en cada cosa que se haga o en el trabajo, en aprender a disfrutar de la belleza que llega a través del cualquier sentido o del intelecto o de los sentimientos, recuerdan los filósofos. “La belleza es un prodigio cotidiano y un lujo de primera necesidad, casi siempre un proceso de transformación y tanteo, casi nunca una obra cumplida y cerrada”, escribe Antonio Muñoz Molina en el prólogo de El libro de la belleza. Reflexiones sobre un valor esquivo (Turner), de María Elena Ramos.

El alma debe ser entrenada, como diría Plotino, recuerda Ramos. Y así el hombre, escribe la experta, “debe tornar la mirada hacia el interior de sí mismo, donde habría de encontrar grandes bienes que son precisamente la señal dejada en el alma humana por la creación. Pero si aún no encuentra esa belleza al interior, deberá hacer un trabajo más consciente y paciente, semejante al del escultor”.

No se trata tanto de hacer la vida mejor, sino de convertirla en algo más interesante, afirman Zeldin y Scaraffia. Los filósofos piden desterrar prejuicios, vergüenzas y miedos para evitar la sensación de haber malgastado la vida. Recomiendan quejarse menos y buscar metas más emocionantes, arriesgar en la aventura. Sentir. Vivir un olor que recupera un paraíso perdido o ante una buena noticia de alguien decirle al oído: “Estoy contento”.

QUITARSE LAS MÁSCARAS

En el teatro de la vida, la gente para protegerse enmascara sus verdaderos deseos y olvida los placeres sencillos y cotidianos, explica Theodore Zeldin. A eso, agrega el filósofo inglés, se suma el hecho de que muchas personas están encorsetadas en prejuicios y tradiciones que los llevan a convertirse en lo que creen que quieren ser. No se aceptan. Son profundas autotraiciones porque, añade Zeldin, “el prejuicio es el obstáculo más firme a la apertura de la mente. No obstante, si bien arruina las vidas de aquellos a los que discrimina, aumenta la autosatisfacción de los que lo abrigan: los conforta en sus hábitos y los libra del esfuerzo de tener que escuchar atentamente opiniones ajenas. Esa es la razón por la que el prejuicio sobrevive tan obstinadamente”.

“La ambición convencional suele chocar con los anhelos más profundos, mientras el fingimiento y la hipocresía han impregnado muchos aspectos de la vida”, se lamenta Zeldin. Esta civilización, asegura el experto, “nos invita a cubrirnos la cara con una máscara adecuada a nuestra posición en ella, y nos disuade de hablar con demasiada honestidad de lo que pensamos y sentimos de verdad. Por eso propongo que ninguna ley, ni ninguna institución pública pueden hacernos verdaderamente felices. Tan solo en la seguridad de la estricta vida privada es posible intercambiar abiertamente pensamientos profundos e inexpresables”.

La mayor revolución del último siglo han sido las nuevas relaciones entre las personas de todos los sexos y edades, afirma Zeldin. “Una revolución que está incompleta, y muchas cosas dependen de cómo prosiga. Las personas están hambrientas de afecto —no solo de recibirlo, sino también de darlo”.

Este artículo ha sido escrito por Winston Manrique Sabogal y publicado en EL PAÍS, 20 marzo, 2016.

«Escepticismo ante todo»

La filosofía está en todas partes. Está en las preguntas de un niño de once años que empieza a dudar de que lo material sea lo único que existe y que le dice en tono cómplice a su mamá que cree que todos en el mundo son personajes de historietas.

También está por supuesto en el trabajo cotidiano de muchos profesionales. Distintas escuelas, corrientes y aproximaciones filosóficas ayudan (de forma consciente o inconsciente) a profesionales de todas las áreas a realizar su trabajo.

Vamos a poner el ejemplo de un detective privado. Uno real, no estamos hablando de un Sherlock Holmes que resuelve casos de asesinatos misteriosos, sino de ese detective de carne y hueso que debe quizás ayudar a dirimir una disputa entre un empleado y su patrón en relación a un fraude, o que sigue al potencialmente infiel esposo de su cliente.

Este profesional debe guiarse por las máximas filosóficas del escepticismo, es decir, dudar de todo.

Recordemos que el propio término escepticismo viene del griego «sképsis«: duda, investigación. Y también que como escuela filosófica, el escepticismo nos dice que no se puede alcanzar la verdad. Para este hipotético detective, la duda debe ser su motor: dudar de los hechos que se le presentan, las imágenes, las declaraciones. Y no sólo al realizar sus pesquisas, también desde el momento mismo en que recibe a un cliente nuevo, pues muchas de las personas que acudan a él, le dirán sólo parcialmente la verdad del hecho que quieren que se investigue.

Este escepticismo le permite a un detective privado apegarse a sus principios morales y mantener un comportamiento ético. Y es que son muchas las personas que le pedirán que a lo largo de su investigación truquee la verdad, falsifique eventos o incluso, amenace o amedrante testigos. Y ello es porque estas personas no respetarán ni conocerán el auténtico trabajo que realiza este profesional. Dudar desde un principio, dudar mientras investiga y dudar al finalizar su reporte son la cotidianidad escéptica de un detective.

¿Qué podemos aprender de él? Que la verdad es un concepto plástico y maleable. No podemos asirla como tomamos las manos de un ser querido. No podemos fotografiarla ni imprimirla. Hay que respetar lo esquivo de su existencia para poder tomar fragmentos de este concepto. No podemos adquirir la verdad del amor, pero podemos saber llanamente si nuestra pareja nos es fiel y si en base a ello podemos construir una relación verdadera. No podemos tener entre las manos la verdad de la gentileza, pero podemos intentar ser amables en el día a día.

Como podemos ver, la filosofía de “escepticismo ante todo” que puede aplicar un detective privado (artículo original en el que se basa este texto) no nos es completamente ajena. Es cotidiana, es útil e incluso nos puede ayudar a ser personas más empáticas. Y eso es algo que quizá no le sobra al mundo hoy día.

Este es un artículo escrito por Carla Martínez.

Las Comunidades que no amaban la Filosofía

La Ley de Mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE) arrincona a la Filosofíaen los insitutos, de los que los alumnos podrán salir sin haber cursado ninguna materia relacionada. No obstante, hay comunidades que han adaptado la ley para que no pierda tanto peso, mientras que otras, como Madrid, adaptarán la norma sin más. La Red Española de Filosofía (REF) se reúne este miércoles con el consejero madrileños de Educación, Rafael van Grieken, para pedir un mejor tratamiento a esta materia que contribuye a la formación integral de los alumnos.

La Filosofía comenzará a desaparecer de los centros el próximo curso, cuando la reforma educativa entre en vigor en el segundo año de los ciclos de Secundaria. Así que esta es la última batalla para el colectivo, que lleva tres años luchando por no perder peso dentro de los institutos con el fin de que los alumnos puedan formar su espíritu crítico. Con la LOMCE, desaparece Ética en 4º de la ESO, que era obligatoria, y Filosofía pasará a ser una optativa entre casi una decena de opciones. En 1º de Bachillerato, se mantiene Filosofía como obligatoria, pero se pierde en 2º, donde queda como optativa, en principio, solo en las opciones de Humanidad y Ciencias Sociales.

En cualquier caso, hay comunidades donde se ha conseguido salvar la asignura, mientras que en otras se mantiene el texto de la LOMCE sin mejoras o incluso con más impedimentos. Cantabria «es la Comunidad que mejor trata la Filosofía», asegura Esperanza Rodríguez, responsable de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía, que ha elaborado un informe comparando las 17 realidad diferentes de esta asignatura. En concreto, su aportación ha sido hacerla obligatoria para todas las modalidades de Bachillerato, menos Artes, donde era muy difícil de encajar. «Cantabria se ha dado cuenta de que los alumnos van a tener que examinarse en la prueba final de Bachillerato, lo que llamamos reválida, todas las troncales. Pero todas tienen continuidad en 2º, menos Filosofía», explica Rodríguez. De esta manera, los alumnos seguirán teniendo contacto con la asignatura. Andalucía también ha hecho obligatoria Historia de la Filosofía de 2º con una carga lectiva mínima de dos horas.

Otras comunidades han convertido la asignatura en obligatoria para Humanidades (Murcia) y otras también en Ciencias Sociales (La Rioja). Valencia la hecho optativa en todas las modalidades, pero se compromete a aceptar grupos de 7 alumnos, frente a los 15 alumnos o más que suelen ser necesarios. Galicia, por su parte, continúa con su tradición de ofertar optativas como Antropología, Ética y Filosofía del Derecho o Filosofía de la Ciencia.

Respecto a la asignatura de Filosofía de 4º de la ESO, que sustituye a Ética, obligatoria hasta este año, lo normal es que aparezca como optativa, pero hay comunidades, como el País Vasco o Castilla y León donde ni siquiera la incluyen, y otras que la convierten en obligatoria, como La Rioja o Extremadura.

En Madrid, la situación es muy similar a la prevista por la LOMCE, pero desde la REF apuntan un defecto importante en su elaboración, ya que el hecho de que la optativa de 2º de Bachillerato para Ciencias y Tecnología sea de cuatro horas hará imposible a los alumnos cursarla, ya que compite con otras de dos. Para intentar mejorar la situación de la Filosofía en Madrid y plantearle algunas situaciones, la REF se reúne con el consejero de Educación este miércoles por la tarde.

Esta noticia ha sido escrita por Carmen M. Gutiérres y publicada en: www.madridiario.es

Fecha: miércoles 07 de octubre de 2015.

Fotografía: Diego Sánchez

 

Destruir la filosofía

Es la consigna. Desde hace años la idea de destruir la filosofía como asignatura obligatoria del bachillerato alegando que no es indispensable en la formación de los jóvenes; que es innecesaria, anticuada, inútil, etc., ha ido calando en el espíritu de nuestros próceres y de algunos pedagogos al servicio de un estado al que poco importan las humanidades. Los países desarrollados la colocan por encima de las demás materias de conocimiento. Por encima de las matemáticas y otras ciencias. No andan descaminados, pues de nada sirven los conocimientos si no van unidos a la explicación de su existencia. Todo tiene su razón de ser y estar al tanto de ese origen, su justificación, sus posibles causas y fines, es el principio de nuestra necesidad de saber la verdad sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos.

Ni los números ni las más avanzadas tecnologías nos darán una demostración que pueda satisfacernos. Debemos indagar, averiguar la verdad, la esencia, la razón de existir de aquello que forma parte de nuestro universo. Y eso solo puede suceder a partir de una búsqueda que nace del deseo insaciable de saber que caracteriza al ser humano. La ciencia nos las da, es cierto, pero no todas. La filosofía es la que lo intenta siglo tras siglo. La humanidad, gracias a ese amor al conocimiento, a ese afán por encontrar la verdad sobre la vida y la muerte, sobre el comportamiento de la naturaleza y de los seres vivos, sobre las dudas y creencias que al ser humano acompañan, ha sido la gran curiosa y la que ha puesto sus esperanzas en aquellos que dedicaron su vida a la búsqueda de argumentos que apaciguaran sus deseos de conocer. Silenciar esas voces no servirá de mucho. Siempre existirán hombres y mujeres cuyo interés consistirá en hallar una respuesta a tantas interrogaciones.

Eso es lo lógico en la verdadera educación: enseñar el camino por el que encontrar esas respuestas y obligarnos a pensar, a dialogar y a debatir para llegar a descubrirlas, cosa que han hecho los filósofos durante siglos. Buscar la posibilidad de un mundo mejor, soñar con él, construirlo, es la meta. El miedo a que sepamos más, a que dudemos sobre lo divino y lo humano, a que podamos descubrir de lo que somos capaces, es lo que lleva a nuestros dirigentes a cancelar una puerta por donde esas verdades puedan filtrase un día poniendo en peligro sus vidas y su hacienda. La consigna es muy clara: que no piensen y así no pedirán lo que no queremos darles. Matar a los pensadores es eliminar la luz que ellos derramaron sobre nuestras almas en sombra. Y que siga creciendo la oscuridad.

Este artículo de opinión ha sido escrito por Elsa López en: www.laopinion.es

Oviedo acogerá la Olimpiada de Filosofía, con ochenta participantes de todo el país

Oviedo acogerá el próximo mes de abril, los días 15 y 16, las III Olimpiadas Españolas de Filosofía, un certamen en el competirán unos ochenta estudiantes de la 4.º de ESO y 1.º y 2.º de Bachillerato de toda España en cuatro categorías. Junto a los alumnos, de entre 16 y 18 años, acudirán además unos treinta profesores, así como un grupo importante de padres. El certamen está organizado por la Red Española de Filosofía, que agrupa a las diferentes sociedades regionales, así como por la Sociedad Asturiana de Filosofía.

Los jóvenes participantes serán seleccionados a lo largo de este curso por los diferentes institutos. Se seleccionará un trabajo por cada treinta alumnos y posteriormente se hará una criba de cara a las olimpiadas regionales, en las que compiten tres estudiantes por cada una de las cuatro categorías. Los ganadores regionales serán los que compitan en la olimpiada nacional. En Asturias, la de este curso 2015-2016 será la decimoquinta olimpiada regional, y la final tendrá lugar en el Instituto Jovellanos de Gijón.

El tema elegido este año para las categorías de ensayo o disertación y fotografía filosófica será «¿Qué es la belleza?». En la categoría de vídeo filosófico se ha escogido el tema: «¿Perdedores?». Finalmente, en la cuarta categoría, en la que los estudiantes se enfrentan a un dilema moral, abordarán las opciones a la pregunta «¿Qué responsabilidad tenemos frente a los animales?». Como se ve, estas olimpiadas se centran en cuestiones enjundiosas, alguna de las cuales está además de plena actualidad.

Alta calidad

Los trabajos premiados en otras olimpiadas pueden consultarse en las páginas web de la Red Española de Filosofía y la Sociedad Asturiana de Filosofía. «La calidad de los trabajos que compiten suele ser muy alta», indica Román García, presidente de la Sociedad Asturiana de Filosofía, encargada de organizar la Olimpiada de este año. Dadas las implicaciones de los temas escogidos este año, se tratará de contar en el jurado con la presencia de algún especialista en derecho y algún defensor de la causa animalista.

Esta noticia ha sido publicada por L. Á. V. en: http://www.lne.es/asturias. (La imagen que acompaña al artículo ha sido publicada en el mismo diario digital: http://www.lne.es)

El Día Mundial de la Filosofía llega a Madrid con +Filosofía

Con motivo del Día Mundial de la Filosofía, establecido por la Unesco, se pone en marcha el evento “+Filosofía”. Este ha sido organizado por personas implicadas en la filosofía desde distintos ámbitos –filosofía práctica, escritores, diseñadores, profesores- y va a tener lugar en Madrid los días 19, 20 y 21 de noviembre, coincidiendo con el tercer jueves de dicho mes, jornada mundial de la celebración.

El objetivo de estas tres jornadas será la creación de un espacio común en el que confluyan una serie de actividades gratuitas relacionadas con la filosofía y que serán fruto de las propuestas de los propios participantes. Estas estarán dirigidas a todos los públicos y se buscará, esencialmente, una mayor visibilización de las distintas formas de hacer filosofía así como de los profesionales que se dedican a ella.

Entre las propuestas más destacadas, los participantes podrán formar parte de actividades más tradicionales como mesas redondas o conferencias; formatos más innovadores como talleres prácticos dirigidos a niños o filosofía práctica para todos los públicos; actividades de difusión y entrenamiento de habilidades del pensamiento aplicado como los cine fórums, los cafés filosóficos o programas radiofónicos; por último, actividades más terapéuticas como el asesoramiento filosófico y las consultas individuales.

Hasta finales del mes de septiembre todas las personas interesadas podrán proponer actividades o comunicar su participación en otras a través de este contacto: actividades@masfilosofia.com. Posteriormente, durante el mes de octubre se organizarán las actividades y las propuestas que han sido solicitadas.

Asimismo, toda la información se puede seguir a través de la página web del evento:

www.masfilosofia.com

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Las clases de filosofía de Merlí llegan a TV-3

«Estoy harto de que la gente diga que la filosofía no existe; la filosofía sirve para reflexionar sobre la vida y el ser humano, y para cuestionarse cosas. Por eso, se la quieren cargar; filosofía y poder tienen una tensión sexual no resuelta». Esta es la tarjeta de presentación de Merlí, un profesor de una materia denostada y apreciada a partes iguales, ante sus nuevos alumnos de primero de bachillerato. Un tipo contradictorio, y con virtudes y defectos a la par. Y este es, además, el título de la gran apuesta de TV-3 para la temporada, una serie coral que estrena este lunes en hora punta. El veterano Francesc Orella (actor de series y telefilmes como Les veus del Pamano, Prim y la reciente Carlos, rey emperador) da vida a tan singular personaje.

Compuesta de 13 episodios, dirigidos por Eduard Cortés (Los Pelayos, Cerca de tu casa) y con guiones de Héctor Lozano(Ventdelplà, La Riera), la producción se centra en la relación del maestro con sus alumnos y, sobre todo, en «los conflictos entre padres e hijos, estudiantes y profesores…», apunta Orella, que destaca la «verdad» que emana de los personajes. Un realismo que se respira desde los primeros compases de la ficción, cuando Merlí, que está en el paro, es desahuciado por no pagar el alquiler del piso («Es lo que tiene esta ciudad: hay sitio para los turistas, pero no para los que vivimos aquí», refunfuña) y se traslada con su hijo Bruno (David Solans) a casa de su madre, Carmina (una espléndida Anna Maria Barbany, Plats bruts).

Cortés, que se pone de nuevo al frente de una ficción de tele de largo recorrido 14 años después de dirigir Psico express (también en TVC), destaca el «potencial extraordinario» de Merlí, que rebosa «mucho humor y mala leche, y ternura». «Es gamberra, luminosa y oscura a la vez», añade. También hace un guiño al plantel de actores jóvenes -algunos, noveles en el oficio-, que han salvado la papeleta «con gran talento». Entre estos, se encuentran Candela Antón, Albert Baró, Adrian Grösser, Marcos Franz, Pau Poch (codirector del documental A tu què et sembla?, sobre Ester Quintana, víctima de una pelota de goma policial), Júlia Creus, Elisabet Casanovas eIñaki Mur.

SIN ESTEREOTIPOS // Carlos Cuevas (Ventdelplà, Ahora o nunca), que interpreta a Pol, el rebelde y chulito de la clase, destaca que los personajes jóvenes de Merlí «están muy bien tratados», porque responden a todos los roles que hay en una clase, «sin caer en estereotipos». Orella hace hincapié en el carácter «caleidoscópico» de su álter ego, que trata a los alumnos -los peripatéticos del siglo XXI- como adultos y les pide que aprendan de la derrota, porque «en esta vida no siempre se gana».

Lozano se inspiró en un amigo, un profesor de Literatura de la ESO que estimulaba a sus alumnos con propuestas tan políticamente incorrectas como hacer trampas en un concurso literario, para tejer la historia de Merlí, en la que el telespectador encontrará similitudes obvias con El club de los poetas muertos. «No es un mal reproche, porque me encanta esta película, pero hay muchas más filmes sobre profesores. Además, lo que aquí aparece es lo esencial: la relación entre profesores y alumnos», concluye el guionista.

Este artículo ha sido publicado por Olga Lerín en: www.elperiodico.com

La magia del revés

Los autores de pintura abstracta comprueban, con relativa frecuencia, que el cuadro pintado en una posición llega a expresarse mejor girándolo 180 grados. Cambia con ello su argumento relacional y logra una o varias sorpresas que habían permanecido ocultas. Es, al cabo, más interesante.

Con estas volteretas (experimentales) los más puristas sostienen que un cuadro adquiere de verdad su tono cuando comunica bien no sólo al derecho o al revés sino moviéndolo noventa grados a la derecha o la izquierda. Es decir, cuando resiste, siempre equilibrado, los variosreveses.

Marx y sus seguidores pensaron casi lo mismo cuando su materialismo dio la vuelta a la filosofía de Hegel. Si Hegel sostenía que el ser brotaba de la consciencia y de las idea, Marx, que respetaba a Hegel, dijo que su revisión consistía, sin retocar nada, en volver este sistema del revés. Como en el caso de la pintura, no sería necesaria, otra obra para superarla; bastaba con exponer la preexistente al milagro del revés (umstülpung).

Efectivamente, el revés, por su polisemia, pertenece también al orden de lo aciago, pero realmente nosotros mismos no sabemos de nuestra apariencia sino reflejándonos al revés en los espejos. Esto bastaría para aceptar que los reveses en el tenis son más naturales que losdrives y, ergonómicamente, más eficientes.

En cualquier deporte (incluido el ajedrez), el juego de revés dibuja la belleza inteligente. Y, como ya se sabe, anuncia, un registro superlativo. Un caso eximio fue el de Dick Fosbury, que en los Juegos Olímpicos de México 1968 sustituyó la fórmula tradicional saltando la cuerda de espaldas, al revés (Flop Fosbury), para batir el récord.

Galileo, por su parte, sorprendió con al mundo antiguo proclamando que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés de lo que se daba sumisamente por cierto. Esto en el gran mundo exterior, pero en el interior personal la actual película de dibujos animados Inside Out(Del revés) recrea la riqueza personal del mismo fenómeno.

No haría falta decir nada más. Gran parte de nuestra cultura, desde el pensamiento a la novela, desde la poesía al teatro, desde el echarpe a la gorra con visera han progresado mediante el revés.

El revés atrae pero aún más en unos momentos históricos en que el mundo suspira por un cambio de la cabeza a los pies. Un tiempo que Quevedo, en su cambiante siglo XVII, definía así: “Todo se ha trocado ya / todo del revés se ha vuelto / las mujeres son soldados / y los hombres son doncellas/ los mozos traen cadenitas / las niñas toman acero/ que de las antiguas armas sólo conservan los petos”. La vida siempre parece como una cosa sabida pero, de vez en cuando, un fuerte revés la pone extraordinariamente de moda.

Este articulo ha sido escrito en la sección de Corrientes en: www.elpais.com por Vicente Verdú