Archivo de la categoría: Miembros de la REF

Aquí encontrarás un enlace a cada una de las asociaciones que forman parte de la Red Española de Filosofía.

Sócrates y el Fúltbol

El don de generar comunidad que tiene el fútbol no es fácil de encontrar, y más en los tiempos que corren. Y eso conlleva tanto un poder como una responsabilidad

Klopp saluda a Pochettino tras ganar la Champions en Madrid.

M. Seguró

El verano es tiempo de ‘impasse’. En lo futbolístico, la falta de datos empíricos y competitivos sobre el impacto real de las altas y bajas abona la especulación de medios y aficionados sobre la temporada que se avista. No hay contraste, así que puede haber tantas tesis y antítesis como se quieran.

El peso del fútbol en el ocio de gran parte de la sociedad se ha explicado primordialmente por su impacto emocional en la identidad de las personas. ¿Cómo entender si no que se pueda cambiar de casi todo menos de equipo de fútbol? Se puede matizar el interés por él, algo que no es para nada infrecuente. Pero mucho más raro es que se cambie de equipo. E incluso si eso llega a suceder, más de uno aducirá que esa persona nunca ha sido verdaderamente hincha de tal equipo. Los colores, dicen, no mutan.

El logos futbolístico

El primer fin de semana del pasado mes de junio se celebró en Barcelona el ciclo ‘Les Corts Escenari Literari’. La ocasión sirvió para darle bola a la relación entre fútbol y pensamiento, tomando como punto de partida el libro de Simon Critchley ‘En qué pensamos cuando pensamos en fútbol’. Critchley, profesor de filosofía en la prestigiosa New School de Nueva York, es aficionado del Liverpool, lo que me recordaba que el plan ideal para mi no era estar ese día en ese lugar, a dos pasos del Camp Nou, sino en el AVE camino del Wanda. En pocas horas se jugaba la final de la Champions. Toda vez que los designios balompédicos tomaron otros derroteros, asumí estoicamente la situación y comenzamos, junto a Llucia Ramis (conductora del debate) y  Milo J. Krmpotic (traductor del libro) a darle vueltas al logos futbolístico. No en vano Sócrates fue también el nombre de un brillante jugador brasileño de los años 80.  

Siempre he pensado que el fútbol conjuga los dos principios temporales de la vida. Por un lado, la contingencia e imprevisibilidad de lo que sucede. Recurrentemente me pregunto si un mero cambio de dirección del balón en el saque inicial modificaría todo el partido. Pregunta sin respuesta. Y al mismo tiempo, el fútbol participa de la temporalidad cíclica. Pasado el partido del siglo, el ahora o nunca, el cataclismo universal, el éxtasis único…,  vuelven a haber más partidos del siglo, más ahora o nunca, más cataclismos universales y más éxtasis únicos. O, como ocurre cada verano, la repetición del mismo rito especulativo de expectativas.

Critchley sostiene en su libro que el fútbol no solo implica una concepción determinada del tiempo, sino también del espacio. Es decir, las dos formas puras de la sensibilidad que posibilitan cualquier experiencia, que diría Kant. De ahí que, como toda experiencia, un partido de fútbol sea algo nominalista, es decir, que se agota en su propia singularidad, y al mismo tiempo puede uno ponerlo bajo el prisma de un principio más universal. “Este partido ya lo hemos visto muchas veces”, se dice, para dar a entender que existe un patrón deducible de comportamiento. Como toda vivencia humana, en definitiva, única y análoga a la vez.

Generar comunidad

Más allá de estas dualidades, siempre me ha impactado la capacidad única que tiene el fútbol de propiciar la comunicación interpersonal. Póngase uno a hablar de fútbol en cualquier tesitura y fácilmente la conversación fluirá. Siempre que los interlocutores compartan el mismo atractivo por este deporte-espectáculo, claro está. Es, de facto, la premisa de toda comunidad comunicativa: compartir intereses. Insignes teóricos de la filosofía política y ética han tenido como tema de investigación la posibilidad de la comunicación y el respeto a la alteridad. Jürgen Habermas o Emmanuel Lévinas, por citar a dos de los más representativos, ambos bien conocidos por Crithley. Quizás el fútbol ayude a encontrar pistas sobre cómo se establecen tales procesos.

Este don de generar comunidad no es fácil de encontrar, y más en los tiempos que corren. Y eso conlleva tanto un poder como una responsabilidad. No deja de ser muy notable, por ejemplo, que partidarios de opciones políticas contrapuestas se abracen espontáneamente celebrando los goles de su equipo. Es la prueba de que, aun en los desencuentros más enconados, se pueden descifrar intereses comunes y anhelos compartidos. El fútbol y su radio de acción tienen la capacidad de fortalecer valores positivos o contribuir a esparcir los negativos, tanto en lo privado como en lo colectivo. De ahí su ethos social. Conviene, pues, no tomarlo a la ligera y, en aras de una sociedad más justa y feliz, ser en todo momento conscientes de su alcance. Sobre todo aquellos que hacen del deporte rey su modus vivendi.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190823/articulo-futbol-filosofia-miquel-seguro-7601493

Mundo no humano

Alejandra Varela

Cuando Timothy Morton propone incluir a los “no humanos” en un espacio habitado por el desgarro que ya no podría nombrarse como realidad, las categorías se debilitan. Su procedimiento intelectual desacomoda el intercambio entre las personas para darle un protagonismo mayor a todo aquello que no responde estrictamente a la palabra humanidad.

Si Carlos Marx sostenía que en el marco del sistema capitalista las relaciones sociales eran mediadas por la mercancía, el filósofo inglés se anima a imaginar que el marxismo podría ser esa ideología que incorpore a los no humanos. Entonces, dibuja sobre la escritura de Marx líneas o tendencias como si quisiera llevarlo a una versión cercana a la ciencia ficción. Un género que Morton traduce al campo de las ideas, inspirado en sus colaboraciones con la cantante Björk y en las esculturas e instalaciones del artista danés Olafur Eliasson.

Hay un agenciamiento en los objetos, especialmente porque no forman parte de ninguna exterioridad. Para Morton ese afuera que la ecología quiere proteger está en cualquier cuerpo. “En 1989, en un club extrañamente llamado Tierra, experimenté una lluvia de sudor humano que se había acumulado en el techo después de horas y horas de música tecno. Partes de todos cayendo sobre los demás, como algo alienígena, húmedo y cálido, debido a nuestra propia agitación repetitiva”, escribe el profesor de Rice University en su libroHumanidad. Solidaridad con los no humanos (Adriana Hidalgo Editora).

Mientras su estilo se afirma en la primera persona, Morton llama a bajar el volumen de lo humano para subir la intensidad de los no humanos como una suerte de rousseauniano del siglo XXI. Su teoría parece estar al borde de un proceso de desubjetivación. Pero el capitalismo ya logró ensayar una realidad donde los objetos tienen cada vez más agencia, donde la posibilidad de que las sillas bailen, para tomar un ejemplo que le sirve a Morton al sospechar la autonomía de las cosas, no estaría tan lejos. Tal vez el capitalismopueda ganarle al ecocomunismo que pregona Morton y en ese escenario los sujetos se encuentren demasiado desvalidos. “¿Por qué tenemos que tener un club exclusivo para sentirnos reales?”, discute por correo electrónico el autor desde Houston donde desarrolla su tarea académica. “¿Por qué tiene que ser un juego de suma cero? Si los seres humanos no masculinos y no blancos obtienen más derechos legales ¿eso priva a los hombres blancos de algo en absoluto? ¿Por qué tenemos que tener ‘objetos’ para dar una patada para demostrar que existimos?”.

Morton se opone al correlacionismo kantiano donde la existencia de las cosas es asumida por un sujeto trascendental “La ontología orientada al objeto no quiere destruir el correlacionismo. Quiere destruir el antropocentrismo correlacionista”, señala Morton.

A ese goce sádico que implica hacerle algo a las cosas, Morton le responde con una actitud similar a la expresada por el antropólogoClaude Lévi-Strauss cuando añoraba una época donde el sujeto se situaba como un elemento más de la naturaleza, sin buscar el protagonismo.

Claude Levi Strauss antropologo y etnologo en una entrevista en 1986,

Claude Levi Strauss antropologo y etnologo en una entrevista en 1986,

Morton instala la palabra solidaridad en una realidad no representativa de universos perforados, un poco como si tratara de describir lo invisible. “Solidaridad puede significar un estado en el que estás, un sentimiento, así como algo que elegís o haces”, explica el autor inglés. “Decidí enfatizar el sentimiento, porque está tan desatendido y porque sostengo que incluye necesariamente a los seres no humanos, aunque solo sea porque estamos hecho de ellos”.

Los objetos tienen una vida independiente y Morton quiere entrenar al lector para que pueda percibirla. Esta operación es política. Si el capitalismo subjetiviza la mercancía, el comunismo de Morton busca quitarle a las cosas su valor de uso para pensarlas bajo la lógica de la afectividad, de una paridad con lo humano que haría de la acción una instancia menos automática. Es lo empírico y lo aparente lo que Morton pone en discusión. No hay un paisaje, un entorno, la relación con los no humanos es permeable y simbiótica. Por eso, la solidaridad se aleja por completo de la empatía que supone una posición de poder.

Es en esa solidaridad con los no humanos donde Morton parece imaginar la agonía del capitalismo. Mantener la diferencia entre humanos y cosas sería alumbrar otra forma de fascismo. “La ontología orientada al objeto no implica una política porque el pensamiento de izquierda es muy hegeliano, incluso cuando está tratando de no serlo”, continúa Morton.

“Esto es visto como apolítico y por lo tanto antipolítico o reaccionario pero no lo es”. El lugar de lo político en Morton está en destituir al capitalismo como el correlacionador que le otorga sentido a la mercancía.

La noción de vida, o más precisamente su imperativo, ubica en el centro la imagen del sobreviviente, el término Muselmann creado por Primo Levi que sugiere el exterminio. “Creo que la palabra más peligrosa del planeta es la palabra sobrevivir. Es una idea armada de la vida: matar o ser asesinado”, interviene Morton.

“El modo de supervivencia puede convertirse fácilmente en tóxico para la persona traumatizada que tiene que usarlo. Lo sé porque soy un sobreviviente de todo tipo de cosas. El otro problema es que las ideas de vivo y persona son muy caras y elegantes, todo el mundo lucha para otorgar o negar este estatus elegante. En cambio, deberíamos hacer que la idea de vivo sea realmente barata, porque no significa tanto como nos gustaría pensar. Porque la idea de vivo y persona ya no dependen de explotar a otra persona. La pulsión de muerte freudiana es como un zombi o una momia, es implacable. Evitar estar muerto no es una buena definición de estar vivo. La vida incluye la muerte. La vida es un parpadeo entre dos tipos diferentes de muerte”.

La acción entra en alianza con lo espectral, categoría en la que pueden convivir los humanos y los no humanos. Entendida como aparición, ilusión o sombra, conecta con esa irrealidad a la que Morton siempre apela para instalar la vacilación de la vida. Darle a lo ontológico prioridad sobre lo material es lo que produciría una fisura en el capitalismo. Como si Morton propusiera apaciguar lo político, o abrir sus interpretaciones más allá de la lucha de clases para desarmar al sistema desde un lugar insospechado. Aunque su estrategia se muestre como disuasiva y riesgosa.

La pregunta que guía a Marx en la escritura de El Capital ¿por qué la mercancía vale? es profundamente ontológica. El autor alemán encuentra la respuesta al descubrir que su valor surge del tiempo de trabajo humano acumulado. En la mercancía ya está el espectro de lo humano.

Un semaforo con la figura de Karl Marx, en Tréveris, Alemania, la ciudad natal de Karl Marx, cuando se cumplieron 200 años de su nacimiento. (DPA)

Un semaforo con la figura de Karl Marx, en Tréveris, Alemania, la ciudad natal de Karl Marx, cuando se cumplieron 200 años de su nacimiento. (DPA)

Morton se adelanta a la actitud cínica que puede manifestar cualquier lector de su libro. El filósofo inglés recupera la posibilidad de la utopía desde un territorio que rechaza el realismo capitalista. Sus recursos son más osados que los de Mark Fisher, el crítico inglés que elaboró esta definición.

La teoría de Morton presiente que la actualidad es de naturaleza fantástica, que aquella especulación del fin del mundo que imaginaba el cine ya ha ocurrido pero los humanos todavía no se dieron cuenta. Es en esa condición de persistir en un tiempo que no es el presente que Morton encuentra el sustento de su noción de lo espectral. La acción es deslazada por el verbo rockear, un movimiento que no se dirige hacia ningún lado pero que conquista cierta igualdad entre los humanos y las cosas.

Básico

Timothy Morton ocupa la cátedra de Rita Shea Guffey en Rice University (EE.UU.). Colaboró con Björk, Olafur Eliasson, Jennifer Walshe, Haim Steinbach y Pharrell Williams. Entre sus libros se encuentran El pensamiento ecológico, Hiperobjetos. Su obra parte de una matriz de temas y referencias –de Shelley a My Bloody Valentine, del budismo a las cadenas de ADN– a través de las cuales articula ideas sobre ontología, ecología o estética. Junto con Graham Harman, Ian Bogost y Levy Bryant, forma parte del núcleo de la OOO, la ontología orientada a objetos, un movimiento filosófico promovido por Harman en 1999 que propone la reinterpretación antiantropocéntrica de nuestra relación con el mundo, los objetos y las jerarquías.

Fuente:
https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/-convivir-mundo-humano-_0_nwy-KKwY.html

Eurovisión

Combate de filósofos en Eurovisión

Un espectáculo teatral que simula las reglas del festival invita a pensadores de toda Europa, entre ellos el español Santiago Alba Rico, a escribir las letras de las canciones

Suena la famosa sintonía de Eurovisión y sale una pareja de presentadores con pajarita y lentejuelas. Empieza Francia con una canción titulada La balada de los hombres infames (a partir de Michel Foucault), con letra del historiador Philippe Artières, una especie de oda a la transgresión. Bélgica: Canción del movimiento, escrita por el matemático Jean-Paul van Bendegem, que da vueltas a la paradoja de la infinitud. Italia participa con Nuestra fragilidad, de la ensayista Michela Marzano, con el siguiente estribillo: “La racionalidad, en sí misma, ayuda poco. / No es suficiente la voluntad de poder. / La realidad es un obstáculo constante. / Es la imagen de lo que nunca tendremos”. España se presenta con el Romance del ser y no ser, del filósofo Santiago Alba Rico: “Pero el ser tiene un vacío / no es la muerte ni un planeta / es el deseo sin boca / de los besos de Almudena”. Y así hasta 11 países. Un jurado compuesto por escritores, pensadores e intelectuales debate después de cada actuación. Al final el público y el jurado votan para decidir el ganador de la noche. Y como es tradición en Eurovisión, el vencedor vuelve a interpretar su tema.

Esto ocurre literalmente en el espectáculo European Philosophical Song Contest, creado por Massimo Furlan y Claire de Ribaupierre para el Théâtre Vidy-Lausanne, que podrá verse en Madrid el próximo fin de semana (Teatros del Canal, dentro del Festival de Otoño) y en febrero del año que viene en el Lliure de Barcelona. Un combate de ideas que atraviesa la Europa contemporánea que adopta sin complejos la ligera forma del concurso más popular del continente, nacido tras la Segunda Guerra Mundial precisamente para restablecer los vínculos entre los países. “Como un caballo de Troya, queríamos reintroducir la filosofía en el corazón mismo del entretenimiento. Que el pensamiento llegue a la plaza pública. Y de paso, colocamos a los pensadores en la necesidad de cuestionar la cultura popular, tomarla en serio y servirla de manera inteligente”, escribe Furlan en su nota de presentación de la obra.

“Cuando me lo propusieron, me pareció una aventura tan disparatada como atractiva y acepté sin dudar”, confiesa Santiago Alba Rico en una conversación con este diario. “Es cierto que la filosofía está en retroceso, ya no hay prácticamente nadie pensando el mundo en su conjunto, sino que las ideas más bien están dispersas, esparcidas por el viento. Por eso me pareció una buena idea esta apuesta que viene desde el teatro, que es el populismo de las artes, aunque por otra parte, por estar hoy el teatro arrinconado también, corre el peligro de quedarse en todo lo contrario, una apuesta elitista. En todo caso, el hecho de que surjan experimentos como este es una elocuente demostración de la necesidad de que la filosofía llegue por otras vías”, añade.PUBLICIDADinRead invented by Teads

Es un mestizaje interesante que habría que explorar, cree Alba Rico, pues el teatro es uno de los “últimos reductos de la expresión transparente de los cuerpos”. “Al contrario que el cine, que quiere borrar toda huella de ficción, los cuerpos se exponen en el escenario de forma transparente”, subraya el pensador.

De todo hablan estas canciones: metafísica, cambio climático, filosofía cartesiana, marginación, populismo, revolución. Y todo se desarrolla según las reglas del festival de Eurovisión, con estilos musicales variados, vestuario barroco y puesta en escena grandilocuente. Lo único que cambia es que el jurado, diferente en cada función y cada ciudad en la que se representa, realiza sus deliberaciones en público y debate especialmente sobre el contenido de las letras. De eso se trata, de hecho.

El espectáculo se estrenó en Lausana en septiembre y se ha visto después en Ginebra y Burdeos. En cada función ha ganado un país distinto. En las representaciones previstas en Madrid, el jurado del sábado estará compuesto por las escritoras Silvia Nanclares y Ana Alonso, el filósofo Carlos Fernández Liria y el músico Alejandro Pelayo, y el del domingo por las autoras Silvia Nanclares y Elena Medel y los periodistas Rebeca Marín y Borja Bas. Las canciones las interpretan también diferentes músicos en directo en su idioma original (con sobretítulos en la lengua del país en el que se celebre) y este fin de semana el tema español lo cantará Paula Ruiz (voz y bajista de Fatal Tiger).

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2019/11/20/actualidad/1574255453_780940.html

Benito Pérez Galdós

Todo lo que no sabías de Benito Pérez Galdós, el escritor que hay que leer para «sentirse español»

Lorena Maldonado

Caricatura de Galdós.

Desde la azotea de su casa natal de las Palmas de Gran Canaria, el niño Benito Pérez Galdós podía ver el mar. Regresaría siempre a esa masa regeneradora, a ese misterio acuoso que conformó de alguna manera su personalidad amplia, polifacética, curiosa y renovadora, porque como escribió él mismo más tarde, “bien puede decirse que la estrategia, y la fuerza y la táctica, que son cosas humanas, no pueden ni podrán nunca nada contra el entusiasmo, que es divino”. La luz y el paisaje de la isla le inyectaron una frescura que se canjeó en eso: en una nueva manera de mirar las cosas. En un deseo por superar los arquetipos y dualidades predominantes desde el Renacimiento -razón y corazón, mente y emociones, espíritu y cuerpo- y dibujar una realidad humana más ecuánime, más justa, ¡verdadera!, que no despreciaba al cuerpo por ser innoble frente al espíritu.

Ese crío de clase acomodada -hijo de un militar, veterano de la guerra de la independencia, y de una madre férrea que gobernaba el hogar imponiendo los valores tradicionales- se mostraba tímido y se refugiaba en los mimos de sus seis hermanas, pero pudo desarrollar desde pequeño varias de sus artes: la escritura, la pintura y la música. Sobre ese diminuto vástago -que luego fue un gran hombre cerebral, racional, modernísimo, hijo del pensamiento ilustrado- versa ahora Benito Pérez Galdós. La verdad humana, la exquisita exposición comisariada por Marta Sanz y Germán Gullón que abre sus puertas hoy viernes en la Biblioteca Nacional de España y que trata de aunar todas las caras del genio en más de 200 piezas.

El que se enamoró por primera vez de una niña llamada Sisita -resultó que era su prima y eso cabreó a la teniente Dolores Galdós, quien hizo todo lo posible por alejarlos-. El que empezó Derecho y lo abandonó. El que se hizo periodista y acudía a las tertulias canarias y plácidas de la Puerta del Sol, donde ahora hay un Pans&Company, en contraposición al ‘Bilis Club’ asturiano donde asistía Clarín -con miembros llenos de mala leche-.

El que soñó con vivir armónicamente, con minimizar a los enemigos; y el que aprendió eso mismo de Giner de los Ríos, que le inculcó el “diálogo” y las ganas de vivir las ideas para tenerlas. El diputado. El heterodoxo. El liberal. El republicano. El que en la fase final de su vida se hizo socialista. El que se alineó con Pablo Iglesias al darse cuenta de que “el proyecto de la restauración no había funcionado”, al asumir que “el llamado tercer Estado no tenía sentido”. El candidato más votado. El amante de los perros. El tipo que alquilaba pianos porque no podía dejar de tocar. El de la curiosa caligrafía.

 

Todos los Galdós

El que escribió “sin miedo a ser local”, como señala Sanz, y, sin embargo, puede leérsele siempre, “encaminado a lo universal, siempre traducible en las nuevas coordenadas culturales de cualquier momento”. El autor que contó la historia desde abajo, desde “la vida privada de los seres normales” -en boca de Almudena Grandes- para entender la conciencia pública. El ciudadano que respetaba las instituciones. El que se matriculó en la vida urbana madrileña. El gran lector de reacciones humanas. El del pulso de la calle. El director de diversas publicaciones. El editor. El dibujante. El coleccionista de arte. El mejor dramaturgo de su época, aunque ya no se le reconozca. El ensayista político.

Una de las piezas de la BNE.

Una de las piezas de la BNE.

El hombre que edificó a esa Tristana que no quería ser ni amante ni esposa. El autor que dibujó a la niña rebelde, huérfana y desgraciada para retratar la emancipación de la mujer en la sociedad española de finales del siglo XIX, para hablar de “amor libre y anarquismo”, como señala un vídeo de Elvira Lindo en la misma muestra. El pionero. El vanguardista. El progresista. El viajero. También Galdós es el envidiado y admirado por Luis Buñuel, el amante favorito de Emilia Pardo Bazán, el padre de María Galdós Cobián.

Un escritor para «sentirse español»

“Yo viví en EEUU mucho tiempo y entré en contacto con muchos exiliados, como Francisco Ayala, y con muchísimos campesinos…”, comienza a rememorar el comisario Germán Gullón. “Y recuerdo la frase del poeta Cernuda. Él vivía, el pobre, en una universidad del norte de Nueva York, un sitio muy triste, muy horrible, donde estaba solo y no tenía nadie con quien hablar, porque ni siquiera manejaba el inglés. Por las noches leía a Galdós. Y decía que lo leía para sentirse español. Para volver un poco a España. Sus lecturas le ponían contento”. Sanz, por su parte, apunta que el final de la exposición cuenta con varias entrevistas a galdosianos muy reconocidos, como Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Trapiello o Almudena Grandes, “que nos dan razones y argumentos para entender a Galdós más allá de ese ‘garbancero’ que muchos han pretendido que fuera”.

Una de las piezas expuestas en la BNE.

Una de las piezas expuestas en la BNE.

Recuerda la comisaria que hay que reivindicar al “Galdós estilista”, al que “basándose en la realidad y en la historia de su tiempo fue capaz de volver a ella a través de sus textos literarios”: “Habló de todas las capas sociales. Habló de hombres y de mujeres admirables. Construyó personajes femeninos que forman parte de nuestro imaginario sentimental. El realismo galdosiano muchas veces ha sido denostado por una parte pseudoexquisita y elitista de la cultura española”. Es hora de quitar de una vez por todas esa caspa. Es hora de reconocerle como le extrañaban en Madrid el día de su entierro. Eran las tres y media de la madrugada del 4 de enero de 1920 cuando se fue. Le despidieron unos 30.000 madrileños “de todas las clases sociales, menos la política”: “Fue un acto emocionante, donde el pueblo mostró su cariño por quien les había retratado con fidelidad, y ofrecido una imagen imperecedera de su tiempo”.

Escribió entonces Unamuno que, leyendo su obra, “nos daremos cuenta del bochorno que pesa sobre la España que en él ha muerto”. Ortega y Gasset le dedicó las siguientes palabras: “La España oficial, fría, seca y protocolaria, ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós. La visita del ministro de Instrucción Pública no basta… Son otros los que han faltado… El pueblo, con su fina y certera perspicacia, ha advertido esa ausencia… Sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes”. Quizá la mejor de sus memorias la reflejó Cernuda en su Díptico español: “La real para ti no es esa España obscena y deprimente / en la que regentea hoy la canalla / sino esta España viva y siempre noble / que Galdós en sus libros ha creado. / De aquélla nos consuela y cura ésta”.

Fuente:
https://www.elespanol.com/cultura/20191101/no-benito-perez-galdos-escritor-sentirse-espanol/440956841_0.html

Filósofas

12 citas de filósofas para reflexionar cada día

Simone de Beauvoir, María Zambrano y Hannah Arendt, tres de las grandes filósofas homenajeadas en el calendario Filosofers 2020, al que pertenecen las tres ilustraciones de esta imagen.
Simone de Beauvoir, María Zambrano y Hannah Arendt, tres de las grandes filósofas homenajeadas en el calendario Filosofers 2020, al que pertenecen las tres ilustraciones de esta imagen.

 

La filosofía es de todos, mujeres y hombres, aunque durante siglos ellas, las pensadoras, hayan estado silenciadas y no hayan sido valoradas. Convertirlas en protagonistas de un calendario para tenerlas presentes durante todo el año es una buena manera de visibilizarlas y recordarlas. He aquí 12 citas de filósofas para reflexionar a lo largo de los 12 meses de 2020.

Por Amalia Mosquera

Haberlas las hay y las ha habido. Muchas. Como dijo el filósofo y escritor italiano Umberto Eco, «no es que no hayan existido mujeres que filosofaran,es que los filósofos han preferido olvidarlas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas». Así que para hacerles justicia hay que volver a revisar la historia de la filosofía dando luz y palabra a todas esas pensadoras que han permanecido ocultas pero que tanto reflexionaron y tanto aportaron al mundo de las ideas.

El calendario 2020 que Filosofía&co. edita junto al trabajo, la creatividad y el diseño de Filosofers hace un homenaje a las grandes filósofas que en la historia ha habido a través de 12 de ellas para reivindicarlas, visibilizarlas y contribuir a que formen parte fundamental –la que merecen– de la historia del pensamiento. Las recordamos a ellas y recordamos algunas de sus ideas, porque el pensamiento se dice o se escribe para compartirlo y transmitirlo. 

Para hacerles justicia hay que revisar la historia de la filosofía dando luz y palabra a todas esas pensadoras que han sido silenciadas

Palabra de filósofas 

  1. «Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar»
    Hipatia de Alejandría (370-415)
    Filósofa, matemática y astrónoma, nació en Egipto, diócesis romana. Dedicó su vida al estudio y al afán por saber.
  2. «¡Oh, fuerza de la sabiduría que todo contienes y comprendes»
    Hildegard von Bingen (1098-1179)
    Filósofa mística alemana, es la primera mujer erudita de la que se conserva su obra teológico-filosófica en latín.
  3. «La excelencia o la inferioridad de los seres no residen en sus cuerpos según el sexo, sino en la perfección de sus conductas y virtudes»
    Christine de Pizan (1365-1430)
    Filósofa y poeta humanista, nació en Italia y murió en Francia. Considerada la primera escritora profesional de la historia, escribió La ciudad de las damas, en defensa de las mujeres.
  4. «El amor al estudio es la pasión más necesaria para nuestra felicidad; es una fuente de placer inagotable»
    Émilie Marquise du Châtelet (1706-1749)
    Matemática, física y filósofa francesa, escribió con Voltaire Los elementos de la filosofía de Newton.
  5. «Mujer, despierta, el llamamiento de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos»
    Olympe de Gouges (1748-1793)
    Escritora y filósofa política francesa, fue la autora de la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, en la que defendía la igualdad.
  6. «No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas»
    Mary Wollstonecraft (1759-1797)
    Filósofa y escritora inglesa, estableció las bases del feminismo moderno en su libroVindicación de los derechos de la mujer.
  7. «Cuando somos capaces de conocernos a nosotros mismos, rara vez nos equivocamos sobre nuestro destino»
    Germaine de Staël (1766-1817)
    Filósofa y escritora política francesa, referente del romanticismo, comprometida con la Revolución Francesa, se enfrento a Napoleón Bonaparte.
  8. «No puedo vivir conforme a ejemplos ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma»
    Lou Andreas-Salomé (1861-1937)
    De origen ruso –nació en San Petersburgo–, viajó por toda Europa. Colaboró con Nietzsche, Rilke y Freud. Los tres reconocieron la capacidad, la inteligencia y la importancia de Andreas-Salomé en sus vidas y su obra
  9. «Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no solo está permitido, sino exigido, el ser persona»
    María Zambrano (1904-1991)
    Filósofa y ensayista española, tuvo que exiliarse en 1939. Vivió en Francia, México, Cuba, Puerto Rico, Italia, Suiza… Fue la primera mujer en recibir el Premio Cervantes, en 1988.
  10. «No hay pensamientos peligrosos; el pensamiento es peligroso»
    Hannah Arendt (1906-1975)
    Filósofa alemana nacionalizada estadounidense… a la que no le gustaba que la llamaran filósofa, no se identificaba con este término. Una de las figuras más importantes del pensamiento político del siglo XX.
  11. «No se nace mujer, se llega a serlo» (*)
    Simone de Beauvoir (1908-1986)
    Referente del feminismo, la filósofa y escritora francesa escribió El segundo sexo, libro en el que reflexiona sobre el significado de ser mujer.
  12. «Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible»
    Simone Weil (1909-1943)
    Filósofa y escritora francesa, pacifista. «Desde Marx el pensamiento político y social no había producido en Occidente nada más penetrante y profético», dijo Camus sobre ella.

(*) Puedes conocer el significado de esta famosa cita de Simone de Beauvoiraquí, explicada por la filósofa Ana de Miguel.

La filosofía tiene nombre de mujer

Y muchas de las personas que se han dedicado a ella también. En el calendario Filosofers 2020 hay doce, doce mujeres, una cada mes, en representación de todas las que fueron y son, una breve muestra que permite hacer un homenaje a las filósofas a las que no siempre hemos podido leer y escuchar con la atención y el reconocimiento que se merecen, algunas de las poderosas mujeres que con sus ideas y acciones se confirmaron como grandes figuras de la historia del pensamiento.

En la imagen de abajo, la portada del calendario, con (de izda. a dcha.) Simone de Beauvoir, Lou Andreas-Salomé, María Zambrano e Hipatia de Alejandría dándonos la bienvenida al mundo de las ideas. En el interior, sus citas y una breve biografía de cada una para conocerlas mejor. Puedes encontrar el calendario aquí.

Calendario Filosofers 2020
Calendario Filosofers 2020 dedicado a las filósofas de la historia.
Fuente:

https://www.filco.es/12-citas-filosofas-reflexionar-cada-dia/

Fernando Savater

Fernando Savater, retrato de un hombre solo que ni quiere la vida ni espera la muerte

El filósofo y su esposa, Sara, estaban locos por el cine y la literatura. Decoraron sus casas con adorables monstruitos de ficción. Pero otro monstruo irrumpió en sus vidas

entrevista fernando savater la peor parte

Para tratarse de alguien que asegura haber perdido las ganas de vivir, Fernando Savater (San Sebastián, 1947) sigue dando bastante el pego. Saluda cercano, estalla en carcajadas al recordar citas brillantes de otros y no renuncia a la vehemencia cuando un tema le enciende. Pero ya se sabe que la tristeza puede adquirir el color de la risa mientras resuenan de fondo los ecos del llanto. Un llanto que, para el prolífico filósofo, no se apaga desde que su mujer, Sara Torres, fuese diagnosticada de un tumor cerebral que acabó con su vida, tras nueve meses de infierno, el 18 de marzo de 2015.

«Puedes tener muy pocas ganas de vivir y de morir. La muerte es una cosa tan opuesta a la vida que no está en una relación directa con ella. De pena no se muere uno, de pena se vive»

A ella le dedica su último libro, La peor parte (Ariel), un relato sobre la idiosincrasia de su relación que aborda cuestiones como la evolución política de ambos, la lucha contra ETA, el sexo fuera de la pareja, la desesperación ante la enfermedad y la ausencia de la persona amada. Mantiene que no publicará más títulos (“yo escribía para que ella me quisiera más, ahora ya no tiene sentido”, dice sin drama). Es difícil imaginar un final literario más rotundo.

¿Qué pasa cuando se ha perdido la alegría vital y no se tiene especial simpatía por la muerte? Yo creía ingenuamente que eran vasos comunicantes. Que si subían las ganas de vivir bajaban las de morir y viceversa. Pero no. Puedes tener muy pocas ganas de vivir y de morir. La muerte es una cosa tan opuesta a la vida que no está en una relación directa con ella. De pena no se muere uno, de pena se vive. Uno cree que la tristeza mata, pero te hace vivir… triste.

¿Y cómo transcurren los días? Antes, los días tenían un mañana y ahora no lo tienen. Son una repetición. Son, digamos, días de la marmota. Pero el libro no trata de los sufrimientos míos. Trata de ella. Lo he escrito para que la gente la conozca, la recuerde y, en última instancia, para que alguien se enamore un poco de ella como me enamoré yo. No soy tan egocéntrico como para suponer que mis sufrimientos interesan. Es un libro sobre el amor. Por una parte, desolado, porque cuenta cómo se queda uno cuando ha amado mucho y pierde el amor. O, mejor dicho, pierde el objeto del amor, porque yo sigo enamorado igual. Pero, por otra parte, trae una buena noticia: el amor, como premisa trascendente de la vida, existe.

 

El escritor y filósofo Fernando Savater acaba de publicar 'La peor parte', un libro sobre su relación con Sara, su esposa fallecida en 2015.

¿En qué términos se define ese amor? Es que se puede contar, pero no definir. Como la vida. ¿Qué es la vida? Todas las definiciones son una tontería. Todos los amores, si son verdaderos, son trágicos. Los amores no se sustituyen, no es una cosa tan fácil ir de un amor a otro. Los amores acaban porque acaba una de las personas que está en el amor, y entonces el otro se queda enamorado, pero solo.

Pero existe esa idea preconcebida de “haga luto y supérelo”, de “el tiempo lo cura todo”. Usted mantiene que nada más lejos de la realidad. En ningún momento he pensado que con el tiempo se me pudiera pasar. Lo mismo que si alguien tiene un accidente y le amputan una pierna no se le ocurriría pensar: “Bueno, voy a esperar a ver si me crece otra”. No, no te crece. Yo sabía que el tiempo no iba a curarme.

Al relatar los orígenes de la relación, cuenta que le gustaba dejar una puerta abierta por si había que salir corriendo. ¿En qué momento entiende que esa puerta ya no es necesaria? Desde el principio supe que no era un caso como los demás. Con Sara enseguida me di cuenta de que era algo de una intensidad que no iba a tener nada que ver con las otras que estaban pasando en mi vida. Siempre he sido bastante volátil. Nunca he pretendido ser fiel como los perros. El amor y el sexo no tienen mucho que ver. Siempre he separado las dos cosas.

¿Hubo un momento en el que solo estuvo ella? No, no. He seguido siendo malo muchas veces. Pero leal siempre. A partir de conocerla a ella, nunca le he dicho a nadie “te quiero”. Nunca. Pero para pasarlo bien con una mujer tampoco necesitas enamorarte de ella. Ni ella de ti. Son cosas diferentes. El amor está ahí, pero a veces te apetece comer fuera de casa.

Pero para que haya lealtad tiene que haber honestidad. ¿O no es necesario? Yo fui leal en el sentido de que siempre estuve de su lado en lo que ella quería de nuestra vida. Nunca hice nada que le pudiera parecer una traición, nada que apoyara otra opción que no fuera ella. Su felicidad era lo que contaba en la mía.

«He seguido siendo malo muchas veces. Pero leal siempre. A partir de conocerla a ella, nunca le he dicho a nadie ‘te quiero’. Nunca. Pero para pasarlo bien con una mujer tampoco necesitas enamorarte de ella»

Hay filósofos que argumentan que el amor es cada vez más un imposible en un momento con tendencia al ombliguismo. Eso son estupideces. Nadie ha vivido más que en el presente y este presente se parece al de hace 25 siglos. Lo que cambian son las máquinas. ¿Pero qué tiene que ver eso con el amor?

¿Qué se aprende de la muerte con ella cerca? Que te tocará a ti también. Si todos aguantamos el miedo a morir, que podría hacernos la vida totalmente insufrible –y que casi nos la hace– es porque en el fondo no nos lo creemos. Ese verso tan bonito de Borges: “Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado, que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte”. Cuando ves morir a la persona que amas te mueres tú también. Y entonces te das cuenta de que la muerte es verdad. Cuando estaba con ella no me creía la muerte. Pensaba que entre los dos formábamos una unidad, que éramos mucho más que dos, como dice Benedetti. No creía que la muerte nos pudiera alcanzar. Sin embargo, en el momento en que la vi morir a ella me convencí de que yo ya estaba condenado.

¿Haber vivido con ella esos últimos meses tan horribles ha cambiado su relación con la espiritualidad o el más allá? Bueno, yo no soy una persona religiosa en el sentido eclesiástico del término, pero siempre he sido una persona espiritual, porque uno no se puede dedicar a pensar sin creer en el espíritu. Para mí, Dios tiene sentido simplemente como el realizador de lo imposible. Para lo demás tenemos a la naturaleza. Cuando estás viendo un caso en el que se está muriendo parte de ti, uno dice: “Si se salva, que es imposible, entonces creo en Dios”. Ese es el reto. Creer en lo imposible.

Entonces, ¿cree que se volverán a encontrar? Sí, quisiera creer en lo imposible. No creo, pero quisiera creer.

Fuente:

https://elpais.com/elpais/2019/10/30/icon/1572446622_538071.html

Hobbes

El nuevo mundo de Hobbes

Javier Trías Vejarano realiza un minucioso estudio de grandes pensadores sobre un telón de fondo marxista

javier trias

Fallecido justo cuando su última obra va a llegar a las librerías, Juan Trías fue colaborador principal en los años sesenta de Luis Díez del Corral en la cátedra de Historia de las Ideas y Formas Políticas de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. Ello supuso entonces que su formación como investigador tuviera lugar no solo al lado de don Luis, sino con otro de los grandes historiadores discípulos deOrtega y Gasset, José Antonio Maravall. Ambos codirigían un seminario en el Instituto de Estudios Políticos, suprimido cuando Fraga Iribarne asumió la dirección del Instituto. Juan Trías realizó allí la tesis doctoral, más en línea con Maravall: un excelente estudio sobre Almirall y los orígenes del catalanismo. Ambos escribimos Federalismo y reforma social (1840-1873), que debería seguir siendo de consulta útil para especialistas como Juanjo Solozábal, que en su magnífico análisis Pensamiento federal español y otros estudios autonómicos (Justel, 2019) prescinde de los antecedentes históricos del federalismo, que iluminan la génesis, el significado y el fracaso hasta hoy de la corriente federal en España.

Las secuelas de un episodio izquierdista de los setenta, el juicio crítico organizado por nuestra joya maoísta, el Camarada Intxausti —respetemos el alias del futuro político socialista—, truncaron su carrera académica durante 20 años. Siguió enseñando, militando e investigando. Con especial acierto en el libro elaborado desde los años noventa, que ahora se publica. Más allá de su título, se trata de un estudio de grandes pensadores, atendiendo a las recomendaciones de Díez del Corral, sobre un telón de fondo marxista. Lo expresa el subtítulo: ‘El cambio de visión de Bodino a Hobbes’, reconstruyendo mediante el análisis comparativo una trayectoria en la cual figuran Altusio y el jesuita Suárez.

El minucioso análisis sobre estos pensadores, que sobre todo en el caso de Bodino figuran como heraldos de modernidad por la idea de soberanía, permite a Trías concluir que existe una divisoria de radical importancia entre quienes de un modo o de otro representan formas de pensamiento derivadas de las concepciones filosófico-políticas medievales, y Hobbes, cuyo individualismo posesivo, cimiento de su opción absolutista, prefigura la concepción del Estado y de las relaciones económicas que más tarde están en la base de la sociedad burguesa. Es una apuesta arriesgada, ya que plantea la existencia de posiciones ideológicas que desde una de las crisis del antiguo régimen, anteriores a 1789, la de la revolución inglesa del siglo XVII, anticipan los fundamentos del futuro desarrollo capitalista y del Estado liberal. Algo que tocará más tarde, siempre desde la crisis inglesa, desarrollar a Locke, y que sin duda Trías hubiera abordado de sobrevivir para ello. Tal como lo contemplaban desde distintos ángulos —perfectamente delimitados en el libro, incluso sobre la excepción de Altusio—, el absolutismo suponía un fortalecimiento del orden socioeconómico sobre el cual se sustentaba la llamada sociedad del antiguo régimen. Abundan los apartados de excepcional lucidez: destacaríamos el que funde en un tratamiento comparativo a Bodino, Suárez y Altusio sobre el entramado de vida social en tanto que fundamento de la idea del Estado como comunidad autosuficiente. Prueba de la calidad de su aproximación metodológica. Tal vez cabría sugerir que en Suárez la práctica de la idea de la potestad eclesiástica apuntaba a la Iglesia como institución, concreta en cada país, y no solo al Papa. En cualquier caso, la ruptura auroral de Hobbes, según prueba exhaustivamente Trías, inaugura una nueva época.

Autor: Juan Trías Vejarano.

Editorial:Tecnos (2019).

Formato:tapa blanda (265 páginas).

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2019/10/15/babelia/1571151628_048696.html

Filosofía en la calle

Filosofía en la calle

Antonio Guerrero

“Filosofía en la calle” es un proyecto que defiende que la filosofía necesita recuperar su territorio natural: la calle, el ágora, la plaza pública, la polis. De esa manera saldrá del impasse (bloqueo) conceptual y de la crisis de identidad de los mismos filósofos. La filosofía adecuada para ese objetivo es la filosofía práctica e intervencionista, que tiene por ambición la interactuación con la realidad social y la modificación de la misma. Se hace indispensable la creación de una nueva filosofía práctica que no solo genere cambios sociales sino que además permita la emancipación cultural de las personas dispuestas a adquirir el libre pensamiento desde la filosofía.

El objetivo del proyecto es deconstruir a la filosofía academicista, anquilosada y sin interés por lo que sucede más allá del aula, y crear un nuevo vínculo de la filosofía con la realidad de la calle, de la vida social, para salvar así el desbloqueo del pensamiento posmoderno repetitivo y para generar librepensadores en nuestra sociedad de masas. Es un movimiento humanista que trata de reconstruir al ser humano y de darle las herramientas necesarias para que se emancipe del consumismo y del gregarismo.

Nos avalan: CSIC, REF, UNED, UAL, JUNTA DE ANDALUCIA.

Mas informacion aquí:

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/quienes-somos

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/blog/

Nuestro programa de radio:

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/talentos

videojuego

El videojuego busca su sitio entre el arte y la filosofía

El Espacio Fundación Telefónica alberga una exposición que aborda con profundidad la dimensión sociológica y cultural del ocio interactivo

Dos de los videojuegos jugables de la exposición.
Dos de los videojuegos jugables de la exposición. JAIME VILLANUEVA

Una lapidaria sentencia del historiador del arte alemán Oliver Grau preside una de las paredes de la última exposición del Espacio Fundación Telefónica: “En cada era se ha dado una revolución en las artes. En el Renacimiento fue la perspectiva. En el siglo XX, el movimiento, de la mano del cine. Y en el XXI es la interacción, posible mediante las nuevas tecnologías”. Lenta pero inexorablemente los videojuegos van reclamando (y alcanzando) un espacio en el marco cultural, y buena muestra de ello es la exposición Videojuegos, los dos lados de la pantalla, que desde ayer y hasta el 12 de enero puede verse en Madrid.

“Lo que queremos mostrar es el videojuego como algo que va más allá de la pantalla”, explica la comisaria del evento, la doctora en filosofía especializada en tecnología Eurídice Cabañes. “Mostar la influencia de otras artes en los videojuegos, pero también la influencia que ejercen los juegos en otras artes y en la sociedad”.

Parte de la exposición dedicada a los avatares.
Parte de la exposición dedicada a los avatares. J. V.

La exposición es oscura, introspectiva. Los objetos antiguos y nostálgicos, generalmente centrales en exposiciones de este tipo, tienen aquí un papel muy secundario: viejas consolas, mandos antiguos o dispositivos portátiles salpican el cuarto piso del edificio de la calle Fuencarral, pero no acaparan el protagonismo que les corresponde a las instalaciones artísticas. “Nuestra intención aquí”, explica Cabañes, “es preguntarnos cuál es la relación entre el mundo físico y el virtual, o qué impacto tiene en nuestro cerebro jugar a videojuegos. Indagar en si son o no una expresión artística”. “Los juegos guían cada paso que damos: mueven la relación entre la sociedad y la tecnología”, sostiene la comisaria. “El primer contacto tecnológico de los niños es con videojuegos. Y hoy son una catapulta artística: los juegos integran otras artes como la narrativa, o la música, pero las hacen evolucionar como la narrativa no lineal, o las composiciones interactivas”.

A diferencia de otras expresiones artísticas, jugar a videojuegos tiene un efecto físico. La exposición no entra en la problemática de las adicciones pero sí subraya los efectos positivos del ocio interactivo: una obra creada a base de maquetas de cerebros que se van iluminando dependiendo de a qué juego se juega es, según Cabañes, “muy eficaz a la hora de trazar un mapeo del cerebro y ayudar a combatir enfermedades”. Sobre lo que sí mete el dedo en la llaga es sobre la imposición económica real en el mundo digital: o sea, transacciones con dinero contante y sonante. Baste como ejemplo una de las imágenes de la muestra, el “perro de guerra infatigable” del juego onlineWorld of Warcraft por el que un jugador pagó 33.927 euros.

Uno de los hologramas de la exposición.
Uno de los hologramas de la exposición. J. V.

Problemáticas

“El juego pone sobre la mesa problemáticas importantes”, explica Cabañes. Y es que, como sostiene el diseñador e investigador Ian Bogost en otra de las citas que envuelven la exposición, “los videojuegos pueden modificar las actitudes y creencias fundamentales sobre el mundo generando un cambio social significativo a largo plazo”. “Tomemos como ejemplo un juego como Dys4ia [que nos mete en la piel de un sujeto en plena terapia hormonal para reasignar su sexo]: pone sobre la mesa problemáticas de género. Pero otros juegos cuestionan sistemas políticos o económicos”, muestra Cabañes. Este tipo de cuestiones se abordan en el espacio dedicado a los serious games.

Otro de los espacios está destinado al personaje que se crea el jugador cada vez que juega: el avatar. Esta zona se sustenta sobre el trabajo del artista Robbie Cooper, que ha pasado tres años fotografiando y comparando a jugadores y a sus avatares. “En el mundo real a mí me van a tratar siempre como a una mujer. De hecho, como a una mujer con mi peso y estatura”, explica Cabañez. “Pero el avatar subvierte el peso de las expectativas sociales”.

El último tramo de la exposición se vuelca en preguntas filosóficas, con ejemplos de juegos (casi siempre independientes) que confrontan al jugador con decisiones de calado. Por ejemplo, el Red Strings Club (2018), donde se plantea la cuestión de, si tuvieras un dispositivo para controlar las emociones, ¿eliminarías las emociones negativas? O en Papers, Please (2013), donde el jugador ejerce de agente de aduanas que, tras ver que la madre de la persona que ha dejado pasar no tiene sus papeles en regla, debe decidir si pasa o no.

“Juguemos o no”, apostilla Cabañes, “vivimos inmersos en una realidad en la que el videojuego lo ha transformado todo”. También el arte. La cita inicial de Oliver Grau, de hecho, termina así: “Hoy, confrontado con la obra, el espectador se convierte en una parte activa de la misma”. Lo sepamos o no, estamos en la era del arte interactivo.

 

ESTEREOTIPOS Y ENTRAÑAS

La presencia de juegos españoles es notable en la exposición. En una zona dedicada a la disección de un guión de videojuegos —“más parecido a una hoja de Excel, porque las decisiones ramifican la historia”, explica Cabañes—, podemos encontrar el desarrollo narrativo y los storyboards de Gris (2018) o de Rime (2017), dos de los últimos éxitos españoles. Las ilustraciones de Gris, un juego con un apartado visual de altura, creado por las acuarelas del catalán Conrad Roset, comparten espacio con una zona dedicada a obras clásicas que han influido en juegos, en la que el original y la influencia están enfrentadas. Un ejemplo: las ilustraciones de escaleras laberínticas de Giovanni Battista Piranesi encuentran su reflejo en el juego Monument Valley (2014).
En otra de las zonas de Los dos lados de la pantalla, encontramos un panel que compara imágenes de personajes que, a juicio de Cabañes, están estereotipados. “Desde el protagonista, siempre musculoso, hasta las mujeres, hipersexualizadas, hasta los personajes árabes, encasillados en el papel de terroristas con la cara tapada”, analiza la comisaria de la exposición.
“Hay un cambio en marcha, y se están dando saltos: muchos personajes femeninos antes sexualizados ya no lo están”. De todos modos, incide en que “el 97% de los personajes femeninos de los juegos son caucásicas, y si la población del mundo se correspondiera con la virtual, las mujeres representarían solo el 15% de la gente del mundo”.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2019/09/24/actualidad/1569332873_597496.html

Adorno

Adorno: nuevos tiempos para el imperativo categórico

La ilustración, por cortesía de Ángela Lorenzo.
                                           La ilustración, por cortesía de Ángela Lorenzo.

 

Se cumplen hoy cincuenta años del fallecimiento de Theodor Adorno. Un pensador excepcional por sí mismo, por la época que le tocó vivir y por la importancia de su legado. Se atrevió a dialogar con el propio Kant y, en vista del atroz pasado, formuló un nuevo imperativo categórico para los tiempos que habrían de venir. Lo repasamos de la mano de la filósofa Marta Tafalla.

Por Pilar G. Rodríguez

 

Theodor W. Adorno. Una filosofía de la memoria, de Marta Tafalla (Herder).

Theodor W. Adorno. Una filosofía de la memoria, de Marta Tafalla (Herder).

El acontecimiento que lo cambió todo lo cambió pero todo, todo,porque lo que cambió fue nuestra forma de mirar el pasado, penar el presente y desconfiar del futuro. Ya nada era lo que había sido antes de que Hitler   –en la década de los 30 del siglo pasado– se hiciera con el poder, antes de la construcción de los campos de extermino y de poner en práctica la solución final. Y tampoco la ética, que estaba de capa caída en aquellas décadas en las que el siglo XX se acercaba a su mitad. Kant estaba obnubilado mirando al cielo en la noche estrellada donde había creído descubrir la ley moral y su imperativo categórico en riesgo de momificación. Pero estaba Adorno, un filósofo extraño. Alguien a quien le reprocharon los peores clichés que atacan a la filosofía: que si no se le entendía, que si era para iniciados, que no sé qué del elitismo…

Pero Adorno tenía algo importante que decir y, además, era urgente. Una especie de «esto no» y «así no» que se completó finalmente con un «y nunca más». Esto se entiende muy fácilmente; la dificultad estriba en llevar a la práctica ese deber de memoria dictado por Theodor Adorno. Un deber en el que está condensada su ética de mínimos. Una ética que algunos dicen que no es posible encontrar en la obra del filósofo alemán y que la profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona Marta Tafalla convirtió en el eje de su tesis doctoral. Una versión más corta reelaborada de la misma se convirtió en el libro Theodor W. Adorno. Una filosofía de la memoria, editado por Herder, de donde parte este artículo.

Adorno en pocas palabras

La relación de Adorno con la música es anterior a la filosofía, anterior a él mismo gracias a su madre, Maria Calvelli-Adorno, que era soprano e inculcó a su hijo el amor por la música. Pero los intereses de Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno (Frankfurt,1903) iban más allá: estudió Sociología, Psicología, Filosofía y Música, trazando entre estas dos últimas interesantes relaciones. A ellas les iba a dedicar buena parte de su trayectoria intelectual.

Su carrera está vinculada al Instituto de Investigación Social, donde tuvo su sede la Escuela de Frankfurt y donde Adorno ocupó un lugar destacado junto con Max Horkheimer, que lo dirigió a partir de 1930. El ascenso de los nazis le obligó a huir a Inglaterra y posteriormente a los Estados Unidos, donde siguió trabajando como miembro del Instituto en estrecha colaboración con Horkheimer. Juntos alumbraron Dialéctica de la Ilustración, uno de los textos clave para el pensamiento del siglo XX. Allí también recibió las noticias de la muerte de otra de las personas que le marcaron vital e intelectualmente: Walter Benjamin.

Regresó a Alemania en 1949 para seguir desarrollando su labor crítica decisiva en el debate filosófico de la Alemania de posguerra. Siempre inquieto y siempre en la vanguardia de la creación, estaba en contacto con las voces renovadoras en los distintos ámbitos artísticos: Samuel Beckett, John Cage, Antonioni… Murió en 1969 en Suiza al sufrir un infarto.

El imperativo del «no»

En Dialéctica negativa –escrita entre 1959 y 1966– es donde Adorno toma el imperativo categórico de Kant y mueve la cabeza, en señal de desaprobación. Lo hace con cariño; Adorno es un gran admirador de Kant y en particular de su ética: la conoce tan bien, que por eso cree que necesita una nueva formulación en vista de los nuevos horrores: «Hitler ha impuesto a los seres humanos un nuevo imperativo categórico para su actual estado de ausencia de libertad: el de orientar su pensamiento y acción de modo que Auschwitz no se repita», escribe Adorno en el mencionado libro.

El imperativo categórico de Kant

Un recordatorio del imperativo categórico de Kant –el clásico, en versión muy básica– antes de continuar con la reformulación de Adorno. En Crítica de la razón práctica se lee: «Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempos, como principio de una legislación universal». Pero esta ley fundamental se dice de otras formas o se completa en otras otras expresiones:
«Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio».
«Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines».

El «no» sienta las bases de un renovado imperativo categórico que Marta Tafalla explica en tres planos o niveles. Los entrecomillados que siguen son suyos:

  • No conoce el bien, a diferencia del kantiano que defendía que la ley moral habitaba en el corazón de los seres humanos y que estos sabían reconocerla y distinguir el bien y el mal. A la luz de los acontecimientos, «Adorno ha asumido que nada sabemos de cómo es el bien (…). Pero sí conocemos el mal, sí hemos tenido una experiencia rica y plural de lo que el mal significa y sus muchas formas». Se trata, por tanto, de resistir a ese mal conocido, de rechazarlo, pero esto ya es adelantar acontecimientos.
  • No lo dicta la razón. Esta era, en la concepción kantiana, el origen del imperativo categórico. El origen del nuevo imperativo categórico, Adorno lo sitúa «ante las fosas comunes donde se amontonan cuerpos torturados. Su ética no comienza con un ideal de humanidad, sino con el descubrimiento de un genocidio».
  • Dice «no». Retomando el punto primero de esta secuencia negativa, el deber que llena de contenido el nuevo imperativo categórico es saber decir no, «impedir que el mundo se deshaga» (en palabras de Albert Camus) nuevamente.

Dolor y memoria

Aparte de ser un imperativo en negativo, Tafalla desarrolla otras dos diferencias capitales en el nuevo imperativo categórico que formula Adorno respecto al de Kant:

  • Es materialista en su sentido más puro y más crudo: le interesan los cuerpos y su sufrimiento, su muerte. Y le interesa también la reacción que esta consideración debe provocar. No se trata de empatía, sino de una reacción física, de que la naturaleza se reúna a la naturaleza. En palabras de Tafalla: «Ese sentirse afectado por el dolor de los otros, esa reacción impulsiva y corporal, es lo que Adorno denomina mimesis. Para él, las normas éticas serán verdaderas cuando surjan de este impulso mimético (…)».
  • Pertenece a un tiempo y está hecho de memoria. Kant, en su ambición de universalidad, ideó un sistema moral apto para cualquier lugar de la historia del tiempo y, por tanto, independiente de la misma. El nazismo rompió esa temporalidad difusa con una muesca de horror. Se acabó lo que antes había sido válido, más en términos de moralidad abstracta: el imperativo categórico de Adorno «tiene como contenido concreto un hecho histórico, por ello está lleno de memoria, de la memoria de tantos individuos que sufrieron y perecieron». Este fue uno de los mayores hitos filosóficos del legado de Adorno: la memoria, el significado y la revisión de la misma y sus deberes han sido profusamente tratados desde entonces. Y ahí seguimos y lo que queda. La memoria no se acaba nunca porque el futuro depende de ella.

Fuente:

https://www.filco.es/adorno-nuevos-tiempos-para-el-imperativo-categorico/