{"id":1038,"date":"2017-01-23T16:19:54","date_gmt":"2017-01-23T16:19:54","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1038"},"modified":"2017-01-23T16:19:54","modified_gmt":"2017-01-23T16:19:54","slug":"que-viene-el-futuro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2017\/01\/23\/que-viene-el-futuro\/","title":{"rendered":"Que viene el futuro"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">Un tiempo regido por la ilusi\u00f3n<\/h2>\n<div class=\"firma \">\n<div class=\"autor\">\n<div class=\"autor-texto\" style=\"text-align: center\"><span class=\"autor-nombre\"> Jos\u00e9 Luis Pardo <\/span><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: center\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1043 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion-300x214.png\" alt=\"i\u00f1lusion\" width=\"495\" height=\"353\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion-300x214.png 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion-768x549.png 768w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion-1024x731.png 1024w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion-624x446.png 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/01\/i\u00f1lusion.png 1960w\" sizes=\"auto, (max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/a><strong>En un tiempo regido por la ilusi\u00f3n de la utop\u00eda tecnol\u00f3gica, el pensamiento contempor\u00e1neo busca f\u00f3rmulas para descifrar un porvenir que ya no se identifica necesariamente con el progreso<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la antig\u00fcedad, seg\u00fan dicen, el tiempo se experimentaba como si fluyese desde el pasado \u2014un pasado de perfecci\u00f3n culminante, una edad de oro\u2014 hacia un presente que representaba una degradaci\u00f3n y que ten\u00eda que pagar una deuda constante a ese pasado para no desprenderse definitivamente de \u00e9l; una deuda de memoria, de culto y de palabra para intentar retrasar la llegada de un nefasto futuro anunciado, un futuro de destrucci\u00f3n natural y cultural que preceder\u00eda a un nuevo comienzo de la rueda del tiempo. La llegada de los tiempos modernos se vivi\u00f3 en buena medida como una liberaci\u00f3n del presente con respecto a esa deuda impagable con el pasado y con los antepasados, una revoluci\u00f3n contra el curso c\u00edclico y repetitivo de las estaciones que abr\u00eda la puerta a un futuro no programado, foco de temores y de esperanzas. Pero no se tard\u00f3 mucho en convertir al presente moderno en un tiempo de nuevo hipotecado, obligado a pagar una deuda infinita, esta vez al futuro, a los descendientes y a las consecuencias, que forzaba a sacrificar la herencia del pasado y el modesto capital de lo actual en el ara de un porvenir de excelencia sublime y justicia cumplida. El retraso en la llegada de este futuro prometido se soportaba gracias a la confianza en que el curso del tiempo estaba regido por una fuerza sobrehumana equivalente a un destino, la ley del progreso que garantizaba que, a fuerza de acumular esfuerzos, el futuro ser\u00eda necesariamente mejor que el presente.<\/p>\n<div id=\"elpais_gpt-INTEXT\" style=\"text-align: justify\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/7811748\/elpais_web\/cultura\/intext_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero hubo un momento en el cual los acontecimientos hist\u00f3ricos \u2014principalmente las guerras mundiales y las crisis econ\u00f3micas\u2014 hicieron casi imposible esta confianza y se quebr\u00f3 la fe en el progreso como regla de la sucesi\u00f3n temporal de las acciones humanas. Seg\u00fan los militantes de un nuevo credo filos\u00f3fico conocido como \u201crealismo especulativo\u201d, lo que ha ocurrido en nuestros d\u00edas es que el futuro se ha independizado completamente del presente, es decir, ha dejado de ser el resultado o la consecuencia del progreso acumulado por el pasado y el presente y se ha convertido en el aut\u00e9ntico foco aut\u00f3nomo desde el cual mana el tiempo, y el presente y el pasado ahora se definen con respecto a \u00e9l. Como ocurre con esos sofisticados productos financieros llamados \u201cderivados\u201d, es el futuro \u2014el valor de futuro \u201cinventado\u201d de un modo puramente especulativo\u2014 lo que fija el valor del presente y lo que puede dejarlo definitivamente arrinconado como \u201ccosa del pasado\u201d o mantener viva su vigencia. El futuro es en cierto modo m\u00e1s \u201creal\u201d que el presente y que el pasado, pues es quien decide el sentido y la duraci\u00f3n de estos \u00faltimos, pero a la vez es algo puramente ficticio, que no se ha dado nunca \u201cde hecho\u201d y que podr\u00eda no darse jam\u00e1s.<\/p>\n<div class=\"teads-inread sm-screen\">\n<p style=\"text-align: justify\">Parece, en efecto, cosa de locos. \u00bfC\u00f3mo puede lo que es ficticio por definici\u00f3n (porque a\u00fan no existe), lo que no puede ser nunca totalmente anticipado, funcionar como algo \u201cm\u00e1s real que la realidad\u201d y someter a sus \u201cfantas\u00edas\u201d la facticidad de lo existente y de lo subsistente? De hecho, este \u201crealismo\u201d s\u00f3lo puede pensarse con el auxilio de la ficci\u00f3n, especialmente de la ficci\u00f3n dist\u00f3pica en la tradici\u00f3n de <em>1984<\/em>, <em>Un mundo feliz<\/em> o <em>Mad Max<\/em>. No sabemos c\u00f3mo habr\u00eda sido el mundo del arte si los dada\u00edstas hubieran triunfado en t\u00e9rminos absolutos (\u00bfo es que lo han hecho y no nos hemos percatado?), pero podemos imaginar un mundo en el que triunfe absolutamente lo que Yuval Noah Harari llama el <em>data\u00edsmo<\/em> (la nueva religi\u00f3n de los datos, especialmente de los <em>big data<\/em> que s\u00f3lo pueden manejar y procesar algunas de las grandes empresas de la comunicaci\u00f3n), el intento de reducir la vida a procesamiento de informaci\u00f3n y a una serie de algoritmos predecibles que, sin necesidad de conciencia, podr\u00edan conocer a los organismos mejor de lo que ellos se conocen y prever \u201cespeculativamente\u201d su comportamiento futuro. Uno de los corolarios de este <em>data\u00edsmo<\/em> es, seg\u00fan Harari, que los humanos, considerados como individuos, podr\u00edan perder inter\u00e9s y valor desde el punto de vista econ\u00f3mico y militar, salvo una peque\u00f1a \u00e9lite de humanos \u201cmejorados\u201d. Y esto, dice Harari, ser\u00eda compatible con la econom\u00eda de mercado y con la tecnolog\u00eda cient\u00edfica, pero no con la democracia liberal. De modo que no solamente ocurrir\u00eda que el futuro habr\u00eda sustituido al presente como fuente de valor, sino que, como dec\u00eda G\u00fcnther Anders, el hombre se habr\u00eda quedado obsoleto como medida de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda, de la guerra o de la ciencia, pues sus capacidades resultan superadas por las de las m\u00e1quinas inteligentes. En cualquier caso, la distop\u00eda parece haber sustituido a la utop\u00eda como g\u00e9nero literario \u201cfuturista\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque, para decirlo todo, tambi\u00e9n hay entre estas obras de filosof\u00eda de anticipaci\u00f3n o de especulaci\u00f3n sobre futuros algunas que conservan una carga ut\u00f3pica (es decir, que se sit\u00faan especulativamente en un futuro alternativo al capitalismo). Contra lo que pudiera pensarse, no solamente los emprendedores aguerridos ven en las crisis oportunidades, sino que esa visi\u00f3n es un t\u00f3pico de todas las filosof\u00edas modernas de la historia: ya en el siglo pasado, los marxistas se apresuraban a advertir ante los primeros indicios de cada crisis econ\u00f3mica que se trataba de la \u00faltima crisis, de la crisis definitiva del capitalismo, que, como el lector recordar\u00e1, ha construido las armas de su propia destrucci\u00f3n y las ha puesto en manos de aquellos que han de ser sus sepultureros. Y as\u00ed, con ocasi\u00f3n de esta crisis econ\u00f3mica, se ha producido todo un g\u00e9nero literario que podr\u00edamos denominar <em>poscapitalismo<\/em>, que tambi\u00e9n es un g\u00e9nero de ficci\u00f3n dedicado a especular con un escenario del que haya desaparecido ese gran monstruo. Pero incluso en esas obras, la <em>pars destruens<\/em> \u2014la descripci\u00f3n de la distop\u00eda capitalista\u2014 es, como en una pel\u00edcula de esp\u00edas y conspiraciones, mucho m\u00e1s apasionante que la de su alternativa poscapitalista, siempre amenazada esta \u00faltima por la sombra de esos otros totalitarismos nada especulativos del siglo XX que, sin necesidad de <em>data\u00edsmo<\/em> ni algoritmicismo ni literatura de ficci\u00f3n anticipativa, trataron a los seres humanos desde el punto de vista econ\u00f3mico y militar como si su individualidad les importase un bledo, descontando la de unos pocos humanos selectos, lo cual no solamente amenaz\u00f3 a la democracia liberal, sino que de hecho la suprimi\u00f3 durante casi un siglo. \u00bfA qu\u00e9 se debe esta seducci\u00f3n del desastre, que recuerda a esas fases de la cultura popular en las cuales, como recordaba en cierta ocasi\u00f3n Umberto Eco, las masas se identifican con los grandes malvados (Fantomas o Fu Manch\u00fa) en lugar de hacerlo con los h\u00e9roes salvadores?<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">En un tiempo como el nuestro, que se cree liberado de toda mitolog\u00eda, bien pudiera ocurrir que el \u00faltimo mito que subsistiese fuese el del capitalismo. Es decir, la creencia en que hay un \u201csistema\u201d que organiza el mundo y le confiere sentido. No importa que sea un sentido profundamente irracional e incluso moralmente perverso, el caso es que es capaz de dotar a la historia humana de un motor interno e infalible (la \u201ceconom\u00eda\u201d) que puede explicarlo todo: las bancarrotas, las contradicciones, las revoluciones, el terrorismo, la xenofobia, el cambio clim\u00e1tico, las migraciones masivas, la anorexia, la depresi\u00f3n o los viajes interestelares. La distop\u00eda tiene, en este sentido, un efecto tranquilizador (al menos hay un Gran Hermano contra el que luchar). Aunque ellos no hayan sido sus \u00fanicos forjadores, este mito sigue recibiendo una buena parte de su fuerza de las poderos\u00edsimas met\u00e1foras po\u00e9ticas de Marx y Engels en el <em>Manifiesto Comunista<\/em>, en donde se dibuja esa imagen cicl\u00f3pea de un gigante capaz de engullir todo lo que parec\u00eda exterior a \u00e9l y fagocitarlo, aliment\u00e1ndose de sus propios estropicios y dando lugar, en su apoteosis final, a una nueva humanidad poshist\u00f3rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Leyendo este tipo de literatura contempor\u00e1nea de anticipaci\u00f3n filos\u00f3fica surge, de cuando en cuando, la pregunta acerca de si el t\u00e9rmino <em>poscapitalismo<\/em> no podr\u00eda entenderse tambi\u00e9n de otra manera. No como la descripci\u00f3n especulativa de un futuro humano que recuperase la edad de oro perdida por los antiguos, sino \u2014m\u00e1s modestamente\u2014 como la posibilidad de pensar los problemas que nos preocupan sin recurrir a estos t\u00e9rminos (\u201cel sistema\u201d, \u201cel comunismo\u201d, \u201cel capitalismo\u201d), que en la lucha ideol\u00f3gica se arrojan al bando enemigo como proyectiles simb\u00f3licos, pero que son muy poco nutritivos intelectualmente. Son, como se dice hoy, \u201csignificantes vac\u00edos\u201d que se ponen en circulaci\u00f3n para que sus usuarios los llenen con todo lo bueno o todo lo malo que puedan concebir en el mundo, pero que carecen de utilidad cuando de lo que se trata es de abrirse camino conceptualmente en ese mismo mundo. Quiz\u00e1 fuera una tarea estimulante, no para una filosof\u00eda del futuro, sino para el futuro de la filosof\u00eda, la de aprender a pensar sin esa imagen del Gran Enemigo Omnisciente y Omnipotente que, como Saturno, no deja de devorar a sus hijos. Si la filosof\u00eda y las ciencias sociales han de buscar alguna alternativa, quiz\u00e1 no se trate tanto de una alternativa al capitalismo como a esas maneras de pensar las cosas que dificultan su conocimiento, aunque ello resulte menos tranquilizador que la distop\u00eda. Alg\u00fan trabajo habr\u00e1 que dejarles a los guionistas de series televisivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fuente:<\/p>\n<p>http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2017\/01\/17\/babelia\/1484679064_677672.html<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un tiempo regido por la ilusi\u00f3n Jos\u00e9 Luis Pardo En un tiempo regido por la ilusi\u00f3n de la utop\u00eda tecnol\u00f3gica, el pensamiento contempor\u00e1neo busca f\u00f3rmulas para descifrar un porvenir que ya no se identifica necesariamente con el progreso En la antig\u00fcedad, seg\u00fan dicen, el tiempo se experimentaba como si fluyese desde el pasado \u2014un pasado [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[5,1],"tags":[],"class_list":["post-1038","post","type-post","status-publish","format-gallery","hentry","category-articulos","category-members","post_format-post-format-gallery"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5OYFZ-gK","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1038","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1038"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1038\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1045,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1038\/revisions\/1045"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1038"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1038"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1038"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}