{"id":1097,"date":"2017-03-30T17:13:07","date_gmt":"2017-03-30T17:13:07","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1097"},"modified":"2017-03-30T17:13:07","modified_gmt":"2017-03-30T17:13:07","slug":"el-sueno-de-la-posteridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2017\/03\/30\/el-sueno-de-la-posteridad\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o de la posteridad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><span class=\"caja-ppal-noticia clear\"><span class=\"col-ABC\">Javier Gom\u00e1 habla de un tema que le obsesiona: la posteridad <\/span><\/span><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/globos-de-dialogo-.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-526 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/globos-de-dialogo--300x300.jpg\" alt=\"globos-de-dialogo-\" width=\"558\" height=\"558\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/globos-de-dialogo--300x300.jpg 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/globos-de-dialogo--150x150.jpg 150w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/globos-de-dialogo-.jpg 332w\" sizes=\"auto, (max-width: 558px) 100vw, 558px\" \/><\/a>Para ser un profesional eminente se necesita algo m\u00e1s que ser un profesional; para ser un poeta, uno verdaderamente grande, algo m\u00e1s que un poeta a secas; para llegar a ser un buen padre no basta con ser simplemente padre. S\u00f3lo adquiere una maestr\u00eda absoluta en un arte -arte t\u00e9cnico o arte de la vida- <strong>quien trasciende en alg\u00fan grado sus reglas espec\u00edficas<\/strong>, pues, merced a esta trascendencia, posee la distanciada objetividad que se requiere para dominarlas y tambi\u00e9n, en su caso, para renovarlas y fertilizarlas con la inspiraci\u00f3n de fuentes externas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Uno podr\u00eda preguntarse, en consecuencia, si para ser hombre, en un sentido plenario, habr\u00eda que ser algo m\u00e1s que hombre. En <strong>la visi\u00f3n de la filosof\u00eda antigua<\/strong>,<strong>ser hombre consiste primeramente en ser feliz<\/strong>. Una fuerza (\u00abenergeia\u00bb) trabaja para llevar a los entes de la naturaleza a su coronamiento, a la realizaci\u00f3n de su finalidad \u00edntima (\u00abentelechia\u00bb). La felicidad es el nombre que recibe esa peculiar excelencia de la forma humana. El hombre feliz es un ejemplar excelente de su especie (\u00abaristos\u00bb), como un le\u00f3n melenudo, rugiente y majestuoso lo es de la suya.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Epitafios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">En el pecho del hombre moderno, sin embargo, se agita una ambici\u00f3n mayor que la felicidad, porque para \u00e9l por encima incluso de ser feliz est\u00e1 el deseo de ser individual. \u00abNo eres ambicioso y te conformas tan s\u00f3lo con ser feliz\u00bb, le dice Crisp\u00edn a Leandro en <strong>\u00abLos intereses creados\u00bb<\/strong> de <a href=\"http:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/b\/benavente.htm\">Benavente<\/a>, porque el buen Leandro se ha enamorado de Silvia y se declara dispuesto a renunciar a la dote del padre a trueque de llevar a su hija al altar. La individualidad a\u00f1ade una novedad sobre la antigua felicidad del mundo y ensancha sus l\u00edmites. Los epitafios de los m\u00e1s grandes generales romanos elogiaban sus grandiosos logros en vida con estas insuperables palabras: \u00abAmpli\u00f3 los confines del imperio\u00bb. Una individualidad que verdaderamente lo sea representa una victoriosa ampliaci\u00f3n de los confines de la vida humana hasta entonces conocidos.<\/p>\n<div id=\"roba_cintillo-id\" style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero he aqu\u00ed que el individuo, esa innovaci\u00f3n suntuaria en la evoluci\u00f3n de la vida, est\u00e1 condenado a la aniquilaci\u00f3n, como el resto de los seres vivientes menos evolucionados. Y <strong>al tomar conciencia de la muerte<\/strong>, en el roce cotidiano con una experiencia que se lo anticipa y confirma sin cesar, parece natural que ese individuo empiece a interrogarse por alguna v\u00eda de perduraci\u00f3n humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una de esas v\u00edas la constituye la esperanza en una supervivencia individual tras la muerte m\u00e1s all\u00e1 de este mundo: esta cuesti\u00f3n fue el tema de otro libro (\u00ab<a href=\"http:\/\/www.abc.es\/cultura\/20130210\/abci-entrevista-javier-goma-201302080242.html\">Necesario pero imposible<\/a>\u00bb, Taurus). Queda sin estudiar la otra v\u00eda: el deseo de perdurar dentro de este mundo, ese que <strong>atenazaba al doctor Zhivago <\/strong>en medio de sus quehaceres profesionales y le llev\u00f3 a anotar un d\u00eda en su diario: \u00abC\u00f3mo me gustar\u00eda, a la par que el trabajo, la fatiga de cultivar la tierra o la pr\u00e1ctica de la medicina, llevar a cabo algo que perdurase, algo capital, escribir alguna obra cient\u00edfica o algo art\u00edstico\u00bb. Dado que el hado no distingue entre diferentes clases de vivientes y condena al hombre al mismo destino fatal que a la planta o al insecto, la perduraci\u00f3n no ser\u00e1 en este caso la del yo individual, al que s\u00f3lo le espera la tierra por encima, sino la de un objeto que lleve el sello de ese yo y que, debido a su perfecci\u00f3n, trascienda la condena de muerte que pende sobre su autor, justamente ese <strong>\u00abllevar a cabo algo capital\u00bb<\/strong> o bien ese \u00abescribir una obra\u00bb registrados en el diario de Zhivago.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Amor y amistad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">A diferencia de los dioses griegos, que no son eternos pero s\u00ed inmortales, <strong>los hombres somos mortales <\/strong>y la mortalidad nos es esencial porque define la clase de ser que caracter\u00edsticamente somos. El vivir humano es siempre un vivir en peligro, bajo la amenaza de extinci\u00f3n, y de la conciencia de este peligro brotan los bienes que nos son propios: el amor, la amistad, el arte, la sociabilidad, la compasi\u00f3n, la solidaridad, los derechos, la ciencia, la filosof\u00eda o la esperanza religiosa. Prescindamos ahora de la hip\u00f3tesis de un mundo distinto, poblado de <strong>hombres parecidos a dioses inmortales del Olimpo<\/strong>, y consideremos por un momento otra m\u00e1s modesta, la de un mundo s\u00f3lo mejor. Un mundo donde la humanidad disfrutara de una mortalidad como la nuestra, si bien mejorada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En este otro mundo no distinto, s\u00f3lo mejorado, los hombres seguir\u00edan siendo mortales y podr\u00edan morir, s\u00ed, pero de hecho no morir\u00edan o s\u00f3lo <strong>lo har\u00edan por voluntad propia<\/strong>. Que uno pueda morir no exige que haya de morir por fuerza y siempre, de igual forma que, un ejemplo entre mil, el derecho a divorciarse, que asiste al casado y presta a todas las uniones sentimentales un car\u00e1cter provisional, no impide que algunas parejas renuncien a ejercitarlo y prolonguen la provisionalidad de su relaci\u00f3n por tiempo indefinido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero incluso si hubiera que rebajar a\u00fan m\u00e1s la pretensi\u00f3n inicial, seguir\u00eda representando una mejora significativa de nuestra actual mortalidad aquella en la que, aunque mujeres y hombres sin excepci\u00f3n, como ocurre ahora, hubieran de morir por funesto decreto del hado, lo hicieran en un trance suave y pac\u00edfico parecido a ese blando abandonarse al dulce sue\u00f1o, <strong>serena la conciencia por la comprensi\u00f3n del normal acabamiento <\/strong>de un ciclo vital en su persona y respetado el decoro que su cuerpo merece, en lugar de obligarlos a afrontar la conocida sucesi\u00f3n de decadencia, desesperaci\u00f3n, espantosa agon\u00eda, corrupci\u00f3n y pudrimiento que componen hoy, en la mayor\u00eda de los casos, el espect\u00e1culo de la muerte, espect\u00e1culo odioso, innecesario y humillante, que hubiera sido muy f\u00e1cil humanizar con s\u00f3lo una pizca m\u00e1s de imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">\u00bfQu\u00e9 esperabas?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">De manera que, mientras no cambien las cosas -y sobre este punto no soy portador de buenas noticias-, hemos de esperar todos la muerte y una muerte, por a\u00f1adidura, poco amable, inhumana. Conviene no olvidarlo para evitarnos <strong>la sorpresa de Stoner, el protagonista de la novela de John Williams<\/strong>, quien, agonizante de c\u00e1ncer terminal, a\u00fan le queda un poco de tiempo antes de morir para repasar los recuerdos de su vida, de una grisura sin contrastes, y casi como un reproche por su difuso exceso de expectativas frustradas, preguntarse tres veces, desenga\u00f1ado, casi furioso contra s\u00ed mismo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 esperabas? \u00bfQu\u00e9 esperabas? \u00bfQu\u00e9 esperabas?\u00bb. No hay mucho que esperar, bueno es recordarlo, no pidamos a la vida lo que \u00e9sta no puede darnos, porque la muerte nos sobreviene como ese diluvio universal que anega cuanto vive, arras\u00e1ndolo todo a su paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora bien, precisa el relato b\u00edblico,<strong> hubo un hombre, llamado No\u00e9<\/strong>, que en previsi\u00f3n del diluvio construy\u00f3 prudentemente un arca destinada a rescatar algunos bienes de la destrucci\u00f3n inminente. Y este cuento sirve para centrar la cuesti\u00f3n que ahora interesa, que no es la de qu\u00e9 subir\u00eda uno a bordo de la nave si le fuera dado elegir a su capricho, sino, otra vez con m\u00e1s modestia, la de lo que el mundo \u00abde facto\u00bb le permite subir para asegurar a lo embarcado alg\u00fan modo de perduraci\u00f3n no sujeta a plazo.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Destino final<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">La conciencia de la muerte, el saber contestar cabalmente a la pregunta formulada por Stoner acerca de qu\u00e9 esperar en este mundo, no apaga el deseo de perdurar y seguir siendo, sino que, al contrario, lo aviva a\u00fan m\u00e1s, porque se hace manifiesta la desproporci\u00f3n entre la dignidad de origen de esa individualidad magn\u00edfica y la indigna sordidez de su destino final. Ya sabemos que nosotros, los hombres, <strong>no estamos autorizados a subirnos a nosotros mismos a la nave salvadora<\/strong> y que la subjetividad nuestra, bajo el signo de la caducidad, ser\u00e1 barrida por una ola imparable de destrucci\u00f3n. La carga admitida a bordo ha de ser, por tanto, una objetividad que trasciende al sujeto y que al mismo tiempo lleve su marca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00c9sa es precisamente la definici\u00f3n de monumento. Hay vidas humanas que merecer\u00edan durar m\u00e1s all\u00e1 del breve tiempo que les es concedido y que se esfuerzan por elevar, con los materiales de este mundo, una obra p\u00fablica y patente que, gracias a su consistencia, burle ese mezquino plazo. Uno querr\u00eda darle a su vida una perduraci\u00f3n semejante a la de las pir\u00e1mides egipcias, que siguen conmemorando el nombre del fara\u00f3n en cuyo honor se levantaron siglos, milenios despu\u00e9s de su muerte. Una pir\u00e1mide, en su sobria perfecci\u00f3n, simboliza la perpetua primavera de una realidad constante, emancipada de los vaivenes de una mudable actualidad. La actualidad reclama nuestra excitada atenci\u00f3n unos pocos instantes, mientras que la realidad es aquello que se mantiene actual mucho, mucho tiempo, porque ata\u00f1e a los aspectos permanentes de lo humano. La experiencia ense\u00f1a que cualquier empresa que uno intente en este mundo, cuando verdaderamente vale la pena, cuesta mucho trabajo y cansa. <strong>Vivir es el arte de elegir la forma de nuestro cansancio futuro<\/strong>. Unos se consumir\u00e1n en los afanes de una actualidad transe\u00fante, espuma de los d\u00edas, mientras que otros preferir\u00e1n comprometerse a largo plazo con la realidad durable y poner su cansancio al servicio de una pir\u00e1mide en construcci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No es monumento todo lo que dura. Tambi\u00e9n duran mucho una piedra o un esqueleto y no por ello hay que atribuirles un car\u00e1cter monumental. Lo decisivo no es tanto si el objeto perdura como si es digno de perdurar, si merece esa permanencia en la estimaci\u00f3n de los hombres, aunque en ocasiones, por alg\u00fan accidente, quiz\u00e1 pueda no producirse. Y lo que en este mundo verdaderamente merece perdurar es la perfecci\u00f3n, lo juzgado mejor en cada g\u00e9nero y m\u00e1s perfecto. <strong>La vida y la obra bien hechas<\/strong>.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">La ejemplaridad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde esta perspectiva, las dos modalidades fundamentales de monumento que nos es dado levantar aqu\u00ed, sobre nuestro suelo, son la peculiar perfecci\u00f3n moral -la ejemplaridad- que puede uno prestar a su propia vida y la invenci\u00f3n original de una perfecta obra de arte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por un lado, la imagen de la vida, entregada a t\u00edtulo p\u00f3stumo a la posteridad. Cuando uno muere, quienes sobreviven guardar\u00e1n el recuerdo de su imagen, no todos los infinitos pormenores de su biograf\u00eda, sino <strong>los elementos tipificados de la experiencia humana <\/strong>combinados bajo la ley de su individualidad. La ejemplaridad de una persona, gestada lentamente mientras viv\u00eda, se ilumina tras la muerte en la imagen que deja actuante en la conciencia de los dem\u00e1s: all\u00ed se hace general, definitiva, paradigm\u00e1tica. El destino, que nos hurta maliciosamente los bienes que dan la felicidad, no puede expropiarnos el derecho a vivir nuestra vida con ejemplaridad y, tras nuestra muerte, legar una imagen luminosa digna de perduraci\u00f3n en la memoria de la gente. La responsabilidad por la continuada influencia civilizadora del propio ejemplo sobre los otros no se limita a los soleados d\u00edas de nuestra existencia sino que alcanza a las profundidades de la tumba. Quien desatiende esa llamada a la responsabilidad se parece a las \u00abalmas tristes\u00bb de esos que, seg\u00fan explica <a href=\"http:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/v\/virgilio.htm\">Virgilio<\/a> a Dante al traspasar las puertas del infierno, vivieron en el mundo \u00absin vituperio ni alabanza\u00bb: el cielo los rechaza por no ser bastante buenos, <strong>el infierno tampoco quiere admitirlos<\/strong>, el mundo no guarda recuerdo de ellos, y la misericordia y la justicia los desde\u00f1an. Y concluye Virgilio con aspereza: \u00abNo hablemos de ellos m\u00e1s: m\u00edralos y pasa\u00bb.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de la muerte<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Por otro lado, la obra art\u00edstica que, debido a la perfecci\u00f3n de su forma, permanece vigente y fecunda para gran n\u00famero de generaciones, despu\u00e9s, en ocasiones mucho despu\u00e9s, de la muerte de su autor. Como al resto de los seres vivientes, tambi\u00e9n a los seres humanos nos arrastra la corriente de la vida, que primero nos empuja a la plenitud org\u00e1nica de nuestra especie y luego, ganada esa cima, nos desampara en la pendiente inclinada de la vejez, la decadencia y la muerte. Cuanto m\u00e1s avanza en el camino de la vida, m\u00e1s manifiesto resulta para cualquiera <strong>que todo pasa, nada permanece\u2026 y entonces el artista act\u00faa<\/strong> y, usando el poder hechicero de su arte, detiene el instante represent\u00e1ndolo en un objeto -lienzo, partitura, piedra, papel- cuyo soporte material no perece, o lo hace s\u00f3lo muy despacio. \u00abVita brevis, ars longa\u00bb, cabr\u00eda decir ahora, invirtiendo los t\u00e9rminos usuales del adagio latino. El artista <strong>fabrica una \u00abcopia de seguridad\u00bb de un mundo en fuga <\/strong>para levantar valiente testimonio de su belleza, grandeza y desconcertante injusticia horas antes de desvanecerse en la nada. Y as\u00ed, aunque el cuerpo del artista se corrompa un d\u00eda, exactamente como el de los dem\u00e1s hombres y mujeres destinados a morir, su alma sobrevive en el cuerpo resucitado de su obra art\u00edstica, donde disfruta ya en este mundo de la gracia inaudita de una mortalidad prorrogada.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Fama que no muere<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">No es infrecuente, por \u00faltimo, que las dos modalidades de perduraci\u00f3n -la imagen de la vida, la obra art\u00edstica- se al\u00eden entre s\u00ed y que el artista, cautivado por la extraordinaria perfecci\u00f3n de vida de una persona, componga una obra igualmente perfecta con el \u00e1nimo de levantar un monumento perdurable a su imagen p\u00f3stuma, <strong>como hizo Plat\u00f3n con el griego S\u00f3crates<\/strong> o los cuatro evangelistas con el jud\u00edo Jes\u00fas, visto que ni el griego ni el jud\u00edo dejaron palabra escrita y lo fiaron todo a la fuerza de su existencia poderosa. Y en nuestra literatura, el caso del caballero <strong>don Rodrigo Manrique,<\/strong> fallecido en 1476, cuyo epitafio rezaba: \u00abAqu\u00ed yace muerto el hombre \/ que vivo queda su nombre\u00bb. Y as\u00ed fue, en efecto, porque su hijo Jorge, caballero tambi\u00e9n y adem\u00e1s poeta, escribi\u00f3 las \u00abCoplas\u00bb que han mantenido vivos en los siglos siguientes, no ya su nombre, sino la entera imagen de su vida, fijada en una secuencia de estrofas tan bellas como exactas. Ahora bien, el hijo erigi\u00f3 el monumento po\u00e9tico de sus coplas porque antes hab\u00eda sido testigo del monumento humano que hab\u00eda edificado su padre en vida -con \u00abese vivir que es perdurable\u00bb (XXXVI, 1)- y que le hab\u00eda hecho acreedor, con independencia de cualquier literatura, a una fama que no envejece.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De entre las cosas nuestras que merecen perdurar, \u00bfcu\u00e1les pondr\u00edamos en primer lugar?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las que son como el fuego, luminoso y c\u00e1lido. Aquellas cuya perfecci\u00f3n <strong>posee el don doble de iluminar el entendimiento y de encender el coraz\u00f3n <\/strong>con la llama del gozo y la esperanza, bienes escas\u00edsimos que la cultura, en su actual estado, se empe\u00f1a en negarnos con necia ligereza.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">Vulgaridad y tristeza<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Queden con nosotros para siempre, como tesoros preciad\u00edsimos, aquella imagen p\u00f3stuma y aquella obra art\u00edstica que nos ayudan a vivir con nobleza, que <strong>nos elevan a un ideal superior de lo humano <\/strong>y que, en fin, nos descubren el camino que conduce a escondidas reservas de inteligencia y alegr\u00eda a\u00fan existentes en este viejo mundo, donde todo desenga\u00f1o, vulgaridad y tristeza parecen tener su asiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La naturaleza regala la tristeza a cualquiera que pasa mientras que <strong>la alegr\u00eda inteligente es un arte raro<\/strong>, m\u00e1s que humano, casi divino. Elogio eterno a quien sepa practicarlo.<\/p>\n<\/div>\n<p>Fuente:<\/p>\n<p>http:\/\/www.abc.es\/cultura\/cultural\/abci-sueno-posteridad-201702260108_noticia.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Gom\u00e1 habla de un tema que le obsesiona: la posteridad Para ser un profesional eminente se necesita algo m\u00e1s que ser un profesional; para ser un poeta, uno verdaderamente grande, algo m\u00e1s que un poeta a secas; para llegar a ser un buen padre no basta con ser simplemente padre. 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