{"id":1115,"date":"2017-04-24T15:08:05","date_gmt":"2017-04-24T15:08:05","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1115"},"modified":"2017-04-24T15:08:05","modified_gmt":"2017-04-24T15:08:05","slug":"adios-al-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2017\/04\/24\/adios-al-alma\/","title":{"rendered":"\u00bfAdi\u00f3s al alma?"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">Preguntas que carecen de respuesta emp\u00edrica.<\/h2>\n<div class=\"firma \">\n<div class=\"autor\">\n<div class=\"autor-texto\" style=\"text-align: center\"><span class=\"autor-nombre\"> Manuel Fraij\u00f3 <\/span><\/div>\n<div class=\"autor-texto\" style=\"text-align: center\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1118 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma-182x300.png\" alt=\"alma\" width=\"389\" height=\"641\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma-182x300.png 182w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma-768x1267.png 768w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma-621x1024.png 621w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma-624x1030.png 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/04\/alma.png 1241w\" sizes=\"auto, (max-width: 389px) 100vw, 389px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Solemos identificar el t\u00e9rmino \u201calma\u201d con palabras como aliento, soplo, respiraci\u00f3n, vida. A veces, el alma tambi\u00e9n es concebida como una especie de fuego, fuego que se apaga con la muerte. Por lo general, todas las culturas se han familiarizado con el concepto de alma. Se habla del alma de las personas, de los pueblos, de los animales, de los r\u00edos, de las monta\u00f1as, de las obras de arte. Todo lo que tiene vida tiene alma. Sin embargo, hay excepciones: en el pensamiento chino arcaico se part\u00eda de que no todos los individuos tienen alma: se pensaba que el alma era una especie de esp\u00edritu, de dios menor, que descend\u00eda del cielo, se instalaba en el interior de las personas y, si se sent\u00eda \u201ca gusto\u201d, se quedaba para siempre; pero tambi\u00e9n pod\u00eda \u201cemigrar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se ha sido, pues, muy generoso con el t\u00e9rmino \u201calma\u201d asign\u00e1ndole una amplia gama de significados. Henri Bergson muri\u00f3 clamando por un \u201csuplemento de alma\u201d que detuviese la Segunda Guerra Mundial. Estaba convencido de que, si la humanidad no da una oportunidad al alma, al esp\u00edritu, quedar\u00e1 aplastada por el peso de su propio progreso tecnol\u00f3gico. Tener alma significaba para \u00e9l vivir en profundidad, no pasar de puntillas por la vida. Quien no tiene alma, sentenci\u00f3 S\u00f8ren Kierkegaard, vive en \u201cel s\u00f3tano de su propio edificio\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es un privilegio de la filosof\u00eda y de la teolog\u00eda plantear preguntas que carecen de respuesta emp\u00edrica. El alma es, sin duda, una de ellas. Su permanente presencia en la historia del pensamiento humano se debe, como sentenci\u00f3 Spinoza, al af\u00e1n por \u201cdurar\u201d. Ante la evidencia de que el cuerpo se descompone y desaparece, apelamos a un principio espiritual, no emp\u00edrico, que nos garantice la duraci\u00f3n eterna, la inmortalidad. Es el gran servicio que desde siempre nos viene prestando el alma. Ya Plat\u00f3n la declar\u00f3 \u00abinmortal\u00bb. Solo el cuerpo, al constar de partes, se corrompe; pero el alma, al ser una realidad simple, es inmortal. Adem\u00e1s, si las ideas que capta el alma son eternas, tambi\u00e9n esta lo ser\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Salta a la vista que la teor\u00eda de Plat\u00f3n presupone la separaci\u00f3n entre alma y cuerpo, es dualista. Se supon\u00eda incluso que el cuerpo era la c\u00e1rcel del alma; una convicci\u00f3n que fue llevada al extremo por Arist\u00f3teles en un di\u00e1logo de juventud, el <em>Protr\u00e9ptico.<\/em> Cuenta all\u00ed Arist\u00f3teles que los piratas marinos etruscos torturaban a sus prisioneros at\u00e1ndolos vivos a cad\u00e1veres, \u201crostro con rostro\u201d, hasta que mor\u00edan. Es, pensaba el Arist\u00f3teles joven, la situaci\u00f3n del alma: est\u00e1 atada al cuerpo como los prisioneros a los cad\u00e1veres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es obvio que la antropolog\u00eda actual no acepta esta separaci\u00f3n entre alma y cuerpo. Tampoco la antropolog\u00eda b\u00edblica conoc\u00eda el binomio alma-cuerpo. El ser humano era concebido como una unidad psicosom\u00e1tica. En la actualidad, la posible vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte no se expresa en forma de inmortalidad del alma. Y ello a pesar de que Karl Rahner reconoc\u00eda que la separaci\u00f3n alma-cuerpo se convirti\u00f3 en la \u201ccl\u00e1sica descripci\u00f3n teol\u00f3gica de la muerte\u201d, es decir, la muerte acontec\u00eda cuando el alma abandonaba su pobre morada terrenal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En nuestros d\u00edas contin\u00faa siendo de especial trascendencia la impronta que Kant asign\u00f3 a la inmortalidad del alma. La postul\u00f3 desde el convencimiento de que los seres humanos, al actuar moralmente, se hacen dignos de una felicidad que este mundo nunca ofrece. Seg\u00fan Adorno, a Kant le mov\u00eda \u201cel ansia de salvar\u201d; postul\u00f3 la inmortalidad del alma para no tener que \u201cpensar la desesperaci\u00f3n\u201d. Y, en la misma l\u00ednea, tal vez proyectando su propia ansia de inmortalidad, escribi\u00f3 Unamuno: \u201cEl hombre Kant no se resignaba a morir del todo\u201d. En realidad, la afirmaci\u00f3n kantiana de Dios y la inmortalidad es indirecta: Kant pone el acento en el sombr\u00edo panorama que se seguir\u00eda si Dios y la inmortalidad fuesen una quimera. En ese caso, la esperanza en un final ben\u00e9volo para el peregrinar humano quedar\u00eda muy ensombrecida, y las posibilidades de encontrar un sentido \u00faltimo a la vida se ver\u00edan muy mermadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hasta el siglo XVIII, la inmortalidad del alma no pas\u00f3 grandes apuros. Pero, por aquellas fechas, haciendo gala de un empirismo insobornable, David Hume vincul\u00f3 indisolublemente el destino del alma con el del cuerpo. Observ\u00f3 que las peripecias del segundo afectan a la primera. As\u00ed, en la infancia, la debilidad del cuerpo y la del alma corren paralelas; de la misma forma, el vigor corporal de la edad adulta corre paralelo con el vigor del alma; y, cuando en la vejez declinan las fuerzas corporales, se debilita tambi\u00e9n el alma. Hume concluy\u00f3: cuando muere el cuerpo, muere tambi\u00e9n el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La filosof\u00eda tradicional acus\u00f3 el golpe. Ven\u00edamos de aceptar, con notable placidez que, tras la aniquilaci\u00f3n de nuestro cuerpo, el alma corr\u00eda mejor suerte y alcanzaba el estatuto de \u201cforma separada\u201d del cuerpo. En ese estado permanec\u00eda hasta que la resurrecci\u00f3n le permit\u00eda volver a tomar las riendas del cuerpo resucitado. Pero hace tiempo que ni la filosof\u00eda ni la teolog\u00eda saben qu\u00e9 hacer con el \u201calma separada\u201d. Xavier Zubiri afirma que \u201cquien sobrevive y es inmortal no es el alma, sino el hombre entero\u201d. Algo que record\u00f3 Ignacio Ellacur\u00eda en su presentaci\u00f3n del libro p\u00f3stumo de Zubiri, <em>Sobre el hombre.<\/em> Ellacur\u00eda dej\u00f3 claro que, seg\u00fan Zubiri, \u201ccon la muerte acaba todo el hombre o acaba el hombre del todo\u201d. Zubiri abandon\u00f3, pues, la hip\u00f3tesis del \u201calma separada\u201d y se adhiri\u00f3 a la soluci\u00f3n de la \u201cmuerte total\u201d. Es tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis aceptada por grandes exponentes de la teolog\u00eda cristiana m\u00e1s reciente. Moriremos, pues, por completo; y resucitar\u00e1 \u201cla persona entera\u201d. A la pregunta \u201c\u00bfc\u00f3mo suceder\u00e1 todo eso?\u201d, la teolog\u00eda remite con humildad al insondable car\u00e1cter misterioso del tema. Estar\u00edamos, en feliz expresi\u00f3n de La\u00edn Entralgo, ante \u201cun saber de creencia, no de evidencia\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La pregunta es obligada: \u00bfqu\u00e9 hacer, entonces, con la palabra \u201calma\u201d? Reina bastante unanimidad: el alma continuar\u00e1 siendo siempre el t\u00e9rmino de referencia de todo lo que somos y hacemos: sentir, pensar, querer, recordar, olvidar, crear, amar\u2026 Joseph Ratzinger lo expresa teol\u00f3gicamente: \u201calma es la capacidad de referencia del hombre a la verdad y al amor eterno\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Toda nueva creencia, antes de ser generalmente aceptada, va conquistando su espacio de forma imperceptible. Podr\u00eda ser el destino del binomio alma-cuerpo. Es posible que estemos ante una creencia desgastada. Ya se sabe que la variada plasmaci\u00f3n de las ayudas filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas es cambiante y suele tener fecha de caducidad. El tema alma-cuerpo no es una excepci\u00f3n. En todo caso, si el desgaste de los siglos se empe\u00f1ase en jubilar tan ancestral creencia, habr\u00eda que agradecerle los inmensos servicios prestados. Siglo tras siglo mantuvo la esperanza de que, a pesar de la evidente desaparici\u00f3n del cuerpo, permanec\u00eda lo m\u00e1s importante de nosotros, lo m\u00e1s nuestro, el n\u00facleo de nuestra identidad, nuestra alma. Hay palabras \u201cque tiemblan\u201d, reconoc\u00eda Antonio Machado. Tal vez el alma sea una de ellas. Pero el poeta le ech\u00f3 un conmovedor cable: \u201cquisiera traerte muerta mi alma vieja\u201d.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\" style=\"text-align: justify\"><strong>Manuel Fraij\u00f3<\/strong> es catedr\u00e1tico em\u00e9rito de la Facultad de Filosof\u00eda de la UNED.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\" style=\"text-align: justify\">Fuente:<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">http:\/\/elpais.com\/elpais\/2017\/03\/23\/opinion\/1490298145_103231.html<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">Foto: <span class=\"foto-firma\"><span class=\"foto-autor\">RAQUEL MARIN<\/span><\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Preguntas que carecen de respuesta emp\u00edrica. Manuel Fraij\u00f3 Solemos identificar el t\u00e9rmino \u201calma\u201d con palabras como aliento, soplo, respiraci\u00f3n, vida. A veces, el alma tambi\u00e9n es concebida como una especie de fuego, fuego que se apaga con la muerte. 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