{"id":1271,"date":"2017-11-06T20:14:22","date_gmt":"2017-11-06T20:14:22","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1271"},"modified":"2017-11-06T20:14:22","modified_gmt":"2017-11-06T20:14:22","slug":"lo-que-realmente-importa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2017\/11\/06\/lo-que-realmente-importa\/","title":{"rendered":"Lo que realmente importa"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">Hay que educar para saber y para convivir, y eso solo puede llevarse a cabo sobre la base de conocer en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1272 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"479\" height=\"319\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo-300x200.jpg 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo-768x513.jpg 768w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo-624x416.jpg 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/emiliolledo.jpg 1960w\" sizes=\"auto, (max-width: 479px) 100vw, 479px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Si Emilio Lled\u00f3 se hubiera limitado a ser tan solo una figura enormemente influyente en la filosof\u00eda acad\u00e9mica espa\u00f1ola de la Transici\u00f3n, habr\u00eda perdido peso en el pensamiento de nuestro pa\u00eds tan pronto como se hubiera jubilado. Si Emilio Lled\u00f3 hubiera sido solamente un magn\u00edfico profesor, su prestigio se habr\u00eda ido apagando conforme se hubiera ido quedando sin estudiantes a los que transmitir su sabidur\u00eda. Si Emilio Lled\u00f3 hubiera sido \u00fanicamente alguna de esas cosas, o incluso la suma de todas ellas, no estar\u00edamos hablando hoy aqu\u00ed de \u00e9l. Pero Emilio Lled\u00f3 no se deja describir apelando a ninguna de las determinaciones mencionadas. Si ha llegado a los 90 a\u00f1os no ya manteniendo intacto el prestigio que atesoraba cuando abandon\u00f3 definitivamente las aulas, sino increment\u00e1ndolo, es porque ha residenciado su virtud en el lugar que le correspond\u00eda: en la palabra misma.<\/p>\n<p>\u00bfEs esta efectivamente la clave del prestigio de Lled\u00f3? Intentemos poner a prueba nuestra propia afirmaci\u00f3n. De pocas cosas se habla m\u00e1s en este pa\u00eds \u00faltimamente que de di\u00e1logo. Hasta el punto de que se dir\u00eda que para algunos parece haber constituido un descubrimiento, cuando no (para los m\u00e1s ignorantes) una propuesta radicalmente novedosa. Pero \u00bfqu\u00e9 es el di\u00e1logo sino la palabra en su estado m\u00e1s vivo, la palabra en acci\u00f3n, ese momento en el que la palabra muestra todo su poder y se pone en juego? Importa entenderlo as\u00ed para alejarse de una imagen unilateral de lo dial\u00f3gico sumamente frecuente. Me refiero a esa imagen en la que el di\u00e1logo queda dibujado como una actividad, noble, hermosa, bienintencionada, que busca que las personas rebajen su posible dogmatismo, su intransigencia, su incomprensi\u00f3n o cualquier otra actitud negativa (por no decir antip\u00e1tica), saquen su parte buena y corran al encuentro del otro para ponerse de acuerdo con \u00e9l de forma razonable y, de ser posible, amistosa. As\u00ed dibujado, el di\u00e1logo formar\u00eda parte del repertorio categorial del perfecto buenista, y el mejor provecho que podr\u00eda extraerse de \u00e9l ser\u00eda el de que constituyera un instrumento para negociar y alcanzar acuerdos.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 duda cabe de que en ocasiones el final feliz es la desembocadura del di\u00e1logo, pero representar\u00eda un grave error suponer que es una desembocadura inevitable. Si no queremos quedar atrapados por las connotaciones que a menudo se adhieren a las palabras, se impone subra\u00adyar la enorme importancia del di\u00e1logo entendido, si se me permite decirlo as\u00ed, como aventura intelectual, que es como nos ense\u00f1\u00f3 a entenderlo Emilio Lled\u00f3. Ignoro hasta qu\u00e9 punto el veneno del di\u00e1logo a \u00e9l se lo inocul\u00f3 a su vez Hans-Georg Gadamer, con quien estudi\u00f3 en la Universidad de Heidelberg, o ya ven\u00eda Lled\u00f3 envenenado de casa, esto es, lo llevaba incrustado en lo m\u00e1s profundo de su alma cuando conoci\u00f3 al autor de Verdad y m\u00e9todo. En todo caso, se puede afirmar que la pasi\u00f3n por el di\u00e1logo como actividad espiritual de alto riesgo \u2014por decirlo apenas de otra manera\u2014 constituye la expresi\u00f3n m\u00e1s transparente de su talante intelectual, aquello que mejor informa de la naturaleza de su pensamiento.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la complementaria insistencia, de la que nunca se ha apeado Emilio Lled\u00f3, en la paideia, en la educaci\u00f3n. Esta deber\u00eda cumplir, adem\u00e1s de una funci\u00f3n de conocimiento, una funci\u00f3n moral. Hay que educar para saber y para convivir, y eso solo puede llevarse a cabo sobre la base de conocer en el sentido m\u00e1s amplio y fuerte de la palabra, esto es, de conocernos tambi\u00e9n a nosotros mismos, a los que tenemos por otros y a los v\u00ednculos que podemos y debemos establecer con ellos. Ll\u00e1mesele a esto, si se quiere homenajear a Flaubert, educaci\u00f3n sentimental (a no confundir con la autoayudesca inteligencia emocional) o de cualquier otra forma, siempre que d\u00e9 cuenta del calado que se le est\u00e1 atribuyendo a la funci\u00f3n de ese educador.<\/p>\n<p>Y aunque Lled\u00f3, modestamente, prefiera definirse como profesor de filosof\u00eda antes que como fil\u00f3sofo, lo cierto es que, parafraseando al ilustre pol\u00edtico, podr\u00edamos decir de \u00e9l que es fil\u00f3sofo a fuer de (magn\u00edfico) profesor de filosof\u00eda. Esto es, lejos de contentarse con ser mera correa de transmisi\u00f3n de la herencia recibida, se ha esforzado en criticarla, depurarla y mejorarla para ponerla al servicio de un ideal de vida buena. Con lo que nos vemos devueltos al punto de partida: ha dialogado con la tradici\u00f3n de la que somos hijos, se ha convertido en interlocutor de ella y, a trav\u00e9s de ese gesto, ha ejercido de fil\u00f3sofo. Las lecciones de dicho di\u00e1logo est\u00e1n en los textos que Lled\u00f3 ha escrito, textos con los que, prolongando esa gran conversaci\u00f3n de la humanidad que es la cultura, venimos nosotros hoy convocados a dialogar. No otra constituye, en fin, la gran metalecci\u00f3n que deber\u00edamos retener de su magisterio (y, en lo posible, aplicarnos para ser capaces de prolongarla): la figura de Lled\u00f3 resiste tan bien el paso del tiempo porque siempre ha hablado de las cosas que realmente importan.<\/p>\n<p>Fuente: https:\/\/elpais.com\/cultura\/2017\/11\/03\/babelia\/1509729280_210957.html<\/p>\n<p>Foto: \u00c1lvaro Garc\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay que educar para saber y para convivir, y eso solo puede llevarse a cabo sobre la base de conocer en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra Si Emilio Lled\u00f3 se hubiera limitado a ser tan solo una figura enormemente influyente en la filosof\u00eda acad\u00e9mica espa\u00f1ola de la Transici\u00f3n, habr\u00eda perdido peso en el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[5,1],"tags":[],"class_list":["post-1271","post","type-post","status-publish","format-gallery","hentry","category-articulos","category-members","post_format-post-format-gallery"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5OYFZ-kv","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1271","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1271"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1271\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1277,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1271\/revisions\/1277"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1271"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1271"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1271"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}