{"id":1276,"date":"2017-11-13T12:02:01","date_gmt":"2017-11-13T12:02:01","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1276"},"modified":"2017-11-13T12:02:01","modified_gmt":"2017-11-13T12:02:01","slug":"formas-en-movimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2017\/11\/13\/formas-en-movimiento\/","title":{"rendered":"Formas en movimiento"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">Georg Simmel vio lo que hoy se celebra como modernidad l\u00edquida en ciudades europeas que conservaban rasgos premodernos<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1287 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento-300x183.jpg\" alt=\"\" width=\"571\" height=\"348\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento-300x183.jpg 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento-768x467.jpg 768w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento-1024x623.jpg 1024w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento-624x380.jpg 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/11\/formas-de-movimento.jpg 1960w\" sizes=\"auto, (max-width: 571px) 100vw, 571px\" \/><\/a><\/p>\n<p>No conozco mejor definici\u00f3n sobre \u201clo contempor\u00e1neo\u201d que la que <a href=\"https:\/\/elpais.com\/tag\/georg_simmel\/a\">Georg Simmel<\/a> ofreci\u00f3 para la modernidad. En los \u00faltimos a\u00f1os se ha debatido cu\u00e1ndo terminamos los modernos, cruelmente ahogados en un l\u00edquido que recibi\u00f3 varios nombres, casi siempre compuestos con sustantivos antecedidos por el prefijo \u201cpos\u201d. En un libro publicado en 1911, Simmel escribi\u00f3 lo siguiente: \u201cLa esencia de la modernidad es el psicologismo y la interpretaci\u00f3n del mundo seg\u00fan las reac\u00adciones de nuestra vida interior, desde donde todo lo exterior se filtra y cuyas formas son meramente formas de movimiento\u201d.<\/p>\n<div id=\"cuerpo_noticia\" class=\"articulo-cuerpo\">\n<p>Impresiona la actualidad de estas breves l\u00edneas escritas hace m\u00e1s de 100 a\u00f1os, antes de las redes sociales, los derechos de la subjetividad convertidos en pilares de la civilizaci\u00f3n occidental, y el respeto por la opini\u00f3n atinada o desatinada. Me pregunto: \u00bfc\u00f3mo pudo Simmel ver estas formas nuevas? Ocurre que los grandes pensadores ven las cosas cuando todav\u00eda no se han consolidado. Las descubren en estado de emergencia, y es dif\u00edcil captar sus rasgos porque est\u00e1n mezclados con lo m\u00e1s arcaico, lo que va a desaparecer inevitablemente, pero todav\u00eda no ha desaparecido. Las mercanc\u00edas que se utilizan como ejemplos en <em>El capital<\/em> no son ca\u00f1os de acero sin costura o cristales de silicio, sino levitas y varas de lienzo. La teor\u00eda del valor y la plusval\u00eda se defini\u00f3 con esos ejemplos, suficientes para un talento filos\u00f3fico como el de <a href=\"https:\/\/elpais.com\/tag\/karl_marx\/a\">Marx<\/a>, que no necesitaba conducir el primer autom\u00f3vil, porque habr\u00eda debido esperar alg\u00fan tiempo. El pensamiento puede esperar, pero no por tonter\u00edas.<\/p>\n<p>Simmel vio lo que hoy se celebra como modernidad l\u00edquida, en ciudades europeas que a\u00fan conservaban rasgos premodernos injertados con las transformaciones asombrosas de las grandes avenidas y los nuevos sistemas de transporte. No necesit\u00f3 descubrir a los citadinos flotando en la ola indecisa de sus subjetividades para comprender la forma del presente y del futuro. Hoy ser\u00eda muy f\u00e1cil escribir unas l\u00edneas como las citadas m\u00e1s arriba. Pero llegar\u00edan tarde, ya que pueden aparecer en la monograf\u00eda de un estudiante de primer a\u00f1o. Por ejemplo: \u00bfqui\u00e9n no puede afirmar hoy que nuestras subjetividades est\u00e1n flotando en el flujo ininterrumpido de una pantalla de tel\u00e9fono celular, flujo que no nos animamos a cortar ni cuando nos sentamos a la mesa?<\/p>\n<p>Vivimos en un mundo colonizado por la subjetividad. Dos horas en las redes sociales son suficientes para descubrir que la opini\u00f3n fundada o infundada tiene tanto valor como un dato cient\u00edfico o una noticia chequeada en varias fuentes. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/tag\/roland_barthes\/a\">Roland Barthes<\/a> habr\u00eda dicho que vivimos en el Reino de la Doxa, es decir de la opini\u00f3n, del que no hay que excluir todos los prejuicios que acompa\u00f1an a la opini\u00f3n como sus fieles camaradas de armas. Una investigaci\u00f3n reciente nos avisa que la permanencia de un usuario de redes sobre una noticia period\u00edstica cualquiera promedia los 35 segundos. Como es un promedio, hay quienes permanecen m\u00e1s y tambi\u00e9n menos que ese fatal medio minuto. Aceptemos que la investigaci\u00f3n se haya equivocado en sus datos. Pero \u00bfpor cu\u00e1nto?, \u00bfpor 40 o 50 segundos?, \u00bfpor un minuto? La noticia misma, m\u00e1s all\u00e1 de los deseos e intereses de quienes escribimos en los diarios, es un medio l\u00edquido, donde flotan hasta hundirse todos los cuidados editoriales porque valen tanto como una foto falsa, dos minutos de azaroso v\u00eddeo, las creencias m\u00e1s improbables o los desahogos furiosos.<\/p>\n<p>Por lo tanto, interpretar el mundo \u201cen t\u00e9rminos de nuestra vida interior\u201d (como lo frase\u00f3 Simmel) parece inevitable. Liquidadas las ideolog\u00edas, jubilados los principios, no nos queda otra cosa que ese cogollito donde nos pensamos libres porque acostumbramos a llamarlo, consoladoramente, nuestra propia vida, esa isla un poco imaginaria. Vale nuestra opini\u00f3n, como si una orgullosa independencia de criterios externos fuera la prueba de la m\u00e1s completa libertad, aunque simplemente pruebe una sujeci\u00f3n dentro de los propios l\u00edmites y lo dif\u00edcil que es reconocerlos.<\/p>\n<p>Puede que las autoridades del saber est\u00e9n agonizando. La modernidad, como escribi\u00f3 Simmel, es el reino edificado sobre esa agon\u00eda. Liberados de las autoridades, la Doxa establece su imperio subjetivo, m\u00f3vil y caprichoso. Pero estamos en familia: vamos a las redes y por obra del algoritmo nos encontramos con nuestros parientes, es decir, los seres que, como <em>cliquean<\/em> m\u00e1s o menos los mismos <em>links<\/em> que cada uno de nosotros, son nuestra nueva familia. \u201cUn mundo interior donde se han disuelto los contenidos fijos\u201d, escribi\u00f3 Simmel hace un siglo.<\/p>\n<p>No se trata de hacer un cuadro de honor simplemente para dejar establecido que Simmel vio este cambio antes que las secciones de vida cotidiana de los peri\u00f3dicos. No es un concurso para ver qui\u00e9n lleg\u00f3 primero a la meta. Simplemente porque no hay meta. Algunos intelectuales pudieron percibir lo que estaba apenas esbozado. Vieron lo radicalmente novedoso a trav\u00e9s de los restos de un pasado que perduraba. Hoy esa novedad es el presente.<\/p>\n<p>Fuente:<\/p>\n<p>https:\/\/elpais.com\/cultura\/2017\/11\/06\/babelia\/1509985334_019816.html<\/p>\n<p>Foto:<\/p>\n<p><span class=\"foto-texto\"> Un hombre sostiene un ordenador port\u00e1til con un fondo binario.<\/span> <span class=\"foto-firma\"> <span class=\"foto-agencia\">REUTERS<\/span><\/span><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Georg Simmel vio lo que hoy se celebra como modernidad l\u00edquida en ciudades europeas que conservaban rasgos premodernos No conozco mejor definici\u00f3n sobre \u201clo contempor\u00e1neo\u201d que la que Georg Simmel ofreci\u00f3 para la modernidad. 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