{"id":1407,"date":"2018-04-02T08:14:54","date_gmt":"2018-04-02T08:14:54","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1407"},"modified":"2018-04-02T08:14:54","modified_gmt":"2018-04-02T08:14:54","slug":"castilla-habla-la-filosofia-de-miguel-delibes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2018\/04\/02\/castilla-habla-la-filosofia-de-miguel-delibes\/","title":{"rendered":"Castilla habla: la filosof\u00eda de Miguel Delibes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\" align=\"JUSTIFY\"><strong><span style=\"color: #808080\">Jaime Fdez-Blanco Incl\u00e1n<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\" align=\"JUSTIFY\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/04\/delives.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1410 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/04\/delives-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"539\" height=\"359\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/04\/delives-300x200.jpg 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/04\/delives-624x415.jpg 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/04\/delives.jpg 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 539px) 100vw, 539px\" \/><\/a><span style=\"color: #000000\">\u201cMe percat\u00e9 entonces de que la alegr\u00eda es un estado del alma y no una cualidad de las cosas. Que las cosas en s\u00ed mismas no son alegres ni tristes, sino que se limitan a reflejar el tono con que nosotros las envolvemos\u201d. \u00bfPuede, pues, la mirada del sujeto modificar el objeto?, le preguntar\u00edamos hoy a Miguel Delibes al recordar estas palabras de<\/span><em><span style=\"color: #000000\"> La sombra del cipr\u00e9s es alargada<\/span><\/em><span style=\"color: #000000\">. Este 12 de marzo de 2018 se cumplen 8 a\u00f1os de su muerte. <\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) es probablemente uno de los autores espa\u00f1oles que mayores cotas de simpat\u00eda, respeto, cari\u00f1o y admiraci\u00f3n despierta,<\/strong> tanto durante sus m\u00e1s de 50 a\u00f1os como literato como tras el fin de su carrera y su muerte. Miembro de la Real Academia Espa\u00f1ola de la Lengua (sill\u00f3n E, desde 1973), ganador de innumerables premios (el Nadal, el Cervantes, el Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras, el Nacional de Narrativa, etc.), homenajeado por universidades, ciudades y pa\u00edses, venerado tanto por lectores contumaces como por simples curiosos, Delibes se presentaba como un personaje singular capaz de ganarse, casi sin quererlo, el afecto y la devoci\u00f3n de cuantos tuvieron la oportunidad de leerlo y conocerlo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201c<strong>\u00bfQu\u00e9 pensamiento hizo de Delibes ese ejemplo que tantos tratamos de seguir?<\/strong>\u00a0La obra de Delibes, pese a mantenerse en unos contextos relativamente concretos, hace gala sin embargo de una variedad y profundidad dif\u00edcilmente igualable, siempre marcada por un compromiso \u00e9tico, unos valores y unos principios, inalterables: autenticidad, humildad, justicia y lealtad se dan la mano en la prosa de Delibes, con una coherencia entre autor y texto que pocos han logrado.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cHe sido fiel a un peri\u00f3dico, a una novia, a unos amigos\u2026, a todo en lo que me he metido. A la pasi\u00f3n period\u00edstica, a la caza. Desde chico he sido fiel a todas esas cosas, y lo mismo que hac\u00eda de chico, lo he hecho de mayor\u201d, dijo.\u00a0Nosotros podr\u00edamos a\u00f1adir: a una editorial (Destino), a una ciudad (Valladolid) y a un paisaje, el castellano. Porque hablar de Delibes es hablar, ante todo, de Castilla y los castellanos. Conocedor de la flora y fauna de su regi\u00f3n, enamorado de sus gentes, sus costumbres y su entorno, Delibes es probablemente el escritor que mejor supo retratar la Castilla del siglo XX, su habla y su esp\u00edritu.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Si su regi\u00f3n es un punto dominante en su obra, no lo es menos el mundo rural, el pueblo y el campo,<\/strong> que se funde con el anterior y que el autor reivindicaba, junto a la naturaleza, como reductos de la autenticidad y la integridad del ser humano. Delibes critic\u00f3 con esta defensa de lo rural el progreso desordenado, pero no por el desarrollo en s\u00ed mismo, sino esa civilizaci\u00f3n que entonces se formaba, centrada en el consumo innecesario, el placer y la alineaci\u00f3n. <em>El camino, Las ratas, El disputado voto del se\u00f1or Cayo, Viejas historias de Castilla la Vieja, <\/em>etc., nos muestran esa ruptura del hombre con el pueblo y el campo, esa despersonalizaci\u00f3n del ser humano que lo convierte en una masa amorfa, sumisa, c\u00f3mplice del sue\u00f1o irracional de la hedonista sociedad actual.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cSi el cielo de Castilla es alto es porque lo habr\u00e1n levantado los campesinos de tanto mirarlo\u201d<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>No ser\u00e1n en cualquier caso los \u00fanicos temas en los que se enfoque la obra de Delibes,<\/strong> que toc\u00f3 tambi\u00e9n la cr\u00edtica dolorosa al vasallaje de reminiscencia medieval (<em>Los santos inocentes<\/em>); la renovaci\u00f3n del pensamiento, la tradici\u00f3n y la moral cat\u00f3lica (<em>Cinco horas con Mario, El hereje<\/em>); la pasi\u00f3n por la caza como ejemplo de la vuelta del ser humano a su origen prehist\u00f3rico (<em>Diario de un cazador, Con la escopeta al hombro<\/em>); el realismo costumbrista de <em>La hoja roja<\/em> o ese bell\u00edsimo canto al amor que es <em>Se\u00f1ora de rojo sobre fondo gris<\/em>, donde podemos atisbar, en la relaci\u00f3n de sus personajes, la devoci\u00f3n de Delibes por su esposa, \u00c1ngeles de Castro, cuya muerte en 1974 afect\u00f3 profundamente al escritor, quien la definir\u00eda como \u201cla mejor mitad de m\u00ed mismo\u201d y a la que el fil\u00f3sofo Juli\u00e1n Mar\u00edas, amigo de la familia, describi\u00f3 como \u201cesa mujer, maternal y ni\u00f1a a la vez que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir\u201d, y la tremenda influencia que la energ\u00eda y la fe de su mujer tuvo en su \u00e9xito.<\/p>\n<h4 class=\"western\" align=\"JUSTIFY\"><strong>El pensamiento de Delibes<\/strong><\/h4>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Se intuye en Delibes, en su persona y su obra, una especie de marcado estoicismo<\/strong> basado en la moral personal, en los valores y los principios como piedra angular. O, si se quiere, una mirada c\u00ednica ante la vida y el mundo que toca vivir, llena de denuncia y respeto por la honradez y la autoexigencia, cansada de ese utilitarismo que, a fuerza de citarlo, deviene en oportunismo barato de \u201cfin que justifica los medios\u201d.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Delibes parece sentir que su visi\u00f3n de la existencia no casa con los tiempos que le tocan vivir, refugi\u00e1ndose por ello en los peque\u00f1os placeres de la vida: la familia, el campo, la lectura, la escritura.<\/strong> Sus personajes hablan de un tiempo que es y no es \u00a0\u2013a la vez\u2013 el propio, con unos vicios y virtudes de los que \u00e9l quiso dejar constancia. Y eso, en aquella Espa\u00f1a de la posguerra, no era precisamente f\u00e1cil. Numerosos fueron sus desencuentros con la censura franquista, y famosa su renuncia al periodismo tras la imposibilidad de decir aquello que consideraba que deb\u00eda ser dicho. Delibes encontr\u00f3 en la literatura ese altavoz privilegiado, porque a menudo la ficci\u00f3n permite decir, oculta bajo su paraguas de irrealidad, aquello que en la no ficci\u00f3n se torna imposible. Y habl\u00f3. Sobre el abandono de los peque\u00f1os pueblos de Castilla, sobre el despertar de la conciencia ecol\u00f3gica o la uni\u00f3n necesaria del hombre y la naturaleza, los valores y las creencias.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Es tambi\u00e9n patente su b\u00fasqueda del individualismo, el ser quien se es, alejado de la masa y el colectivo que impide a las personas alcanzar su propia plenitud.<\/strong> Ese Daniel \u201cel mochuelo\u201d que siente que al abandonar su pueblo para estudiar en la ciudad est\u00e1 perdiendo la esencia de s\u00ed mismo (<em>El camino<\/em>). O Mario, cuya furibunda intransigencia, fruto de su radical conciencia, termina por sentenciarlo, como bien le echa en cara su esposa: \u201cNo es eso, Mario, calamidad. Que para vivir en el mundo hay que ser mucho m\u00e1s flexible\u2026\u201d (<em>Cinco horas con Mario<\/em>). O Azar\u00edas, un hombre con las facultades mentales disminuidas que por su misma condici\u00f3n representa el \u00fanico ejemplo de libertad e independencia en el cortijo del se\u00f1orito Iv\u00e1n (<em>Los santos inocentes<\/em>).<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cLos hombres necesitan siempre de un hazmerre\u00edr para eclipsarse a s\u00ed mismos de la propia ruindad de sus barros\u201d<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Aprecia el lector en Delibes ese car\u00e1cter particular del castellano viejo, austero en la bonanza y melanc\u00f3lico en el \u00e9xito.<\/strong> Un hombre que se resguarda de puertas para adentro y que usa a sus personajes para expresarse, consciente de unas debilidades y flaquezas propias en las que nadie alrededor parece reparar. Y la impresi\u00f3n que queda cuando uno se asoma a esa vida y obra es la de un hombre eminentemente bueno, preocupado por todo menos por \u00e9l mismo y que hace gala de una fuerte modestia sobre aquello que en la vida ha alcanzado.<\/p>\n<h3 class=\"western\" align=\"JUSTIFY\"><strong>El final de su vida\u00a0<\/strong><\/h3>\n<p align=\"JUSTIFY\"><strong>Delibes mor\u00eda el 12 de marzo de 2010, en Valladolid, v\u00edctima de un c\u00e1ncer con el que luchaba desde hac\u00eda tiempo. Su muerte despert\u00f3 una ola de reconocimiento en toda Espa\u00f1a,<\/strong> algo que, por otra parte, no le hab\u00eda faltado en vida. Miles de personas se acercaron a la capilla ardiente en su ciudad natal, que deposit\u00f3 sus cenizas en su pante\u00f3n de los hombres ilustres y que quiso tener el detalle de otorgarle el derecho a trasladar al mismo los restos de su esposa, \u00c1ngeles, para que pudieran descansar juntos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201cAl palpar la cercan\u00eda de la\u00a0muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras m\u00e1s que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales\u201d<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Goz\u00f3 de reconocimiento tambi\u00e9n en Madrid, en sus pueblecitos de Sedano (Burgos) y Molledo (Cantabria), en peri\u00f3dicos y televisiones, entre lectores y amigos, todos con el recuerdo del hombre al que as\u00ed retrataba la editora y escritora Esther Tusquets unos a\u00f1os antes:\u00a0<em>\u201c<\/em>Lo encontr\u00e9 formidable. L\u00facido, r\u00e1pido de mente. Interes\u00e1ndose por todo (interes\u00e1ndose, como siempre, por los dem\u00e1s), acord\u00e1ndose sin problemas de cuanto surg\u00eda en la conversaci\u00f3n. M\u00e1s c\u00e1ustico, eso s\u00ed, manifestando sin empacho cuanto se le ocurr\u00eda, acaso m\u00e1s tajante en sus afirmaciones. Ha alcanzado ese punto \u2013pens\u00e9 con envidia\u2013 en que uno est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal. Pero me alegr\u00f3 sobre todo ver que era tan querido: hijos, nietos, parientes, amigos, todos prodig\u00e1ndole a chorro cari\u00f1o, respeto y cuidados. No creo que casi nadie pase los \u00faltimos a\u00f1os de su vida rodeado de tanto amor, tanto genuino amor. De tan, por otra parte, merecido amor.<em>\u201d<\/em><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\nFuente:\u00a0\u00a0 Filosof\u00eda&amp;Co<\/p>\n<p>https:\/\/blogs.herdereditorial.com\/filco\/castilla-filosofia-pensamiento-delibes\/<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jaime Fdez-Blanco Incl\u00e1n \u201cMe percat\u00e9 entonces de que la alegr\u00eda es un estado del alma y no una cualidad de las cosas. 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