{"id":1505,"date":"2018-07-15T11:34:25","date_gmt":"2018-07-15T11:34:25","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1505"},"modified":"2018-07-15T11:34:25","modified_gmt":"2018-07-15T11:34:25","slug":"tribus-filosoficas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2018\/07\/15\/tribus-filosoficas\/","title":{"rendered":"Tribus filos\u00f3ficas"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">Ninguna idea es separable de la vida. Ninguna visi\u00f3n puede ser abstra\u00edda sin ser parte de un proceso vivencial<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/04\/socrates.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-238 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/04\/socrates-210x300.jpg\" alt=\"\" width=\"380\" height=\"543\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/04\/socrates-210x300.jpg 210w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/04\/socrates.jpg 280w\" sizes=\"auto, (max-width: 380px) 100vw, 380px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Al pensamiento franc\u00e9s siempre le ha gustado la\u00a0<em style=\"font-weight: inherit\">proustizaci\u00f3n<\/em>\u00a0del lenguaje, el tr\u00e1fico oculto de la met\u00e1fora, la alusi\u00f3n velada y resonante. Los franceses son y han sido esencialmente literatos. Hay en ellos una querencia (no siempre confesada) por la seducci\u00f3n, por lo ut\u00f3pico y lo tr\u00e1gico. Merleau-Ponty ensay\u00f3 esa transformaci\u00f3n del habla con el prop\u00f3sito de \u201caprehender el movimiento de lo vivo y lo concreto\u201d, como si el vuelo de la met\u00e1fora pudiera acompa\u00f1ar el vuelo de las cosas. Una fe inquebrantable en lo concreto que le hace desconfiar, como al buen poeta, tanto del subjetivismo sentimental como del objetivismo cient\u00edfico. No en vano se ha dicho que Heidegger, otro de los fil\u00f3sofos-literatos, suena mejor en franc\u00e9s que en alem\u00e1n (y al parecer se entiende mejor, de ah\u00ed su gran acogida en Francia). Mientras tanto, el mundo anglosaj\u00f3n, dominado por la fiebre del an\u00e1lisis, sonre\u00eda ante esas aspiraciones y contemplaba con escepticismo la destreza l\u00fadica de estos\u00a0<em style=\"font-weight: inherit\">jokers<\/em>\u00a0de las palabras.<\/p>\n<p>Reducir la filosof\u00eda a lenguaje, o a hermen\u00e9utica, que es la reflexi\u00f3n del lenguaje sobre s\u00ed mismo, como se pretendi\u00f3 al otro lado del canal, es privarla de su funci\u00f3n m\u00e1s genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias, a la dimensi\u00f3n activa de la imaginaci\u00f3n y la percepci\u00f3n. Supone renunciar a todo aquello que se puede vivir pero no formular o erigir en concepto. La filosof\u00eda no puede ser un l\u00e9xico, un sustituto verbal del mundo, pero tampoco confundirse con un discurso que acumula frases subordinadas y yuxtapone las alusiones (veladas, sensuales o cultas) con una prosa resonante y po\u00e9tica.<\/p>\n<p>No quiere esto decir que el lenguaje no tenga su importancia. La filosof\u00eda nunca es indiferente al habla. Pero necesita de una dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica que no sea \u00fanicamente moral. La genuina filosof\u00eda es h\u00e1bito de la mente, instrucciones para una \u201ccultura mental\u201d que permita congeniar con el mundo, recrearse en la complicidad de las cosas, en lo visto y lo escuchado, en el cuerpo presente y el recordado. Entre esos modos de la reconciliaci\u00f3n est\u00e1n la m\u00fasica y la pintura, la literatura y las sustancias psicotr\u00f3picas, la contemplaci\u00f3n del color y el movimiento, el sue\u00f1o l\u00facido y la percepci\u00f3n activa (esa que vivifica lo que contempla, como si del ojo saliera un rayo que animara las cosas). En todas ellas hay un ejercicio de desposesi\u00f3n, donde la mente acompa\u00f1a al empuje del Ser (no lo impulsa, lo acompa\u00f1a), pues el lugar natural del\u00a0<em style=\"font-weight: inherit\">no\u00fbs<\/em>\u00a0se encuentra al otro lado del tiempo.<\/p>\n<p style=\"font-style: inherit\"><strong>Reducir la filosof\u00eda a lenguaje, o a hermen\u00e9utica, que es la reflexi\u00f3n del lenguaje sobre s\u00ed mismo, es privarla de su funci\u00f3n m\u00e1s genuina e inspiradora, esa que afecta al caudal de las vivencias<\/strong><\/p>\n<p>Merleau-Ponty desarroll\u00f3 su filosof\u00eda de la percepci\u00f3n mientras combat\u00eda en la Resistencia de la Francia ocupada. Buscaba una nueva relaci\u00f3n entre conciencia y mundo, m\u00e1s all\u00e1 del empirismo cl\u00e1sico y del materialismo, que trascendiera tambi\u00e9n el racionalismo (el l\u00e1tigo del silogismo) y el idealismo (el desprecio del cuerpo). Part\u00eda de una idea sencilla. La percepci\u00f3n no es una ciencia, ni siquiera una toma de posici\u00f3n deliberada, sino el trasfondo mismo sobre el que se erigen todas las ciencias y las opiniones. La resistencia a los nazis ocultaba otra, la de considerar la conciencia como \u201cinterioridad\u201d. Merleau-Ponty prefer\u00eda verla comprometida con el mundo, en un sentido casi nupcial. Una verdad que ya no habita en el \u201chombre interior\u201d; de hecho, no hay tal \u201chombre interior\u201d. El sujeto sensible est\u00e1 comprometido, atado e implicado con aquello que ve y siente, por mucho que juegue a la distancia e invente mediadores. Rescata as\u00ed una de las estrategias cl\u00e1sicas de la filosof\u00eda, hoy casi desaparecida, el esfuerzo por la simpat\u00eda y la identificaci\u00f3n afectiva, la capacidad de congeniar con aquello que se observa, algo que dif\u00edcilmente puede llevarse a cabo si se reduce la filosof\u00eda al \u201cpensamiento cr\u00edtico\u201d, como es moda en Facultades e institutos, o si se multiplican los mediadores, como hacen los laboratorios con algoritmos, probetas o c\u00e1maras de burbujas. Ninguna idea, por muy abstracta que sea, es separable de la vida. Ninguna visi\u00f3n puede ser abstra\u00edda, separada del resto de las cosas, sin ser al mismo tiempo parte de un proceso vivencial. Las abstracciones m\u00e1s abstractas, ya sean el cero o el infinito, se viven siempre desde una determinada posici\u00f3n y circunstancia. Al margen de dicha vivencia, todo se oscurece y reduce a mera especulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre espectador y espect\u00e1culo no es frontal, sino una suerte de complicidad, una relaci\u00f3n casi clandestina. Para Merleau-Ponty es posible \u201cco-incidir\u201d con las cosas, pero esa correspondencia no se da sin una diferencia previa. Ah\u00ed est\u00e1 el misterio (incrustados, pero no del todo) de esta propuesta filos\u00f3fica. Ese es el \u201cbuen error\u201d del pensamiento. La persona se encuentra sumergida en el mundo, atravesada por \u00e9l, es ya mundo, y cuando cree conocer, ella misma pasa a formar parte de lo conocido. Una idea que fascinar\u00eda a los creadores de la f\u00edsica cu\u00e1ntica. Reproduce sin saberlo una vieja ense\u00f1anza del Talmud: no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. \u201cLas cosas atraen mi mirada y mi mirada acaricia las cosas\u201d, dice Merleau-Ponty. Entre la mirada y las cosas se atisba una complicidad. Ahondar en ella es el saludable motivo de esta filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Fuente:<\/p>\n<p>https:\/\/elpais.com\/cultura\/2018\/07\/10\/babelia\/1531216554_621574.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ninguna idea es separable de la vida. Ninguna visi\u00f3n puede ser abstra\u00edda sin ser parte de un proceso vivencial Al pensamiento franc\u00e9s siempre le ha gustado la\u00a0proustizaci\u00f3n\u00a0del lenguaje, el tr\u00e1fico oculto de la met\u00e1fora, la alusi\u00f3n velada y resonante. Los franceses son y han sido esencialmente literatos. 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