{"id":1692,"date":"2018-10-28T09:24:24","date_gmt":"2018-10-28T09:24:24","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=1692"},"modified":"2018-10-28T09:24:24","modified_gmt":"2018-10-28T09:24:24","slug":"congreso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2018\/10\/28\/congreso\/","title":{"rendered":"Congreso"},"content":{"rendered":"<h1 id=\"articulo-titulo\" class=\"articulo-titulo \" style=\"text-align: center\">Filosof\u00eda del Congreso<\/h1>\n<div class=\"articulo-subtitulos\">\n<h2 class=\"articulo-subtitulo\" style=\"text-align: center\">El verdadero lugar de debate ya no est\u00e1 en las c\u00e1maras, sino en los medios de comunicaci\u00f3n y, desde hace ya alg\u00fan tiempo, en las redes sociales<\/h2>\n<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1127 aligncenter\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos-300x199.png\" alt=\"\" width=\"473\" height=\"314\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos-300x199.png 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos-768x509.png 768w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos-1024x679.png 1024w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos-624x414.png 624w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/hijos.png 1960w\" sizes=\"auto, (max-width: 473px) 100vw, 473px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El pasado mi\u00e9rcoles se produjo una situaci\u00f3n curiosa en el Congreso de los Diputados. Por la ma\u00f1ana, en el control del Gobierno, tuvimos una de esas intervenciones chocantes a las que ya nos vamos acostumbrando \u2014me refiero a la de la diputada Montserrat\u2014. Por la tarde, sin embargo, como si quisiera enmendarse a s\u00ed misma, la c\u00e1mara aprob\u00f3 por unanimidad la recuperaci\u00f3n de la asignatura de filosof\u00eda en el bachillerato. Ma\u00f1ana de desconsuelo, tarde de gozo. De gozo, porque permite imaginar un futuro no demasiado lejano en el que la formaci\u00f3n de los pol\u00edticos, y la de los ciudadanos en general, favorezca otro tipo de discurso. Desde luego, supone poner demasiadas expectativas en una asignatura escolar; sobre todo, porque me temo que eso que U. Beck llamaba la \u201cpol\u00edtica de los pol\u00edticos\u201d ya casi no tiene redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Puede que todo tenga que ver con el extra\u00f1o rol al que ha sido relegado el parlamento. El verdadero lugar de debate ya no est\u00e1 en las c\u00e1maras, sino en los medios de comunicaci\u00f3n y, desde hace ya alg\u00fan tiempo, en las redes sociales. La pol\u00edtica resuena por todas partes y carece, por tanto, de un lugar en el que centrar la conversaci\u00f3n p\u00fablica. S\u00f3lo en ocasiones muy escogidas estamos todos atentos a lo que acontece en las Cortes. Y en ellos se \u201crepresenta\u201d la pol\u00edtica siguiendo m\u00e1s la l\u00f3gica de la confrontaci\u00f3n propia de las tertulias televisivas que la de la discusi\u00f3n racional. De ah\u00ed que la selectividad que hacen los medios de la vida parlamentaria se reduzca casi a los momentos del control del Gobierno o a la variedad de gamas discursivas que permiten algunos debates legislativos o las grandes mociones. Y los momentos estelares se programan pensando m\u00e1s en el impacto medi\u00e1tico de cada acto del habla que en la formulaci\u00f3n de pol\u00edticas concretas;\u00a0<em>politics without policy<\/em>, que dir\u00eda un polit\u00f3logo.<\/p>\n<p>La disputa pol\u00edtica se reduce as\u00ed cada vez m\u00e1s a una lucha ling\u00fc\u00edstica por la presencia p\u00fablica como fin en s\u00ed mismo; la elocuencia se mide por el impacto medi\u00e1tico, no por la fuerza de la argumentaci\u00f3n. De ah\u00ed que los ret\u00f3ricos pasen a un segundo plano y dejen el camino expedito para que se implante la dictadura de los asesores en comunicaci\u00f3n. Todo es comunicaci\u00f3n, y la m\u00e1s efectiva es la que toca alguna fibra sensible, acent\u00faa los antagonismos o contribuye a fortalecer la distinci\u00f3n nosotros\/ellos. El giro populista deviene, por tanto, en algo casi inevitable.<\/p>\n<p>Lo peor de todo es que de esta manera se alimenta el circo medi\u00e1tico y el Congreso acaba convirti\u00e9ndose en un plat\u00f3 m\u00e1s, en el \u00e1gora de \u201cla clase discutidora\u201d, que m\u00e1s que discutir entre s\u00ed escenifica un permanente simulacro de debate pol\u00edtico donde lo que se busca no es convencer al adversario, sino a nosotros los espectadores. Rectifico, no se trata de convencer, sino de\u00a0<em>reafirmar<\/em>a cada cual en las posiciones que ya en todo caso sosten\u00eda con anterioridad. No envidio la tarea que les queda por delante a los bravos profesores de filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Fuente:<\/p>\n<p>https:\/\/elpais.com\/elpais\/2018\/10\/19\/opinion\/1539950861_843795.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Filosof\u00eda del Congreso El verdadero lugar de debate ya no est\u00e1 en las c\u00e1maras, sino en los medios de comunicaci\u00f3n y, desde hace ya alg\u00fan tiempo, en las redes sociales El pasado mi\u00e9rcoles se produjo una situaci\u00f3n curiosa en el Congreso de los Diputados. 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