{"id":214,"date":"2015-03-30T22:05:22","date_gmt":"2015-03-30T22:05:22","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=214"},"modified":"2015-03-30T22:05:22","modified_gmt":"2015-03-30T22:05:22","slug":"la-injusticia-de-la-ley","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2015\/03\/30\/la-injusticia-de-la-ley\/","title":{"rendered":"La (in)justicia de la ley"},"content":{"rendered":"<p>Son tiempos convulsos. Peri\u00f3dicos y boletines de noticias alertan sin tregua sobre los peligros de la debacle financiera. Los ciudadanos, preocupados adem\u00e1s por el creciente desempleo, se ven abocados a elaborar planes de ahorro cada vez m\u00e1s ajustados que conducen al descenso del gasto y a la prudencia excesiva. En este contexto \u2013plagado de desahucios, subidas fiscales, corrupci\u00f3n insultante, y movilizaci\u00f3n social\u2013, se acude al Estado para defender las libertades y derechos adquiridos en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Sin embargo, los ciudadanos no siempre encuentran el respaldo esperado en las leyes, y denuncian que la Justicia, con may\u00fascula, ha pasado a estar de parte de los m\u00e1s poderosos; as\u00ed hacen suyo uno de los pensamientos fundamentales que Arist\u00f3teles expuso en el Libro I de la Pol\u00edtica: \u201cAlgunos convierten todas las facultades en cremat\u00edsticas, como si ese fuera su fin, y fuera necesario que todo respondiera a ese fin\u201d.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">Ciudadan\u00eda es participaci\u00f3n<\/span><\/strong><br \/>\nTambi\u00e9n fue Arist\u00f3teles quien se refiri\u00f3 a la ciudadan\u00eda como aquella condici\u00f3n que daba la oportunidad de \u201cparticipar en la funci\u00f3n deliberativa o judicial\u201d. Es decir, los individuos que componen una polis no reciben el t\u00edtulo de ciudadano por habitar un mismo lugar, ni por estar sujetos a los mismos deberes o disfrutar de los mismos derechos, sino por participar en el poder. De esta forma, la \u201cvida buena\u201d y las acciones virtuosas \u2013conceptos que tan en profundidad estudi\u00f3 el estagirita\u2013 no consisten en la conservaci\u00f3n de una mera estructura o en el respeto formal a una serie de reglas, sino en la apuesta por un modo de vida enfrentado con los planes que los diferentes grupos sociales, por separado, intentan imponer a la ciudad como fin supremo. Y es que en aquella Grecia de Arist\u00f3teles tambi\u00e9n rastreamos ciertos abusos que tan familiares resultan: \u201cA causa de las ventajas que se obtienen de los cargos p\u00fablicos y del poder \u2013aseguraba\u2013, los hombres quieren mandar continuamente, como si el poder procurase siempre la salud a los gobernantes\u201d.<br \/>\nDebido a este \u00faltimo peligro, es necesario que exista un \u00f3rgano que juzgue sobre lo conveniente y justo entre unos y otros. Pero avisa Arist\u00f3teles, \u201cla mayor\u00eda son malos jueces acerca de las cosas propias\u201d, pues juzgan mal lo que se refiere a s\u00ed mismos. En cualquier caso, la ciudad no debe ser una comunidad destinada exclusivamente a impedir las injusticias entre individuos o para facilitar el intercambio econ\u00f3mico \u2013si bien son aspectos necesarios\u2013, sino para \u201cvivir bien, con el fin de una vida perfecta y aut\u00e1rquica\u201d. En definitiva, una ciudad deja de serlo cuando pierde una misma creencia en lo que es bueno para todos, no solo para una parte de sus habitantes.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">\u00bfMoralizar desde el tribunal?<\/span><\/strong><br \/>\nUna de las cuestiones m\u00e1s debatidas a lo largo de la historia del Derecho, la Filosof\u00eda y la Sociolog\u00eda, es la de si el Estado debe encargarse no solo de impartir justicia, sino tambi\u00e9n de infundir moralidad. Hace algunos siglos se consideraba que la mayor parte de los delitos ten\u00edan por causa los excesos de las pasiones, pero el paradigma cambia progresivamente y, en la actualidad, en las sociedades occidentales los cr\u00edmenes se comenten sobre todo en nombre de la necesidad.<br \/>\nEl Derecho, como se entiende hoy d\u00eda, es un sistema normativo cuya funci\u00f3n fundamental es la de organizar la sociedad de acuerdo con determinadas normas de convivencia. Por ello, los tribunales no deber\u00edan funcionar como p\u00falpitos (al menos, no conscientemente), sino como dispensadores objetivos de justicia. Sin embargo, las normas jur\u00eddicas no son las \u00fanicas a las que nos vemos sometidos: tambi\u00e9n podemos distinguir las del trato social (a las que Kant englob\u00f3 bajo el nombre de \u201cpragm\u00e1tica\u201d) y, m\u00e1s all\u00e1, la moral. En la Introducci\u00f3n a la Filosof\u00eda del Derecho de Gregorio Peces-Barba, se lee: \u201cLa distinci\u00f3n entre Derecho y Moral no debe dificultar el esfuerzo por constatar las conexiones entre ambas normatividades en la cultura moderna, ni la lucha por la incorporaci\u00f3n de criterios razonables de moralidad en el Derecho, ni tampoco la cr\u00edtica desde criterios de moralidad al Derecho v\u00e1lido\u201d.<br \/>\nA pesar de que una buena teor\u00eda es importante, esta no siempre se traduce en una buena pr\u00e1ctica. As\u00ed, podemos preguntarnos qu\u00e9 sucede cuando determinados formaciones no judiciales (plataformas sociales, sindicatos, asociaciones ben\u00e9ficas, etc.) denuncian la injusticia de alguna ley o su dudosa o incorrecta aplicaci\u00f3n. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta que el Derecho cuenta con una ventaja f\u00e1ctica sobre el resto de las normas: tiene de su lado el poder de la coacci\u00f3n, aprobado, hay que recordarlo, por los ciudadanos.<br \/>\nEs interesante plantear que, para Kant, el Derecho queda cumplido de manera satisfactoria por la legalidad misma, solo con la obediencia externa a la norma, por mucho que en nuestro fuero interno estemos en desacuerdo. Por otro lado, damos con el orden moral, que s\u00ed exigir\u00eda una adhesi\u00f3n interna al propio deber, aunque para alguien como El\u00edas D\u00edaz, profesor y fil\u00f3sofo del Derecho, tambi\u00e9n en este \u201clo deseable es lograr esa adhesi\u00f3n interior a la norma, disminuy\u00e9ndose as\u00ed las posibilidades de incumplimiento\u201d.<br \/>\n<strong><span style=\"color: #000000\"><br \/>\nLa justicia como necesidad<\/span><\/strong><br \/>\nEn su Invitaci\u00f3n a la filosof\u00eda, el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Andr\u00e9 Comte-Sponville se pregunta si es posible que alguien no considere (absolutamente convencido) que la justicia es preferible a la injusticia. Para este pensador, moral y pol\u00edtica no se oponen, \u201cpero que la moral no basta para lograr la justicia, es una evidencia que demuestra que moral y pol\u00edtica tampoco pueden confundirse\u201d. As\u00ed, la pregunta es: \u00bfc\u00f3mo elaborar, a trav\u00e9s de un ejercicio ciudadano y pol\u00edtico prudente y responsable, un cat\u00e1logo justo de leyes?<br \/>\nEl propio Kant, en el ap\u00e9ndice a Sobre la paz perpetua, no duda en afirmar que la aut\u00e9ntica pol\u00edtica no deber\u00eda dar un paso sin haber rendido antes pleites\u00eda a la moral, \u201cy aunque la pol\u00edtica es por s\u00ed misma un arte dif\u00edcil, no lo es, en absoluto, la uni\u00f3n de la pol\u00edtica con la moral\u201d. Se muestra m\u00e1s tajante unas l\u00edneas despu\u00e9s: \u201cEl derecho de los hombres debe mantenerse como cosa sagrada\u201d, por muchos que fueran los sacrificios que tuviera que hacer el poder dominante para mantener tal sacralidad. En \u00faltima instancia, la pol\u00edtica debe obedecer al Derecho\u2026 siempre que este, como deseaba Kant, estuviera basado en la moralidad, y por tanto, en el deber.<br \/>\nEstas concepciones m\u00e1s o menos puristas chocan contra aquellas que parecen imponerse, o que nos imponen, en la actualidad. Desde partidos pol\u00edticos y organismos europeos y mundiales se apela a la \u201csolidaridad\u201d de los ciudadanos para respetar leyes que perjudican notoriamente a las capas menos favorecidas de la sociedad. El poder econ\u00f3mico, al que Arist\u00f3teles tantos reparos puso \u2013en el Libro I de la Pol\u00edtica\u2013 cuando se convierte en un puro af\u00e1n de enriquecimiento material, parece haber tomado las riendas de los c\u00f3digos legales. Los tribunales de justicia, proclamados independientes de cualquier facci\u00f3n pol\u00edtica, financiera o social, se ven de este modo contaminados por la aplicaci\u00f3n de leyes injustas, hasta el punto de que los propios jueces no pueden m\u00e1s que justificarse, parad\u00f3jicamente, explicando que tan solo \u201caplican la ley\u201d.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">Derecho a desobedecer <\/span><\/strong><br \/>\nPero tambi\u00e9n encontramos voces cr\u00edticas, como la del fallecido fil\u00f3sofo del Derecho Felipe Gonz\u00e1lez Vic\u00e9n, quien no dud\u00f3 en afirmar que \u201cmientras que no hay un fundamento \u00e9tico para obedecer al Derecho, s\u00ed hay un fundamento \u00e9tico absoluto para su desobediencia\u201d. En una l\u00ednea que se puede denominar kantiana radical, Gonz\u00e1lez Vic\u00e9n aseguraba que no hay raz\u00f3n \u00e9tica para seguir una ley que no es constitutivamente moral. En la misma senda, Luther King aseguraba que \u201cquien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta, y acepta voluntariamente una pena de prisi\u00f3n, a fin de que se levante la conciencia social contra esa injusticia, hace gala de un respeto superior por el derecho\u201d.<br \/>\nTal vez hubiera que comenzar por hacer un ejercicio socr\u00e1tico y preguntarse qu\u00e9 es una ley, qu\u00e9 es la justicia y qu\u00e9 la moral, y tras haber obtenido respuestas, reabrir el debate sobre la-justicia-de-la-ley. Un debate que, por su importancia, siempre ha de estar abierto y en que debe ocupar un papel predominante la filosof\u00eda, en su faceta de reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre el presente.<\/p>\n<blockquote><p>Reportaje publicado en: www.filosofiahoy.es<\/p>\n<p>Autor: Carlos J. Gonz\u00e1lez Serrano<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Son tiempos convulsos. 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