{"id":304,"date":"2015-04-21T10:01:36","date_gmt":"2015-04-21T10:01:36","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=304"},"modified":"2015-04-21T10:01:36","modified_gmt":"2015-04-21T10:01:36","slug":"el-desconcierto-temas-de-hoy-o-de-1983","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2015\/04\/21\/el-desconcierto-temas-de-hoy-o-de-1983\/","title":{"rendered":"\u00abEl desconcierto\u00bb (Temas de hoy, o de 1983&#8230;)"},"content":{"rendered":"<p><strong>El art\u00edculo que os presentamos a continuaci\u00f3n lo hemos encontrado rastreando la hemeroteca de El Pa\u00eds, donde un 27 de marzo de 1983, Jos\u00e9 Luis Sampedro, una de las mentes m\u00e1s l\u00facidas de nuestro tiempo (y de aquel) escrib\u00eda sobre la confusi\u00f3n, el desconcierto y los miedos que no s\u00f3lo se fraguaban en aquella \u00e9poca sino que ya eran una realidad. Treinta y dos a\u00f1os despu\u00e9s podemos leerlo con toda la actualidad que conforma cada pensamiento de este texto. La crisis del 83 y la del 2008 enredadas entre palabras.<br \/>\nDisfr\u00fatenlo&#8230;Y pi\u00e9nsenlo.<\/strong><\/p>\n<p>Se repite continuamente que la humanidad, y, ante todo, el mundo occidental padecen una \u00e9poca de crisis. Pero, \u00bfde qu\u00e9 crisis se trata? Para el autor de este trabajo, la escala de esta crisis puede asimilarse a la de una ruptura global, sin precedentes desde el Renacimiento. El sistema de desarrollo industrial del que se esperaron todos los frutos ha rozado sus l\u00edmites al menos en tres frentes. Sus l\u00edmites f\u00edsicos, ante la proximidad de agotamiento de los recursos no renovables; sus horizontes pol\u00edticos, que han entrado en colisi\u00f3n con la resistencia del mundo pobre; y sus l\u00edmites psicol\u00f3gicos, por el desd\u00e9n de la civilizaci\u00f3n industrial hacia las necesidades no materiales del hombre. El modelo, en consecuencia, seg\u00fan Sampedro, se encuentra agotado y al igual que en otros momentos hist\u00f3ricos de trasformaci\u00f3n radical es necesario un urgente cambio de actitud que propicie la instauraci\u00f3n de un nuevo orden material y moral del mundo.<\/p>\n<p>Este gran desconcierto., este desequ\u00edlibrio, este desordenado removerse, esto que llamamos crisis. \u00bfD\u00f3nde aquel optimismo, aquel planear seguro, aquella fe en el progreso?,\u00bbNo sabemos lo que nos pasa, y eso es justamente lo que nos pasa\u00bb, precisaba hace medio siglo Ortega en repetida frase. Ahora incluso es m\u00e1s grave: no sabem os a veces lo que somos, y, en consecuencia, no somos del todo. C\u00f3mo reconoc\u00eda el presidente Carter en un discurso: \u00abPercibimos la crisis en las crecientes dudas sobre el sentido de nuestras vidas y en la p\u00e9rdida de la unidad de fines para nuestra naci\u00f3n\u00bb.Abundancia de medios, gracias a los prodigios t\u00e9cnicos, pero pobreza de fines. \u00bfAcaso se ofrece de verdad otro que no sea la riqueza material? Es decir, sobrevivir en la abundancia; pero subsistir no es vivir. Soci\u00f3logos y psic\u00f3logos se\u00f1alan el agotamiento de las utop\u00edas. Para G . Steiner, \u00abhoy nos encontra mos en una situaci\u00f3n sin precedentes: los j\u00f3venes no poseen m\u00e1s ventanas ut\u00f3picas que abrir\u00bb, mientras que, hasta hace poco, siempre las hubo: Rusia en 1917, la guerra de Espa\u00f1a, el Frente Popular, la primavera de Praga, el Chile de Allende o la China de Mao\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 crisis?<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 contraste con \u00e9pocas anteriores! El siglo XVI, con los descubrimientos geogr\u00e1ficos y los inventos, promet\u00eda al hombre occidental la conquista del mundo; el XVII le desl\u00fambraba con la raz\u00f3n; el XVII, con los horizontes de la Ilustraci\u00f3n; el XIX, transido de historia, con el progreso &#8230; ; el XX nos ha ofrecido hasta ahora el desarrollo econ\u00f3mico, pero el hambre sigue donde estaba y, en el resto, la abundancia no basta para vivir contentos. Bien porque se sigue deseando m\u00e1s o porque, como escrib\u00edan en los muros de la Sorbona los estudiantes de mayo de 1968, \u00abnadie puede enamorarse de una tasa de crecimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Esto que llamamos crisis. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 crisis? \u00bfD\u00f3nde, de qui\u00e9n? Se afirma que es mundial, pero si pregunt\u00e1ramos al pastor andino, al pescador malayo, al campesino indio, reaccionar\u00edan con estupor. La crisis mundial no es vivida (aunque ciertamente sea padecida) por una gran mayor\u00eda de la humanidad. La conciencia de estar viviendo una crisis (caracterizada por Granisci, por Brecht, o por ambos, como la etapa en que \u00ablo, viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer\u00bb) s\u00f3lo se da en los pa\u00edses ricos y en los estratos sociales altos de los pa\u00edses pobres: esta constataci\u00f3n sugiere ya que la crisis se genera en el mundo econ\u00f3micamente desarrollado. Con eso nos asomamos ya a las causas, como luego dir\u00e9.<\/p>\n<p>Es en ese mundo industrial\u00a1zado donde m\u00e1s se debate a diario sobre la crisis, sin por eso haber aclarado al menos el significado de ese vocablo. Asombra la vaguedad del concepto crisis y la ausencia de una definici\u00f3n cient\u00edfica m\u00e1s o menos generalmente aceptada. Compru\u00e9bese con una referencia, nada menos que en la Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales, donde, en su art\u00edculo Crisis, James A. Robinson enumera los conceptos siguientes, a su juicio relacionados con el de crisis o incluso, posibles sustitutivos suyos: \u00abEstr\u00e9s, conflicto, tensi\u00f3n, p\u00e1nico y cat\u00e1strofe\u00bb. Ciertamente ser\u00eda dif\u00edcil aplicar ninguno de ellos a la crisis actual, que, lejos de ser una situaci\u00f3n grave y aguda como las enumeradas, es un proceso cuya persistencia ha desmentido a los primeros optimistas y que, sin duda, durar\u00e1 todav\u00eda largo tiempo, aunque pueda presentar recuperaciones transitorias.<\/p>\n<p>Esa duraci\u00f3n obliga a reflexionar porque adem\u00e1s, a difem rencia de la gran depresi\u00f3n i\u00f1iciada en 1929, todo est\u00e1 en cuesti\u00f3n,y no s\u00f3lo la econom\u00eda: artes, religiones, creencias, instituciones como la familia e incluso la capacidad del sistema industrial para superar la crisis. Y escribo industrial porque aqu\u00ed me refiero tanto al mundo capitalista como al comunista; por eso algunos piensan ya en la sociedad posindustrial.<\/p>\n<p>La crisis de los optimistas<\/p>\n<p>Ante esa intensidad y generalidad de la crisisl los optimistas del sistema conf\u00edan en una mera de crecimiento: algo comparable a una cris\u00e1lida, de la que emerg\u00eda luego la brillante mariposa, encamando esa misma civilizaci\u00f3n. \u00bfEl argumento optimista? Esencialmente, la magia de la t\u00e9cnica. La crisis de la energ\u00eda ser\u00e1 resuelta, seg\u00fan ellos, por la t\u00e9cnica energ\u00e9tica; la del hambre, por la futura nutrici\u00f3n, y as\u00ed sucesivamente. Hasta el pensamiento, esa carcoma interior que no nos deja en paz, delegar\u00e1 en la memoria de los bancos de datos y en el poder anal\u00edtico de las computadoras.<\/p>\n<p>As\u00ed es su futuro. Entretanto, uno recuerda que la t\u00e9cnica promet\u00eda a los ricos la paz del ocio, pero en realidad ha tra\u00eddo la angustia del paro, sin librar por eso&#8217; del hambre a los pobres. Y adem\u00e1s ha llegado con ella lo no previsto: la degradaci\u00f3n del medio ambiente, inquietante para los t\u00e9cnicos&#8217;de la naturaleza. En cuanto a los cient\u00edficos sociales, no digamos: desde la impotencia de los economistas frente a la inflaci\u00f3n con paro hasta la de los pol\u00edticos, psic\u00f3logos y Soci\u00f3logos ante las guerras, los armamentos, el terrorismo, la droga, las religiones ex\u00f3ticas o inventadas. y otros intentos de buscar hacia afuera la identidad que nos falta por dentro. La verdad es que resultan dudosos y hasta negativos a veces los dones aportados al hombre mismo por una t\u00e9cnica tan eficaz para enfrentarse con las cosas.<\/p>\n<p>La crisis de los humanistas<\/p>\n<p>Por eso, y porque este gran desconcierto nace y se vive m\u00e1s en los pa\u00edses adelantados, muchos oponemos una interpretaci\u00f3n alternativa y contemplamos la crisis no como una perturbaci\u00f3n transitoria del crecimiento, sino como el ocaso de un sistema que ha llegado a su final hist\u00f3rico. De la agitada cris\u00e1lida actual no emerger\u00e1 la mariposa con alas de acero y con motor de uranio, sino otra cosa. \u00bfCu\u00e1l? Nuestra utop\u00eda -y al aportar una utop\u00eda llenamos ya un vac\u00edo de la crisis es que surja, sencillamente, el hombre.Quede bien claro que eso no significa rechazar la t\u00e9cnica, sino s\u00f3lo su tiran\u00eda, impuesta por una ciencia cuyos prodigios deslumbran, pero no iluminan. Y quede claro todav\u00eda que nuestra interpretaci\u00f3n no es pesimista, sino, al contrario, ultraoptimista, en el sentido de que mientras los optimistas se conforman con mantener un sistema favorable a los objetos (aunque los disfracen profesando verbalmente unos u otros ideales) nosotros aspiramos a una vida centrada en el hombre. M\u00e1s a\u00fan, tenemos la esperanza de que la crisis, al liquidar el sistema agotado, pueda conducir a un modelo de desarrollo humanizado.<\/p>\n<p>En otras palabras, interpretamos esta crisis como una ruptura global, un golpe de tim\u00f3n en la historia de Occidente, sin precedentes desde el Renacimiento. Es entonces cuando el europeo se instala egoc\u00e9ntricamente como individuo frente al (y distinto del) mundo, al que cons\u00eddera su bot\u00edn. Con Descartes, definitivamente, el hombre pasa de criatura a creador, y desde entonces impulsa la explotaci\u00f3n tecnocr\u00e1tica de su universo, siguiendo la v\u00eda hoy llamada desarrollo.<\/p>\n<p>Ahora bien, ese desarrollo ha engendrado esta crisis y ha entrado a su vez en,crisis al acercarse a sus l\u00edmites. L\u00edmites, en primer lugar,fisicos, pues aunque sean discutibles las fechas dadas por el Club de Roma para el agotamiento de recursos no renovables, sigue siendo verdad elemental que el crecimiento indefinido no es posible en un medio limitado.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el desarrollismo de los ricos entra en conflicto pol\u00edtico con la resistencia de los pobres,. hoy todav\u00eda d\u00e9bil, pero creciente. Por \u00faltimo, l\u00edmites psicol\u00f3gicos en el seno mismo del mundo desarrollado, por el desd\u00e9n de la civilizaci\u00f3n industrial hacia las necesidades no materiales del hombre que, insatisfechas, se manifiestan en los desequilibrios individuales y sociales aludidos anteriormente.<\/p>\n<p>Pues, \u00bfacaso ese modelo ofrece a las masas algo m\u00e1s que elevar el nivel de consumo, oficialmente llamado nivel de vida? \u00a1Como si consumir m\u00e1s equivaliese a vivir mejor! Si hoy escribiera Marx, cuyo centenario acabamos de celebrar, tendr\u00eda que completar la alienaci\u00f3n debida a las relaciones de producci\u00f3n con la impuesta por las relaciones de consumo.<\/p>\n<p>Por una doble estrategia<\/p>\n<p>Nos encadenamos, en efecto, con nuestros pagos a plazos, para obtener los bienes cuya necesidad inventa la publicidad o el falso prestigio social, y sacrificamos un satisfactorio bienestar al, .siempre inalcanzable (y por eso frustrante) mejorestar. Por supuesto, much\u00edsimos se sienten satisfechos por el consumismo, pero eso mismo muestra hasta qu\u00e9 punto han sido amputadas las facultades humanas para vivir plenamente otros goces no cosificados. As\u00ed es como pueblos enteros venden su condici\u00f3n humana por el plato de lentejas que les ofrece la econom\u00eda de mercado.<\/p>\n<p>A la vista de esos l\u00edmites, la crisis se nos apa rece como un ocaso y, a la vez, una aurora. Y mientras alborea y se afirma el d\u00eda del hombre, \u00bfqu\u00e9 hacer?<\/p>\n<p>Pues lo que han hecho siempre los de un mundo nuevo durante la transici\u00f3n desde lo viejo. Vivir una doble vida, como los cristianos en la Roma antigua, con una doble estrategia: subsistir en el marco declinante mientras preparan el futuro; cooperar con lo destructivo de toda crisis para edificar sobre las ruinas; soportar en la calle los edictos imperiales mientras refuerzan la fraternidad creadora en las catacumbas. Con ese criterio, por ejemplo, los ciudadanos conscientes rechazamos el consumismo, aunque compremos lo necesario.<\/p>\n<p>Desde esa \u00f3ptica, por dar ejemplo a escala mundial, el nuevo orden econ\u00f3mico internacional ya resulta viejo, aun no habiendo nacido. El Tercer Mundo har\u00e1 bien en sacar lo que pueda de ese proyecto anticuado, pero har\u00e1 mucho mejor si defiende sus culturas propias y lucha por econom\u00edas nacionales menos dependientes.<\/p>\n<p>Por eso yo no veo ambig\u00fcedad ninguna en la presencia de un pa\u00eds intermedio como Espa\u00f1a en Nueva Delhi, sino, al contrario, un ejercicio de la doble estrategia ante el cual me felicito como espa\u00f1ol: convivir en el \u00e1rea de poder pol\u00edtico mundial en donde estamos, pero contribuir a la defensa de otras culturas humanas como la nuestra.<\/p>\n<p>Es decir, luchando as\u00ed por la pluralidad de los estilos de vida y contra la uniformidad planetaria, que. es de temer pueda acabar impuesta a todos por la combinaci\u00f3n del poder\u00edo militar con t\u00e9cnicas concentracionarias.<\/p>\n<p>Para esa doble estrategia es indispensable una toma de conciencia que, afortunadamente, empieza a extenderse. En declaraciones tercermundistas, en reivindicaciones de grupos marginados y en serios estudios cient\u00edficos empieza a difundirse la idea de que m\u00e1s no es sin\u00f3nimo de mejor, y de que ser es m\u00e1s importante que tener. Y, para pasar a los actos, esa conciencia debe apoyarse en la solidaridad de los grupos y los pueblos cuyas varias identidades culturales tiende a borrar la uniformidad cosificada del desarrollo actual.<\/p>\n<p>La crisis favorece esa lucha contra los modelos impuestos desde los pa\u00edses ricos, porque ha sembrado en \u00e9stos la incertidumbre, el desconcierto y la falta de sentido de su identidad, desprestigiando entre ellos mismos el mundo tecnificado que han construido o, al menos, erosionando los valores en que se basa.<\/p>\n<p>Doble estrategia, en suma, para aprovechar la crisis como transici\u00f3n hacia el desarrollo integral del hombre, que no es s\u00f3lo homo oeconomicus (mero productor y consumidor), sino tambi\u00e9n hombre est\u00e9tico, \u00e9tico, religioso y, simplemente, vividor y gozador de s\u00ed mismo, en un empleo sensato de la vida. Esta es la conclusi\u00f3n ineludible cuando se entiende la crisis como una ruptura hist\u00f3rica contra la civilizaci\u00f3n de los objetos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis Sampedro es catedr\u00e1tico de Estructura Econ\u00f3mica en la Universidad Complutense de Madrid, y autor de varias novelas.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo publicado en El Pa\u00eds el 27 de marzo de 1983, por Jos\u00e9 Luis Sampedro.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El art\u00edculo que os presentamos a continuaci\u00f3n lo hemos encontrado rastreando la hemeroteca de El Pa\u00eds, donde un 27 de marzo de 1983, Jos\u00e9 Luis Sampedro, una de las mentes m\u00e1s l\u00facidas de nuestro tiempo (y de aquel) escrib\u00eda sobre la confusi\u00f3n, el desconcierto y los miedos que no s\u00f3lo se fraguaban en aquella \u00e9poca [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":306,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[5,4],"tags":[25,73,10,21],"class_list":["post-304","post","type-post","status-publish","format-gallery","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos","category-opinion","tag-actualidad","tag-crisis","tag-pensamiento","tag-sampedro","post_format-post-format-gallery"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/04\/crisis-global.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5OYFZ-4U","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=304"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":307,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304\/revisions\/307"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/306"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=304"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=304"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=304"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}