{"id":339084,"date":"2021-05-02T10:37:03","date_gmt":"2021-05-02T10:37:03","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=339084"},"modified":"2021-05-02T10:37:03","modified_gmt":"2021-05-02T10:37:03","slug":"pensar-desde-un-precipicio-ludwig-wittgenstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2021\/05\/02\/pensar-desde-un-precipicio-ludwig-wittgenstein\/","title":{"rendered":"Pensar desde un precipicio: Ludwig Wittgenstein"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-0 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p>Aniversario<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\" id=\"title\"><\/h1>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Se cumplen 70 a\u00f1os sin Ludwig Wittgenstein, uno de los mayores \nfil\u00f3sofos del siglo XX. Contin\u00faan apareciendo escritos desconocidos.<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/1969\/12\/31\/wittgenstein-1889-1951-lego-dos___BJse0-yEe_1256x620__1.jpg#1619633808465\" alt=\"\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Wittgenstein (1889-1951) leg\u00f3 dos escritos esenciales, \u00abTractatus logico-philosophicus\u00bb e \u00abInvestigaciones filos\u00f3ficas\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Sosten\u00eda que los jardineros no recib\u00edan los honores que merec\u00edan. Y \nhablaba con conocimiento de causa, porque hab\u00eda desempe\u00f1ado ese oficio \nen un monasterio de su Austria natal durante unos meses, cuando todav\u00eda \nboyaba de una profesi\u00f3n a otra \u2013ingeniero aeron\u00e1utico, arquitecto, \nsoldado\u2013 mientras se buscaba a s\u00ed mismo, sin clemencia, acaso intentando\n esquivar el destino suicida que le toc\u00f3 a tres de sus cuatro hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>A <strong>Ludwig Wittgenstein<\/strong> lo atra\u00edan los invernaderos, \nespecialmente el de un jard\u00edn bot\u00e1nico como el de Dubl\u00edn, donde se \nsentaba a escribir. Es evidente que la compa\u00f1\u00eda de naturaleza y silencio\n le resultaba propicia a quien tambi\u00e9n los busc\u00f3 en paisajes \npr\u00e1cticamente deshabitados del norte de Irlanda y en Skjolden, un fiordo\n noruego. Quiz\u00e1 esos entornos le permit\u00edan ejercer un rol m\u00e1s \nprepronderante a la autosugesti\u00f3n que se vislumbraba indivisible de sus \napasionadas obsesiones: \u201cDite a ti mismo una y otra vez (al filosofar): \nes una seducci\u00f3n la que te hace que concibas el pensamiento como un \nproceso misterioso\u201d. En esos parajes remotos pon\u00eda literalmente en \nescena la pregunta que tarde o temprano se hace todo fil\u00f3sofo: d\u00f3nde \nest\u00e1 uno cuando piensa. Todav\u00eda hoy, en ese precipicio escandinavo, se \nven los restos de la caba\u00f1a que \u00e9l mismo construy\u00f3, equivalentes a lo \nque dej\u00f3 en su obra: fragmentos y ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa radiante soledad \nde acantilado practicaba a sus anchas su m\u00e9todo de cabecera: hablar \nsolo, en voz alta. (Cierto es que tambi\u00e9n perfeccionaba ese vicio en sus\n habitaciones del Trinity College de Cambridge, antes y despu\u00e9s de \nclases en las que a su vez monologaba casi ininterrumpidamente). Este \nm\u00e9todo de composici\u00f3n, no obstante, no dejaba de descolocarlo, y acaso \nfuera ese desconcierto lo que volv\u00eda fecundo el mecanismo: \u201cNos han \nense\u00f1ado a hablar pero, \u00bfnos han ense\u00f1ado a hablar con nosotros mismos? \nHablar con uno mismo lo hacen todos, pero Dios sabe de qu\u00e9 se trata\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como\n en sus diarios m\u00e1s \u00edntimos, ese careo consigo, en el que actuaba de \ninquisidor e imputado a la vez, lo trasladaba a su trato con alumnos. De\n tono y modo riguroso y afable, la suya era una voz vital, presente, \ntanto en los apuntes transcriptos de sus clases como en sus divagaciones\n seriales a solas. A veces es como si sus anotaciones es supusieran \nimpl\u00edcitamente la pregunta imaginaria de un oyente.<\/p>\n\n\n\n<p>El soliloquio \nmaquinal a lo Hamlet no cejaba pero solo pod\u00eda operar por p\u00e1rrafos, \nfracciones, astillas. Para quien la utiliza, la estructura atomizada es \nmuy fr\u00e1gil y muy promisoria a la vez, y en el caso de Wittgenstein \nsignific\u00f3 \u2013excepto en el <em>Tractatus<\/em>, lo \u00fanico que public\u00f3 en \nvida\u2013 la imposibilidad en \u00e9l de encontrar el libro, un formato. En una \nocasi\u00f3n anot\u00f3: \u201cEs curioso ver c\u00f3mo cierto material se resiste a una \nforma\u201d. A cambio, le fueron concedidas miles de oraciones brillantes, \nhu\u00e9rfanas, en tr\u00e1nsito, migrantes <em>sans-papiers<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Proceder \npor unidades mudables era ideal para quien desea llegar hasta las \ndiscriminaciones y distinciones m\u00e1s \u00ednfimas. De all\u00ed que montara una \naut\u00e9ntica comedia de cuadernos. Pasajes que se trasplantan de unos a \notros, retrabajados, resecuenciados, la publicaci\u00f3n dilatada \nindefinidamente. Un d\u00eda la matem\u00e1tica, para la que ten\u00eda un genio \nprecoz, vino a socorrerlo; no es improbable que parte de la autoridad \ndel <em>Tractatus <\/em>se deba a su desovillarse por medio de una enumeraci\u00f3n y sus subdivisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Este\n mel\u00f3mano estricto no carec\u00eda de sentido del humor pero era un hombre de\n mil\u00edmetros, sea para reenmarcar una fotograf\u00eda o para bajar el \ncielorraso de un cuarto dos pulgadas. Era de otra pieza de Shakespeare \nque quer\u00eda tomar prestado su dogma: \u201cTe ense\u00f1ar\u00e9 las diferencias\u201d, \namagaba el rey Lear. Remero aficionado, peat\u00f3n presuroso, Wittgenstein \npasaba d\u00edas y noches en su mesa de montaje y jugaba a armar versiones \ndiversas, nuevas, demencialmente nuevas, con casi los mismos contenidos.\n (Lo hac\u00eda con la ubicaci\u00f3n de fotos que se tentaba con pegar en libros \ncontables).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que le estaba proponiendo al lector era un v\u00e9rtigo \nprovisoriamente definitivo, el de tener entre manos una obra inestable, \nde estatuto vacilante, suspendida en su propia prehistoria: <em>Los cuadernos azul y marr\u00f3n, Aforismos, Ocasiones filos\u00f3ficas, Lecciones y conversaciones, Observaciones sobre los colores<\/em>.\n Son t\u00edtulos p\u00f3stumos, ajenos, invitantes. Por algo se habr\u00eda \nanticipado: \u201cExcepto en casos extra\u00f1os, \u2018esto parece ser un libro\u2019 no \ntiene sentido\u201d. Legar una potente obra desarmada es otra manera de \ngarantizarse que disc\u00edpulos y lectores siempre encontrar\u00edan en ella \nrefugio y campo f\u00e9rtil, como si su credo hubiera sido: \u201cYo me encargo de\n las instant\u00e1neas, ustedes enc\u00e1rguense del montaje final\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ahora se conoce como <em>Escrito a m\u00e1quina<\/em>, bisagra y puente entre el <em>Tractatus <\/em>y las <em>Investigaciones filos\u00f3ficas<\/em>,\n es menos epigram\u00e1tico y opaco que el primero y empezaba a trazar un \nradio m\u00e1s abierto y extenso para cada cavilaci\u00f3n; esa deriva \ndesembocar\u00eda en el segundo. <em>Escrito a m\u00e1quina<\/em> fue redactado en \n1933 y mecanografiado en las vacaciones navide\u00f1as de ese a\u00f1o en Viena, \ndurante su visita familiar anual. (Ya que estamos: Wittgenstein sab\u00eda de\n memoria <em>Un cuento de Navidad<\/em> de Dickens).<\/p>\n\n\n\n<p>Queda claro \nque la semilla autobiogr\u00e1fica de no pocas de sus l\u00edneas fue \nimprescindible para la suerte de su apuesta: \u201cLa manera de escribir es \nuna especie de m\u00e1scara detr\u00e1s de la cual el coraz\u00f3n hace caras a gusto\u201d.\n Pr\u00edncipe de lo impredecible, su procedimiento era el de una especie de \npsicologizaci\u00f3n t\u00e9cnica del pensamiento, que elev\u00f3 el autoan\u00e1lisis al \nnivel de una ciencia. En parte, Wittgenstein era capaz de pensar como \npensaba porque se estaba examinando continuamente, de una manera extrema\n y aun riesgosamente extremista. Acaso estuviera ense\u00f1ando un \nsubterfugio para que luego nadie lo necesitara, ni a \u00e9l ni a nadie. Se \npuede estar poco con \u00e9l (de a ratos, dosis, r\u00e1fagas, igual que como \nordenaba sus meditaciones), tal es la intensidad de su prosa, y as\u00ed debe\n haber sido, seg\u00fan todos los testigos, con su persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Su \ngrafoman\u00eda era indisociable de su filosofar sin fin, de su tanteo y \navance por repetici\u00f3n y diferencia. En esa fuga de matices, las \nvariaciones lo dominaban (como otro ilustre matem\u00e1tico, John Nash, era \nun gran silbador de piezas cl\u00e1sicas) porque lo que le quitaba el sue\u00f1o \nera el enunciado, la l\u00f3gica y la l\u00edrica del lenguaje y sus mil noches en\n vela. Es uno de los motivos por los que se pas\u00f3 la vida dando ejemplos.\n Cre\u00eda que casi todos los que se le ocurr\u00edan eran v\u00e1lidos para averiguar\n cosas. Una y otra vez, lo salv\u00f3 una imagen. Esa compulsi\u00f3n comparativa \nten\u00eda socios fieles, los colores y las piezas de ajedrez: \u201cEs posible \nque alguien olvide el significado de la palabra \u2018azul\u2019. \u00bfQu\u00e9 es lo que \nolvid\u00f3?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este auspiciante de lectores sol\u00edcitos, atareados, \nsimult\u00e1neamente noct\u00e1mbulos y madrugadores, hall\u00f3 una definici\u00f3n \nelemental, el\u00e1stica, modular, de la relaci\u00f3n simbi\u00f3tica entre una p\u00e1gina\n impresa y quien la recorre: \u201cLeer este libro es un juego que debe ser \naprendido\u201d. Mani\u00e1tico de la puntualidad que se fue antes de tiempo, \nencontr\u00f3 un rato perdido para sembrar un acertijo zen, una clave \ntraviesa del acto de la lectura: \u201c\u00bfQui\u00e9n lee hace que lo que lee dependa\n de lo que est\u00e1 escrito?\u201d. De inmediato, este simulacro de duda ocasiona\n otro interrogante que, setenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, sigue \nrespondi\u00e9ndose solo: \u00bfpara qu\u00e9 <em>salir <\/em>de Wittgenstein?<\/p>\n\n\n\n<p><em>Escrito a m\u00e1quina<\/em>, Ludwig Wittgenstein. Trad. J. Padilla G\u00e1lvez. Editorial Trotta, 694 p\u00e1gs.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/www.clarin.com\/revista-enie\/literatura\/pensar-precipicio-ludwig-wittgenstein_0_uBUsNmv6c.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aniversario Se cumplen 70 a\u00f1os sin Ludwig Wittgenstein, uno de los mayores fil\u00f3sofos del siglo XX. Contin\u00faan apareciendo escritos desconocidos. Wittgenstein (1889-1951) leg\u00f3 dos escritos esenciales, \u00abTractatus logico-philosophicus\u00bb e \u00abInvestigaciones filos\u00f3ficas\u00bb. Sosten\u00eda que los jardineros no recib\u00edan los honores que merec\u00edan. 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