{"id":357665,"date":"2021-12-02T16:05:06","date_gmt":"2021-12-02T16:05:06","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=357665"},"modified":"2021-12-02T16:05:06","modified_gmt":"2021-12-02T16:05:06","slug":"filosofia-una-nota-a-pie-de-pagina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2021\/12\/02\/filosofia-una-nota-a-pie-de-pagina\/","title":{"rendered":"Filosof\u00eda: una nota a pie de p\u00e1gina"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery alignleft columns-1 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"639\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2021\/12\/santiago-alba-2.png\" alt=\"\" data-id=\"357672\" data-full-url=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2021\/12\/santiago-alba-2.png\" data-link=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?attachment_id=357672\" class=\"wp-image-357672\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2021\/12\/santiago-alba-2.png 700w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2021\/12\/santiago-alba-2-300x274.png 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2021\/12\/santiago-alba-2-624x570.png 624w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/opinion\/zona-critica\/filosofia-nota-pie-pagina_129_8540452.html\">De la filosof\u00eda pueden decirse dos cosas<\/a>. La primera es que su existencia es muy reciente: tiene apenas 2500 a\u00f1os. Cosas mucho m\u00e1s antiguas \u2013los paisajes de nuestra infancia, el rinoceronte blanco, decenas de especies de helechos\u2013han desaparecido y la humanidad ha sobrevivido. Si la filosof\u00eda quedase enteramente desplazada no solo de las escuelas, sino de la faz de la tierra \u2013de su memoria com\u00fan- seguir\u00edamos estando vivos, quiz\u00e1s \u00abiletrados y cerriles\u00bb, como sosten\u00eda Plat\u00f3n en el Cr\u00e1tilo, pero sin ninguna conciencia de nuestra iletradez y nuestro cerrilismo. No pasar\u00eda nada porque no notar\u00edamos nada. Al contrario de lo que pretend\u00eda Hegel, no hay ninguna relaci\u00f3n entre realidad y racionalidad. No todo lo que ocurre es racional, no, pero s\u00ed, en cambio, es normal. Todo lo real \u2013digamos\u2013 es normal\u00edsimo \u00bfEl man\u00e1 del cielo? Normal \u00bfLos bombardeos? Normales \u00bfLa llegada del hombre a la luna? Normal \u00bfLa llegada de los nazis al poder? Normal. \u00bfLa desaparici\u00f3n del planeta tierra? Normal tambi\u00e9n. Vivir en la extra\u00f1eza perpetua, desprendidos de la realidad, ser\u00eda imposible, desaconsejable y patol\u00f3gico, pero una normalidad sin costuras acabar\u00eda conduci\u00e9ndonos al precipicio si nuestra vida no fuese rescatada de la rutina por algunos momentos inesperados de extra\u00f1eza salv\u00edfica, como a veces ocurre con la belleza y con el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>O lo dir\u00e9 de otra manera: vamos cediendo al abismo objetos cuya memoria desaparece inmediatamente de nuestra percepci\u00f3n. Para caer en la cuenta de las cosas que nos faltan, de las que hemos perdido, de las que nos han robado, ser\u00eda necesario crearlas de nuevo. \u00bfDesaparecen las aves? En su lugar hay aviones \u00bfDesaparecen los r\u00edos? En su lugar hay un centro comercial. \u00bfDesaparecen los tomates? En su lugar hay \u00abtomates\u00bb. Lo desaparecido, al desaparecer, empeora nuestra existencia, pero nuestra existencia est\u00e1 siempre llena de otras cosas y no notamos el empeoramiento. No echamos nada en falta. Cada \u00e9poca de la historia, digamos, es la \u00e9poca m\u00e1s completa de la historia. Hasta que una magdalena de Proust nos recuerda lo que hemos extraviado. Ahora bien, como su propia obra demuestra, una magdalena de Proust es un azar muy improbable en una vida humana. Tendr\u00edamos que crear de nuevo los \u00e1rboles, reemplazados por cables y postes, para percatarnos de su necesidad; si los cre\u00e1ramos de nuevo, sin embargo, dejar\u00edamos de notar inmediatamente la mejor\u00eda que introducen en nuestras vidas como no notamos el empeoramiento que causa su desaparici\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed la necesidad de la filosof\u00eda. La \u00fanica magdalena de Proust \u2013fuente de extra\u00f1eza salv\u00edfica\u2013 que podemos introducir a voluntad en nuestra existencia com\u00fan es la filosof\u00eda, que sirve para recordarnos las cosas que nos faltan, las que hemos perdido, las que nos han robado. Sin filosof\u00eda todo nos parecer\u00eda igualmente normal. Si desapareciera la filosof\u00eda de nuestras escuelas \u2013y, a\u00fan m\u00e1s, de la memoria de la tierra\u2013, el color verde, el dolor de los dem\u00e1s, la belleza del amado y la enormidad del cielo estrellado dejar\u00edan de producirnos asombro; quedar\u00edan definitivamente absorbidos en la normalidad, que es, de alg\u00fan modo, la inermidad total frente al poder. La dimensi\u00f3n filos\u00f3fica del color, del dolor, del amor y de las estrellas quiz\u00e1s no precede sino que sucede al descubrimiento de la filosof\u00eda. No olvidemos, en cualquier caso, que todo empez\u00f3 con un tipo llamado Tales que cay\u00f3 a un pozo mientras contemplaba el cielo nocturno; y que de \u00e9l sac\u00f3 tambi\u00e9n Kant, muchos siglos despu\u00e9s, la ley moral que reside en el alma de los humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>De la filosof\u00eda podemos decir, pues, que es joven y que podr\u00eda desaparecer, junto a cosas mucho m\u00e1s antiguas, sin que ocurriese ninguna cat\u00e1strofe inmediata, o sin que percibi\u00e9semos ning\u00fan cambio a nuestro alrededor, porque nos sirve \u2013la filosof\u00eda\u2013 precisamente para que el mundo nos resulte ben\u00e9ficamente extra\u00f1o y no solo destructivamente normal. Ahora bien, sobre la filosof\u00eda hay que a\u00f1adir tambi\u00e9n un segundo dato inquietante: que es la \u00fanica disciplina que no conoce ning\u00fan progreso. Podemos decir, no s\u00e9, que Pasteur demostr\u00f3 inequ\u00edvocamente que la teor\u00eda de la generaci\u00f3n espont\u00e1nea \u2013de Arist\u00f3teles a van Helmont\u2013 era err\u00f3nea; y que, en t\u00e9rminos cin\u00e9ticos, la navegaci\u00f3n a vela qued\u00f3 superada por la m\u00e1quina de vapor, superada a su vez por el motor de explosi\u00f3n. En el campo de la filosof\u00eda, sin embargo, no hay ning\u00fan progreso; los fil\u00f3sofos no se superan los unos a los otros. Sus obras, si se quiere, se acumulan y se citan sin negarse. Es verdad que Galileo dej\u00f3 atr\u00e1s el uso que la Iglesia hac\u00eda de la obra aristot\u00e9lica para frenar la ciencia, pero Arist\u00f3teles, que hablaba de animales inexistentes, sigue estando tan vivo -o mucho m\u00e1s- que Sloterdijk o Zizek, por citar dos fil\u00f3sofos contempor\u00e1neos. Como sabemos, el fil\u00f3sofo ingl\u00e9s Whitehead escribi\u00f3 en una ocasi\u00f3n que \u00abtoda la historia de la filosof\u00eda occidental es una nota a pie de p\u00e1gina de Plat\u00f3n\u00bb. Puede parecer una provocaci\u00f3n bravucona, pero en realidad con esta frase Whithead viene a decirnos que las grandes preguntas fueron formuladas hace 2500 a\u00f1os y que seguimos sin encontrarles respuesta. Al parecer, la \u00fanica respuesta que se nos ocurre ahora es suprimir las preguntas de los curr\u00edculos escolares.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 nos ense\u00f1a la filosof\u00eda? Que los grandes problemas no tienen soluci\u00f3n; solo pueden pensarse. Eso es lo que realmente quiere decir \u00abpensamiento\u00bb: dar la vuelta a un problema, en bucle, en espiral, tocando fugazmente el objeto, como avispas en torno a una tortilla de patata, sin posarnos ni saciarnos jam\u00e1s. \u00bfY por qu\u00e9 querr\u00edamos enunciar en las escuelas problemas que no tienen soluci\u00f3n, preguntas que no tienen la respuesta al final de ning\u00fan libro de sudokus? Vivimos en una \u00absociedad de mercado\u00bb, lo que quiere decir que es por un lado sociedad y por otro mercado, con encajes entreverados entre las dos partes, siempre \u2013por cierto\u2013 con ventaja para el mercado. Las sociedades y los mercados aman las soluciones. Las sociedades, digamos, son conservadoras; los mercados, digamos, son revolucionarios. Las escuelas \u00bfdeben servir a la sociedad? \u00bfO deben servir a los mercados? Se nos olvida que el t\u00e9rmino \u00abescuela\u00bb procede etimol\u00f3gicamente de la palabra \u00abskhol\u00e9\u00bb, que en griego quer\u00eda decir \u00abocio\u00bb o \u00abtiempo libre\u00bb, y que remit\u00eda \u2013es decir- al tiempo liberado, a un lado y otro, de los trabajos de la reproducci\u00f3n y del peso de la tradici\u00f3n. \u00abEscuela\u00bb es, por tanto, ese espacio que toda sociedad democr\u00e1tica se reserva al margen de la producci\u00f3n y de las respuestas fosilizadas recibidas para hacerse preguntas en libertad; \u00abescuela\u00bb es, pues, sin\u00f3nimo de \u00abfilosof\u00eda\u00bb, como lo es tambi\u00e9n -seg\u00fan recuerda Carlos Fern\u00e1ndez Liria\u2013 de \u00abciudadan\u00eda\u00bb. Una escuela sin filosof\u00eda es sencillamente un ox\u00edmoron. Por eso mismo, una escuela privada o concertada jam\u00e1s podr\u00e1 ser una verdadera \u00abescuela\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La escuela no debe servir ni a la sociedad ni al mercado. Debe protegerse y protegernos, al contrario, de las dos fuerzas. En Espa\u00f1a hay muy poca escuela, y la que queda se conserva gracias al esfuerzo heroico de maestros y profesores que tienen que deslizar el cielo nocturno, por una rendija, en un peque\u00f1o bancal permanentemente ocupado por los bancos y por la tradici\u00f3n; es decir, por la desigualdad y la doctrina. La ense\u00f1anza privada y concertada \u2013no lo olvidemos\u2013 sigue estando en manos de la Iglesia y de las empresas; y nuestros gobiernos, de izquierdas y de derechas, no solo han cedido terreno a la privatizaci\u00f3n del saber \u2013o, valga decir, a la desescolarizaci\u00f3n de Espa\u00f1a\u2013 sino que han reducido a harapos la escuela p\u00fablica mientras \u00abprivatizaban\u00bb sus curr\u00edculos, pensados para satisfacer dos funcionalidades contradictorias entre s\u00ed y las dos ajenas a la definici\u00f3n misma de la \u00abescuela\u00bb. Por un lado, a la escuela se le pide que responda a las demandas de una sociedad de mercado estratificada y desigual. Esto implica, en t\u00e9rminos de curr\u00edculo, la eliminaci\u00f3n o reducci\u00f3n de las asignaturas humanistas en favor de una nueva materia, \u00abeconom\u00eda y emprendimiento\u00bb (mercado), y de la siempre ineludible \u00abreligi\u00f3n\u00bb (tradici\u00f3n); implica el disparate de la escuela biling\u00fce, que considera la lengua una \u00abherramienta econ\u00f3mica\u00bb y no un regazo cognitivo; e implica la tecnologizaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, vendida como una revoluci\u00f3n pedag\u00f3gica mientras que sus art\u00edfices \u2013los magnates de Silicon Valley\u2013 llevan a sus ni\u00f1os a escuelas tradicionales sin pantallas donde los profesores escriben en pizarras y los alumnos en cuadernos (porque saben que el poder y el conocimiento residen en la relaci\u00f3n entre la mano y la mente).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a los profesores se les pide m\u00e1s. Una vez ha entrado el mercado en la escuela, como el mar en el casco de un barco bombardeado por debajo de la l\u00ednea de flotaci\u00f3n, se les pide que dediquen todas las horas de clase y de tutor\u00edas a achicar el agua. Se les pide que \u00abeduquen en valores\u00bb a los alumnos. Incluso se crea una asignatura con ese nombre: una declaraci\u00f3n de derrota y una burla un poco humillante a maestros y profesores que han dedicado a\u00f1os a estudiar en la universidad y a prepararse una oposici\u00f3n. Se les pide, pues, que pongan sus conocimientos al servicio del mercado y se les pide al mismo tiempo que corrijan en las aulas los terribles efectos econ\u00f3micos, culturales y \u00e9ticos del mercado; y esto en condiciones materiales cada vez m\u00e1s degradadas. Es evidente que ah\u00ed no hay sitio ni tiempo para la filosof\u00eda. Ya es bastante con que algunos de ellos, los m\u00e1s fuertes, los m\u00e1s valientes, los m\u00e1s apasionados, consigan no pedir una baja por depresi\u00f3n e incluso deslizar, s\u00ed, un poco de cielo nocturno, de rond\u00f3n, en las cabezas de nuestros ni\u00f1os, m\u00e1s formateadas que nunca por la clase social de sus padres, el hedonismo de masas y el cepo tecnol\u00f3gico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Contra esto no puede hacer nada la filosof\u00eda, es verdad, un fr\u00e1gil pie de p\u00e1gina en las costuras del capitalismo. Lo normal es que desaparezca y que desaparezcan con ella la extra\u00f1eza del color verde, del amor, del dolor ajeno, de las estrellas y del planeta tierra. Seamos conscientes, al menos, de que todas estas extinciones est\u00e1n relacionadas. No, no podemos serlo. Para eso necesitar\u00edamos precisamente la filosof\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta entrada fue publicada originalmente el 1 de diciembre de 2021 en <a href=\"http:\/\/eldiario.es\">Eldiario.es<\/a>, en el siguiente enlace: <a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/opinion\/zona-critica\/filosofia-nota-pie-pagina_129_8540452.html\">https:\/\/www.eldiario.es\/opinion\/zona-critica\/filosofia-nota-pie-pagina_129_8540452.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la filosof\u00eda pueden decirse dos cosas. La primera es que su existencia es muy reciente: tiene apenas 2500 a\u00f1os. Cosas mucho m\u00e1s antiguas \u2013los paisajes de nuestra infancia, el rinoceronte blanco, decenas de especies de helechos\u2013han desaparecido y la humanidad ha sobrevivido. 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