{"id":357755,"date":"2022-06-11T18:43:15","date_gmt":"2022-06-11T18:43:15","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=357755"},"modified":"2022-06-11T18:43:15","modified_gmt":"2022-06-11T18:43:15","slug":"la-bendicion-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2022\/06\/11\/la-bendicion-del-mundo\/","title":{"rendered":"La bendici\u00f3n del mundo"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-1.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-357756\" width=\"786\" height=\"301\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-1.png 700w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-1-300x115.png 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-1-624x240.png 624w\" sizes=\"auto, (max-width: 786px) 100vw, 786px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Francisco J. Fern\u00e1ndez<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Acerca de <em>El beso de la finitud<\/em> de \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo<\/h3>\n\n\n\n<p>La asociaci\u00f3n <em>Filosof\u00eda en la Calle<\/em> tuvo hace poco la feliz idea de montar un sello editorial. Fruto de la misma es Kiros Ediciones, donde se acaba de publicar <em>El beso de la finitud<\/em> de \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo<a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote1sym\"><sup>1<\/sup><\/a>. Cincuent\u00f3n y madrile\u00f1o es, como tantos, profesor de filosof\u00eda en un Instituto. Pertenece a esa generaci\u00f3n intermedia (y hasta cierto punto perdida) que no encontr\u00f3 acomodo acad\u00e9mico en su momento, debido, entre otras cosas, a que la generaci\u00f3n precedente alcanz\u00f3 su c\u00e9nit demasiado pronto (fue aquel tiempo en que la idoneidad se impuso al m\u00e9rito, pues hab\u00eda que sustituir a toda prisa los viejos cuadros del r\u00e9gimen), provocando sin buscarlo un tap\u00f3n en la inmediatamente posterior, condenados al nadir.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigmund Freud cuenta una an\u00e9cdota de cuando estuvo en Am\u00e9rica. Se trataba del anuncio de una empresa de pompas f\u00fanebres que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n. Dec\u00eda algo as\u00ed: \u00bfPara qu\u00e9 seguir viviendo si le podemos enterrar por cinco d\u00f3lares? Esta generaci\u00f3n sepultada se niega sin embargo a enterrarse del todo. Lo que ha pasado es que ha esperado gentilmente a que se empezaran a morir los maestros para poder descerrajar su propio ata\u00fad. <em>El beso de la finitud<\/em> es una de esas apariciones de ultratumba: una selecci\u00f3n de art\u00edculos en principio casuales (publicados la mayor\u00eda en revistas digitales), pero que demuestran una notable coherencia por parte de su autor respecto de unos asuntos s\u00f3lo aparentemente sencillos porque los trata adrede de una manera antiacad\u00e9mica e ingeniosa, incluso desfachatada.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos autores sirven para estos prop\u00f3sitos: Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles, Leibniz, Nietzsche o Heidegger, pero tambi\u00e9n (aunque en relaci\u00f3n m\u00e1s problem\u00e1tica) Spinoza o Fichte o Hegel o Marx, entre otros. Curioso este caso a los grandes de la filosof\u00eda cuando al mismo tiempo no se pretende ni mucho menos hacer papirolog\u00eda, que es lo habitual en otros \u00e1mbitos respecto de los mismos. En efecto, S\u00e1nchez Vadillo acude con total naturalidad a ellos una y otra vez para sostener sus tesis. Son como sus baluartes; los que le sirven para interpretar el mundo, pero tambi\u00e9n para ahormarlo. Y, sin embargo, por cima de todos destaca Kant (para lo bueno y para lo menos bueno). Leyendo este volumen no he podido menos que acordarme del epitafio que este dej\u00f3 escrito: \u00abel cielo estrellado sobre m\u00ed y la ley moral dentro de m\u00ed\u00bb (se menciona expl\u00edcitamente en el art\u00edculo significativamente titulado \u00abQuerido mundo tonto\u00bb). Estas dos cosas se encuentran aqu\u00ed casi del mismo modo: reflexiones en torno a la f\u00edsica y el conocimiento emp\u00edrico del mundo, por un lado, y reflexiones de tipo moral o pr\u00e1ctico. El rigorismo moral de S\u00e1nchez Vadillo no se queda a la zaga del de Kant. Es m\u00e1s, yo dir\u00eda que hasta lo supera, aunque superarlo signifique para m\u00ed decidirse definitivamente por c\u00f3mo entender el <em>nosotros<\/em> kantiano, pues cabe hacerlo, como vio Foucault, insistiendo en la humanidad de lo humano o en la humanidad entendida como conjunto. La empat\u00eda humanitaria de nuestro autor llega a hacer suyo \u00abun molesto picor vaginal\u00bb (p. 146), pero no me queda claro si tal comez\u00f3n es propia de la naturaleza humana o de un nosotras al que puede uno incorporarse.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al subt\u00edtulo con que el libro se presenta; a saber: <em>Ensayos de filosofancia en defensa del mundo<\/em>, diremos que aprovecha un hallazgo de Agust\u00edn Garc\u00eda Calvo (<em>filosofancia<\/em> y <em>filosofantes<\/em>) para sus propios intereses. La verdad es que si hay algo que aqu\u00ed se odia es la impostura intelectual de los fil\u00f3sofos, sus abstracciones masturbatorias e inanes, la insignificancia de todas esas ocurrencias que desarrollan con el culo caliente. Lo de menos, a mi juicio, son los abusos que el autor comete en ocasiones llevado por su pasi\u00f3n justiciera, sobre todo porque no se realiza desde la pedanter\u00eda sino desde sitios menos apedestalados. Es el clamor de un profesor de Instituto que ha de bregar con adolescentes a los que no s\u00f3lo oye, sino que escucha (esa tarea docente aparece m\u00e1s de una vez y de dos en el libro).<\/p>\n\n\n\n<p>No he podido sentir sino una \u00edntima afinidad con sus posiciones, hasta en pormenores que no deber\u00edan sorprenderme tanto si caigo en la cuenta de que pertenecemos a la misma generaci\u00f3n y nos dedicamos al mismo oficio en parecidas circunstancias. Y, as\u00ed, sus autores son tambi\u00e9n en buena medida los m\u00edos o sus canciones (Lou Reed) o sus poetas (Leopoldo Mar\u00eda Panero). Es cierto que \u00e9l est\u00e1 mucho m\u00e1s atento que yo a otro tipo de manifestaciones culturales (como la subliteratura del c\u00f3mic o ese g\u00e9nero menor del arte que es el cine), pero las coincidencias abundan y no puedo experimentar m\u00e1s que una geminaci\u00f3n an\u00edmica.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace muchos a\u00f1os perge\u00f1\u00e9 una distinci\u00f3n que traigo a colaci\u00f3n: la que distingue a las posiciones de las doctrinas. Me sirvi\u00f3 entonces para entender ciertos efectos discursivos: las denegaciones que los pensadores ejercen unos sobre otros. Parec\u00edan ir m\u00e1s all\u00e1 de los desacuerdos concretos sobre tales o cuales cuestiones. Me las explicaba dici\u00e9ndome que uno se pone a pensar desde un lugar determinado (y hallaba cuatro lugares fundamentales). S\u00e1nchez Vadillo me ha hecho recordar aquello porque s\u00f3lo as\u00ed entiendo las denegaciones presentes. Es un <em>fil\u00f3sofo<\/em> porque se pliega antes los gigantes (los <em>sabios<\/em>), porque se enfurece con los <em>sofistas<\/em> (que en su caso es el estructuralismo y sobre todo el postestructuralismo franc\u00e9s), porque desprecia el ensimismamiento de los <em>gymnosofistas<\/em>, dado que no entiende que seamos pura intimidad ni que haya nada que salvar ah\u00ed adentro, sino, en todo caso, ah\u00ed afuera<a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote2sym\"><sup>2<\/sup><\/a>. As\u00ed han de entenderse las filias y las fobias que recorren las p\u00e1ginas, los argumentos <em>ad hominem<\/em> (o <em>ad personam<\/em>, como seguramente me corregir\u00eda \u00e9l) con que se despacha o las opiniones intempestivas que jalonan los textos. Quiz\u00e1 no tan extra\u00f1amente estos exabruptos dotan de cierto dinamismo a su estilo y hacen que lo chusco sea un arma formidable contra el esp\u00edritu de seriedad, que siempre demora la cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al formato elegido, se da una notable uniformidad, no atentando demasiado contra la caja vac\u00eda (Ferlosio <em>dixit<\/em>) del g\u00e9nero del art\u00edculo no acad\u00e9mico. S\u00f3lo he encontrado unas cuantas excepciones, una de ellas felic\u00edsima por cierto, la titulada \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 no Plat\u00f3n en el siglo XXI?\u00bb, pues se atreve a hacer al propio Plat\u00f3n sujeto de la enunciaci\u00f3n de un relato tan ucr\u00f3nico como divertido, lo que significa que abandona por un momento la com\u00fan estrategia expositiva y pasa a narrar directamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las antolog\u00edas son muy traicioneras. Como el conjunto no comparte un mismo tiempo narrativo, es dif\u00edcil por no decir imposible dotar al volumen de una unidad org\u00e1nica. Eso va de suyo y no hay por qu\u00e9 lamentarse en exceso. M\u00e1s importancia tienen a mi juicio ciertos sesgos que se repiten. Para empezar su escritura es parat\u00e1ctica, es decir, prefiere en general la coordinaci\u00f3n a la subordinaci\u00f3n. Ahora bien, la agilidad parat\u00e1ctica choca inevitablemente con la lentitud de la hipotaxis. Con la parataxis se llega antes a todas partes, pero el precio es que se dejan muchas cosas en el camino. Adem\u00e1s, la parataxis precisa de mucho combustible. Quiero decir que para que el discurso siga adelante y no se detenga necesita incorporar a todas horas contenidos nuevos. El discurso avanza porque en cada momento una nueva representaci\u00f3n aparece. S\u00e1nchez Vadillo maneja muy bien este estilo de exposici\u00f3n, pero exige tal caudal de informaci\u00f3n pertinente que no puede sostenerse durante muchas p\u00e1ginas, tanto m\u00e1s cuanto que se renuncia conscientemente a la narraci\u00f3n. Es m\u00e1s, creo que el propio autor es de alguna forma consciente de ello. S\u00f3lo as\u00ed me explico la cantidad de veces que remata sus art\u00edculos con un poema o una cita exageradamente larga. Lo que se persigue con ello es un colof\u00f3n que cierre el texto. La culpa no es de lo evocado, interesante por s\u00ed mismo, sino del papel que juega en la econom\u00eda de la estrategia discursiva. A mi juicio, el resultado no es bueno siempre. El lector no quiere leer eso. Quiere seguir ley\u00e9ndolo a \u00e9l. Pero no. \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo se quita de en medio y trunca los textos porque, al temer que toda <em>peroratio<\/em> no sea al cabo sino perorata, presta a otros el espacio de la caja vac\u00eda (en este sentido el desapego respecto de su propia escritura es para m\u00ed incomprensible). El procedimiento me recuerda a los cuadros del aragon\u00e9s Pepe Cerd\u00e1, all\u00e1 por los noventa. Tras pintar sus cuadros, m\u00e1s o menos convencionales, les colocaba delante un cristal esmerilado que dificultaba la contemplaci\u00f3n. El efecto era sorprendente. Provocaba que el espectador plantara sus narices sobre el mismo cuadro. Era una forma de decir: no te lo puedo dar todo; busca por ti mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, no puedo estar m\u00e1s alejado de algunas tesis que S\u00e1nchez Vadillo defiende. Entiendo que se debe a algo que nos determin\u00f3 desde el principio. \u00c9l tuvo como maestro a Quint\u00edn Racionero (excelente su edici\u00f3n de la <em>Ret\u00f3rica<\/em> de Arist\u00f3teles); yo, por entonces, a V\u00edctor G\u00f3mez Pin. La primera vez que habl\u00e9 con Racionero fue en un Congreso de J\u00f3venes Fil\u00f3sofos, todav\u00eda en mitad de la carrera. Dio una conferencia espl\u00e9ndida. Yo no estaba acostumbrado a ese nivel de exquisitez (creo que todav\u00eda no conoc\u00eda a Francisco Jarauta). Me acerqu\u00e9 para interesarme por algunos detalles y acab\u00f3 pregunt\u00e1ndome de d\u00f3nde ven\u00eda, etc. En seguida sali\u00f3 el nombre de G\u00f3mez Pin. Hizo un gesto displicente, que no supe c\u00f3mo interpretar, y dijo algo as\u00ed como: \u00ab\u00a1V\u00edctor es pura l\u00f3gica!\u00bb, lo que tampoco me aclar\u00f3 mucho. Cuando hice la tesis, algunos art\u00edculos de Racionero sobre Leibniz me parecieron magn\u00edficos y me ayudaron como pocos entonces lo hicieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero al margen de estas influencias, en mi caso, en vez de Kant, Hegel, no el infinito en potencia, sino en acto, no tanto la parataxis como la hipotaxis, no la velocidad, sino la profundizaci\u00f3n, no surfear los problemas, sino sumergirse en ellos. S\u00e1nchez Vadillo teme m\u00e1s hundirse que tropezar. A m\u00ed me pasa lo contrario. Pero, bueno, no exageremos. Ni nuestro autor es tan veloz ni este ignorante tan profundo. Somos unos simples profesores de Instituto (desenga\u00f1ados, pero no exactamente hartos) que aprovechan sus clases para hacer algo de filosof\u00eda mientras el mundo mira hacia otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro tiene m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas y es imposible dar cuenta de todos los asuntos tratados. Tengo una docena de objeciones concretas, lo que despu\u00e9s de todo tampoco es mucho, pero con ganas me quedo de discutir con \u00e9l acerca de su visi\u00f3n de los mundos posibles y recordarle que <em>existir<\/em> en Leibniz significa <em>ser arm\u00f3nico<\/em>, por lo que en consecuencia el mundo no puede existir (no tanto en cambio su lectura de <em>la place d\u2019autruy<\/em>, que me parece excelente), o de se\u00f1alarle c\u00f3mo el \u00faltimo Althusser, que \u00e9l no aprecia demasiado, se ocupa del <em>Es gibt <\/em>y del <em>Il y a<\/em>, del <em>Hay<\/em>, con una perspectiva muy parecida a la suya de lo real inmediato, o de relacionar la <em>Wirklichkeit<\/em> con la <em>Actualitas<\/em> escol\u00e1stica o de preguntarle por el concepto de <em>plexo<\/em>, que me malicio que es de Heidegger\u2026 As\u00ed las cosas, me concentrar\u00e9 solamente en un par de asuntos que, no obstante, creo que son nucleares.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo tiene que ver con la denegaci\u00f3n que se realiza sobre el psicoan\u00e1lisis de Freud (del de Lacan por supuesto no quiere cuentas, por lo que no mencionar\u00e9 el \u00abKant con Sade\u00bb de este). Se justifica en ocasiones atendiendo a argumentos de tipo metodol\u00f3gico (la imposibilidad de falsar nada, en plan Popper), pero a mi juicio la inquina viene de otro sitio. En otras palabras: es algo posicional m\u00e1s que doctrinal. Seguro que si le digo que todo neur\u00f3tico cree saber lo que significan sus sue\u00f1os, se descojonar\u00eda, as\u00ed que no lo dir\u00e9 m\u00e1s que por litotes. El caso es que S\u00e1nchez Vadillo niega la pertinencia de la distinci\u00f3n freudiana entre contenido manifiesto y contenido latente del sue\u00f1o. Como se recordar\u00e1, a partir del contenido manifiesto (el simple relato del sue\u00f1o, pues el sue\u00f1o no es m\u00e1s que su relato) hay que remontarse hasta el contenido latente. Se descubrir\u00e1 entonces que en el sue\u00f1o se ha realizado un deseo reprimido. Hasta aqu\u00ed Freud. Ahora bien, si negamos tal distinci\u00f3n, nada sobrevive de lo anterior: es una feroz enmienda a la totalidad. En conclusi\u00f3n, no puede haber ciencia positiva del sue\u00f1o. Pero, \u00bfqu\u00e9 es lo que molesta exactamente? \u00bfQue haya un int\u00e9rprete privilegiado (<em>cfr<\/em>. p. 226)? \u00bfQue una intimidad se imponga a otra? De hecho, no creo que sea eso lo que el psicoan\u00e1lisis predica, pero lo que nos importa es m\u00e1s bien que S\u00e1nchez Vadillo crea que s\u00ed<a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote3sym\"><sup>3<\/sup><\/a>. Y es que para \u00e9l se trata en general de que no haya un mundo detr\u00e1s del mundo, no haya una latencia respaldando una manifestaci\u00f3n. S\u00e1nchez Vadillo bendice este mundo, el que hay, y no puede soportar que se lo dupliquen: el sentido del mundo, si lo tiene, ha de ser inmanente. Toda transcendencia es una ficci\u00f3n. Creo que Nietzsche apoyar\u00eda esta diatriba. Lo curioso es que, cuando el texto se proyecta sobre la epistemolog\u00eda kantiana, hay una vindicaci\u00f3n muy acusada y hasta cierto punto sorprendente. En efecto, se disculpa a Kant, frente a Hegel por ejemplo, de haber apostado por la conveniencia de la cosa en s\u00ed (<em>Das Ding an sich<\/em>). El no\u00fameno es de alguna manera el garante de la finitud. Estoy de acuerdo con esa interpretaci\u00f3n y me parece brillante (pues a menudo se pone en el fen\u00f3meno esa garant\u00eda), pero no puede dejar de reconocerse que aceptamos una duplicidad, exactamente la misma que podemos encontrar en Freud cuando hablaba de la <em>roca<\/em> a prop\u00f3sito de si un an\u00e1lisis ten\u00eda t\u00e9rmino o no (y parece que no, pues de darse disolver\u00eda al sujeto). Tal roca dichosa era <em>Das Ding<\/em>, lo inanalizable, lo que no puede hacerse nunca presente, pero que resulta que est\u00e1 ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, el texto de S\u00e1nchez Vadillo es tan rico, toca tantos palos, que a cada paso tiene el lector la tentaci\u00f3n de meter las narices donde no le mandan. M\u00e9rito indudable de unos art\u00edculos que se defienden defendiendo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote1anc\">1<\/a> \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo, <em>El beso de la finitud (Ensayos de filosofancia en defensa del mundo)<\/em>, Almer\u00eda, Kiros Ediciones, 2022, 354 pp. La biso\u00f1ez de la editorial explica algunos feos errores ortotipogr\u00e1ficos (erratas, notas a pie de p\u00e1gina incorporadas al texto, etc.).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote2anc\">2<\/a> La cuesti\u00f3n medioambiental es otro de sus caballos de batalla. Es una versi\u00f3n contempor\u00e1nea de la ternura com\u00fan por las cosas de que hablaba Hegel.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo#sdfootnote3anc\">3<\/a> Problem\u00e1tica es asimismo su interpretaci\u00f3n del <em>Wo Es war, soll Ich werden<\/em>, de dif\u00edcil traducci\u00f3n desde luego (\u00abdonde est\u00e1 el Ello, all\u00ed debe llegar a estar el Yo\u00bb, se lee en la p\u00e1gina 227), pero no hace falta saber demasiado alem\u00e1n para darse cuenta de que Freud no est\u00e1 diciendo <em>Das Es<\/em> o<em> Das Ich,<\/em> como en otras ocasiones, lo que no puede sino significar que tales pronombres no estaban siendo marcados te\u00f3ricamente, es decir, no remit\u00edan a ninguna instancia. Desgraciadamente, no creo que se pueda decir lo mismo de la famosa frase que Bobby Fischer solt\u00f3 con satisfacci\u00f3n s\u00e1dica en el Show de Dick Cavett en el verano de 1971: \u00abI like the moment when I break a man\u2019s ego\u00bb, pues no en vano estuvo en contacto estrecho con el psicoanalista americano Reuben Fine (y talentoso ajedrecista, por cierto), el cual probablemente le meti\u00f3 en la cabeza lo que era habitual en el psicoan\u00e1lisis prelacaniano: que de lo que se trataba era de fortalecer el ego.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/urdimbre-revista.es\/la-bendicion-del-mundo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco J. Fern\u00e1ndez Acerca de El beso de la finitud de \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo La asociaci\u00f3n Filosof\u00eda en la Calle tuvo hace poco la feliz idea de montar un sello editorial. Fruto de la misma es Kiros Ediciones, donde se acaba de publicar El beso de la finitud de \u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo1. 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