{"id":357758,"date":"2022-06-18T12:05:19","date_gmt":"2022-06-18T12:05:19","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=357758"},"modified":"2022-06-18T12:05:19","modified_gmt":"2022-06-18T12:05:19","slug":"el-hijo-de-gustave-flaubert-y-george-sand","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2022\/06\/18\/el-hijo-de-gustave-flaubert-y-george-sand\/","title":{"rendered":"El hijo de Gustave Flaubert y George Sand"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-2.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-357759\" width=\"809\" height=\"1172\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-2.png 483w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/06\/imagen-2-207x300.png 207w\" sizes=\"auto, (max-width: 809px) 100vw, 809px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo<\/p>\n\n\n\n<p>En Francia andan conmemorando con mucho regocijo el bicentenario del nacimiento de <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/Gustave_Flaubert\" target=\"_blank\">Gustave Flaubert<\/a> , y verdaderamente da gusto verlos, al fin y al cabo Francia es el \u00fanico pa\u00eds que yo conozca en el que hay una conciencia lectora sincera y s\u00f3lida, es decir, donde al gran p\u00fablico o bien le gusta de verdad leer (\u201cde verdad\u201d significa no leer al \u00faltimo concursante de un reality a quien le han redactado un bodrio, sino a, pongamos por caso, Valery Larbaud, que muri\u00f3 en 1957), o cuanto menos envidia y venera a quien lo hace. As\u00ed, nuestra querida Francia es el pa\u00eds que descubri\u00f3 y entroniz\u00f3 a Borges, pero mucho antes a William Faulkner (\u201cFaulkner es aqu\u00ed Dios\u201d, dec\u00eda Sartre, cuando en su naci\u00f3n de origen Bill a\u00fan no era nadie\u2026), y el lugar tambi\u00e9n en que la parte gr\u00e1fica del c\u00f3mic se elev\u00f3 m\u00e1s tempranamente a arte. Los irreductibles galos tienen las m\u00e1s cuidadas editoriales, los mejores programas de televisi\u00f3n sobre literatura y, si no fuese porque Estados Unidos es inmensamente m\u00e1s poderoso, multitudinario y rico, tendr\u00edan tambi\u00e9n a las firmas m\u00e1s vanguardistas e influyentes. La \u00fanica objeci\u00f3n posible que me viene a la cabeza a esta apoteosis francesa de la cultura libresca es que son tan devotos de <em>le plaisir du texte <\/em>que hasta son capaces de dar por buena cualquier ocurrencia filos\u00f3fica que venga servida por una escritura que sepa ser tan sugestiva, hechicera e insinuante de qui\u00e9n sabe qu\u00e9 inciertas y rec\u00f3nditas oscuridades libidinales que persuadan el lector de que va a terminar copulando fren\u00e9tica y delicuescentemente con ellas y cuanto m\u00e1s extra\u00f1as mejor (el Otro, hay que ver lo que les pone all\u00ed arriba el Otro o la Otredad, ya desde tiempos de Paul Gauguin\u2026), siempre que con ello consiga a la vez enemistarse para siempre con el poder imperante. Un amigo m\u00edo que ya muri\u00f3 dec\u00eda que el defecto de los fil\u00f3sofos franceses posteriores o coet\u00e1neos a Mayo del 68 es que comienzan una frase, y les est\u00e1 quedando tan bien, \u00a1tan rematadamente bien! -de eso no cabe duda alguna-, que no les queda otro remedio que concluirla de un modo igualmente bello, por preferencia a verdadero. Si a eso le sumas la cualidad de que esa frase y las subsiguientes ensartadas con m\u00e1s o menos sentido a ella puedan estar de alg\u00fan modo proclamando la revoluci\u00f3n m\u00e1s radical pero desde el lecho de la coyunda, como en el film <a href=\"https:\/\/www.filmaffinity.com\/es\/film182077.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Hiroshima Mon Amour<\/em> <\/a>de Alain Resnais, entonces ya tienes subyugada a toda la Galia y a gran parte del extranjero diletante tambi\u00e9n\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a href=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/30910880647.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/30910880647-1024x716.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-52597\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>No es el caso exacto de Flaubert, Flaubert fue un escritor como una casa al que le gustaba el efectismo como al que m\u00e1s, pero que aprendi\u00f3 a reprimirse desde aquel d\u00eda en que dos amigos suyos le echaron al barro la primera versi\u00f3n de <em><a href=\"http:\/\/docshare01.docshare.tips\/files\/31268\/312688946.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">La tentaci\u00f3n de San Antonio<\/a><\/em>. Despu\u00e9s de aquello, algo que nunca suele decirse, quiz\u00e1 porque nadie lo piensa as\u00ed m\u00e1s que yo, Flaubert se decidi\u00f3 a ser todo menos majo<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>. Naturalmente, Flaubert no fue un pol\u00edtico, ni un buf\u00f3n, ni un comercial de m\u00f3viles, no ten\u00eda por qu\u00e9 ser simp\u00e1tico ni agradable, pero no deja de ser curioso. Guy de Maupassant, Vladimir Nabokov, Vargas Llosa o Julian Barnes, que le rindieron y le rinden eterna y justificada pleites\u00eda, jam\u00e1s mencionan que yo recuerde esa peculiar dimensi\u00f3n de Flaubert, consistente en que Flaubert era un coloso, en persona y como autor, pero nunca conseguir\u00e1s que te caiga bien, por mucho que lo admires. M\u00e1s todav\u00eda: tambi\u00e9n es dif\u00edcil, dificil\u00edsimo, que te caiga bien ning\u00fan personaje de Flaubert, todos son necios, fatuos, vanos o rid\u00edculos. Para que un lector sea entusiasta de la obra de Flaubert tiene que hacerse c\u00f3mplice del sadismo de Flaubert, algo que ni el propio y morbosillo Sartre quiso asumir al final de su vida. Una novela de Flaubert siempre implica algo -mucho- del rollito<em> \u201ct\u00fa y yo somos genios, nos percatamos perfectamente de la estupidez de la gentuza que nos rodea, y vamos a pasarlo bien ri\u00e9ndonos de manera exquisita de ellos\u201d<\/em>. Todos caen, incluso Charles Bovary. Dicho con otras palabras: Flaubert fue el anti-Dickens poco antes de Dickens, o a la inversa, Dickens fue el anti-Flaubert poco despu\u00e9s de Flaubert, y mi coraz\u00f3n ser\u00e1 siempre m\u00e1s del ingl\u00e9s que del franc\u00e9s. Dickens era el portavoz del pueblo, Mr. Sentir Com\u00fan, en tanto que Flaubert era un mis\u00e1ntropo absoluto al que gustaba m\u00e1s la imagen de la realidad que la realidad misma -esto ya lo dijo tambi\u00e9n en ontol\u00f3gico u ontologiqu\u00e9s Sartre<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>. Flaubert eligi\u00f3 a una de sus amantes para convertir la pr\u00e1ctica de la literatura en teor\u00eda de la literatura, y en esto fue como el joven Heidegger, que tostaba a la pobre Hannah Arendt con cartas de amor escritas tambi\u00e9n en ontologiqu\u00e9s; mucho \u201cser\u201d por aqu\u00ed y mucho \u201cpensar\u201d por all\u00e1, pero del tema que nos tra\u00eda aqu\u00ed juntos poquito\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a href=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/838_sandflaubert.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/838_sandflaubert.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-52601\" \/><\/a><figcaption><em>George Sand y Gustave Flaubert<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Hacer teor\u00eda de la literatura al tiempo que se hace literatura era algo inevitable, si no lo hubiera hecho Flaubert lo hubiera hecho cualquier otro, y poni\u00e9ndonos finos Edgar Allan Poe ya lo hab\u00eda hecho d\u00e9cadas antes en un sentido no muy distinto al de Flaubert. En realidad, y en mi opini\u00f3n, mejor y m\u00e1s honestamente que Flaubert, puesto que Poe reconoc\u00eda que el culto a la Belleza de la Forma tan s\u00f3lo puede tener lugar bajo las condiciones del onirismo, las drogas y la fantas\u00eda, mientras que Flaubert nos hizo un gran l\u00edo con aquello de que s\u00f3lo se puede construir gran belleza all\u00ed donde trabajas con un ca\u00f1amazo realista cuanto m\u00e1s cutre y anodino mejor. No obstante, luego Flaubert te sal\u00eda con <a href=\"http:\/\/cdigital.dgb.uanl.mx\/la\/1080005307\/1080005307.PDF\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Salamb\u00f3<\/em> <\/a>o <em>La tentaci\u00f3n de San Antonio<\/em>, el <em>reboot<\/em>, que ya eran m\u00e1s de coherencia\/Poe, o sea, de \u201cel arte por el arte\u201d y por tanto admitir que el arte en su m\u00e1xima expresi\u00f3n y pureza requiere de un mundo paralelo independiente y en cierta medida superior, y sin embargo y con todo a la desdichada <a href=\"https:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/Louise_Colet\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Louise Colet<\/a> (Julian Barnes la pone voz en un mon\u00f3logo estupendo de <a href=\"https:\/\/www.amazon.es\/El-Loro-Flaubert-Compactos-Anagrama\/dp\/8433920901\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El loro de Flaubert<\/em>,<\/a> casi lo mejor de esa novela posmoderna por no decir de esa no-novela\u2026) la segu\u00eda friendo con aquello de \u201c<em>Madame Bovary soy yo\u201d<\/em>\u2026 \u00bfEn qu\u00e9 quedamos, Gustave, en que t\u00fa eres Madame Bovary, o en la desaparici\u00f3n elocutoria completa del autor en su obra? Porque Flaubert sosten\u00eda que el narrador est\u00e1 y no est\u00e1, como Dios en su Creaci\u00f3n, sin perjuicio de no dejar de aseverar al mismo tiempo que el buen autor de la novela del futuro es aquel que se busca a s\u00ed mismo en los personajes, y no aquel que los atrae hacia s\u00ed, sutil distingo o Giro Copernicano de Kant a la inversa -es decir, ptolemaico- que no hay quien lo entienda, o por lo menos os juro que yo no<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>. A regl\u00f3n seguido, Flaubert vuelve a marear a Louise Colet en otro enredo parad\u00f3jico sumamente intelectual, que es aquel que se cifra ahora en que aquellos que no aman son asquerosos burgueses sin sesos ni coraz\u00f3n que s\u00f3lo flipan con el beneficio material, pero a la vez, y para que te fastidies, Louise, que sepas que el amor es imposible y un fracaso seguro, como el propio arte minucioso, neurast\u00e9nico y perfeccionista<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> al que estoy dedicando mi tiempo, mis desvelos y mi propia vida. Gustave Flaubert es uno de los grandes maestros de la literatura universal, eso no alberga resquicio alguno de duda, pero tambi\u00e9n, y siempre bajo mi tonto y despreciable criterio, uno de los grandes maestros del despiste especulativo. Ocurre lo mismo con todos los grandes estetas de la historia, la mayor\u00eda posteriores y ep\u00edgonos de Flaubert, que con una mano nos ofrecen el gozo de la belleza y con la otra el jolgorio de la irresponsabilidad. A Nabokov, por ejemplo, le admira sobremanera la facultad de observaci\u00f3n de Flaubert, pero por otra parte no cesa de insistir en que en cuestiones literarias todo reside en la irrealidad de la belleza, con lo cual lo mismo hubiese dado describir con prodigiosa exactitud la vida provinciana de Emma Bovary, a la que te piensas cargar pase lo que pase, que imaginarse comarcas de quimera fastuosa e impersonal como las so\u00f1adas tiempo despu\u00e9s por Lord Dunsany. El resultado es que es m\u00e1s f\u00e1cil, para m\u00ed, llegar a la p\u00e1gina cincuenta del <em>Finnegans wake<\/em> de Joyce, sin entender ni la mitad de lo que has le\u00eddo, que llegar a la p\u00e1gina cincuenta de <em><a href=\"https:\/\/biblioteca.org.ar\/libros\/153325.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Bouvard y Pecuchet<\/a><\/em>, entendi\u00e9ndolo todo. Y hasta es bueno que sea as\u00ed, porque Flaubert destil\u00f3 tanta bilis y tanto pesimismo en <em>Bouvard y Pecuchet<\/em> o en <em><a href=\"https:\/\/onemorelibrary.com\/index.php\/es\/?option=com_djclassifieds&amp;format=raw&amp;view=download&amp;task=download&amp;fid=16387\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">La educaci\u00f3n sentimental<\/a> <\/em>que casi me quedo -casi no: seguro\u2026- con la alegr\u00eda ininteligible de James Joyce<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a href=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/propriete_de_croisset.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/hyperbole.es\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/propriete_de_croisset.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-52599\" \/><\/a><figcaption><em>Propri\u00e9t\u00e9 de Croisset, imaginada por Thoms<\/em>e<em>n, 1937<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Por eso, al margen de su inmortal obra, a mi la parte que m\u00e1s me gusta de la vida de Flaubert fue la de su amistad epistolar con <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/George_Sand\" target=\"_blank\">George Sand<\/a>. Me gusta mucho Sand, que como sab\u00e9is era una mujer, y tambi\u00e9n le gustaba a <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Heinrich_Heine\" target=\"_blank\">Heinrich Heine<\/a>, que es mi \u00eddolo<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>. Flaubert, claro, tuvo que meter la pata dejando para la posteridad aquel comentario de que Sand era \u201cun gran hombre\u201d, y que para ser una mujer menudo pedazo de genio masculino encerraba entre sus carnes pecadoras (para cuando Flaubert la conoci\u00f3, ella ten\u00eda 17 a\u00f1os m\u00e1s que \u00e9l y una figura que el mis\u00f3gino de Nietzsche calific\u00f3 de \u201cvaca fecunda\u201d, en referencia tambi\u00e9n a lo mucho que escrib\u00eda). Sand, Aurore Dupin, era una mujer demasiado experimentada y demasiado inteligente para tragarse las fanfarronadas de Flaubert con la facilidad con que las inger\u00eda Louise Colet, as\u00ed que le dio guerra. Lo cierto es que no se parec\u00edan en nada: ella era la perfecta rom\u00e1ntica, creyente de buena fe en el progreso humano y en la fuerza de la fraternidad entre los hombres, mientras que Flaubert\u2026 bueno, ya dijo tambi\u00e9n Nietzsche que Gustave era un nihilista sedentario<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>. Flaubert no quiso saber nada de la Comuna de Par\u00eds, por ejemplo, eso era basura, todo era basura, a \u00e9l \u00fanicamente le importaba el estilo (pero subrayar tu estilo personal desde mi punto de vista es lo opuesto de diluirte en tu historia como un dios pante\u00edsta: un l\u00edo, ya digo); George Sand no se preocupaba del estilo, escrib\u00eda como quien habla, pero remat\u00f3 su autobiograf\u00eda deseando lo mejor para el porvenir de la humanidad. Cuando Flaubert le escribi\u00f3 <em>\u201csiento una repulsi\u00f3n invencible a poner sobre el papel cualquier asunto de mi coraz\u00f3n\u201d<\/em>, Sand le contest\u00f3 \u201c<em>no lo entiendo en absoluto, pero en absoluto. A m\u00ed me parece que no se puede poner otra cosa.<\/em>\u201d George Sand declara por escrito amar todo, y amar demasiado todo, <em>\u201clos bosques y los campos, todas las cosas, todos los seres que conozco un poco.<\/em>..\u201d, y le dice a Flaubert que \u201c<em>si no tuviera un gran conocimiento de la especie, no te habr\u00eda comprendido tan r\u00e1pidamente, conocido tan r\u00e1pidamente, amado tan r\u00e1pidamente\u201d<\/em>\u2026&nbsp;Flaubert, en cambio, confiesa que \u201c<em>soy insociable, todo el mundo me parece idiota<\/em>\u201d, y, en cuanto a la totalidad c\u00f3smica, no tiene para \u00e9l m\u00e1s valor que lo que de ella pueda ser transfigurado en arte. \u201c<em>T\u00fa \u2013<\/em>le escribe Sand, casi al final de su vida<em>\u2013 con toda seguridad, vas a continuar en tu desolaci\u00f3n, y yo en mi consolaci\u00f3n\u201d, pero concluye, como corolario de toda una vida de intercambio de impresiones literarias y de las otras: \u201chabr\u00eda que encontrar el hilo entre tus verdades de raz\u00f3n y mis verdades de sentimiento\u2026<\/em>\u201d<a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Una madraza, Aurore, s\u00ed se\u00f1or.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Flaubert sali\u00f3 tan gratamente impresionado de las misivas de aquella a la que denominaba su \u201cmaestro\u201d que trat\u00f3 de escribir un cuento a la manera de Sand. No imitando su estilo de escritura, sino su manera de sentir. <em><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/web.seducoahuila.gob.mx\/biblioweb\/upload\/Flaubert,%20Gustave%20-%20Un%20Corazon%20sencillo.pdf\" target=\"_blank\">Un coraz\u00f3n sencillo<\/a><\/em>, que es el fruto del injerto sandiano en el duro cactus flaubertiano, es un relato de la vida de una mujer analfabeta, desde su mocedad hasta su muerte, y en el que realmente Flaubert hace el esfuerzo de ver las cosas a la manera de George Sand. Lo intenta de veras, trata a su personaje con cari\u00f1o, va colocando en columna todos los amores de su vida para sumarlos al final, y, claro, lo que le sale se parece mucho m\u00e1s al padre que a la madre. Porque la cuenta de una mujer humilde que perdi\u00f3 la oportunidad de tener un hombre pasa para Flaubert por perder tambi\u00e9n a un sobrino, a unos hijos postizos, a su due\u00f1a, y, finalmente, a un simple loro que encima de borde, como el propio Gustave, termina disecado. Flaubert lo intent\u00f3, ya digo, quiso tener un hijo con George Sand, y el saldo fue este, esta burla del saldo de la vida de la tonta F\u00e9licit\u00e9: &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-rich is-provider-gestor-del-servicio wp-block-embed-gestor-del-servicio wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<span class=\"embed-youtube\" style=\"text-align:center; display: block;\"><iframe loading=\"lazy\" class=\"youtube-player\" width=\"625\" height=\"352\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/C983M60XdYg?feature=oembed&#038;version=3&#038;rel=1&#038;showsearch=0&#038;showinfo=1&#038;iv_load_policy=1&#038;fs=1&#038;hl=es-ES&#038;autohide=2&#038;wmode=transparent\" allowfullscreen=\"true\" style=\"border:0;\" sandbox=\"allow-scripts allow-same-origin allow-popups allow-presentation allow-popups-to-escape-sandbox\"><\/iframe><\/span>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Un vapor de azur ascendi\u00f3 en el cuarto de Felicidad. Adelant\u00f3 la nariz aspir\u00e1ndolo con una sensualidad m\u00edstica; luego cerr\u00f3 los ojos. Sus labios sonre\u00edan. Los latidos de su coraz\u00f3n se fueron amortiguando uno a uno, m\u00e1s tenues cada vez, m\u00e1s espaciados, como un manantial que se va agotando, como un eco que se va extinguiendo; y cuando exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro, crey\u00f3 ver en el cielo entreabierto un loro gigantesco planeando sobre su cabeza. &nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Gustave Flaubert, escritor, doscientos a\u00f1os de su nacimiento: genio y figura hasta la sepultura\u2026 &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\" \/>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Bueno, descubro que tambi\u00e9n lo pens\u00f3 Jean Paul Sartre, a quien me referir\u00e9 poco despu\u00e9s, y espero que esta coincidencia no nos sirva a los dos de precedente: <a href=\"https:\/\/calledelorco.com\/2013\/12\/12\/flaubert-sartre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/calledelorco.com\/2013\/12\/12\/flaubert-sartre\/<\/a> &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> <em>El idiota de la familia<\/em>: \u201c\u2026 Lo que quiere profundamente Flaubert, sin tener de ello una conciencia muy n\u00edtida no es producir ser, sino, por el contrario, reducir el ser a un inmenso espejismo que se aniquila al totalizarse. Dar el ser al no-ser con la intenci\u00f3n de manifestar el no-ser del ser. El sost\u00e9n de la obra, por cierto, es material; son las palabras impresas; pero el empleo que hace de ellas las irrealiza y el libro impreso llega a ser un centro permanente de desrealizaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Hay una pintura de Ren\u00e9 Magritte, <em>La condici\u00f3n humana<\/em>, que suele ser relacionada con el <em>Tractatus <\/em>de Wittgenstein; de manera semejante, Magritte tiene otra tela totalmente flaubertiana, conforme a su teor\u00eda, que es <em>La llave de los campos<\/em>\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Flaubert escrib\u00eda como los griegos antiguos, para que el texto \u201csonase\u201d le\u00eddo en alto, algo que suele ser propio de la poes\u00eda, pero desde luego no de la prosa. De ah\u00ed sus famosos cuatro d\u00edas para colocar una coma, algo que se pierde completamente con la traducci\u00f3n. De hecho, creo que en castellano la prosodia en prosa s\u00f3lo la ha cultivado Valle-Incl\u00e1n. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Flaubert aspir\u00f3 toda su vida a escribir una novela sobre nada, tal cual, y hay que decir que fue aventajado en esto por Samuel Beckett, secretario personal de Joyce en su juventud y autor de la trilog\u00eda de <em>Malone muere<\/em>. Pero buen intento\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> E<a href=\"https:\/\/hyperbole.es\/2014\/12\/heinrich-heine-el-lirico-desvergonzado\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">ntre otros, aunque<\/a>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/hyperbole.es\/2016\/04\/los-extremos-se-cartean-henry-james-y-r-l-stevenson\/\" target=\"_blank\">Otra relaci\u00f3n literaria y epistolar imposible pero fruct\u00edfera<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#m_-5836758958375345244__ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> <a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/contratapa\/13-6973-2002-06-30.html\" target=\"_blank\">El poeta argentino Juan Gelman lo contaba hace unos a\u00f1os de excelente manera<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/hyperbole.es\/2021\/10\/el-hijo-de-gustave-flaubert-y-george-sand\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00d3scar S\u00e1nchez Vadillo En Francia andan conmemorando con mucho regocijo el bicentenario del nacimiento de Gustave Flaubert , y verdaderamente da gusto verlos, al fin y al cabo Francia es el \u00fanico pa\u00eds que yo conozca en el que hay una conciencia lectora sincera y s\u00f3lida, es decir, donde al gran p\u00fablico o bien le [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-357758","post","type-post","status-publish","format-gallery","hentry","category-members","post_format-post-format-gallery"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5OYFZ-1v4i","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357758","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=357758"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357758\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":357760,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357758\/revisions\/357760"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=357758"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=357758"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=357758"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}