{"id":357820,"date":"2022-10-08T17:02:18","date_gmt":"2022-10-08T17:02:18","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=357820"},"modified":"2022-10-08T17:02:18","modified_gmt":"2022-10-08T17:02:18","slug":"isidore-ducase","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2022\/10\/08\/isidore-ducase\/","title":{"rendered":"Isidore Ducase"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/10\/imagen.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2022\/10\/imagen.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-357821\" width=\"478\" height=\"274\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">El enigm\u00e1tico Isidore Ducase, conde de Lautr\u00e9amont, y \u00abLos cantos de Maldoror\u00bb<\/h1>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/author\/juanignacioespel\/\">Juan Ignacio Espel<\/a> <\/p>\n\n\n\n<p>La obra de <strong>Isidore Ducase<\/strong>, tambi\u00e9n conocido como <strong>conde de Lautr\u00e9amont<\/strong>, es breve y oscura, como su vida. Esa vida que, al decir de <strong>Rub\u00e9n Dar\u00ed<\/strong>o, parecer\u00eda ser la \u00abpesadilla de alg\u00fan triste \u00e1ngel\u00bb. Pero su obra iluminar\u00eda el horizonte po\u00e9tico, como una estrella fugaz que surca la noche en silencio. <strong>Ducasse llev\u00f3 al extremo el culto rom\u00e1ntico del mal<\/strong>, y a pesar de su prematura muerte,&nbsp;<em><strong>Los cantos de Maldoror<\/strong>&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>Poes\u00edas<\/em>&nbsp;(extremos de tensi\u00f3n art\u00edstica y ontol\u00f3gica) lo catapultaron como un mito de la l\u00edrica francesa moderna. En su obra lat\u00eda solapadamente el movimiento <strong>surrealista<\/strong> que marcar\u00eda el arte europeo de posguerra. <strong>Andr\u00e9 Breton<\/strong> lleg\u00f3 a decir que en&nbsp;<em>Los cantos<\/em>&nbsp;vio \u00abla expresi\u00f3n de una revelaci\u00f3n total que parece exceder las posibilidades humanas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Isidore-Lucien Ducasse naci\u00f3 en Montevideo, Uruguay, el 4 de abril de 1846. Hijo de Fran\u00e7ois Ducasse, diplom\u00e1tico franc\u00e9s destinado en el consulado, y de Celestine Jaquette Davezac, tambi\u00e9n francesa. Su madre muri\u00f3 cuando Isidore ten\u00eda pocos menos de dos a\u00f1os.\u200b Seg\u00fan algunos estudiosos, ciertas experiencias de su ni\u00f1ez, durante la Guerra Grande (1839-1851), habr\u00edan influido fuertemente en su car\u00e1cter.<\/p>\n\n\n\n<p>En octubre de 1859 fue enviado al Liceo de Tarbes y despu\u00e9s, en 1863, al Louis Barthou, en Pau, donde curs\u00f3 ret\u00f3rica y filosof\u00eda. Paul Lesp\u00e9s, uno de sus compa\u00f1eros de curso, lo recordaba a\u00f1os despu\u00e9s: \u00abLo veo todav\u00eda como un muchacho delgado, alto, con la espalda un poco curvada, la tez p\u00e1lida, los cabellos largos que le ca\u00edan sobre la frente, la voz algo fr\u00eda. Su fisonom\u00eda no ten\u00eda nada de atractiva\u2026 <strong>Era de ordinario triste y silencioso y como replegado sobre s\u00ed mismo<\/strong>\u2026 A menudo, en la sala de estudio, se pasaba horas enteras con los codos apoyados en su pupitre, las manos en la frente y los ojos sobre un libro cl\u00e1sico que no le\u00eda; se ve\u00eda que se hallaba sumergido en un sue\u00f1o\u00bb. M\u00e1s adelante menciona: \u00abEn 1864, hacia el final del curso, Hinstin (el profesor), que con frecuencia reprochaba a Ducasse lo que \u00e9l llamaba sus exageraciones de pensamiento y de estilo, ley\u00f3 una composici\u00f3n de mi condisc\u00edpulo. Las primeras frases, muy solemnes, excitaron enseguida su hilaridad, pero pronto se sinti\u00f3 molesto. Ducasse no s\u00f3lo hab\u00eda cambiado de maneras, sino que singularmente las hab\u00eda exagerado. Jam\u00e1s hasta entonces hab\u00eda dado tanta rienda suelta a su imaginaci\u00f3n desenfrenada. No hab\u00eda una frase en la que el pensamiento, formado en cualquier caso de im\u00e1genes acumuladas, de met\u00e1foras incomprensibles, no estuviera oscurecido por invenciones verbales y formas de estilo que no respetaban siquiera la sintaxis\u00bb. Y termina confesando: \u00ab\u2026 su actitud distante, si puedo emplear esta expresi\u00f3n, una especie de gravedad desde\u00f1osa y una <strong>tendencia a considerarse como un ser aparte<\/strong>, las oscuras preguntas que nos hac\u00eda a quemarropa y a las cuales ten\u00edamos dificultad en responder, sus ideas, las formas de su estilo, en fin, la irritaci\u00f3n que a veces manifestaba sin ning\u00fan motivo serio, todas esas extravagancias hac\u00eda que nos inclin\u00e1ramos a creer que su cerebro carec\u00eda de equilibrio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras una visita al Uruguay en 1867 regres\u00f3 a Par\u00eds y se instal\u00f3 en la calle de Notre-Dame-des-Victoires. Su padre, que morir\u00eda en Montevideo en 1889, le ayudaba envi\u00e1ndole alg\u00fan dinero. Su obra clave fue, sin duda,&nbsp;<em>Los cantos de Maldoror<\/em>, un libro \u00abdiab\u00f3lico y extra\u00f1o, burl\u00f3n y aullante, cruel y penoso\u00bb donde se oyen a un tiempo los \u00abgemidos del dolor\u00bb y los \u00absiniestros cascabeles de la locura, al decir de Dar\u00edo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros fragmentos aparecieron en 1868 (la obra completa ser\u00eda publicada un a\u00f1o m\u00e1s tarde en B\u00e9lgica). Temiendo ser acusado de blasfemia u obscenidad, el editor Albert Lacroix hizo poco o nada por difundir el libro. Desesperado, Ducasse escribi\u00f3 a Auguste Poulet-Malassis, el editor de&nbsp;<em>Las flores del mal<\/em>, pidi\u00e9ndole que enviara copias de su libro a los cr\u00edticos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La genealog\u00eda de&nbsp;<em>Los Cantos<\/em>&nbsp;puede rastrearse hasta el&nbsp;<em>Manfred<\/em>&nbsp;de <strong>Lord Byron<\/strong>, el&nbsp;<em>Konrad<\/em>&nbsp;de Adam <strong><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2017\/08\/17\/mickiewicz-y-los-albores-del-romanticismo-polaco\/\">Mickiewicz<\/a><\/strong> o el&nbsp;<em>Fausto<\/em>&nbsp;de <strong>Goethe<\/strong>. Ducasse hered\u00f3 <strong>el arquetipo del antih\u00e9roe, en lucha abierta con Dios<\/strong>; el estilo tiene reminiscencias \u00e9picas. Cada uno de los cantos est\u00e1 dividido en estrofas, con excepci\u00f3n del sexto y \u00faltimo, que componen una&nbsp;<em>nouvelle<\/em>&nbsp;que cambia abruptamente la estructura empleada hasta entonces.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.files.wordpress.com\/2022\/09\/9788491045960-los-cantos-de-maldoror.jpeg?w=683\" alt=\"\" class=\"wp-image-25574\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La atm\u00f3sfera es grotesca: se ensalza el homicidio, la crueldad, la violencia, la perversi\u00f3n, la corrupci\u00f3n. <strong>Dios es un viejo s\u00e1dico que asesina desde un burdel<\/strong>; los objetos y los animales hablan; se multiplican las metamorfosis; los personajes se agigantan. Leemos en el Canto II:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Mi poes\u00eda consistir\u00e1, s\u00f3lo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Una voz cr\u00edtica sobrevuela la obra constantemente, acompa\u00f1ando al lector. Lo invita al espect\u00e1culo de hacer y deshacer la obra. A partir del cuarto canto la voz se impone: su narrativa se apodera de la sustancia del poema.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00abh\u00e9roe\u00bb ducassiano es un enemigo ac\u00e9rrimo de Dios y de la humanidad<\/strong>. Dice del primero:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2026 levant\u00e9 mis p\u00e1rpados asustados m\u00e1s arriba, a\u00fan m\u00e1s arriba, hasta que percib\u00ed un trono formado de excrementos humanos y de oro, sobre el cual se pavoneaba, con idiota orgullo, el cuerpo, envuelto en un sudario hecho con s\u00e1banas sin lavar de hospital, de aquel que se denominaba a s\u00ed mismo el Creador. Ten\u00eda en la mano el tronco podrido de un hombre muerto, y lo llevaba, alternativamente, de los ojos a la nariz y de la nariz a la boca; una vez en la boca, se adivina qu\u00e9 hac\u00eda con \u00e9l. Sus pies se hund\u00edan en un vasto charco de sangre en ebullici\u00f3n, en cuya superficie se alzaban bruscamente, como tenias a trav\u00e9s del contenido de un orinal, dos o tres t\u00edmidas cabezas que volv\u00edan a sumergirse en seguida con la rapidez de una flecha: un puntapi\u00e9 bien aplicado en el hueso de la nariz era la conocida recompensa por incumplir el reglamento, dada la necesidad de respirar otro ambiente, pues, en modo alguno, esos hombres no eran peces.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>De sus cong\u00e9neres no espera mucho m\u00e1s:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00a1Que sea yo tan generoso como para amar a mis semejantes! \u00a1No, no! Lo he resuelto desde el d\u00eda de mi nacimiento. \u00a1Ellos no me aman! Se ver\u00e1 a los mundos destruirse, y al granito deslizarse, como un cormor\u00e1n, sobre la superficie del oleaje, antes de que yo estreche la mano infame de un ser humano.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p><strong>Declara la guerra a cuchillo a la humanidad<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Y lo mismo si alcanzo una victoria desastrosa como si sucumbo, el combate ser\u00e1 hermoso: yo solo contra la humanidad\u2026 Esta guerra terrible arrojar\u00e1 el dolor sobre las dos partes: dos amigos que intentan obstinadamente destruirse, \u00a1qu\u00e9 drama!<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p><strong>Maldoror es un amoral<\/strong> que \u00abcuando besaba a un ni\u00f1o peque\u00f1o de rostro rosado hubiese querido rebanarle las mejillas con una navaja, y lo habr\u00eda hecho con frecuencia si Justicia, con su largo cortejo de castigos, no se lo hubiera impedido cada vez\u00bb. Capaz de coserle los ojos a una ni\u00f1a, para \u00abprivarla del espect\u00e1culo del universo\u00bb. No lo oculta, e incluso es parte de su orgullo: \u00abNo era mentiroso, confesaba la verdad y dec\u00eda que era cruel\u00bb. \u00ab<strong>La hipocres\u00eda ser\u00e1 expulsada sin titubeos de mi morada<\/strong>. En mis cantos existir\u00e1 una imponente prueba de fortaleza, al despreciar de esa manera las opiniones aceptadas. \u00c9l canta para \u00e9l solo, y no para sus semejantes. El no coloca la medida de su inspiraci\u00f3n en la balanza humana. Libre como la tempestad, ha venido a encallar, un d\u00eda, en las playas ind\u00f3mitas de su terrible voluntad. \u00a1No teme a nada, sino a s\u00ed mismo! En sus combates sobrenaturales, atacar\u00e1 con ventaja al hombre y al Creador, como cuando el pez espada hunde su estoque en el vientre de la ballena\u00bb. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda ser, si eso le indicaba su naturaleza? \u00ab\u00bfQuerr\u00e1 la piedra sustraerse a las leyes de la gravedad? Imposible\u00bb.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Maldoror simboliza la rebeli\u00f3n adolescente y la victoria de lo ideal sobre lo terrenal<\/strong>: rechazar la realidad (que llama \u00abEl Gran Objeto Exterior\u00bb) lo aleja de sus semejantes, y por eso sufre. S\u00f3lo un orgullo miltoniano, lucif\u00e9rico, lo hace m\u00e1s poderoso y le permite sobreponerse al entorno prosaico que pretende aplastarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El escritor argentino Mario Satz recordaba la lectura de&nbsp;<em>Los cantos<\/em>&nbsp;en su adolescencia en un fragmento que merece la pena reproducir:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Pod\u00eda&nbsp;&nbsp;ver&nbsp;&nbsp;solamente&nbsp;&nbsp;su&nbsp;&nbsp;rostro,&nbsp;&nbsp;del&nbsp;&nbsp;cuello para abajo era puro oc\u00e9ano, caos y l\u00e1grimas. Sin embargo, el verle los ojos era ya demasiado para m\u00ed. Eran los ojos del poeta, del demiurgo, del hierofante, del sacrificador, del verdugo y de la pobre v\u00edctima humana que engendra todos esos oficios. Nunca sufr\u00ed tanto, gem\u00ed tanto como ese primer d\u00eda, sentado en&nbsp;&nbsp;el banco de una plaza, a la misma edad&nbsp;\u2013&nbsp;casi&nbsp;\u2013&nbsp;de ese adolescente que se ahoga en el Sena. Beb\u00eda de golpe toda la opresi\u00f3n de nuestra civilizaci\u00f3n, sus fulgores y verg\u00fcenzas, en la cristalina copa que me tend\u00eda Lautr\u00e9amont, h\u00e9roe mitol\u00f3gico en un mundo desprovisto de&nbsp;&nbsp;mitos. Sus frases se curvan bajo mis p\u00e1rpados como cables de alta tensi\u00f3n.<\/p><p>Entonces yo ten\u00eda los bolsillos llenos de p\u00f3lvora y contemplaba el mundo con la avidez de&nbsp;&nbsp;un samama hind\u00fa. Mi vicio era la iluminaci\u00f3n, el horadar, como un rayo de sol cada una de las formas que me rodeaban.<\/p><p>Lautr\u00e9amont guiaba mis apetitos, patrocinaba mis delirios, lanzaba contra m\u00ed su poderosa mirada did\u00e1ctica, seductora, como indic\u00e1ndome el valor dionis\u00edaco de la embriaguez a la que hay que llegar, ese amor por todo, ese \u00e9xtasis que subleva la sangre a la altura de la piel.<\/p><p>Lautr\u00e9amont es H\u00e9rcules, Prometeo, es el verbo que narra el descuartizamiento divino, la inmersi\u00f3n en los instintos, en la abominaci\u00f3n de la muerte. A\u00fan hoy, despu\u00e9s de algunos&nbsp;&nbsp;a\u00f1os, ese adolescente que yo era, me mira con los mismos ojos de Lautr\u00e9amont: imp\u00e1vidos en mi memoria, imp\u00e1vidos bajo esta noche azul y fr\u00eda, frente a un espejo que jam\u00e1s traicionar\u00e1 lo ilusorio de nuestra condici\u00f3n, por m\u00e1s que ladremos al infinito.&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La novela que cierra la obra es rocambolesca, casi folletinesca; por eso mismo inund\u00f3 los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca. En ella se desenvuelve una intriga sugerida en la primera parte de la obra. A trav\u00e9s de violentas escenas, donde brillan <strong>la desdicha y el mal<\/strong>, Ducasse ajusta el tono, combinando la amplitud del ritmo y el desenga\u00f1o, creando as\u00ed una suerte de principio de antigravedad, implacable e ineludible.<\/p>\n\n\n\n<p>Como para <strong><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2022\/07\/29\/max-stirner-en-busca-de-la-total-libertad-tienes-el-derecho-de-ser-lo-que-tu-tienes-poder-de-ser\/\">Max Stirner<\/a><\/strong> en la filosof\u00eda, la clave po\u00e9tica de Ducasse es la <strong>irreverencia<\/strong>: todo puede y debe ser desacreditado; <strong>tenemos que re\u00edrnos de todo<\/strong>. La existencia es la prueba que nos impone el universo para saber si podemos aprender a re\u00edr. Hay una especie de (a)moralidad fisiol\u00f3gica en su obra, al estilo nietzscheano. \u00c9tica y est\u00e9tica por igual son arrastradas por el barro. Nada queda en pie. Se burla, o m\u00e1s bien yuxtapone, conceptos perennes como la belleza: \u00abEl b\u00faho de Virginia, bello como un recuerdo sobre la curva que describe un perro al correr tras su due\u00f1o, se introdujo en las grietas de un convento en ruinas. El buitre de corderos, bello como la ley que detiene el desarrollo del pecho de los adultos cuya propensi\u00f3n al crecimiento no est\u00e1 en relaci\u00f3n con la cantidad de mol\u00e9culas que su organismo asimila\u2026 El escarabajo, bello como el temblor de las manos en el alcoholismo, desapareci\u00f3 en el horizonte\u00bb. \u00abBello como el suicidio\u00bb, dice en otra parte. Y, sobre todo, bello \u00abcomo el encuentro fortuito en una mesa de disecci\u00f3n de una m\u00e1quina de coser y un paraguas\u00bb. Esta frase ser\u00eda la punta de lanza de los surrealistas, herederos directos del oscuro Ducasse.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.files.wordpress.com\/2022\/09\/ducase-lautreamont.png?w=416\" alt=\"\" class=\"wp-image-25583\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>El poeta <strong>relativiza la moral<\/strong>: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es entonces el bien y el mal? \u00bfEs la misma cosa, por medio de la cual testimoniamos con rabia nuestra impotencia y la pasi\u00f3n de alcanzar el infinito, incluso por los medios m\u00e1s insensatos? \u00bfO bien son dos cosas diferentes? S\u00ed\u2026 es mejor que sean una misma cosa\u2026 pues, si no, \u00bfen qu\u00e9 me convertir\u00eda el d\u00eda del Juicio Final?\u00bb. Poco despu\u00e9s confiesa: \u00abYo hice un pacto con la prostituci\u00f3n a fin de sembrar el desorden de las familias\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>Los cantos<\/em>&nbsp;no s\u00f3lo encontramos el germen del surrealismo; hay fuertes destellos <strong>existencialistas<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Al claro de la luna, cerca del mar, en los aislados lugares de la campi\u00f1a, se ve, cuando uno est\u00e1 sumido en amargas reflexiones, que todas las cosas revisten formas amarillas, indecisas, fant\u00e1sticas\u2026 Entonces, los perros, enfurecidos, rompen sus cadenas, se escapan de las lejanas granjas, corren por la campi\u00f1a, aqu\u00ed y all\u00e1, presas de la locura. De pronto, se detienen, miran a todos lados con hosca inquietud y los ojos encendidos, levantan la cabeza, hinchan el terrible cuello y rompen a ladrar, unas veces, como un ni\u00f1o que grita de hambre; otras, como un gato herido en el vientre sobre un tejado; otras, como una mujer que va a dar a luz; otras, como un moribundo apestado en el hospital; otras, como una muchacha que canta una sublime melod\u00eda contra las estrellas; contra la luna; contra las monta\u00f1as; contra el aire fr\u00edo que aspiran y que vuelve rojo y ardiente el interior de su nariz\u2026 Comienzan de nuevo a correr por la campi\u00f1a, saltando con sus patas ensangrentadas por encima de los fosos, los caminos, los campos, las hierbas y las escarpadas piedras. Dir\u00edase que sufren de la rabia, que buscan un gran estanque para apaciguar su sed. Sus prolongados aullidos aterrorizan a la naturaleza. \u00a1Ay, del viajero rezagado! Los amigos de los cementerios se arrojar\u00e1n sobre \u00e9l, le desgarrar\u00e1n, le devorar\u00e1n con su boca de la que chorrea sangre; pues sus colmillos no est\u00e1n da\u00f1ados. Los animales salvajes, sin atreverse a acercarse para participar en aquel banquete de carne, huyen, temblorosos, hasta perderse de vista. Pasadas algunas horas, los perros, rendidos de correr de aqu\u00ed para all\u00e1, casi muertos, con la lengua afuera, se precipitan unos sobre otros, sin saber lo que hacen, y se desgarran en mil pedazos con una rapidez incre\u00edble. No obran as\u00ed por crueldad. Un d\u00eda me dijo mi madre con ojos vidriosos: \u00abCuando est\u00e9s en tu lecho y escuches los ladridos de los perros en la campi\u00f1a, oc\u00faltate bajo tus mantas, no te burles de lo que hacen: tienen una sed insaciable de infinito, como t\u00fa, como yo, como el resto de los mortales de rostro p\u00e1lido y alargado. Hasta te permito que te coloques delante de la ventana para contemplar ese espect\u00e1culo, que es sublime\u00bb. Desde entonces respeto el deseo de la muerte. Yo, como los perros, siento la necesidad del infinito\u2026 \u00a1Y no puedo, no puedo satisfacer esa necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, seg\u00fan me han dicho. Me extra\u00f1a\u2026 \u00a1cre\u00eda ser m\u00e1s!<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Al final de la trayectoria literaria (y de la vida) del poeta tuvo lugar una metamorfosis, un giro copernicano. Mientras esperaba que&nbsp;<em>Los cantos<\/em>&nbsp;fueran distribuidos, empez\u00f3 a trabajar en un nuevo escrito:&nbsp;<em>Poes\u00edas<\/em>, publicadas tras su muerte en 1870 y comentadas en la&nbsp;<em>Revue populaire<\/em>&nbsp;de Par\u00eds.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El estilo cambia radicalmente: m\u00e1ximas y aforismos, como los&nbsp;<em>Pensamientos<\/em>&nbsp;de <strong>Pascal<\/strong> o los \u00abdardos\u00bb de <strong><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2018\/06\/23\/nietzsche-y-la-busqueda-de-una-amarga-soledad\/\">Nietzsche<\/a><\/strong>. El libro est\u00e1 principalmente compuesto por apreciaciones est\u00e9ticas sobre la poes\u00eda y la literatura, desde las tragedias griegas, pasando por <strong><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2016\/08\/17\/edgar-allan-poe-pensar-desde-el-abismo\/\">Poe<\/a><\/strong> y deteni\u00e9ndose en <strong><a href=\"https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2021\/02\/16\/baudelaire-o-la-irresistible-fascinacion-del-mal\/\">Baudelaire<\/a>, Dumas y Victor Hugo<\/strong>. En s\u00edntesis: cr\u00edtica literaria. Pero tambi\u00e9n sirve como una continuaci\u00f3n de su \u00abdescripci\u00f3n fenomenol\u00f3gica del mal\u00bb, en la que planeaba cantar al bien. \u00abQuiero proclamar lo bello con una lira de oro\u00bb. Quiz\u00e1 de ambas obras surgiera la unidad: la dicotom\u00eda entre el bien y el mal. En otras palabras, el ser humano como un todo. <strong>Neruda<\/strong> opin\u00f3 al respecto: \u00abFue m\u00e1s all\u00e1 del mal para llegar al bien\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>He renegado de mi pasado&nbsp;\u2013confesaba el poeta\u2013. Ya no canto m\u00e1s que a la esperanza; pero, para ello, es preciso primero atacar la duda de este siglo (melancol\u00edas, tristezas, dolores, desesperos, l\u00fagubres relinchos, maldades artificiales, orgullos pueriles, c\u00f3micas maldiciones, etc.). En una obra que llevar\u00e9 a Lacroix a primeros de marzo, tomo en consideraci\u00f3n las m\u00e1s bellas poes\u00edas de Lamartine, de Victor Hugo, de Alfred de Musset, de Byron y de Baudelaire, y las corrijo en el sentido de la esperanza; se\u00f1alo qu\u00e9 habr\u00eda hecho falta hacer. Al mismo tiempo corrijo seis piezas de las peores de mi santo libro.&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Experto conocedor de la senda sat\u00e1nica que hab\u00eda recorrido, el poeta advierte a sus lectores: \u00abLa melancol\u00eda y la tristeza son ya el comienzo de la duda; la duda, el comienzo de la desesperaci\u00f3n; la desesperaci\u00f3n, el comienzo cruel de los diversos grados de la maldad\u2026 La pendiente es fatal, una vez que alguien se empe\u00f1a en ella. Llegar a la maldad es seguro. Desconf\u00eda de la pendiente. Extirpa el mal de ra\u00edz\u00bb. Y agrega: \u00abNo acepto el mal. El hombre es perfecto. El alma no cae. El progreso existe. El bien es irreductible. Los anticristos, los \u00e1ngeles acusadores, las penas eternas, las religiones, son producto de la duda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En<em>&nbsp;Poes\u00edas<\/em>&nbsp;el autor expone con m\u00e1s detalle el mecanismo que lo llev\u00f3 a variar de perspectiva y de m\u00e9todo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Me dije, que habiendo llegado la poes\u00eda de la duda a un punto tal de perversidad te\u00f3rica, resulta, en consecuencia, radicalmente falsa; porque se discuten en ella principios y no hay que discutirlos, es m\u00e1s que injusta. Los lamentos po\u00e9ticos de este siglo no son m\u00e1s que horribles sofismas. Cantar al hast\u00edo, los dolores, las tristezas, lo sombr\u00edo, etc., es no querer mirar, a toda fuerza, sino el pueril reverso de las cosas. Lamartine, Hugo, Musset se han metamorfoseado en mujercitas. Son las Grandes Cabezas Fofas de nuestra \u00e9poca. Siempre gimoteando. Esta es la raz\u00f3n por la que he cambiado totalmente de m\u00e9todo.&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ducasse, que consideraba el \u00abplagio\u00bb necesario para el progreso, fue m\u00e1s all\u00e1: intervino los&nbsp;<em>Pensamientos&nbsp;<\/em>de Pascal, las&nbsp;<em>M\u00e1ximas<\/em>&nbsp;de <strong>La Rochefoucauld<\/strong>, la obra de <strong>La Bruy\u00e8re<\/strong>, Luc de Clapiers, <strong>Dante<\/strong>, <strong>Kant<\/strong> y La Fontaine. Incluso, como menciona en la carta ya citada, corrigi\u00f3 parte de&nbsp;<em>Los cantos<\/em>. \u00abReemplac\u00e9 melancol\u00eda por coraje, duda por certeza, desesperanza por esperanza, malicia por bondad, queja por deber, escepticismo por fe, sofismas por tranquila ecuanimidad y orgullo por modestia\u00bb.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>Poes\u00edas<\/em>&nbsp;el autor declara: \u00abNo dejar\u00e9&nbsp;<em>Memorias<\/em>\u00ab, contribuyendo as\u00ed a la leyenda en torno a su persona, a la ambig\u00fcedad que rode\u00f3 y a\u00fan rodea su propia existencia. La identidad del poeta&nbsp;\u2013quiz\u00e1 intencionadamente\u2013 fue siempre un misterio: Isidore Ducasse \u2013o el&nbsp;conde de Lautr\u00e9amont\u2013 exist\u00eda s\u00f3lo parcialmente o no exist\u00eda en absoluto. El intelectual argentino Miguel \u00c1ngel Virasoro se\u00f1al\u00f3 que el poeta \u00abno dej\u00f3 siquiera el testimonio del confidente m\u00e1s convencional, como si hubiera sido un visitante de otro mundo, confundido entre los humanos con la apariencia de un cuerpo, que desapareci\u00f3 en el espacio vac\u00edo sin dejar huellas\u00bb.&nbsp;La edici\u00f3n parcial de su libro no llevaba nombre y la edici\u00f3n completa s\u00f3lo un pseud\u00f3nimo, una tirada m\u00e1s escasa que la otra; datos biogr\u00e1ficos escasos y contradictorios; y, durante mucho tiempo, incluso falt\u00f3 un retrato del poeta. Esto aviv\u00f3 la imaginaci\u00f3n de cr\u00edticos y colegas, que durante d\u00e9cadas intentaron esculpir esa curiosa fantasmagor\u00eda. <strong>Le\u00f3n Bloy<\/strong>, por ejemplo, define a Lautr\u00e9amont como el autor de un libro monstruoso, \u00ablava l\u00edquida, insensato, oscuro y abismal\u00bb; agrega que el poeta muri\u00f3 encerrado en un manicomio. Sin embargo, sabemos que Ducasse muri\u00f3 en su domicilio, y, en honor a la verdad, <strong>su locura consist\u00eda en leer con avidez, dar largos paseos bordeando el Sena, tomar mucho caf\u00e9 y tocar el piano, para enojo de los vecinos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ducasse, esa ilusi\u00f3n llamada conde de Lautr\u00e9amont, desapareci\u00f3 finalmente el 24 de noviembre de 1870 en una Par\u00eds sitiada por los ej\u00e9rcitos prusianos, en pleno derrumbe del Imperio. Quiz\u00e1 en sus \u00faltimos d\u00edas volvieran a \u00e9l escenas y emociones hace tiempo sepultadas, de su infancia en plena guerra, mirando la luna desde otra ciudad sitiada: su Montevideo natal. El escenario que lo recibi\u00f3 fue el mismo que lo despidi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: https:\/\/elvuelodelalechuza.com\/2022\/09\/02\/el-enigmatico-isidore-ducase-conde-de-lautreamont-y-los-cantos-de-maldoror\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El enigm\u00e1tico Isidore Ducase, conde de Lautr\u00e9amont, y \u00abLos cantos de Maldoror\u00bb Juan Ignacio Espel La obra de Isidore Ducase, tambi\u00e9n conocido como conde de Lautr\u00e9amont, es breve y oscura, como su vida. Esa vida que, al decir de Rub\u00e9n Dar\u00edo, parecer\u00eda ser la \u00abpesadilla de alg\u00fan triste \u00e1ngel\u00bb. 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