{"id":358213,"date":"2024-06-07T16:08:06","date_gmt":"2024-06-07T16:08:06","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=358213"},"modified":"2024-06-07T16:08:06","modified_gmt":"2024-06-07T16:08:06","slug":"el-amor-en-tiempos-absurdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2024\/06\/07\/el-amor-en-tiempos-absurdos\/","title":{"rendered":"El amor en tiempos absurdos"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/06\/jhkhjkhkhjkhkjhk.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"434\" data-id=\"358214\" src=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/06\/jhkhjkhkhjkhkjhk.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-358214\" srcset=\"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/06\/jhkhjkhkhjkhkjhk.jpg 700w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/06\/jhkhjkhkhjkhkjhk-300x186.jpg 300w, https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/06\/jhkhjkhkhjkhkjhk-624x387.jpg 624w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>Seguimos mandando mensajes de amor, seguimos comprando flores y reservando en restaurantes cenas para dos, pero lo hacemos con menos ganas, m\u00e1s cansados. El amor da sentido a nuestra vida, pero parece que ya no tuviera ese poder, o que el sinsentido de la vida fuera tan grande que ni el amor vale para taparlo<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/filco.es\/amor-tiempos-absurdos\/\">Mario Marquina<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"\u00bfHa_cambiado_tanto_el_amor?\">\u00bfHa cambiado tanto el amor?<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>El amor es viejo, tan viejo como los poetas. <\/strong>Desde que <a href=\"https:\/\/filco.es\/safo-de-lesbos-la-decima-musa-de-platon\/\">Safo<\/a> escribiese aquellos versos a orillas del Mediterr\u00e1neo (\u00abMi voz cuando te veo cerca \/ se niega a aparecer\u00bb), el amor no se ha podido separar de sus im\u00e1genes, de sus manifestaciones en nuestro imaginario (si es que no es, como dicen algunos, enteramente eso y todos nosotros no cumplimos m\u00e1s que un papel).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El amor es antiguo, s\u00ed, pero se actualiza de vez en cuando. <\/strong>Donde hubo diosas y pastores hubo despu\u00e9s caballeros y princesas, y hoy <em>influencers <\/em>de moda con <em>influencers <\/em>de deportes. Donde Safo us\u00f3 hex\u00e1metros otros usar\u00e1n alejandrinos, cartas y <em>whatsapps<\/em>. Lo que esperar\u00edamos de nuestro acelerado tejido social es que el amor se moviese tan r\u00e1pido como lo hace el resto, pero ese no parece ser el caso.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hace poco tuve una cita. <\/strong>Nos conocimos en Hinge (la app m\u00e1s popular en Australia). Dimos un paseo para comprar vino, cocinamos en mi casa y nos besamos antes de que se fuera. Ah\u00ed qued\u00f3 la cosa. Un tiempo despu\u00e9s, uno de los dos mensaje\u00f3 al otro \u2014no recuerdo qui\u00e9n, probablemente quien m\u00e1s solo se sintiese en ese momento\u2014 y quedamos en vernos de nuevo, esta vez en el parque. Era una tarde de verano c\u00e1lida y agradable. El cielo estaba despejado, los p\u00e1jaros trinaban y la gente en la calle parec\u00eda relajada y llena de una risa ligera. Lo \u00faltimo que me apetec\u00eda era verla.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>El amor es antiguo, s\u00ed, pero se actualiza de vez en cuando. Lo que esperar\u00edamos de nuestro acelerado tejido social es que el amor se moviese tan r\u00e1pido como lo hace el resto, pero ese no parece ser el caso<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"Qu\u00e9_nos_dice_Antonioni_sobre_el_amor\">Qu\u00e9 nos dice Antonioni sobre el amor<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>Mientras caminaba por el parque a la hora convenida,<\/strong> con las manos en los bolsillos y un poemario bajo el brazo, me acord\u00e9 de <a href=\"https:\/\/www.filmaffinity.com\/es\/film557040.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">la pel\u00edcula de Michelangelo Antonioni <em>L\u2019eclisse<\/em><\/a>, rodada en 1962. Con las aburridas urbanizaciones de la periferia romana como escenario, Antonioni nos presenta a Vittoria (interpretada por Monica Vitti) como una joven privilegiada que comienza la trama dejando a su pareja, afligida ya por un profundo desasosiego del que duda poder librarse.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por el otro lado, aparece Piero (Alain Delon) como un joven y exitoso br\u00f3ker<\/strong> (un <em>finance-bro<\/em>, que decimos ahora) que se mueve en bolsa con la frialdad de un tibur\u00f3n, incapaz de estarse quieto durante cinco minutos y de mantener una conversaci\u00f3n sobre algo distinto al trabajo o al dinero.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ver una pel\u00edcula de Antonioni es estudiar cine en directo<\/strong> porque compone los planos como lo har\u00eda un pintor. Si me viese aqu\u00ed tirado en el c\u00e9sped bajo los \u00faltimos rayos de sol leyendo mi libro, compondr\u00eda una imagen que me separase de los dem\u00e1s (de la fiesta de cumplea\u00f1os y de la pareja con el perro), pero no de los \u00e1rboles, de forma que el movimiento de las hojas y de los tallos fuese a\u00fan perceptible.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En <em>L\u2019eclisse<\/em> hace exactamente lo mismo con Vittoria y con Piero.<\/strong> Los separa mediante amplias y s\u00f3lidas columnas, mediante tablones, barandillas y verjas. Los lanza contra edificios nuevos sin personalidad, la hoja en blanco de los suburbios, o contra interiores amenazantes en los constre\u00f1idos espacios sociales del centro de la ciudad. En ambos, aparecen continuamente solitarios, atrapados en el marco de las puertas o ventanas, desplazados hacia las esquinas de la pantalla, casi como tratando de escapar pero sin saber de qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/filco.es\/revista-de-papel-filosofia-co\/\"><\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"El_amor_como_el_color_de_nuestra_vida\">El amor como el color de nuestra vida<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>Vittoria lo intuye, busca se\u00f1ales, signos, restos de sentido por todas partes.<\/strong> Algo dentro de ella quiere escapar de esta vida gris e insignificante: de la batalla por la acumulaci\u00f3n, de la b\u00fasqueda de seguridad en matrimonios e hipotecas, del deseo insatisfecho de encuentros reales y de una ausencia de prop\u00f3sito que convierte cualquier horizonte en una fuente de ansiedad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Se nota que quiere sentir de nuevo,<\/strong> pero su rostro se ensombrece cada vez que se ilusiona. En cada ocasi\u00f3n en la que Piero va a besarla, ella se aparta abruptamente, seria, triste, como si de pronto recordase una verdad desagradable que preferir\u00eda olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En cuanto a Piero\u2026 ni siquiera Antonioni sabe lo que un <em>finance-bro<\/em> quiere en realidad.<\/strong> Quiz\u00e1 algo de certeza: \u00abCuando lleguemos al otro lado del paso de cebra te dar\u00e9 un beso\u00bb, dice, como si pudiese domesticar la incertidumbre. Exactamente igual que hacemos nosotros un viernes por la tarde, terminada la jornada laboral, cuando escribimos un \u00ab\u00bfte apetece hacer algo?\u00bb a esa persona que no termina de gustarnos, pero que dir\u00e1 a todo que s\u00ed, o como cuando planeamos unas vacaciones dando por sentado que, cuando llegue la fecha, a\u00fan querremos vernos las caras en el desayuno del hotel.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Vittori, la protagonista de <em>L\u2019eclisse<\/em>, busca se\u00f1ales, signos, restos de sentido por todas partes. Algo dentro de ella quiere escapar de esta vida gris e insignificante<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"La_muerte_de_la_pasi\u00f3n\"><strong>La muerte de la pasi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p><strong>En Vittoria y en Piero observamos una inercia a reproducir las im\u00e1genes del amor<\/strong> (el paseo, darse la mano, esperarse a la salida) sin que este necesariamente tenga que darse. Esta inercia por la seducci\u00f3n es, en realidad, la confirmaci\u00f3n de una muerte: la muerte de la pasi\u00f3n. Una sensaci\u00f3n que puede parecer abstracta pero que es f\u00e1cilmente reconocible en nuestras formas de consumo, ya sean de cuerpos, de ropa o de comida r\u00e1pida: se elige online, es r\u00e1pido, conveniente y a menudo decepciona pasadas las primeras sensaciones.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A medida que el filme avanza, ella no para de buscar algo.<\/strong> \u00c9l no tiene nada que decir. No hay ninguna qu\u00edmica entre ellos, ni la m\u00e1s m\u00ednima raz\u00f3n para que se besen. Y, sin embargo, acaban haci\u00e9ndolo. El primer beso que se consiguen dar es a trav\u00e9s de un cristal: hay, por lo tanto, un velo, una secreta distancia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Surge la pregunta: \u00bfson realmente ellos quienes se besan o no es m\u00e1s que su reflejo? <\/strong>En las siguientes escenas, incluso cuando est\u00e1n en los brazos del otro, son incapaces de compartir plano. Cada vez que vemos la cara de uno, el otro abandona el rect\u00e1ngulo de la imagen. Parecen dolorosamente incapaces de intimar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"\u00bfPor_qu\u00e9_nos_besamos_si_no_hay_pasi\u00f3n?\">\u00bfPor qu\u00e9 nos besamos si no hay pasi\u00f3n?<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 se besan entonces?<\/strong> \u00bfPor qu\u00e9 tenemos citas con personas que apenas nos gustan? En <em>Fragmentos de un discurso amoroso<\/em> (1977), el te\u00f3rico franc\u00e9s Roland Barthes habl\u00f3 de una anulaci\u00f3n: \u00abEs mi deseo lo que deseo y el otro no es m\u00e1s que su agente\u00bb. Que es parecido a decir que no es la persona que tenemos delante lo que nos atrae, sino la idea misma de sentir atracci\u00f3n, la sacudida que supone el amor: la promesa de encontrar una salida a este laberinto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sesenta a\u00f1os han pasado desde el estreno de esta pel\u00edcula que postula al amor <\/strong>como el gran superviviente del derrumbe posmoderno de las narrativas. El amor es a\u00fan un gran mosaico de im\u00e1genes que componen una estructura de significancias: una vez insertos en ella, los d\u00edas grises se llenan de color; los actos insignificantes se tornan cruciales (elegir una camisa u otra, acelerar el paso para coincidir en la puerta); lo arbitrario son designios (si el autob\u00fas se retrasa, si ella dice que prefiere una cosa sobre otra), y las coincidencias terminan por ser destino (no podr\u00eda haber ocurrido de otra forma).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Frente a la desabrida apat\u00eda contempor\u00e1nea,<\/strong> frente a la impotencia que sienten los j\u00f3venes para cambiar su vida o frente a las aciagas visiones de futuro, el amor promete intercambiar el absurdo por significado.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Roland Barthes: \u00abEs mi deseo lo que deseo y el otro no es m\u00e1s que su agente\u00bb. Esto es parecido a decir que no es la persona que tenemos delante lo que nos atrae, sino la idea misma de sentir atracci\u00f3n, la sacudida que supone el amor: la promesa de encontrar una salida a este laberinto<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"El_fin_del_amor\">El fin del amor<\/h2>\n\n\n\n<p><strong>No hay promesa m\u00e1s dulce, pero no siempre se cumple. <\/strong>Hacia el final de la pel\u00edcula, los amantes improbables, habi\u00e9ndose confesado su incapacidad para comunicarse (\u00abMe siento en un pa\u00eds extranjero\u00bb, dice Piero. \u00abQu\u00e9 curioso, as\u00ed me siento yo contigo\u00bb, contesta Vittoria) se arrullan, ruedan y besan casi con infantil ingenuidad. Parecen felices. No obstante, es tan fr\u00e1gil que solo hace falta un timbre para sacarles del embrujo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Prometen verse ese mismo d\u00eda a las ocho en punto enfrente del edificio en construcci\u00f3n. <\/strong>L\u00e1nguidamente llegan las ocho y ninguno de los dos se presenta. Vemos hombres y mujeres que podr\u00edan ser ellos, pero que no lo son. Y el edificio permanece inacabado, interrumpido, suspendido en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es inevitable acordarse de las palabras de Pasolini en <em>Cartas luteranas<\/em> (1975), <\/strong>cuando habla precisamente de esos a\u00f1os y describe con horror el proceso de aculturaci\u00f3n por el cual toda la poblaci\u00f3n italiana perdi\u00f3 sus particularidades y pas\u00f3, como copias espectrales, a ser como Vittoria y como Piero. \u00abSe les convirti\u00f3 a otro modo de ser y de concebir la existencia: el peque\u00f1o burgu\u00e9s\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, hemos llegado al final de esos ra\u00edles,<\/strong> pero a\u00fan nos sentimos como ellos: tratando de sustituir con consumo lo que solo puede llenarse con sentido. Individuos solitarios tan alejados unos de otros que ni el lenguaje parece alcanzar ya la orilla del otro. Agotados bajo las formas parad\u00f3jicas del capitalismo tard\u00edo, perdidos en cambios acelerados y en su distintiva vacuidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Se est\u00e1 haciendo tarde cuando decido cerrar el libro y levantarme. Ella no ha venido. <\/strong>Marco su n\u00famero, por educaci\u00f3n. \u00abLo siento\u2026 s\u00ed, estoy bien\u2026 es solo que estaba muy cansada\u00bb, dice, replicando con exactitud las palabras de Vittoria: (\u00abEstoy cansada, exhausta, asqueada, desorientada. Hay d\u00edas en que una mesa, una tela, un libro o un hombre me dan lo mismo\u00bb). Palabras que podr\u00edan haber salido del <a href=\"https:\/\/amzn.to\/3WYZjen\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Ensayo sobre el cansancio<\/em> (1990) de Peter Handke<\/a>, cuando describe a una pareja incapaz de comunicarse, ni siquiera para discutir: \u00abestos cansancios nos quemaban la capacidad de hablar, el alma, sin dejar rastro\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por mi parte, respiro aliviado. <\/strong>Regreso a casa despacio, disfrutando del calor de la noche, extra\u00f1amente satisfecho. Ha sido una buena tarde. Sin mentiras. Sin deseo artificial. Es mejor as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\" id=\"El_Homo_oeconomicus,_el_paradigma_antropol\u00f3gico_en_el_capitalismo\"><strong>Sobre el autor<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Mario Marquina (Madrid, 1998) es graduado en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid. Ha trabajado en comunicaci\u00f3n en el \u00e1mbito de la cooperaci\u00f3n internacional. Ha publicado art\u00edculos en medios como <em>El Salto<\/em> o en la revista <em>El Ciervo<\/em>, de quien recibi\u00f3 el Premio Enrique Ferr\u00e1n de art\u00edculos period\u00edsticos en 2023. Ocasionalmente, tambi\u00e9n publica en revistas de poes\u00eda como <em>Casapa\u00eds<\/em> (2024).<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/filco.es\/amor-tiempos-absurdos\/\">https:\/\/filco.es\/amor-tiempos-absurdos\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguimos mandando mensajes de amor, seguimos comprando flores y reservando en restaurantes cenas para dos, pero lo hacemos con menos ganas, m\u00e1s cansados. 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