{"id":435,"date":"2015-05-27T09:54:56","date_gmt":"2015-05-27T09:54:56","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=435"},"modified":"2015-05-27T09:54:56","modified_gmt":"2015-05-27T09:54:56","slug":"la-mujer-en-la-filosofia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2015\/05\/27\/la-mujer-en-la-filosofia\/","title":{"rendered":"La MUJER en la filosof\u00eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Marie Le Jars de Gournay (1565-1645), mujer culta y ampliamente respetada en su tiempo (aunque m\u00e1s tarde fuera olvidada), gran seguidora de los escritos de Montaigne, aseguraba en su obra Sobre la igualdad de hombres y mujeres que \u201cestrictamente hablando, el ser humano no es ni masculino ni femenino: los sexos distintos no est\u00e1n ah\u00ed para establecer y se\u00f1alar una diferencia, sino que sirven solamente para la reproducci\u00f3n. La \u00fanica caracter\u00edstica esencial radica en el alma dotada de inteligencia\u201d. Marie decidi\u00f3 permanecer soltera y, producto de su gran cultura y tes\u00f3n para el estudio, fue art\u00edfice de uno de los salones franceses m\u00e1s eminentes en el que se reun\u00edan intelectuales de diverso calado donde se hablaba sobre literatura, pol\u00edtica o filosof\u00eda. El mism\u00edsimo cardenal Richelieu fue un confeso admirador de Marie.<br \/>\nApoy\u00e1ndose en algunas tesis del mencionado Montaigne (que lleg\u00f3 a tratar a nuestra protagonista como a una \u201chija adoptiva espiritual\u201d), De Gournay centr\u00f3 su pensamiento en la reflexi\u00f3n sobre la muerte y en la necesidad de imprimir un sentido a nuestra vida. Pero, sobre todo, puso sobre el tapete la cuesti\u00f3n del g\u00e9nero al afirmar que si bien hombre y mujer se diferencian f\u00edsicamente, en su interior, sin embargo, albergan una caracter\u00edstica id\u00e9ntica: poseen un alma. Y es que no dud\u00f3 en denunciar que si las mujeres no alcanzaban puestos m\u00e1s destacados en el panorama cultural de la Francia que le toc\u00f3 en suerte vivir, era debido a la carencia de posibilidades para formarse.<br \/>\nPor esta raz\u00f3n, nunca dej\u00f3 de animar a sus amigas y conocidas, a trav\u00e9s de sus libros y en las reuniones que ella misma organizaba, a emplear su intelecto y a adquirir el aprendizaje necesario para situarse al mismo nivel intelectual que los hombres para, con el tiempo, demostrar la igualdad de los sexos a este respecto. En un breve texto titulado Quejas de las mujeres, harta de las falsas acusaciones que sobre ella se cern\u00edan (brujer\u00eda, prostituci\u00f3n, demencia, \u201cvieja solterona\u201d, etc.) lleg\u00f3 a escribir que \u201cm\u00e1s de uno dice treinta tonter\u00edas y todav\u00eda triunfa, por su barba o por el orgullo de sus supuestas capacidades\u201d.<br \/>\n<strong><span style=\"color: #000000\"><br \/>\nPoco m\u00e1s que ni\u00f1os grandes<\/span><\/strong><br \/>\nComo explica el profesor mexicano Marco Arturo Toscano Medina, cuando la historia de la filosof\u00eda se ha hecho cargo de la mujer (aunque haya sido colateral y parcialmente), \u201cda la impresi\u00f3n que se ocupa de una realidad que no es completamente humana\u201d. Si tenemos en cuenta que la filosof\u00eda responde a la universal y perentoria necesidad humana de dar soluci\u00f3n a los grandes interrogantes de la existencia, es dif\u00edcil entender c\u00f3mo hay quien ha intentado hacer de esta disciplina un campo destinado exclusivamente a los hombres. El problema es que, cada vez que las mujeres han intentado hacerse un hueco en la filosof\u00eda, prosigue Toscano Medina, han sido \u201ccondenadas a ser y existir en un mundo construido por el var\u00f3n\u201d, por lo que escapar de los fuertes prejuicios arraigados en la sociedad en cuesti\u00f3n ha supuesto un esfuerzo en ocasiones insuperable.<br \/>\nImmanuel Kant, por ejemplo, inmerso de lleno en el complejo contexto de la Ilustraci\u00f3n, declar\u00f3 en una clase del curso 1790\u20131791 que \u201clas mujeres son siempre ni\u00f1os grandes, es decir, no se fijan nunca un objetivo, sino que se dejan caer ahora aqu\u00ed, ahora all\u00e1, pero no contemplan objetivos importantes; esto \u00faltimo es tarea del hombre\u201d. En aquella misma \u00e9poca, sin embargo, en la que el acceso de las mujeres a la cultura segu\u00eda sujeto casi por completo a la condici\u00f3n de que sus familias ostentaran un alto nivel econ\u00f3mico, o que se decantaran por la v\u00eda religiosa de un monasterio, exist\u00edan aut\u00e9nticas fil\u00f3sofas que se vieron condenadas a vivir bajo la sombra de las grandes figuras masculinas como el propio Kant, Fichte, Schelling o Hegel, entre otros ejemplos.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">Libertad, igualdad y fraternidad&#8230; para ellos<\/span><\/strong><br \/>\nEs el caso de Olympe de Gouges (1748\u20131793), autora de la primera declaraci\u00f3n de los derechos de la mujer en 1791. En ella acusaba a la Asamblea Nacional de Par\u00eds de haber publicado una Constituci\u00f3n dirigida en exclusiva a los \u201chombres y ciudadanos\u201d, en la que quedaban excluidas las mujeres.<br \/>\nDespu\u00e9s de un matrimonio forzado con un viejo empresario, y tras quedar viuda, adujo sin temor que el casamiento supone \u201cla tumba de la confianza y el amor\u201d. En sus escritos, que tuvieron gran repercusi\u00f3n, trataba diversos temas (la religi\u00f3n, el matrimonio, el celibato, la sociedad, etc.). A pesar de que la revoluci\u00f3n fuera acogida como un soplo de aire fresco por gran parte del pueblo franc\u00e9s frente a los abusos del Antiguo R\u00e9gimen, bajo el estandarte del famoso lema revolucionario Libertad, igualdad, fraternidad, Olympe de Gouges pensaba que la situaci\u00f3n de las mujeres, a pesar de todo, no hab\u00eda cambiado ni un \u00e1pice. Con una voluntad f\u00e9rrea, reclam\u00f3 un trato de igualdad en cualquier aspecto para hombres y mujeres. Lo importante, pensaba, no es demostrar que la naturaleza de ambos sexos no difieren en lo esencial, sino obligar al Estado a que la ley les sea aplicada de igual forma: los derechos no son un privilegio que puedan dispensarse aleatoriamente. En su Declaraci\u00f3n de los derechos de la mujer y de la ciudadana, Olympe llamaba la atenci\u00f3n a sus compa\u00f1eras de esta forma: \u201cMujer, \u00a1despierta! La campana que toca la raz\u00f3n resuena por todo el universo; \u00a1conoce tus derechos! El reino poderoso de la naturaleza ya no est\u00e1 rodeado de prejuicios, fanatismo, escepticismo y mentiras. Solo la ley tiene derecho a poner l\u00edmites a esta libertad cuando degenera caprichosamente, pero debe ser igual para todo el mundo\u201d. El punto clave de la libertad, aseguraba la en\u00e9rgica Olympe, reside en que la sociedad admita que cualquier ciudadano, sea cual sea su condici\u00f3n o su sexo, pueda progresar sin impedimentos artificiales mediante la libre ejercitaci\u00f3n de sus capacidades. Olympe de Gouges muri\u00f3 ejecutada en defensa de esa misma libertad, tras oponerse frontalmente a la represi\u00f3n jacobina que por aquel entonces comandaban Marat y Roberspierre. La acusaci\u00f3n del tribunal revolucionario: reaccionaria.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">Contra el silencio<\/span><\/strong><br \/>\nSi viajamos por un momento hasta la actualidad descubrimos, tras la aparici\u00f3n de los grandes grupos feministas del siglo XX, que lo que llamamos \u201cmasculinidad\u201d y \u201cfeminidad\u201d no son notas esenciales de la naturaleza humana, como pensaban Kant, Rousseau o Schopenhauer, sino constructos sociales o culturales que pueden ser modificados con el esfuerzo de una sociedad. Aquella expulsi\u00f3n premeditada de las mujeres del mundo de la cultura, afirma la profesora Rub\u00ed de Mar\u00eda G\u00f3mez, \u201cse expresa como omisi\u00f3n hist\u00f3rica que ha borrado los rastros dejados por mujeres. Afirmarse como mujer no significa dejar de ser parte de la humanidad\u201d. Desde muy pronto, en mitos dif\u00edciles de fechar, el Sol fue identificado con el var\u00f3n, junto a las caracter\u00edsticas de la fuerza, la actividad y la responsabilidad, mientras que a la mujer se le adscrib\u00edan notas m\u00e1s oscuras (Luna), como la falta de creatividad o la irracionalidad. Hasta bien entrado el siglo XX, escribe Mar\u00eda Rosa Palaz\u00f3n, \u201cel principal negocio femenino fue, pues, seducir para engendrar\u201d.<br \/>\nPara evitar estridencias que pudieran afectar al tranquilo devenir masculino de la historia de la filosof\u00eda, la estrategia a seguir fue clara: silenciar el ejercicio intelectual de las mujeres. \u201cHa llegado el momento \u2013contin\u00faa Palaz\u00f3n\u2013 de no seguir esgrimiendo la igualdad abstracta, inmersa en los marcos te\u00f3ricos y la praxis en uso. Poco habremos avanzado si nuestro \u00fanico objetivo es que las mujeres ocupen los oficios y los puestos de mando antes reservados para los hombres, respetando el mismo estatus opresor, injusto, enajenante y enajenado\u201d.<br \/>\nYa en el siglo XIX existieron algunas mujeres que, tras la aventura ilustrada en la que la filosof\u00eda prosigui\u00f3 su recorrido eminentemente masculino, fueron conscientes de su condici\u00f3n y decidieron tomar parte activa en ella a trav\u00e9s de la pol\u00edtica y la filosof\u00eda. Hedwig Dohm (1831\u20131919), que vivi\u00f3 cerca y conoci\u00f3 de primera mano la \u00e9lite intelectual de Berl\u00edn, fue una de ellas. Es necesario que se escriba menos teor\u00eda sobre las mujeres; ya era hora de que los postulados que quedaban expuestos en los libros se pusieran en pr\u00e1ctica: lo relevante es examinar la vida cotidiana de cualquier mujer para darse cuenta de que su situaci\u00f3n no es comparable a la de los hombres.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000\">La conquista del voto<\/span><\/strong><br \/>\nEl per\u00edodo de la Ilustraci\u00f3n no deb\u00eda pasar en balde. Sus principios deb\u00edan aplicarse sin excepci\u00f3n a todos los seres humanos: el derecho a la educaci\u00f3n solo puede ser universal, la desigualdad es producto de la diferencia existente en el proceso de socializaci\u00f3n entre mujeres y hombres. Solo de este modo, a trav\u00e9s del desarrollo intelectual, pueden aquellas interesarse por la pol\u00edtica e intervenir, as\u00ed, en los temas que incumben a los miembros de cualquier sociedad. Para ello, sin embargo, era necesario el sufragio universal. A este respecto, Dohm escrib\u00eda en uno de sus tratados, titulado La naturaleza y el derecho de las mujeres: \u201cExigimos el derecho al voto como nuestro derecho. Pero \u00bfpor qu\u00e9 tengo que demostrar primero que tengo este derecho? Soy un ser humano, pienso, siento, soy ciudadana del Estado. \u00bfPor qu\u00e9 se equipara a la mujer con los idiotas y los criminales? No, con los criminales no. Al criminal se le priva de sus derechos pol\u00edticos solo temporalmente; de modo que tan solo la mujer y el idiota pertenecen a la misma categor\u00eda pol\u00edtica\u201d.<br \/>\nNo fue hasta finales del siglo XVII cuando se public\u00f3 por vez primera un libro bajo el t\u00edtulo de Historia de las mujeres fil\u00f3sofas (en la actualidad se puede encontrar en la editorial Herder), escrito por Gilles M\u00e9nage y dedicado, seg\u00fan el autor, a \u201cla m\u00e1s sabia de las mujeres actuales y del pasado\u201d: Anne Lefebvre Dacier, una intelectual francesa, editora y traductora de cl\u00e1sicos griegos y latinos. Cuando Umberto Eco ech\u00f3 un vistazo a la obra, explic\u00f3 que, tras haber hojeado al menos tres enciclopedias actuales sobre filosof\u00eda, no encontr\u00f3 ninguno de los nombres que cita M\u00e9nage en su llamativo libro. El autor italiano asegur\u00f3 tras este an\u00e1lisis que \u201cno es que no hayan existido mujeres que filosofaran; es que los fil\u00f3sofos han preferido olvidarlas, tal vez despu\u00e9s de haberse apropiado de sus ideas\u201d.<br \/>\n<strong><span style=\"color: #000000\"><br \/>\nUsurpando, que es mujer<\/span><\/strong><br \/>\nLo cierto es que Eco no andaba desencaminado. Una de las primeras mujeres conocidas bajo el t\u00edtulo de scientific ladies (apelativo surgido en Inglaterra en el siglo XVII) fue Anne Finch Conway (1631\u20131679), quien, a pesar de sus achaques cr\u00f3nicos de migra\u00f1a y de las dificultades econ\u00f3micas familiares, se dedic\u00f3 fervientemente al estudio. Solo se conserva uno de sus escritos: Principios de la m\u00e1s antigua y m\u00e1s moderna filosof\u00eda, donde presenta la naturaleza (en oposici\u00f3n al sistema de Descartes) como un gigantesco organismo vivo, y no como una inerte m\u00e1quina. Todos los cuerpos est\u00e1n repletos de vida, de manera que la oposici\u00f3n cartesiana de cuerpo y alma es, a ojos de Anne, innecesaria y superflua. El cuerpo es una suerte de esp\u00edritu concentrado, mientras que el esp\u00edritu, a su vez, es un cuerpo et\u00e9reo. Llamativamente, Conway llam\u00f3 a cada una de estas sustancias vivas que pueblan el universo y que act\u00faan en la naturaleza de un modo que resulta muy familiar: \u201cm\u00f3nadas\u201d, cada una de las cuales son indivisibles, y que, adem\u00e1s, encierran en su totalidad la complejidad del mundo. Sin embargo, el concepto de m\u00f3nada ha pasado a la historia de la filosof\u00eda como un concepto propio del sistema de Leibniz, quien no tuvo reparos en explicar en distintos lugares de su obra que las ideas de Conway le hab\u00edan influenciado hondamente.<br \/>\n<strong><span style=\"color: #000000\"><br \/>\nLa extra\u00f1a pareja&#8230; igualitaria<\/span><\/strong><br \/>\nOtro ejemplo del influjo que las mujeres han tenido en la historia de la filosof\u00eda es el de Harriet Hardy Taylor Mill (1807\u20131858), esposa de uno de los pensadores m\u00e1s estudiados en las facultades de Humanidades y Ciencias Econ\u00f3micas,<br \/>\nJohn Stuart Mill. Este, concienciado de la injusta situaci\u00f3n que viv\u00edan las mujeres casadas, renunci\u00f3 a todos los derechos que el contrato matrimonial le otorgaba sobre Harriet. Ambos se influyeron mutuamente y de su trabajo conjunto emanaron algunas de las tesis m\u00e1s importantes del pragmatismo de John: todos los seres humanos albergan el mismo derecho a su realizaci\u00f3n personal para, as\u00ed, obtener la felicidad; la lucha por la igualdad y la emancipaci\u00f3n de las mujeres; el derecho de autodeterminaci\u00f3n, etc. En uno de los escritos de Harriet leemos: \u201cPor qu\u00e9 cada mujer tiene que ser mero accesorio de un hombre, sin que se le permita tener intereses propios: la \u00fanica raz\u00f3n que se puede dar es que as\u00ed lo quieren los hombres. Los que tienen el poder consiguen que los s\u00fabditos consideren durante mucho tiempo como sus virtudes apropiadas aquellas cualidades y aquella conducta que agradan a los gobernantes\u201d.<br \/>\n<strong><span style=\"color: #000000\"><br \/>\nEl camino por andar<\/span><\/strong><br \/>\nAunque hemos repasado solo algunos de los ejemplos menos conocidos, es indudable que el campo de la filosof\u00eda realizada por mujeres est\u00e1 repleto de ejemplos a\u00fan por descubrir esperando a que alguien les d\u00e9 voz. A modo de homenaje y como invitaci\u00f3n para la investigaci\u00f3n de los lectores de Filosof\u00eda Hoy, tambi\u00e9n debemos mencionar por su importancia a Hipatia, Diotima, Fintis, Marguerite Por\u00e8te, Christine de Pizan, Teresa de \u00c1vila, Margaret Cavendish, Emily Dickinson, Rosa Mayreder, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai, Lou Andreas-Salom\u00e9, Simone Weil, Indira Gandhi, Simone de Beauvoir, Sarah Kofman, Natalia Ginzburg, Victoria Camps o Martha Nussbaum, sin olvidar a aquellas que, con la ayuda de la literatura, hicieron del mundo un lugar m\u00e1s habitable, como las hermanas Br\u00f6nte, Safo, Jane Austen, Gabriela Mistral, Flora Trist\u00e1n, George Sand, Ana Mar\u00eda Matute o Virgina Woolf. Y es que \u201cun d\u00eda existir\u00e1 la muchacha y la mujer cuyo nombre no signifique meramente una oposici\u00f3n a lo masculino, sino algo por s\u00ed, algo que no se piense como un \u00abcompletamiento\u00bb y un l\u00edmite, sino solo vida y existencia: la persona femenina\u201d (Rilke).<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify\">Este reportaje ha sido escrito por Carlos Javier Gonz\u00e1lez Serrano y publicado en: www.filosofiahoy.es<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marie Le Jars de Gournay (1565-1645), mujer culta y ampliamente respetada en su tiempo (aunque m\u00e1s tarde fuera olvidada), gran seguidora de los escritos de Montaigne, aseguraba en su obra Sobre la igualdad de hombres y mujeres que \u201cestrictamente hablando, el ser humano no es ni masculino ni femenino: los sexos distintos no est\u00e1n ah\u00ed [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":436,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[15,94,10,95,74],"class_list":["post-435","post","type-post","status-publish","format-gallery","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos","tag-filosofia","tag-mujer","tag-pensamiento","tag-represion","tag-sociedad","post_format-post-format-gallery"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/05\/womenphilosopher.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5OYFZ-71","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/435","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=435"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/435\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":437,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/435\/revisions\/437"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/436"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=435"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=435"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=435"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}