{"id":95023,"date":"2020-04-26T19:30:58","date_gmt":"2020-04-26T19:30:58","guid":{"rendered":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/?p=95023"},"modified":"2020-04-26T19:30:58","modified_gmt":"2020-04-26T19:30:58","slug":"camus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redfilosofia.es\/atheneblog\/2020\/04\/26\/camus\/","title":{"rendered":"Camus"},"content":{"rendered":"\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Leer a Camus<\/h1>\n\n\n\n<p> <a href=\"https:\/\/www.elespanol.com\/mariano_gasparet\/\">Mariano Gasparet\u00a0<\/a>\u00a0<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/s1.eestatic.com\/2020\/02\/28\/600X854.png\" alt=\"\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En una de las primeras escenas de&nbsp;<em>El primer hombre<\/em>,<strong>&nbsp;Albert Camus<\/strong>&nbsp;nos descubre la futilidad de la existencia en su acepci\u00f3n m\u00e1s sutil y compleja: la de la construcci\u00f3n de la propia identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Jacques Cormery, el&nbsp;<em>alter ego<\/em>&nbsp;del escritor, visita la tumba del padre al que no conoci\u00f3 y descubre que el ignoto y perseguido fantasma era un muchacho cuando desapareci\u00f3 de un mundo arrasado por tempestades de acero. Entonces, el hombre hu\u00e9rfano y maduro que ya era Camus cuando conoci\u00f3 la tumba de quien alumbr\u00f3 sus d\u00edas, sucumbe ante los restos del ni\u00f1o que fue su progenitor: \u201cEn el extra\u00f1o v\u00e9rtigo de ese momento -escribe-, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los a\u00f1os para vaciarse en ella y esperar el desmoronamiento final, se resquebrajaba r\u00e1pidamente, se derrumbaba\u201d. La estatua que forjamos y en la que nos vaciamos.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje anticipa la inexpugnable levedad de la costumbre de vivir de la que hablar\u00edan&nbsp;<strong>Kundera<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Cioran<\/strong>&nbsp;poniendo el foco, m\u00e1s que en el sinsentido de la vida y su indefectible finitud, en algo m\u00e1s sofisticado, e igualmente valioso, intransferible y arbitrario: la constituci\u00f3n, lenta y laboriosa a lo largo de los a\u00f1os, de una identidad, una personalidad y un car\u00e1cter a los que fiarlo todo antes de desaparecer. Esa extra\u00f1a e inesperada estatua.<\/p>\n\n\n\n<p>Para m\u00ed, que ahora tengo los mismos a\u00f1os que contaba Camus cuando muri\u00f3 en accidente de tr\u00e1fico, y que me acerco a la edad que ten\u00eda mi madre cuando falleci\u00f3 -como tantos- levantada en vilo por un c\u00e1ncer, la reflexi\u00f3n del Nobel franco argelino me empuja a pensar sobre esa parte m\u00e1s aciaga de la existencia. Y lo hace, adem\u00e1s, sobre los rescoldos de una experiencia intuida, pero nunca identificada de un modo tan rotundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n nuclear de la existencia no ser\u00eda, entonces, el hecho preliminar de su caprichosa duraci\u00f3n. Ni siquiera la constataci\u00f3n final de que \u201clos hombres mueren sin ser felices\u201d, como escribir\u00eda a\u00f1os antes tambi\u00e9n Camus en&nbsp;<em>Cal\u00edgula<\/em>. Lo estremecedor, lo terrible, lo m\u00e1s amargo es que, mientras la vida sucede, el esp\u00edritu que hace que el pensamiento se convierta en palabras, las palabras en actos, los actos en h\u00e1bitos, los h\u00e1bitos en costumbres y las costumbres en car\u00e1cter y destino es quiz\u00e1 tan s\u00f3lo un reflejo. El espasmo acaso de ese loco lleno de ruido y furia del que nos habl\u00f3&nbsp;<strong>Faulkner<\/strong>&nbsp;inspirado por&nbsp;<strong>Shakespeare<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No tengo ni idea qu\u00e9 forma tiene la estatua que ya soy en el valle de mis d\u00edas. Ni tengo conciencia alguna de haber trabajado laboriosamente en su forja y levantamiento. Tampoco puedo saber cu\u00e1nto durar\u00e9 en este bello y feo mundo que acontece. La \u00fanica certeza que tengo y que defender\u00e9, a pesar incluso que \u2018yo bien pudiera ser otro\u2019, es que leer a Camus, como a tantos otros escritores y escritoras, nos salva, bendice y resguarda en momentos de zozobra y adversidad. Por lo dem\u00e1s, tampoco parece que tenga demasiada importancia el modo en que un d\u00eda se desvanecer\u00e1 este ej\u00e9rcito de terracota del que todos formamos parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente:<\/p>\n\n\n\n<p> <a href=\"https:\/\/www.elespanol.com\/opinion\/columnas\/20200425\/leer-camus\/485081497_13.html\">https:\/\/www.elespanol.com\/opinion\/columnas\/20200425\/leer-camus\/485081497_13.html<\/a> <br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer a Camus Mariano Gasparet\u00a0\u00a0 En una de las primeras escenas de&nbsp;El primer hombre,&nbsp;Albert Camus&nbsp;nos descubre la futilidad de la existencia en su acepci\u00f3n m\u00e1s sutil y compleja: la de la construcci\u00f3n de la propia identidad. 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