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Pajak: “La literatura no revela nada; en todo caso, esconde algo”

La inmensa soledad’, biografía cruzada de Nietzsche y de Pavese, alumbró un género: el ensayo gráfico. Su autor es el primero que recibe el Premio Médicis por su obra gráfica

Frédéric Pajak (Suresnes, 1955) vive bajo el tejado de zinc de un edificio parisiense situado frente a un convento de monjas, cuyas ocupantes no tienen permitido salir al exterior más que unas cuantas veces al año. Sobra decir que la calma reina en el lugar. “Necesito este silencio, ya que combino dos oficios a jornada completa. Mi semana laboral dura entre 70 y 80 horas”, explica este hombre de timbre grave y mirada doliente. Su primer empeño es el de editor. Hace 20 años fundó la editorial Les Cahiers Dessinés, donde publica a los grandes dibujantes de nuestra era (una exposición repasa su historia, hasta el 14 de agosto en la Halle Saint-Pierre de París). Su segunda ocupación es la de escritor e ilustrador, que le ha llevado a firmar una veintena de volúmenes, con los que incluso ha llegado a inventar lo que muchos consideran un nuevo género, a medio camino entre el dibujo y la filosofía. No le gusta la etiqueta, pero se le suele llamar “ensayo gráfico”.

En sus obras, Pajak entreteje la biografía de grandes figuras del pensamiento y la literatura —Benjamin, Schopenhauer, Beckett, Joyce, Breton o Apollinaire— con la suya propia. Este peculiar formato germinó en 1999 con la publicación de La inmensa soledad, biografía cruzada de Nietzsche y Pavese con la ciudad de Turín como telón de fondo. La editorial Errata Naturae la edita ahora en castellano, a la espera de traducir también su Manifiesto inacabado, que contará con nueve volúmenes, tres de los cuales ya han sido publicados en Francia. Su profundidad y su rotunda belleza hicieron que Pajak se alzara con el Premio Médicis de ensayo en 2014, el primero de esta disciplina que se concede en Francia a una obra obra gráfica.

PREGUNTA. ¿Diría que La inmensa soledad marca el nacimiento de un nuevo género?

RESPUESTA. No lo veo exactamente así. En realidad, años atrás ya había escrito otro libro usando un formato similar, que hablaba de la vida de Martín Lutero. Sin embargo, aquel libro no tuvo ningún eco y no encontró ningún público, así que me dije que ese híbrido no tenía futuro. Que La inmensa soledad funcionara fue una sorpresa mayúscula para todo el mundo, empezando por mí mismo.

P. ¿Por qué cree que este libro funcionó y el anterior fue ignorado?

R. Lutero no significa nada para los franceses. Incluso para los protestantes, que son de tendencia calvinista, excepto en Alsacia. Para muchos creyentes fue un libro escandaloso, porque se alejaba totalmente de la versión oficial. Presenté a Lutero como un hombre no creyente, que veía al diablo cuando observaba el crucifijo, además de llamarle alcohólico, bulímico, obeso y suicida. Lo consideraron un libro teológico excesivo y poco serio.

P. ¿Fue su empatía respecto a los protagonistas de La inmensa soledad, Nietzsche y Pavese, lo que hizo que en el segundo intento tuviera mejor suerte?

R. No lo creo. En realidad, cuanto más extraño me resulta un personaje, más me interesa hacer un libro sobre él. Por ejemplo, si pude escribir sobre Walter Benjamin fue porque no me reconocía en su dialéctica marxista, ni en su judaísmo mesiánico. Sin ir más lejos, el propio Nietzsche es un tipo difícil de entender. Me cuesta estar de acuerdo con él o sentir esa empatía de la que habla usted. Por ejemplo, cuando habla de su nostalgia por la Grecia presocrática me pierde.

P. Es curioso que diga eso, porque el libro parece marcado por su comunión con ambos protagonistas, a quienes está unido por un rasgo biográfico fundamental: los tres son huérfanos de padre desde una edad temprana.

R. Tiene razón, pero eso vino mucho después. Lo que llegó primero fue la ciudad. Al descubrir las colinas de Turín me pareció ver a Pavese. Entendí hasta qué punto sus descripciones eran precisas, y su melancolía, perceptible. Poco después me encontré en la plaza donde Nietzsche sufrió su primera crisis de apoplejía. Me puse a leer todo lo que escribieron sobre Turín y descubrí dos visiones opuestas. Para Nietzsche era la ciudad ideal, barroca y aristocrática. Para Pavese, en cambio, se trataba de una villa triste, a la que los campesinos como él se desplazaban para encontrar trabajo en la fábrica de la Fiat. Si le soy sincero, nunca me había parado a pensar en la orfandad, porque ninguno de los dos habla abiertamente de ello en sus textos, como tampoco lo hago yo. En el fondo, creo que la literatura no revela nada. En todo caso, esconde algo.

P. Turín acabó con los dos hombres: uno se volvió loco y el otro se suicidó. ¿Qué efecto tuvo en usted?

R. La ciudad fue una bendición o incluso un milagro. Piense que yo ya no era un hombre joven —había cumplido 40 años— y seguía sin saber qué camino tomar en la vida. Quería hacer cine, pero también escribir libros y convertirme en pintor. Al descubrir Turín y experimentar los sentimientos que le describo, decidí instalarme cerca de la ciudad y trabajar durante cuatro años, sin rumbo fijo y sin saber qué surgiría de aquel trabajo. Me dejé llevar y creé sin saber adónde iba.

P. Aunque suene a tópico, ¿la creación le salvó?

R. Expresarse a uno mismo siempre implica liberarse. Con La inmensa soledad encontré una forma de expresión que me correspondía plenamente, entre la biografía, la autobiografía, el ensayo filosófico y la crítica de arte y literatura. No sé si inventé un nuevo género, pero creo que no existe equivalente a lo que hago. No es cómic, ni novela gráfica, ni tampoco autoficción. Tampoco me convence llamarlo “ensayo gráfico”. Prefiero decir que es “un relato escrito y dibujado”.

P. ¿Diría que ha creado una escuela? ¿Se siente imitado o incluso plagiado por otros autores?

R. No tengo esa sensación. Mi posición es bastante solitaria. No formo parte de una camarilla de escritores, ni tampoco de dibujantes. En el fondo, mi oficio es el de editor. Me encanta ayudar a otros a dar a conocer su trabajo. En especial, si son personalidades infrecuentes. Por ejemplo, he editado a El Roto en Francia. Él sí ha inventado algo. Es un pensador que con cada dibujo nos da un puñetazo. En Francia no tenemos la suerte de contar con alguien como él.

P. ¿No hay ninguna otra personalidad que le interese en el dibujo de prensa?

R. Solo queda Willem, que publica en Libération. El resto, como Topor o Gébé, ya han fallecido. El último superviviente era Honoré, que fue asesinado en el atentado de Charlie Hebdo. Fue un dibujante brillante, que tenía un problema: trabajar para esa publicación, que ya no tiene nada que ver con lo que fue en los setenta…

P. ¿En qué ha cambiado Charlie Hebdo?

R. Antes daban una página a cada dibujante, que tenía derecho a expresarse libremente. Al llegar Philippe Val [director del semanario entre 1992 y 2009], a quien considero un impostor y un arribista, se convirtió en un periódico de militantes, en la antecámara del Partido Socialista. Eso fue lo que les condenó. La verdad es que no me gusta. No me convence su humor escatológico, que tenía sentido en los sesenta, cuando nos tuvimos que liberar de la religión y la austeridad, pero no en la sociedad de hoy, donde todo está permitido. Yo defiendo una vuelta, si no a la moral, sí a una cierta ética. La conducta de un dibujante debe ser irreprochable. Los daneses que hicieron aquellas horribles caricaturas de Mahoma no tuvieron ningún sentido de la responsabilidad. Es normal que cualquier musulmán sin ninguna cultura satírica se moleste.

P. ¿Y por ese motivo hay que dejar de satirizar? ¿No cree en la libertad de expresión como principio universal?

R. Todo eso es pura ideología. Nada de lo que decimos puede ser universal. Si en Alemania el humor ya es distinto, imagínese en Níger. En Francia convivimos con musulmanes que han asfaltado nuestras carreteras, fabricado nuestros coches y limpiado nuestras calles. Durante décadas han hecho trabajos que nadie quería hacer. ¿Tenemos, encima, que insultar a su religión? Una cosa es criticar a los ayatolás, que me parece muy bien, y otra a la creencia en sí. ¿Cómo podemos imponer imágenes a una religión que no acepta las imágenes? Además, suelen ser imágenes vulgares y feas. No se puede combatir el oscurantismo con la fealdad.

P. “Todos los hombres tienen un cáncer que les corroe”, decía Pavese en referencia a la muerte de su padre. ¿Lo comparte?

R. No. Desde que mi padre murió, cuando tenía nueve años, he mantenido un diálogo benevolente con él. Él, que era pintor, siempre me ha animado a expresarme. Incluso le he oído hablar alguna vez. Pero no soy místico, no se preocupe. Nunca he ido a ver su tumba, porque cuando murió no me dejaron, pero pienso ir pronto, cuando esté preparado…

P. En el primer tomo de Manifiesto inacabado escribe lo siguiente: “Tengo ganas de escribir como quien escribe un diario, pero no todos los días y mejor por la noche, cuando todo muere, al fin”. ¿Qué tiene la noche que no tenga el día?

R. Es el momento en que el murmullo de la ciudad desaparece. Por la noche, uno encuentra otro tipo de inspiración, de orden más poético y metafórico. Y yo estoy a favor de la metáfora, de la lírica y de la narración. En definitiva, de todo lo que prohibió el nouveau roman. Usted no lo vivió porque es joven, pero yo sí lo sufrí, y fue duro. En los setenta también estaba prohibido hablar de la biografía de un autor, cuando para mí resulta fundamental. Por ejemplo, no se puede entender el desarraigo de Pavese sin abordar su biografía.

P. Ha declarado que sus sueños son fuente de inspiración. ¿Su obra es, como se ha dicho a veces, un psicoanálisis de cara al público?

R. Eso me dicen los psiquiatras. No es mi voluntad, aunque supongo que algo de eso hay. Toda mi familia ha hecho psicoanálisis: mi madre, mi hermano, mis dos hermanas, mis tíos… Todos menos yo, aunque puede que exista una explicación. A los 13 años, las cosas me iban muy mal. Era el peor alumno de mi clase, no me entendía con mi familia y no me gustaba la sociedad. Un buen día decidí tirarme a la piscina y ahogarme hasta morir. Cuando me rescataron, mi madre me llevó a ver a un psicólogo. Para mi sorpresa, ese hombre le dijo: “No se preocupe. Todo irá bien. Él ya sabe qué quiere hacer en la vida”. En realidad no tenía ni idea, pero desde ese momento mi madre decidió dejarme tranquilo y yo recobré la confianza en mí mismo. Ese tipo me salvó la vida…

P. Al final de su vida, estando interno en Jena, Nietzsche seguía soñando con Turín. ¿Qué marca le dejó a usted la ciudad?

R. He vuelto muchas veces, pero nunca he reencontrado el sueño. Desde que dejé Turín, no he vuelto a dormir igual que antes. Es una ciudad que me volvió un poco loco.

Esta entrevista apareció originalmente en El País, el día 2 de mayo de 2015. Puede consultarse aquí.

Publicado el libro «La lengua de las matemáticas y otros relatos exactos»

Publicado el libro «La lengua de las matemáticas y otros relatos exactos», de Fernando Álvarez, Óscar Martín y Cristóbal Pareja.

Fernando Álvarez, Óscar Martín y Cristóbal Pareja son tres profesores de la Universidad Complutense, dos de ellos matemáticos y un doctor en informática, que publican este pequeño libro de divulgación con la editorial Catarata

Son doce relatos que recogen historias antiguas sobre las matemáticas 

Publicamos la introducción y el primer capítulo para nuestros lectores (1)

El lector conoce, sin duda, que en el Egipto faraónico de los ptolomeos, Eratóstenes halló la longitud de la circunferencia de la Tierra, asomándose a un pozo que reflejaba los rayos del Sol. Pero quizá le sorprenda saber que, de todo el antiguo mundo occidental, solo allí podía hacerse ese descubrimiento.

Otra historia mil veces repetida cuenta que Tales de Mileto, con la sola ayuda de un palo, pudo determinar la altura de la Gran Pirámide, pero un poco de astronomía plantea hoy serias dudas sobre la versión popular. En esta obra se recogen muchas historias antiguas, porque es probable que la invención de las matemáticas –pues invención fue– viniese impulsada en su origen por el deseo de medir el mundo.

No en vano Aristarco, utilizando sus eclipses como una regla graduada, fue capaz de decir a sus coetáneos cuán lejos estaba el Sol y cuán cerca la Luna. Así, de la mano de personajes como Tales de Mileto, Eratóstenes, Al-Juarismi, Arquímedes, Bach y Beethoven, este libro nos pasea por estos y otros relatos – relatos exactos , al decir de los autores– para desvelarnos la belleza de las matemáticas.

(1) Esta noticia apareció originalmente en Diario Turing, la sección de cultura científica de Eldiario.es. Para acceder a la lectura de la introducción y primer capítulo del libro, pincha aquí.

Publicación: El materialismo dialéctico: sistema e historia

Venancio Andreu Baldó es profesor de secundaria y doctor en filosofía por la Universidad de Murcia. El verano pasado participó en el I Congreso de la REF, con una comunicación titulada «El mundo en que vivimos: una teoría de teorías sobre la globalización».

Venancio ha puesto a nuestra disposición un libro que he escrito recientemente sobre materialismo dialéctico. Su título es: «Materialismo dialéctico: sistema e historia. La actualidad del marxismo revolucionario». Está publicado por Nexosofía, La Torre del Virrey, dirigida por Antonio Lastra,  el 6 de marzo de 2015, y se encuentra en la Red.

El libro está centrado en las cuatros grandes interacciones dialécticas, a su juicio, de la realidad, y de la teoría marxista: lo abstracto y lo concreto, el todo y las partes, el objeto y el sujeto, y la teoría y praxis.

Es un libro extenso, que pretende abarcar, en la concepción marxista revolucionaria de la realidad, la realidad en sus múltiples momentos, y sus referencias son, amén de los clásicos Marx y Engels, autores marxistas occidentales clave del XX, sobre todo Gramsci, Lukács, Korsch, Sartre, entre otros, también Lenin y Trotski, y otros más recientes de tendencia trotskista, como los teóricos en torno a International Socialism: Ch. Hraman, T. Cliff, A. Callinicos, etc.

Puede encontrarse aquí:  www.latorredelvirrey.org/nxs/?p=109

Cierra exitosamente IV Congreso Dominicano de Filosofía

Con una asistencia masiva de personas cerró el pasado jueves 16 de abril de 2015, el IV Congreso Dominicano de Filosofía, titulado Los desafíos de las ciencias sociales: Una mirada filosófica, celebrada los días 14, 15 y 16 de abril 2015, en diferentes espacios de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ( UASD ).

Maestros de diversas áreas de las ciencias sociales y estudiantes de todas las carreras académicas, se presentaron desde las 8:00 am, en los varios espacios donde se exhibieron las ponencias de maestros tanto de la UASD, como otros invitados de otras universidades del pais y el extranjero.

La actividad organizada por la escuela de filosofía de la (UASD) y su director el Dr. Leonardo Díaz, con el apoyo de Ramón Rodríguez Espinal Decano de la Facultad de Humanidades, la Academia de Ciencias de la Republica Dominicana y la colaboración de la Asociación de Estudiantes de Filosofía de la  UASD (ASEUFIL), se mantuvo desde las 8:30 hasta las 7:30 en constante movimiento de los disertadores, invitados, estudiantes y curiosos, “ la actividad ha sido todo un éxito, hemos recibido más del doble de asistencia de lo previsto “  expreso Díaz a LOSMINA.NET, prensa oficial del evento.

Los estudiantes que asistieron al evento mostraban asombro e interés por lo que estaba allí ocurriendo, durante las varias horas que duro se observo una asistencia masiva de diferentes provincias y sectores del país, tanto de la carrera de filosofía como de otras de la ciencia y el saber humano.

“… hemos visto el entusiasmo y la disposición de los jóvenes asistentes, se nos han acercado a preguntar por la carrera de filosofía y lo hemos invitado a pasar por la escuela de filosofía de la UASD, ubicada en el 5to piso del edificio administrativo de la universidad o llamarnos a los   teléfonos: 809-535- 8273, ext. 5780: Cels.809-448-7019/809-982-7502 y también seguirnos en Facbook: ASEUFIL o Escuela Filosofía Uasd  y en Twitter @escuelafiluasd ” dijeron los miembros de ASEUFIL a LOSMINA.NET, y agregaron “ es la FILOSOFIA y los filósofos de Quisqueya quienes descontaminaremos al país de las malas costumbres que nos afectan»

Al cerrar con la actividad los conferencistas, maestros y miembros de ASEUFIL se dirigieron a la academia de ciencias dominicana a presenciar la ponencia del invitado de honor el Doctor Antonio Campillo, finalista del XIII premio de Ensayo  Anagrama y Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia.

Originalmente publicado en Losmina.net

¿Para qué sirven las humanidades?

Como todos sabéis, hay en marcha un debate importante sobre la crisis de las Humanidades. Normalmente esos debatesson un poco tristes porque van del llanto a la añoranza y poco
más.

Sin embargo, el otro día en el Ateneu Barcelonès hicimos un Debate sobre el tema (patrocinado por la Universitat Autònoma de Barcelona) que realmente salió poco tópico.

En la mesa redonda aparecen Joan Carbonell, profesor de Filología Latina (UAB), Ricard Solé, físico e ICREA (UPF) y M. Àngels Cabré, escritora y directora Observatorio Cultural de Género de Catalunya.

El vídeo está en catalán, y aunque nos planteamos subtitularlo, debéis ser comprensivos con la tardanza en la elaboración de los subtítulos de un vídeo de casi dos horas.

Vídeo enviado por Ramón Alcoberro

Vídeos en defensa de la Filosofía.

La REF, en colaboración con la Facultad de Filosofía y CCEE de la Universidad de Valencia, realizó una serie de vídeos en defensa de la Filosofía a personajes de relevancia en el ámbito de la cultura con ocasión de la aprobación de la LOMCE.

Adjuntamos un enlace a cada uno de los vídeos que próximamente se irán actualizando con la publicación de los realizados al filósofo José Luis Pardo y la escritora Elvira Navarro.

 

 

Un saber tan cruel

Belén Quejigo

Hay demasiados ladrillos en el muro. Que el sistema educativo está obsoleto no es nuevo. Que está realizado bajo la falsa filantropía de lo bueno, de lo que se debe saber y de la obligatoriedad normativa desde la adquisición progresiva del conocimiento y el estamento de las edades tampoco es nuevo (lo que hay que conocer a los cuatro, a los quince o a los veinticinco años), así como tampoco la economía del tiempo, el espacio, la distribución en una institución cerrada que extrae del cuerpo todo lo útil desde la recompensa y el castigo, desde la clase –social y física– de los buenos y de los malos, estigmatizando al estudiante como el individuo al que hay que enderezar y enseñar desde la mirada puntillosa del detalle disciplinario, desde el marco institucional, las técnicas de control y la pedagogía analítica.

Pero ¿es posible pensar una forma de conocimiento y enseñanza no ligada a la escuela, la obligatoriedad, los libros, el modelo examen, la asistencia de treinta horas semanales cinco días a la semana a un centro institucional cerrado que prepara ya para el horario del mercado laboral? ¿Podría­mos pensar una pedagogía de la diferencia? ¿Podríamos pensar una educación por la educación?

Michel-Foucault

Ese mismo año, el filósofo francés, junto a su pareja Daniel Defert, fundó el Grupo de In­for­maciones de Prisiones (GIP) para realizar una teoría que no fuera ajena a los afectados de las prisiones, que eran sustancialmente los que sufrían sus anacronismos y crueldades. Los prisioneros y los funcionarios te­nían algo que decir sobre el sistema penitenciario que sistemáticamente era considerado no digno de ser narrado. En el mismo sentido podemos hacer un paralelismo e intentar extender este modelo hacia unas nuevas pedagogías con ayuda de sus propios afectados, los alumnos y los profesores, ya que muy probablemente tendrían grandes aportaciones al sistema educativo. Sin embargo, a ojos de algunos, este hecho no tendrá ningún valor, pues una persona de diez o quince años nada puede aportar a un sistema organizado por quienes no lo sufren.

Pero si los grandes dirigentes estuvieran en un aula escuchando los rumores y las voces de los alumnos y profesores, se asombrarían. Los alumnos tienen algo que decir y están en su legítimo derecho de ser escuchados y tenidos en cuenta a la hora de redactar un marco legal que atañe en gran medida al conjunto de sus vidas. Pero su sentido crítico depende al mismo tiempo de los profesores porque, si en vez de fomentar la memorización se fomentara el espíritu crítico e individual de conocimiento, sí tendrían algo que decir y, de hecho, muchos lo dicen muy bien cuando se les presentan las herramientas necesarias para construir un discurso crítico. Por supuesto, muchos profesores tendrían algo que decir sobre las pedagogías y las formas de enseñanza.

Las preguntas son urgentes: ¿existe conocimiento más allá de los muros escolares? ¿Podría pensarse un método educativo no enclaustrado en la forma escuela? Si los tiempos están cambiando, ¿por qué el modelo educativo sólo cambia de materiales –de libros a ordenadores, por ejemplo–, pero no sustancialmente de forma y lugar desde su inicio? Todas estas preguntas pueden pensarse desde una cuestión: ¿es posible otra forma de pensar la educación? Te­nemos un arte moderno, una literatura moderna, “una política moderna”, una ciencia moderna. ¿Para cuándo una educación realmente moderna?

La tecnificación en las aulas no es síntoma de modernización, sino de falsa inversión en educación, una inversión basada en la obsolescencia de los recursos técnicos. Si bien es cierto que son urgentes dentro de las aulas para estar al mismo nivel que la sociedad de ahí fuera, no se puede llamar a la compra de portátiles o iPads inversión en educación, sino inversión o renovación de estructuras, que no es exactamente lo mismo.

‘Life on Mars’

Siento empañar la lectura con mis propias miserias, pero es necesario hacer pasar al lector por los mismos puntos que me condujeron a esta reflexión. La semana pasada en el metro una niña cantaba en un inglés perfecto «Life on Mars», de David Bowie. El hecho aislado carecería de interés incluso tratándose del hombre al que recitaba si no fuera porque, al ver mi cara de asombro, la madre me miró, se compadeció de mi condición de espectadora y dijo que ella no se lo enseñaba, que era la niña quien lo pedía en casa y se aprendía una gran cantidad de letras del cantante.

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Este gesto en apariencia vulgar y cotidiano esconde una profunda lección filosófica, a saber, que sólo existe el conocimiento desde el autoconocimiento y que sólo puede aprenderse (y aprehenderse) aquello que se ama desde cierto ejercicio de libertad de pensamiento porque, si no es así, cae en el vacío, aunque a corto plazo cumpla su función: aprobar un examen, agradar a un profesor, contentar a los padres. Un saber tan cruel… No hace falta recurrir a terceras personas para hacer este ejercicio sobre los fondos de ‘el capital cultural’ heredado de la Educación Secundaria y el Bachillerato (incluso de muchas asignaturas universitarias). Per­so­nalmente, poco recuerdo de las infinitas lecciones de Física o Literatura durante la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato, por no hablar de las Matemáticas, desterradas de mi memoria como Hécuba, hecho que no me honra en absoluto, pero tampoco lo hace al sistema educativo, que no consideró ni por un momento mi individualidad, sino que expuso universalmente unos contenidos que debíamos aprender obligatoriamente para ejercer una presión constante de sometimiento a un mismo modelo. “Para estar todos obligados a la subordinación, a la docilidad, a la atención en los estudios y ejercicios y a la exacta práctica de los deberes y de la disciplina. Para que todos se asemejen”.

Si bien es cierto que debe existir una obligatoriedad que permita a los individuos comprender de forma básica el mundo y tener unas bases de cultura general, tiene poca repercusión en dos sentidos. El primero porque en la era de la información, donde está más al alcance de la mano que en ninguna otra época, tenemos un sistema educativo que genera individuos dóciles rellenos de contenidos memorísticos. La información está toda volcada en una red infinitamente accesible y elástica. ¿No valdría la pena acabar con la memoria para invitar a pensar y a problematizar, a desestabilizar los marcos de pensamiento y a dejar de hacer obligatorios los contenidos a favor de una individualidad? ¿No merecería la pena cambiar la forma de conocer y aprender? Y, sobre todo, ¿cómo se hace todo esto? ¿Qué profesores necesitaría esta nueva educación? El segundo, porque ¿dónde queda la individualidad de cada uno si por doquier encontramos un sistema castrante de represión normalizadora de la personalidad que, además, se plantea de forma hipócrita como un sistema libre?

Desconozco si existen nuevas pedagogías a este respecto, pero sí conozco las nuevas leyes que gobernarán nuestro sistema educativo al menos unos años y que son el marco teórico en los que se desenvolverá el ejercicio escolar desde los contenidos básicos y competencias. Existe un gran movimiento contra esta nueva ley que sigue implantando esta mala educación que denunciamos, donde las disciplinas humanísticas que son las encargadas de problematizar dicho asunto están cada vez más ausentes de los planes de estudios. La gran afectada es la Filosofía, que, carente de interés en un mundo dominado por la utilidad, la eficacia y el capitalismo, sufre los estragos del modelo educativo, un declive que no es aislado para la forma escuela, sino para todas las instituciones de nuestro país. En particular, este declive que comenzó, como bien señala José Luis Pardo, hace ya algunos años, se debe a un cambio de terminología en apariencia técnica e inofensiva cuando, en lugar de asignaturas, las universidades empezaron a tener créditos en clara analogía con la terminología financiera. Esta falta de finalidad capital de no servir para nada (ni a nada) no tiene cabida en el mundo actual y se encuentra en un perpetuo no-lugar y a punto de su extinción en la Educación Se­cun­daria Obligatoria y el Bachi­llerato.

Este cambio no sólo daña a la Filosofía, sino al conjunto de conocimientos en general y sobre todo a los alumnos que aprenden que sólo deben alienarse individualmente y dedicarse a tener tiempos útiles sin desperdicios, sin vacíos, siempre llenos de felicidad y grandes intereses, economizando tanto su vida en general como su tiempo particular, y desterrar todo aquello que a corto o medio plazo no le vaya a garantizar ningún bien (en el sentido material). En clara analogía financiera (y hollywoodiense), los alumnos no aprenden categorías distintas al capital: tristeza, fracaso, pérdida, que forman también parte de nuestra vida, son consideradas como malas y deben ser desterradas de los modelos que no fomenten la competencia, el éxito y la utilidad. Pero nos entristecemos, fracasamos y perdemos, y no hay nada de malo en ello, forma parte del paquete de estar vivo. Esta pedagogía del miedo a lo que también es nuestro fomenta un saber cruel que está instalado en el inconsciente de cada uno de nosotros. Se torna lectura urgente Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke, que nos enseña que hace falta algo más que el interés para fijar un conocimiento y que no debemos educar en el miedo, sino en la libertad y la diferencia. “Pero re­cuerde, señor Kappus, no tenemos ninguna razón para temer al mundo porque no nos es contrario. Si hay espantos, son los nuestros; si hay abismos, son nuestros abismos. Si hay peligros, debemos esforzarnos por amarlos”. Pro­ba­blemente la Filosofía sea la única disciplina capaz de salvar los cortos y medios plazos tanto educativos como financieros.

Este artículo fue originalmente publicado aquí,

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