
Fracisco García Carbonell es secretario de la asociación Filosofía en la calle y publica este libro en Kiros ediciones (editorial de dicha asociación). Desarrolla un café filosófico en Granada con la connivencia de Filosofia en la calle y Sapame.
Antonio Guerrero
En un tiempo donde el pensamiento se ve asediado por la prisa, el algoritmo y la obediencia disfrazada de virtud, Francisco José García Carbonell irrumpe con *La interrupción suave* como quien ofrece una grieta luminosa en medio del dogma. Este libro no se limita a teorizar: encarna. No busca convencer: descoloca. No se impone: interrumpe. Y en esa interrupción, el lector encuentra una filosofía encarnada, una teología que se atreve a preguntar sin esperar redención.
Ana, figura central del ensayo, no es una alegoría ni una paciente: es una presencia que resiste. Su locura transitoria no es patología, sino gesto ético. No busca trascender, sino desplegarse. No espera salvación, sino afirma su carne como posibilidad de ruptura. En ella, Carbonell encuentra una vía para pensar más allá del sacrificio, más allá de la culpa, más allá del dogma. Ana no ama a Dios para amar al prójimo: ama sin mediaciones. Y eso, en el contexto teológico, es una herejía dulce, una afirmación radical de lo humano.
Francisco José García Carbonell no escribe desde la torre académica, aunque su formación lo avala: doctor en Teología, máster en Literatura Comparada y Filosofía Contemporánea. Pero lo que lo convierte en maestro no es su currículum, sino su gesto. Escribe desde el umbral, desde la fragilidad, desde la periferia. Su estilo es firme, pero nunca autoritario; profundo, pero nunca hermético. Cada página de *La interrupción suave* es una invitación a pensar sin obedecer, a amar sin justificar, a vivir sin ser trascendidos.
Este libro no ofrece respuestas, ofrece aperturas. No busca estabilizar, sino desbaratar suavemente. Y en ese gesto, Francisco se revela como un maestro raro: uno que no enseña desde la cima, sino que acompaña desde el borde. En tiempos de ruido y dogma, su voz es una rareza luminosa. *La interrupción suave* no es solo un libro: es una filosofía encarnada, una ética sin algoritmo, una mística sin trascendencia. Es, en definitiva, una forma de estar en el mundo sin pedir permiso. Y eso, hoy, es revolucionario.
