Agapito Maestre

Agapito Maestre: «Ortega es el paradigma del filósofo ciudadano»

   
«Ortega es una demócrata radical, porque defiende, en los términos que usaría Camus, la democracia de los solitarios-solidarios». Agapito Maestre.
«Ortega es una demócrata radical, porque defiende, en los términos que usaría Camus, la democracia de los solitarios-solidarios», dice Agapito Maestre. Imagen: editorial Almuzara.

 

Pese a su enorme fama, José Ortega y Gasset ha sido una figura intelectual unida a la polémica. Minusvalorado por unos, adorado por otros y citado por todos, nadie ha querido quedarse sin opinar sobre él y su filosofía, lo que a menudo ha provocado manipulaciones. Eso piensa el catedrático, filósofo y escritor Agapito Maestre, que ha querido aclararlas y rebatirlas en su libro Ortega y Gasset, el gran maestro, publicado por Almuzara.

Por Jaime Fernández-Blanco

José Ortega y Gasset es uno de los grandes filósofos que ha dado España. Sus opiniones y reflexiones aparecen en todos los medios, es citado por todas partes y las reediciones de sus obras surgen sin parar.

Sin embargo, la fama no siempre es justa y suele llevar asociada prácticas poco favorecedoras. La popularidad puede llevar a la manipulación de una figura, una mala interpretación de un mensaje, una filosofía, una época, una persona. Todos citan hoy a Ortega, pero no todos lo hacen de la misma manera o con los mismos fines.

Eso fue lo que llevó a Agapito Maestre a escribir este libro, Ortega y Gasset, el gran maestro (Almuzara), para poner los puntos sobre las íes respecto a una de las mentes más brillantes del panorama intelectual español. De eso hablamos con el doctor Maestre en su despacho de la Universidad Complutense de Madrid: de Don José.

«Ortega se adelanta a buena parte del pensamiento contemporáneo que defiende una democracia radical, es decir, una sociedad que valora más a las personas que a las masas»

Una de las reflexiones que se extraen de su libro es que Ortega ha sido uno de los grandes pensadores de Europa, superior, en fondo y forma, a otros cuya fama es mayor. Como explica Saul Bellow, «si Ortega hubiera escrito en inglés, sería el filósofo más citado de nuestra época». ¿No sabemos vender nuestra propia excelencia?
Ya lo decía Bismarck, somos ese pueblo que lleva suicidándose cuatro siglos y nunca termina de conseguirlo (risas). Yo creo que hay varias razones importantes. La primera de ellas histórica: España es un país que era un gran imperio; el pasar de ser un imperio a una nación… siempre cuesta –a nosotros nos está costando mucho– y la hegemonía filosófica va unida a la hegemonía política. Cuando España ha dejado de ser hegemónica políticamente, también su hegemonía filosófica se ha resentido. Y digo «hegemónica» en un sentido ideológico, político. Nuestra lengua, por otra parte, sí sigue siendo una lengua de cultura importante. También es posible que no sea todo cosa nuestra, no solo que los españoles no sepamos vendernos, sino que los otros han sabido venderse mejor (más risas). Quizá vaya por ahí la historia. 

Ortega y Gasset: el gran maestro, de Agapito Maestre (Almuzara).

Aunque últimamente parece que salen muchos libros sobre ese tema, sigue destacando el punto de vista que Ortega reflejaba al respecto en La rebelión de las masas
Eso ya es otra historia. La idea de excelencia de Ortega, de exigirse uno a sí mismo más que a los demás, es propia de un individuo muy desarrollado desde un punto de vista moral y político. No es una abstracción. Creo que esa noción es demasiado seria para que sea entendida por aquellos que reducen la sociedad desarrollada, es decir, la pluralidad humana, a multiplicidad animal. En ese horizonte, Ortega se adelanta a buena parte del pensamiento contemporáneo que defiende una democracia radical, es decir, una sociedad que valora más a las personas que a las masas. He ahí la gran aportación de Ortega. Su crítica a la democracia de masas, a la democracia «morbosa», es un adelanto de todas las críticas al totalitarismo surgidas después de la Segunda Guerra Mundial. Nadie ha narrado mejor que Ortega, en el siglo XX, esa crítica a la sociedad de masas. Es un adelantado de la crítica al totalitarismo y el populismo de nuestra época. 

«Nadie ha narrado mejor que Ortega esa crítica a la sociedad de masas. Es un adelantado de la crítica al totalitarismo y  el populismo de nuestra época» 

Cuando ha dicho «narración» me ha saltado la alerta, porque ese concepto, la razón narrativa, aparece varias veces en su libro y es muy seductor: la filosofía de Ortega como una especie de novela. Cito: «Nos ponen, Ortega y Zambrano, en el camino de la vida, o mejor, convierten la vida en relato, en narración». Pensar a través de la vida, la razón actuando como correa de transmisión entre lo que hubo, lo que hay y lo que habrá.
La razón histórica. Muchas veces se tiende a pensar que la historia es el conocimiento del pasado, pero no es solo eso. Eso es la historia como cronología, como historicismo…

¿Como memoria?
Sí. Quizá como falsificación también, pues la memoria es individual. La historia es la relación entre el pasado, el presente y el futuro. Y a partir de ahí no tenemos más remedio que hacer razón narrativa, razón histórica, razón vital, porque tú tienes que vincular el pasado con el presente y el futuro. De ahí que nunca se pueda acusar jamás a Ortega de nacionalista, porque no hay un punto de origen, no hay un inicio a partir del cual explicar lo que viene después y todo lo que tenemos ahora. Eso sería tradicionalismo.

«No tenemos más remedio que hacer razón narrativa, razón histórica, razón vital, porque tú tienes que vincular el pasado con el presente y el futuro»

Luego hay también, creo yo, un intento de no arruinar la realidad. Es un materialismo muy español, muy cervantino. No agotar el mundo, la realidad, la vida, con conceptos. En ese sentido, la filosofía española se expresa con un mínimo grado de abstracción, y claro, aparece entonces el relato, la razón histórica/vital… También es clave en el pensamiento de Ortega la idea de continuidad: no podemos estar empezando continuamente desde cero.

En el libro aparece Ortega como un hombre de una coherencia brutal entre pensamiento y acción. Y sostiene usted que entra en la política «por deber» y la abandona por el mismo motivo, porque cree que su labor hace más mal que bien. ¿Es posible que, sencillamente, se hartara? De clamar en el desierto, de que todos le ataquen, de que se ignore lo que él lleva años avisando que se viene encima…
Sin duda alguna, hay un componente existencial, vital, de una gran altura moral, en el comportamiento de Ortega. Si uno estudia a Ortega en serio, ve una coherencia muy fuerte en todo su pensamiento. Cuando él llega a la política en 1914 y se vincula al Partido de Melquiades Álvarez, escribe Vieja y nueva política, que es un discurso extraordinario que representa a toda una generación –o, mejor dicho, toda una generación se siente representada por él, que es distinto– y dice «este país también puede tener una solución política», lo mismo que la tienen Francia o Alemania o cualquier otro. Esa solución es la democracia liberal. Él se presenta de un modo muy coherente: «Esto es lo que nosotros proponemos y quizá este sea el partido que pueda llevarlo a cabo».

Ese es un buen ejemplo, pero no el único. Otro sería el texto grandioso que escribió durante la dictadura de Primo de Rivera –en realidad, se trataba de una colección de artículos, de los cuales el último no se le permitió publicarlo–: La redención de las provincias. Digo que se trata de un texto genial porque es una pieza política circunstanciada en España, pero fácilmente universalizable. Esa es su grandeza: un texto político pensado para un momento determinado que puede aplicarse a cualquier país del mundo. Se trata de un escrito muy coherente con su pensamiento; tanto es así que refleja el programa que llevaría la Agrupación al Servicio de la República, que se fundaría para concurrir a las elecciones del 31. Y, finalmente, citaría otro texto político grandioso que demuestra la vinculación de su actividad política con su pensamiento. Me refiero a su famoso La rectificación de la República.

Estos tres textos son de una coherencia extraordinaria, en el sentido de que son la labor de un individuo que representa a toda una generación que se pregunta: «¿Es esto lo que yo quería?». Y la respuesta de Ortega es: «No». Por eso se marcha y predice lo que va a venir después. A partir del 32, cuando deja la política, comienza uno de los periodos más interesantes de su vida al replantearse el significado de su obra. Él es el gran teórico de la política y su función, para él, está muy clara: no se trata de que teorice sobre el concepto de libertad o de justicia, sino de cuál es la plausibilidad que tiene una idea para ser llevada a cabo.

Ortega es el pensador socrático por antonomasia, o mejor, es el paradigma del filósofo ciudadano, pues se plantea, antes que nada, los límites del saber. No se trata de un pensador dogmático, ni de un filósofo-rey que quiera imponer sus ideas a los demás. Es un filósofo que se plantea las limitaciones que tiene el pensamiento. Y su vida es coherente con ello.

«Ortega es el pensador socrático por antonomasia, o mejor, es el paradigma del filósofo ciudadano, pues se plantea, antes que nada, los límites del saber»

Hay tres grandes figuras a lo largo de la historia del pensamiento, o quizá dos, que se reflejan muy bien en aquella anécdota que narra Plutarco, cuando Alejandro va a ver a Diógenes. Alejandro va rodeado de asesores, guardaespaldas, etc. y dice aquello de «oye, Diógenes, dime qué quieres y lo haré realidad», y este le responde: «¿Podrías apartarte? Me quitas el sol». Y cuando se marcha Alejandro, mientras todo su séquito va diciendo: «¿Quién es este cretino?», Alejandro responde: «si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

Ahí están las dos partes que buscábamos: el filósofo ciudadano y el filósofo cínico. El cínico, que es Diógenes, y también el gran filósofo que fue Alejandro, que llevó a cabo la mayor obra de la antigüedad: convertir a los bárbaros en ciudadanos. Ahí están esas dos figuras. Y es el último, el ciudadano, quien sabe cuáles son los límites de su saber.

Alejandro tuvo un buen profesor…
Sí, ¡pero fíjate que fracasó! Porque cuando el padre de Alejandro (Filipo de Macedonia) llama a Aristóteles, le dice que lo único que quiere es que su hijo aprenda una cosa: que todo se quede como está. Es decir, que no emprenda conquistas… y el otro se fue y conquistó medio mundo. Así que, visto lo visto, hemos de concluir que Aristóteles, el filósofo que ha pasado a la historia como el gran sabio de todos los tiempos, en este caso fracasó totalmente. Por suerte. 

Volviendo a Ortega, me llama la atención la relación que destaca entre democracia y libertad. ¿Estamos tergiversando el concepto mismo de democracia a fuerza de querer ser los más demócratas? ¿Hemos caído en la «autocracia feliz» de la que hablaba Ortega?
La inseparabilidad entre democracia y liberalismo. Es una constante en todo el pensamiento de Ortega la defensa del individuo, de la liberta personal, frente a cualquier tipo de estatismo. Ortega es una demócrata radical, porque defiende, en los términos que usaría Camus, «la democracia de los solitarios-solidarios». Individuos que se vinculan a otros individuos para construir bienes en común, pero que saben cuáles son los límites que debe tener el Estado.

«Es una constante en todo el pensamiento de Ortega la defensa del individuo, de la liberta personal, frente a cualquier tipo de estatismo»

Ortega distingue varios conceptos de libertad, como han hecho después otros filósofos como Isaiah Berlín: libertad positiva, libertad negativa, etc. La idea es que el estado, básicamente, lo que tiene que hacer es defender al individuo para que pueda desarrollarse plenamente. Pero Ortega es muy cauto, porque estima que, para que haya un verdadero desarrollo de la democracia, se tiene que respetar un ámbito, un espacio, una parcela –llámalo como quieras–, que tiene que distinguir claramente entre lo que es el individuo (la persona) y lo que es la política (lo público).

Me detengo mucho en el libro en esta idea de Ortega, cuando dice eso de que una cosa es el liberalismo –que es, básicamente, la defensa radical de la libertad individual– y otra cosa es la democracia. Porque, claro, si la democracia es una cuestión de derecho público, la libertad individual es una cuestión de privacidad, de individualidad. La clave entonces es cómo acompasar la libertad individual y su desarrollo con el espacio público, con la democracia. Si exageramos el asunto, podríamos sacralizar la democracia hasta hacer de ella una democracia morbosa. 

Y si exageramos el individualismo, ¿no acabamos en el egoísmo?
Ortega distingue con claridad entre el individualismo democrático y el individualismo privatista, si quieres, nietzscheano. Son diferentes. A lo largo de la historia de la filosofía, la política y, sobre todo, del pensamiento político contemporáneo, no ha habido democracia sin individuo, sin persona. La democracia es para el desarrollo de las personas o no es democracia. Los individuos no pueden ser reducidos, como te decía antes, a una multiplicidad animal. En el momento que la democracia confunde esas posiciones, desaparece la política democrática. A no ser que nos empeñemos en llamar así a lo que no lo es, que ya sería la «democracia morbosa», según Ortega.

Pero el miedo aparece ante esa idea que reza que, como somos imperfectos, solo podemos ser libres si se limita nuestra libertad.
Ahí está el ejemplo de lo que hablábamos: si tú reduces pluralidad humana a multiplicidad animal. Es el pensamiento prototípico de Rousseau, lo políticamente correcto, que hoy ya ha vencido. Es lo opuesto a Ortega.

«La democracia es para el desarrollo de las personas o no es democracia. Los individuos no pueden ser reducidos a una multiplicidad animal»

La obra de Ortega, toda su obra, es la defensa de la libertad individual y esa es su gran influencia en el pensamiento contemporáneo. Camus en este punto es uno de sus grandes seguidores, especialmente en su obra El hombre rebelde –por cierto, Camus se consideraba el primer discípulo de Ortega, si ser discípulo es el que más lo ha leído–. Algo parecido pasa con Octavio Paz, otro Premio Nobel, que sigue a Ortega y su defensa de la democracia. Todos ellos son grandes demócratas radicales, grandes individualistas radicales… Naturalmente, en esa línea también podríamos citar a María Zambrano, que ha desarrollado la idea de democracia de Ortega en su Persona y democracia. Se trata siempre de la defensa de la democracia a través de la libertad radical, personal, subjetiva.

Por otro lado, Ortega se ha adelantado a pensar los horrores del totalitarismo, de las experiencias totalitarias del siglo XX, con un arsenal argumentativo realmente original. Por ejemplo, en el Epílogo para los ingleses y el Prólogo para franceses, que para mí son dos libros nuevos que pueden leerse independientemente de La rebelión de las masas, se adelanta a todo lo que va a suceder. Anuncia la Segunda Guerra Mundial. Ojalá le hubieran hecho caso. Y en Europa lo leían, ¿eh? Se le conocía desde los primeros años veinte como uno de los más inteligentes críticos de la dimensión revolucionaria, populista y totalitaria  de la modernidad. Fue él quien alertó de la venida de los totalitarismos, por lo que no deja de ser extraño que a él, un liberal radical, le hayan llegado a acusar justo de lo contrario, de autoritario.

Cambiando de órbita, hay una faceta que usted destaca varias veces en el libro y es la extraordinaria calidad literaria de Ortega.
Ortega es un gran filósofo porque, como todos los grandes, es capaz de escribir para el mundo entero. Claro que un especialista podrá encontrar unas cosas que no encontrará un no especialista, pero él rompe con esa distinción de la modernidad que suele diferenciar entre filosofía para especialistas y filosofía de divulgación. Una idea que, por cierto, aparece en la Ilustración. La filosofía, especialmente en lengua española, ha sido a menudo una cosa muy académica, en el sentido de que siempre ha tenido un lenguaje muy específico. Pero, por otro lado, ese lenguaje específico participa del lenguaje de la vida cotidiana.

A lo largo de la historia ha habido grandes filósofos que han escrito para todo el mundo, y eso es muy difícil. Lo digo no solamente como defensa a Ortega, que fue descalificado porque hacía «literatura», sino porque la literatura es necesaria. Es imposible encontrar a filósofos que no hayan utilizado, de una u otra manera, metáforas. De hecho, muchos grandes filósofos son conocidos por sus metáforas. El caso concreto de Ortega es cuando dice: «¿Qué escribo yo cuando escribo Las meditaciones del Quijote? Un conjunto de ensayos. ¿Y qué es un ensayo? La filosofía sin prueba explícita».

Sin embargo, él sí da pruebas muy explícitas de que está haciendo filosofía. ¿Cuáles? Pues el hecho de que uno coge un libro suyo y no puede dejar de leerlo. Esa es la gran prueba. Y lo más importante es que no la ofrece el autor, sino el lector. Ortega es tan genial que consigue que la prueba sea la conciencia del lector crítico. Que siga leyéndole. Es muy difícil empezar a leer a Ortega y dejarlo. Engancha. Sucede algo parecido a Platón. Si tú lees los Diálogos, si entras en ese juego, es muy difícil no acabarlo. Hay grandes autores de filosofía que han tenido esa cualidad y Ortega tuvo su mismo tipo de genialidad.

«En la filosofía de Ortega es la propia literatura, la conciencia del lector, la relación inmediata que se establece entre él y el escritor, lo que actúa como prueba evidente. Es filosofía porque tú sigues leyendo»

Por otro lado, la escritura no es solo estilo, no es solo forma. Es algo que es una tradición del pensamiento español que se dio en el Renacimiento, el Barroco, etc. La escritura ya es en sí misma contenido. Es cierto que en algunos filósofos y en algunos discípulos de Ortega esto que estamos hablando se ha desarrollado de manera genial. El lenguaje no es solo el medio de comunicación para la gran filosofía, sino que es contenido filosófico. Eso es algo que Ortega y algunos de sus seguidores han llevado hasta sus últimas consecuencias, por ejemplo, María Zambrano. Pero, reitero, eso no es reducir la filosofía a literatura, sino la prueba de que es parte necesaria. En la filosofía de Ortega es la propia literatura, la conciencia del lector, la relación inmediata que se establece entre él y el escritor, lo que actúa como prueba evidente. Es filosofía porque tú sigues leyendo.

La parte en la que reflexiona acerca de las críticas que se han hecho a Ortega recuerda –en mi opinión– a lo que le ocurrió a Julián Marías durante muchos años: por un lado, el franquismo lo marginó por haber sido republicano y, después, en la Transición y los años posteriores, la izquierda lo ignoró completamente por no ser socialista. ¿Comparten ambos ese desprecio ideológico de unos y otros hacia su persona por ser independientes?
Sí, sí, sí, claro. Es una tesis y una afirmación rotunda a lo largo de todo el libro. Y es especialmente grave en Ortega, ya que a él se le reivindica y se le cita, en los días de fiesta, pero se le oculta en los días laborables. Eso es lo grave, el ninguneo extremo.

Hay otro gran problema que es de fondo. A Ortega se le ha envidiado siempre porque era un grande. El más grande maestro que ha dado la filosofía española. En el libro yo me he dedicado a quitar esas espinas –y me he clavado unas cuantas también–, que quizá sean culpa de algunos de sus discípulos o seguidores, siendo el caso más concreto el de José Gaos.

Me ha sorprendido la historia de Gaos, el rencor…
Hay una voluntad, en mi libro, de tratar de dialogar honradamente con Gaos, porque a veces uno dice: «Leche, qué duro es esto contra Ortega, ¿no? Voy a volver a leerlo, quizá estoy equivocado…». Yo he leído casi toda la obra de Gaos, que es un gran filósofo, y me ha interesado muchísimo a pesar de ser un escritor muy duro literariamente, un autor que cuesta seguir. Y, al final, la pregunta que me hice era: ¿está movido este señor por una voluntad filosófica o una voluntad de servicio a una causa? Y creo que es esto último, que la crítica de Gaos a Ortega no es filosófica, sino que está al servicio de una causa política… Fíjate en esa lectura tan dura que se hizo de Ortega a su muerte en Confesiones profesionales, una de las obras más bonitas de Gaos. Son lecturas en las que desaparece el gran filósofo de la política que fue Ortega. Y eso ha sido copiado y mimetizado por otros por razones extrafilosóficas, motivos ideológicos para nunca reconocer la gran coherencia de Ortega. Desplazarlo, marginarlo del discurso académico, del discurso público. ¡Y todo porque volvió a España! Eso ha sido terrible. En ese error han caído muchos… que no te voy a recitar ahora porque están en el libro (risas).

Ortega frente a Unamuno. ¿Próximo proyecto?
Aparece continuamente, especialmente en la primera parte del libro. He trabajado mucho en ese tema y aquí he recogido algo de ello. Porque creo que es importante. En el fondo, Ortega siempre tiene como referencia a Unamuno, aunque no lo cite.

Hay un texto de Ortega, maravilloso, que es la necrológica que le dedicó a Unamuno poco después de morir este y en la que le reconoce una cosa: Unamuno, si ha aportado algo, es que las ideas no son para mostrar músculo o para hacer patinaje artístico, sino que han de servir para que los hombres sean mejores.

Hay que distinguir muy bien el tipo de filosofía que hace Unamuno… si eso es filosofía. Porque esa es precisamente la historia. Unamuno era un gran pensador y escritor, y no digo que eso no sea una forma de hacer filosofía importante, pero cuando se mide a Ortega con Unamuno, en realidad se le está midiendo con Kierkegaard.

Ortega trata de crear categorías, la primera de todas la razón vital, histórica, narrativa. Eso es una singularidad propiamente orteguiana, aunque tenga inspiración en muchos otros pensadores. Esa es su categoría, frente a muchas otras formas de hacer filosofía que están inspiradas en el absoluto.

«En Confesiones profesionales, de Gaos, desaparece el gran filósofo de la política que fue Ortega. Y eso ha sido copiado y mimetizado por otros por razones extrafilosóficas»

¿Su oposición al idealismo?
Continuamente se está enfrentando a dos grandes monstruos: por un lado, el idealismo, y por otro, ciertas formas de irracionalismo que han sido muy importantes.

Respecto al idealismo, hace como filósofo político lo que ya hemos indicado, la crítica a la modernidad idealista revolucionaria. Él es el gran crítico de la revolución. No hay otro más grande en el siglo XX. Y lo es porque es un demócrata, razón por la que adelanta a todas las demás críticas al totalitarismo contemporáneo que estaban por venir. Y, por otro lado, también ofrece enfrentamientos en términos teóricos de las fundamentaciones de la razón, donde se enfrenta radicalmente a cualquier tipo de irracionalismo o mística. Por eso el capítulo de Dios es tan importante en el libro. La clave está en que Ortega piensa que el cristianismo tiene que ponerse al día y hacerlo a través de la teología, que es, por decirlo de alguna manera, la teoría de la razón religiosa.

Es un tema en el que incide usted mucho, la diferenciación entre teología y mística.
Sí. Hay textos muy importantes de Ortega en los que él opta por la teología en lugar de la mística. Y no es que él –o yo– tuviera algo contra la mística o la literatura mística de este país, que es maravillosa, sino que él es un filósofo y por ello busca dar razón. Y es justo en ese punto donde se produce el enfrentamiento con Unamuno y Kierkegaard del que hablábamos.

Entonces, podemos concluir que ese libro, Ortega frente a Unamuno, está en marcha.
¡Sí! ¡Claro que lo está! Pero antes tengo que acabar otra cosa (risas).

Pues promete mucho…
Es que Unamuno… era un genio. Aparte de firmar un libro como Del sentimiento trágico de la vida, ¡era el Gran Escritor! Y es ahí donde aparecen sus paradojas, sus contradicciones, etc.

Quizá el mejor reflejo de las diferencias entre Unamuno y Ortega sean sus discípulos. Por ejemplo, María Zambrano. Ella tuvo dos temas de reflexión, España y Dios –cosas que, a menudo, tienden a olvidarse u ocultarse–. En el segundo caso, quien le abre las puertas es Ortega, pero el desarrollo, la teorización de la figura de Dios que ella hace es plenamente unamuniana.

Me está dando una idea para un reportaje, ¿sabe?: Unamuno y Ortega en el pensamiento de María Zambrano.
Pues ahí lo tienes. En el libro hay un capítulo muy largo sobre el tema.

Fuente:

https://www.filco.es/agapito-maestre-ortega-es-el-paradigma-del-filosofo-ciudadano/

Jose Barrientos

Entrevista radiofonica a Jose Barrientos.

Antonio Guerrero

 

El profesor J. Barrientos fue entrevistado por el programa de radio Talentos del proyecto Filosofía en la Calle, en torno a la filosofía aplicada.

Biografia:

José Barrientos Rastrojo es profesor en la Universidad de Sevilla y director de la Revista Internacional de Filosofía Aplicada HASER, Director Adjunto de la Revista Argumentos de Razón Técnica y codirector de la Cátedra de Hermenéutica Analógica y de la Revista Hermes Analógica. Escribió el primer libro sobre historia de la Filosofía Aplicada u Orientación Filosófica en lengua española, fundó y es uno de los actuales presidentes de la Red Iberoamericana de Investigación en Filosofía Aplicada.1​ Asimismo, dirigió el International Conference on Philosophical Practice, máximo evento de la profesión.

Ha realizado estancias en Princeton University con Peter Singer, en Harvard University, en la University of Cambridge, en [[The University of Chicago Press|The University of Chicago]], en la University of Tokyo, en la Universidade de Sao Pauloy en la UNAM con Mauricio Beuchot entre otras instituciones de educación superior. Por otro lado, ha dirigido más de una docena de investigaciones entre tesis doctorales, de Master y de Grado.

Es autor de más de doscientas publicaciones y de más de cien conferencias y ponencias expuestas en América, Asia, África y Europa.

Sus temas de investigación son la Filosofía Aplicada y la Experiencialidad. Este último tema lo ha desplegado en los últimos años en varios formatos académicos incluyendo un grupo de investigación, el primer proyecto experimental internacional, con sedes en Noruega, México y Croacia, y varios congresos y eventos académicos en varios países. Actualmente, vincula Filosofía Aplicada y Cooperación al Desarrollo con un proyecto internacional en cárceles y Casas Hogar.

 

Entrevista en el programa Talentos de Filosofía en la Calle.

Talentos

 

http://candilradio.com/index.php?option=com_commedia&task=popup&commpid=45259504&commsid=553480&tmpl=component

 

Más información sobre el programa de radio Talentos:

 

http://candilradio.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=754:talentos&Itemid=348

 

Más información sobre el proyecto Filosofía en la Calle

 

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle

https://www.filco.es/filosofia-mas-alla-de-las-aulas/

Presentación de Filosofía en la calle | MuVIM, 6 junio 2019, 20.30 h. #Avivament2019 #Streaming

 

Filosofía en la calle

 

 

 

 

Futurama

 

Pienso, luego… ‘Futurama’

JAIME RUBIO HANCOCK

A Fry nunca se le dieron bien los libros, pero le sirvieron para vencer a los cerebros voladores

Un libro repasa debates filosóficos clásicos aprovechando las tramas y los personajes de la serie de Matt Groening.

Los seguidores de la serie la siguen echando de menos seis años después de su (segunda) cancelación, por lo que no es de extrañar que se acabe de publicar en España Futurama y la filosofía (Blackie Books), un libro de 23 ensayos editados por Courtland Lewis en el que sus tramas y personajes se aprovechan para hablar de asuntos éticos, existenciales y políticos. El texto sigue la estela de Los Simpson y la filosofía (y de otro centenar de títulos similares de la editorial estadounidense Open Court).

temas que recoge este volumen:

1. ¿Puedo comerme la bandera de España?

El doctor Zoidberg celebra el Día de la Libertad comiéndose la bandera de la Tierra, un acto con el que este alienígena quiere agradecer la libertad de la que disfruta. Sin embargo, la reacción de muchos terrícolas es la ira. Incluso la cabeza de Nixon (presidente del planeta) grita: “¡Muerte al traidor!”, antes de llevar a Zoidberg a juicio.

Este episodio está inspirado por la sentencia del caso Texas contra Johnson (1989), en la que el Tribunal Supremo consideró que Gregory Lee Johnson había ejercido su libertad de expresión al quemar una bandera estadounidense. Es decir, los jueces se mostraron cercanos al llamado “principio del daño”: según el filósofo John Stuart Mill, cualquier forma de expresión pública debe permitirse siempre que no cause un daño lo suficientemente grande. Y que algo ofenda no lo es. Para Mill, el debate público de ideas es indispensable. Y eso incluye quemar banderas, comérselas o, qué se yo, simular que uno se suena con ellas.

2. Sé tú mismo (si puedes)

Según relata Plutarco, durante sus años de servicio se fueron reemplazando todas las piezas dañadas del barco de Teseo, hasta el punto de que ya no quedaba ni un solo tablón del barco original. ¿Este barco seguía siendo el mismo barco?

Algo así (más o menos) se pregunta Fry en Parásitos perdidos. En este episodio, unas lombrices se cuelan en su cerebro y hacen sorprendentes mejoras en su inteligencia. Gracias a ellas está a punto de conquistar, finalmente, a Leela. Pero Fry se da cuenta de que todo es culpa de los parásitos y decide eliminarlos: quiere que su amiga se enamore de él y no de la persona que han moldeado las lombrices.

En realidad, todos cambiamos a lo largo de nuestras vidas. En el caso de Fry, la diferencia viene de que él es consciente de este proceso, de modo que afronta “la paradoja existente entre nuestra idea de ser un cuerpo permanente y la de ser un cuerpo que, en realidad, está constantemente cambiando”. ¿Y si Fry no se hubiera enterado de la existencia de las lombrices? ¿Seguiría siendo Fry?

La serie fue cancelada (por segunda vez) en 2013
La serie fue cancelada (por segunda vez) en 2013

3. ¿Los viajes en el tiempo son lógicamente posibles?

En Bien está lo que Roswell, la nave de Planet Express viaja al año 1947, lo que sirve para presentar la paradoja del abuelo: Fry no le debe hacer ningún daño al suyo porque podría dejar de existir.

¿Sería lógicamente posible que Fry matara a su abuelo? Si lo hiciera, Fry no llegaría a nacer, por lo que nunca viajaría en el tiempo, por lo que nunca habría matado a su abuelo, pero entonces sí nacería porque su abuelo seguiría vivo… Etcétera. Quizás no podría matar a su abuelo por mucho que se esforzara: por ejemplo, la pistola se encasquillaría o no acertaría ni un solo disparo. Es decir, sería lógicamente imposible y fracasaría siempre, del mismo modo que no podría dibujar un cuadrado de tres lados por mucho que lo intentara.

Pero Fry mata a su abuelo (sin querer). Y luego se acuesta con su abuela (queriendo). Y se da cuenta de que en realidad él es su propio abuelo. ¿Esto es lógicamente posible? Pues sí: es un ejemplo de “bucle causal”. Fry es la causa de su padre y su padre es la causa de Fry. Los bucles causales son raros, pero “no son lógicamente imposibles y, por tanto, no representan un problema al hecho de viajar al pasado”, explica el libro.

4. ¿Está mal comer popplers?

Leela descubre en otro planeta lo que parecen gambas rebozadas. Están tan ricas que se las lleva a la Tierra, donde se convierten en una moda gastronómica. Pero en realidad son crías de omicronianos, unos extraterrestres que en cuanto se enteran de la masacre acuden a la Tierra a buscar venganza: quieren comerse a Leela.

El capítulo se convierte en un disparatado debate sobre si está bien comer animales. Si nos parece bien criar a una vaca para asarla, ¿por qué nos parece regular que los omicronianos se coman a Leela? Como recoge el libro, la serie “incita a los espectadores a considerar la perspectiva de las especies inferiores (o, al menos más débiles)”. Todo cambia cuando tú eres el menú.

Leela descubre que los popplers en realidad son animales racionales
Leela descubre que los popplers en realidad son animales racionales

5. ¿Bender siente de verdad o solo está programado para sentir?

Como es el año 3000, en Futurama hay robots inteligentes. Casi todos, como Bender, tienen su propia personalidad. En este caso se trata de una personalidad egoísta y aficionada al robo, entre otras malas (e hilarantes) costumbres.

¿Pero Bender es así solo porque le han programado? ¿Entonces no es responsable de sus actos? ¿Eso no nos ocurre a todos? ¿Nuestros actos no son a fin de cuentas consecuencia de nuestra predisposición genética y del ambiente en el que hemos vivido?

Igual que los humanos, los robots de Futurama “pueden superar sus funciones” y “perseguir otros fines si así lo desean”. Nuestros impulsos y necesidades no determinan nuestro comportamiento y, por eso, igual que Bender, somos agentes morales responsables de nuestras acciones.

Al menos, que sepamos. Quizás todo esto no sea más que otra serie de Matt Groening y nosotros solo seamos dibujos que siguen un guion.

Fuente:

https://elpais.com/cultura/2019/05/28/actualidad/1559046049_905790.html

Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci: pensamiento avanzado

 

   
La proporción fue una de las ideas que vertebró la obra de Leonardo da Vinci. Se hizo explícita en el llamado «Hombre de Vitruvio», que preside este collage con algunas de sus obras.
La proporción fue una de las ideas que vertebró la obra de Leonardo da Vinci. Se hizo explícita en el llamado «Hombre de Vitruvio», que preside este collage con algunas de sus obras.

Hoy se cumplen 500 años de la muerte del genio del Renacimiento. A golpe de ideas y bocetos, Leonardo da Vinci transformó su época y el futuro. ¿Será esto suficiente como para poder denominarlo «filósofo»?

Por Pilar G. Rodríguez

Lo de ser un hombre o una mujer del Renacimiento debe de ser por Leonardo da Vinci, si con esa expresión nos referimos a alguien interesado por todos los saberes,activo en sus múltiples facetas y bueno en gran parte de ellas. Así era Leonardo da Vinci (1452-1519), de cuya muerte se cumplen hoy, 2 de mayo, 500 años.

Con su talento en el arte, la ciencia, la ingeniería, la música, la física, la anatomía, entre otras disciplinas, fue capaz de alumbrar una producción tan vasta y variada que hoy día sigue pareciendo inexplicable. Algo pueden aclarar sus libros de notas llenos de bocetos, apuntes, fórmulas matemáticas y diseños verosímiles e inverosímiles, todos útiles por igual, ya fuera en la Italia de su época o en un futuro al que él echó el lazo. Imaginó y diseñó numerosos inventos; algunos rudimentarios e incluso fallidos, sí, pero fueron los primeros destellos de las nuevas ideas que cambiarían el mundo, como el carro autopropulsado, la máquina de volar o el caballero robot. En este punto, un paréntesis con el interrogante de si no se puede llamar filósofo a alguien que cambió el mundo con sus ideas. Si se puede, Leonardo da Vinci lo fue por transformar el periodo en el que le tocó vivir y repercutir en el futuro a golpe de pensamiento y dibujo.

Sus manuscritos están llenos de diseños verosímiles e inverosímiles, pero útiles por igual, ya fuera en su época o para un futuro

Dos ideas decisivas: necesidad y proporción

Como s explica en El imaginario de Leonardo –catálogo de la exposición que la Biblioteca Nacional de España organizó en 2012 alrededor de los Códices Madrid–, en el Renacimiento, la razón empieza su recorrido triunfal hacia el dominio de la filosofía y la ciencia que cristalizará en el XVII con la aparición del racionalismo y el empirismo. Leonardo es un hombre de razón que quiere comprender el mundo a través de esta. «A su juicio, la aplicación de la razón, suprema facultad de la mente humana, permite conocer los principios universales que rigen el universo. Dos de ellos, la necesidad y la proporción, llamaron poderosamente su atención», explica en el mencionado catálogo Elisa Ruiz, comisaria de la muestra.

De la primera pensaba que era la guía de la naturaleza. Leonardo entendía la «necesidad» relacionada con la virtud en una asociación que recuerda a Aristóteles. Según el filósofo, la virtud se da cuando una entidad realiza la función que le es propia de forma perfecta. Pues bien, Leonardo entiende la necesidad-virtud como la forma en la que los elementos que integran el universo se acomodan perfectamente a su función en la naturaleza. Siguiendo esta misma lógica, para alcanzar un fin o una función determinada, lo más preferible será siempre el diseño más simple. Y así exclama:

¡Oh, investigadores de cosas! No presumáis de conocer las cosas que la propia Naturaleza manifiesta de manera ordinaria, sino alegraos de conocer el fin de aquellas cosas que son ideadas en vuestras mentes.
París, Bibliothèque de l’Institut de France. Codex G, f. 47r.

Leonardo, siguiendo a Aristóteles, entiende la necesidad-virtud como la forma en la que los elementos del universo se acomodan perfectamente a su función en la naturaleza

La otra idea, la proporción, tiene su plasmación artística en el llamado Hombre de Vitruvio, cuyo nombre deriva de los textos de arquitectura del famoso arquitecto romano, que Leonardo estudio con detenimiento y fascinación. Tenía múltiples aplicaciones en las matemáticas, la música, la arquitectura, etc., y como Leonardo se interesaba por todos esos campos, no pudo más que interesarse también con pasión por esa idea que vertebra también gran parte de su producción.

Anunciando el empirismo

La importancia que le daba a la razón y a la experimentación como método para avanzar en el trabajo intelectual hace de Leonardo da Vinci un anunciador de corrientes filosóficas como el racionalismo y el empirismo. Así se muestra en estas frases, que constituyen verdaderos aforismos:

  • La sabiduría es hija de la experimentación.
  • Antes de que tú enuncies una ley general a partir de un caso, pruébalo dos o tres veces y observa si las pruebas producen efectos similares.
  • La ciencia es el capitán y la práctica son los soldados.
  • Aquellos que se enamoran de la práctica sin ciencia son como el marinero que entra en una nave sin timón ni brújula.
  • No hay en la naturaleza ningún efecto sin causa; una vez que se conoce la causa no es necesario practicar la experimentación.
  • Todo nuestro conocimiento tiene su origen en las percepciones.

Cuadernos de notas

Pocos desconocerán el nombre del autor de La Gioconda o Mona lisa, por citar su obra más famosa o una de las más famosas. Pero no es tan popular la producción que dejó en forma de cuadernos o apuntes, manuscritos de gran valor, ocultos y dispersos por diversas bibliotecas e instituciones en todo el mundo como el Códice Atlántico, que se guarda en la Biblioteca Ambrosiana de Milán; los manuscritos de Francia, en el Institut de París; los del Castillo de Windsor, el Victoria and Albert o la British Library en Inglaterra; o los Códices Madrid, descubiertos en la década de los 60 en la Biblioteca Nacional de España que se exponen hasta el 19 de este mes en dicha sede. Como recuerda el profesor Miguel Ángel Contreras López en el artículo de la revista Descubrir el Arte, donde se recordaba el V centenario de su muerte: «Nada de lo escrito por Leonardo fue publicado ni estudiado hasta el siglo XIX. Mientras los manuscritos de Leonardo acumulaban polvo en antiguas bibliotecas europeas, Galileo Galilei era celebrado como el «padre de la ciencia moderna». Capra, en su famoso libro La ciencia de Leonardo,sostiene que el verdadero fundador de la ciencia moderna fue Leonardo da Vinci». 

El físico austriaco Fritjof Capra sostiene en su obra La ciencia de Leonardo que no fue Galileo, sino Leonardo, el verdadero fundador de la ciencia moderna

Tierra, agua, aire y fuego

La mezcla de conocimiento e intuiciones convirtió sus ideas en inventos de todo y para todo. Sus diseños abarcan desde máquinas para la fabricación de medallas, monedas o placas hasta otras que introducían avances en la industria textil, pasando por artilugios para la estampación y otros más domésticos, como puertas con mecanismos automáticos, lámparas, muebles y hasta un asador y una prensa para la producción del aceite de oliva. Esto en el plano más doméstico y terrenal, pero Leonardo tiene inventos que acompañan a los otros elementos.

A la conquista del cielo, una de sus obsesiones, Leonardo elaboró complejos artilugios: alas mecánicas inspiradas en las de los pájaros, telas extendidas para aprovechar el viento…

Respecto al agua, estuvo a la altura de los mejores ingenieros hidráulicos de la épocas. Mejoró las estructuras existentes –molinos, pozos, bombas–, pero su proyecto más ambicioso fue el encargo de desviar el curso del río Arno para que este fuese navegable hasta Florencia.

Capítulo aparte merece la atención que Leonardo le prestó a las artes de la guerra. Él mismo las exhibió cuando se autopresentó al duque de Milán Ludovico Sforza, «el Moro». Conocemos el texto gracias al Códice Atlántico. Allí, Leonardo explica su capacidad y potencial para diseñar máquinas de guerra. Si en el capítulo de la conquista del cielo Leonardo se considera uno de los padres (o abuelos) del helicóptero, sobre el terreno bélico figura como antecedente de ametralladoras, cañones y tanques, además de perfeccionadas ballestas y catapultas capaces de arrojar múltiples proyectiles.

Los Códices Madrid y la exposición de la BNE

Los Códices Madrid I y II constituyen el corazón de la exposición que desde finales del año pasado y hasta el 19 de este mes se puede ver en la Biblioteca Nacional Española, en Madrid. Son dos manuscritos excepcionales, obras ya de su madurez, que llegaron a España de la mano de Pompeo Leoni, escultor de Felipe II y fueron encontrados en los archivos de la Biblioteca a mediados de la década de los 60 del siglo pasado. El Códice Madrid I es un tratado técnico que contiene una selección de sus principales logros científicos y artísticos. «La calidad del aparato icónico y el interés de los textos explicativos lo convierten en una fuente indispensable para conocer el funcionamiento de una mente prodigiosa. Es uno de los más bellos autógrafos conservados. Probablemente el maestro se proponía publicar esta obra por medios mecánicos. La intencionalidad del autor resulta evidente gracias a la invocación dirigida a un eventual lector al principio del manuscrito», declara la catedrática de paleografía Elisa Ruiz, responsable de la muestra.

El Códice Madrid II es un ejemplo característico del tipo de cartapacio o zibaldone utilizado por Leonardo. Se trata de un cuaderno de trabajo en el que va anotando toda clase de asuntos. En esas páginas desarrolla, entre otras cosas, la problemática del vuelo artificial pilotado, explica un original sistema de reproducción simultánea de escritos e ilustraciones mediante planchas metálicas, incluso levanta acta de un importante hallazgo: «En la noche de san Andrés encontré la solución final de la cuadratura del círculo cuando ya se terminaba la vela, la noche y el papel en el que escribía, al filo del amanecer».

Fuente:

https://www.filco.es/leonardo-da-vinci-pensamiento-avanzado/

Julio Llamazares

Solsticio

Pese a los muchos siglos de religiones modernas, en el fondo de nuestras conciencias alienta un animismo primitivo que tiene que ver con lo natural más que con la filosofía y la ciencia

Hoguera en la playa de Riazor (A Coruña) durante la noche de San Juan.
Hoguera en la playa de Riazor (A Coruña) durante la noche de San Juan. ÓSCAR CORRAL

A coger el trébole (el trébol de cuatro hojas, ese que da buena suerte), encender y saltar hogueras o bañarse en los ríos o en el mar bajo la Luna: millones de personas en el mundo saldrán un año más de sus casas la noche de este domingo, cumpliendo con un rito pagano para unos y cristiano para otros. La noche de San Juan, aunque no coincide exactamente con el solsticio de verano (el de invierno en el hemisferio sur) tiene su origen en él y como tal es tomado por muchísimas personas, que consideran la fiesta una celebración panteísta. Pese a los muchos siglos de religiones modernas, en el fondo de nuestras conciencias alienta un animismo primitivo que tiene que ver con lo natural más que con la filosofía y la ciencia.

A la vez que el mundo avanza hacia la tecnificación robótica, que la informática y la astronomía conectan el conocimiento humano y el universo, cada vez menos ignoto, la humanidad sigue teniendo necesidad de misterio, de algo que la haga sentir viva por encima de la tecnología. Enganchados a móviles y a ordenadores, necesitamos a la vez sentir que estos no lo solucionan todo y que hay algo que se les escapa, algo que nos pertenece y que ya estaba dentro de nuestros espíritus antes de que aparecieran ellos. Algo que tampoco tiene que ver con la religión como nos la presentan, en todo caso con sus antecedentes mágicos. En el fondo de todos nosotros, lo queramos o no, hay un eco de la historia de ese tiempo en el que las preguntas aún no tenían respuestas, o por lo menos no todas ellas.

La noche de San Juan en Occidente va unida a la superstición, una rémora para quienes consideran que todo tiene una explicación científica. Posiblemente estén en lo cierto, pero eso no les faculta para descalificar a quien necesita creer en algo diferente de lo que la tecnología y la ciencia nos presentan como único real. Sin entrar en creencias milenaristas o en fantasías heterodoxas, de esas que las televisiones también nos venden como si fuera una publicidad más, hay gente que necesita seguir pensando para vivir que no todo tiene explicación y que cabe aún el misterio en este mundo, llámese poesía o representación sin más. Por eso, en noches como estas, la de San Juan o la de Navidad, la más corta y la más larga dependiendo de los hemisferios terrestres, todos sentimos un estremecimiento y un desasosiego que tratamos de convertir en fiesta, para no reconocer que nos asusta el misterio del tiempo y nuestro desvalimiento como especie, en medio del gran enigma del universo y de la eternidad que intuimos detrás de él. “El mayor de los soles en un lado / y del otro luna nueva / lejos de la memoria como aquellos pechos / Y en medio el abismo de la noche estrellada, / el cataclismo de la vida”, escribió el poeta griego Yorgos Seferis mirando el cielo de Atenas un solsticio de verano, sin saber que esa noche quedaría para siempre prendida de su poema como de tantos poemas escritos por tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, la mayoría de ellos perdidos para siempre con las luces de la noche, con las hogueras y las ilusiones brotadas al calor de su fantasía, tan fugaz. Otro poeta, este de la pintura, lo escribió con sus pinceles en un lienzo cuyo título, Nocheestrellada, resume todos esos poemas, los conocidos y los por escribir. “Las piedras de molino muelen todo / y todo en astros se convierte / En vísperas del día más extenso”, dejó escrito Seferis.

Fuente:

https://elpais.com/elpais/2019/06/21/opinion/1561119666_964299.html

Omar Khayyam

Omar Khayyam: el hombre que cambio la forma de medir el tiempo

Gran matemático persa, astrónomo, filósofo y poeta, nos dejó la actualización del calendario zoroástrico y los rubaiyat o cuartetos

Alberto López

Omar Khayyam
Imagen del erudito persa Omar Khayyam GETTY IMAGES

Si en algunos países de Oriente preguntáramos quién es Omar Khayyam nos encontraríamos con una respuesta que no coincidiría con lo que en Occidente conocemos de él y es su contribución al mundo de las ciencias, en concreto a las matemáticas (las ecuaciones y el quinto postulado de Euclídes), a la astronomía (participo en el nuevo calendario persa conocido como jalaliana o seliuk que se sigue utilizando hoy en día en Irán y Afganistán), y a la filosofía (fue seguidor de Avicena).

Gracias a la traducción del Rubaiyat que hizo Edward Fitzgerald a mediados del siglo XIX comenzó a ser conocido como poeta en Europa y América.

De su vida conocemos que nació en la ciudad de Nishapur (Irán) el 18 de mayo del año 1048 y que falleció en el mismo sitio el 4 de diciembre de 1131. Su nombre fue Omar ibn Ibrahimal-Khayyami y pasó a utilizar Khayyam al dar a conocer sus poemas (en árabe significa fabricante de tiendas).

La provincia donde vivió Omar Khayyam era un lugar próspero (con tierras fértiles) y que estaba situado en la ruta de comercio entre China y el Mediterráneo lo que permitió vivir en un lugar que estaba abierto al mundo, al que llegaban comerciantes que provenían de muchas partes de la tierra y que además de traer mercancías intercambiaban ideas, formas de ver la vida y compartían su cultura, eso le permitió a Khayyam tener una mente abierta y un conocimiento muy amplio de muchas materias.

Monumento que homenajea a Omar Khayyam en la provincia iraní de Gilan
Monumento que homenajea a Omar Khayyam en la provincia iraní de Gilan

Antes de dedicarse a la literatura su vida se centraba en la astronomía y las matemáticas y durante muchos años investigo y realizó numerosos descubrimientos. Es en éstas disciplinas donde más nos sorprende. Por ejemplo en matemáticas hay un término que utilizamos para despejar ecuaciones que es la x, pues él la llamó shay (cosa, algo), al pasarse a castellano se pronunciaría xay, y de ese sonido a la inicial x. Otro ejemplo de destreza en matemáticas es que aunque no se demostraría hasta más tarde Omar Khayyamdefendía que no se podían realizar ecuaciones de tercer grado con regla y compás y habría que esperar a Descartes en el siglo XVII que demostraría la teoría de las ecuaciones de tercer grado. Fue también pionero en el tema de las fracciones y de los binomios y nos dejó numerosos tratados y estudios.

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Respecto a la astronomía, ya hemos citado anteriormente su participación en la modificación del calendario persa que se basaba en el calendario lunar y en la investigación que llevó a cabo y que le permitió calcular la duración de un año exacto sin errores, desmintiendo la teoría de que el año tenía 365 días, lo cual no era correcto, su cálculo era mucho más preciso que él del calendario gregoriano. También le encargaron dirigir en la ciudad de Isfahán un observatorio astronómico y lo hizo durante muchos años pero a la muerte de su mentor sufrió ataques de los musulmanes ortodoxos.

Otro aspecto que conocemos es que peregrino una vez en su vida a la Meca, y que entre otros trabajos fue profesor de matemáticas, historia, medicina, filosofía y juez en su ciudad natal.

Decís que correrán ríos de vino, ¿Es el paraíso una taberna? Decís que todo fiel tendrá dos huríes(vírgenes), ¿Es el paraíso un burdel?

OMAR KHAYYAM

En cuanto a la poesía se le atribuyen muchas obras (entre quinientas y mil) pero lo más seguro es que unas doscientas sean realmente suyas. Sus poemas hablan de las cosas buenas de la vida, del amor, de los placeres terrenales, del vino, pero si uno ahonda un poco más, se encuentra con una profunda reflexión sobre la existencia humana, sobre la religión, el universo y la naturaleza y detrás de todo ello una visión pesimista del mundo. Aprovechaba en sus escritos para hacer una crítica a la sociedad del momento, a la religión y la educación. Utilizaba estrofas formadas por cuatro versos dodecasílabos con un esquema de rima A-A-B-A escritos en lengua farsí. Sus versos empleaban siempre un vocabulario ingenioso, divertido y un tono sarcástico.

La manera en la que llegó a Europa la obra de Khayyam, es muy curiosa, Cowell un inglés que hablaba persa descubrió uno de los manuscritos de Omar en una biblioteca (Bodleian) y Fitzgerald comenzó a trabajar en ella y darla a conocer. Y tal ha sido su difusión que podemos decir que hay un cráter lunar que se llama Omar Khayyam, y que escritores de la talla de Borges, Wilde, Juan Ramón Jiménez hacen referencia en sus obras al autor persa.

Sin duda alguna Khayyam se adelantó al Renacimiento, fue un hombre completo en todos los sentidos, con una amplia formación, pero sobre todo con un gran interés por desvelar los misterios del mundo, por dar respuestas. Lo que había dentro de él era un deseo de conocer el porqué de las cosas, pero sobre todo una búsqueda del sentido de la vida. Sus palabras y sus versos nos hablan del ser humano en todas sus dimensiones y desde lo más profundo de sus ser. Lo conocemos como poeta, pero su legado es tan inmenso que desde que somos pequeños y cuando comenzamos nuestros estudios sus descubrimientos forman parte de nuestro aprendizaje y nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida.

Fuente:

https://elpais.com/elpais/2019/05/18/ciencia/1558158560_459881.html

MARÍA JOSÉ GUERRA y ANTONIO CAMPILLO

No hay democracia sin pensamiento libre

En los últimos años proliferan partidos y gobiernos de ultraderecha que amenazan la democracia

Estudiantes durante la manifestación contra las políticas de Bolsonaro en São Paulo.
Estudiantes durante la manifestación contra las políticas de Bolsonaro en São Paulo. CAMILA SVENSON

Las revoluciones modernas trataron de crear sociedades libres y justas. Y para ello construyeron las instituciones democráticas y un sistema educativo público. Porque no puede haber democracia sin una ciudadanía bien formada. Desde la escuela hasta la universidad, comenzó a enseñarse todo tipo de conocimientos: humanidades, artes, ciencias sociales y saberes técnicos y profesionales. Si estos últimos son útiles para la mejora de las condiciones materiales de vida, los primeros son imprescindibles para la comprensión de las sociedades y la formación integral de las personas.

Hoy, sin embargo, está ocurriendo lo que hace unos años parecía imposible. Están proliferando gobiernos de ultraderecha que son una amenaza para la democracia y el pensamiento libre. El caso de Brasil es paradigmático. El presidente Bolsonaro y su ministro de Educación pretenden recortar las carreras de filosofía, sociología y humanidades, porque son un lujo para “personas muy ricas” (el argumento populista) y no “generan un retorno inmediato” (el argumento economicista). Apelan al precedente de Japón, cuyo ministro de Educación envió en 2015 una orden a las universidades exigiéndoles “abolir los estudios de ciencias sociales y humanas”. Esa orden provocó una oleada de críticas, incluso por parte del empresariado, y enseguida fue anulada. Esperemos que ocurra lo mismo en Brasil. La Red Iberoamericana de Filosofía ya ha exigido una rectificacióny la movilización nacional e internacional no deja de crecer.

Para entender lo que ocurre en Brasil, recordemos la historia europea. Cuando surgieron los regímenes totalitarios del siglo XX, uno de sus objetivos fue la destrucción de la cultura, la quema de libros, la persecución de profesores, artistas y pensadores. El conocimiento se redujo a los saberes técnicos necesarios para mover la maquinaria económica y militar. Se trataba de convertir a la ciudadanía en una masa ignorante y manipulable. Es lo que Ortega y Gasset llamó “la barbarie del especialismo”.

El 12 de octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca, el general sublevado Millán-Astray, fundador de la Legión, le gritó al rector Miguel de Unamuno, escritor y filósofo: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”. Unamuno le respondió: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis”. Con el apoyo de Hitler y Mussolini, Franco destruyó las instituciones democráticas de la II República y trató de matar la inteligencia de todo un pueblo. No lo logró, pero la represión de los maestros y profesores fue brutal, y muchos intelectuales se exiliaron a países como México. La sociedad española tiene una deuda con todos ellos que todavía no ha sido saldada.

La derrota de Hitler y Mussolini abrió un nuevo ciclo histórico en Europa, durante el cual se construyeron los Estados de bienestar. No fue solo una época de desarrollo económico, sino también de justicia social, democratización de las instituciones, conquista de derechos civiles y generalización de la educación y la cultura. Pero, tras la llegada al poder de Thatcher en Reino Unido y Reagan en Estados Unidos, se inició una nueva etapa dominada por el neoliberalismo. Su objetivo: desmontar todas las conquistas democráticas, sociales y culturales de los Estados de bienestar. Es decir, someter la vida de las personas a una nueva servidumbre: la dictadura del mercado capitalista. Las políticas neoliberales comenzaron a socavar de nuevo el sistema público de educación, ciencia y cultura, y a reorientarlo hacia los saberes técnicos patentables y mercantilizables. Una vez más, se trataba de convertir a la ciudadanía en una masa de productores y consumidores fácilmente manipulable.

Tras la crisis de 2008, las políticas de recortes sociales y la precarización generalizada, hemos entrado en un nuevo ciclo en el que proliferan los partidos neofascistas, eufemísticamente llamados populistas. Este fenómeno recorre Europa y América, de Hungría a Reino Unido, de Suecia a España y de Estados Unidos a Brasil. El neofascismo retoma algunos elementos del pasado (autoritarismo, machismo, xenofobia, etcétera) y los combina con otros del ideario neoliberal (privatización de servicios públicos, precarización del empleo, bajada de impuestos, etcétera). Ambos tienen en común el socavamiento de la democracia y de la educación pública.

Ante los grandes retos sociales, tecnológicos y ecológicos a los que se enfrenta hoy la humanidad, necesitamos renovar y fortalecer nuestra democracia, pero también nuestro sistema educativo, para que la ciudadanía pueda adquirir una formación lo más amplia e integral posible. No podemos permitir que las humanidades y las ciencias sociales sean eliminadas de las escuelas y las universidades. La barbarie se abre camino con medidas como esta. Tenemos que oponernos a los enemigos de la educación y la cultura. Prescindir de la filosofía y de la sociología es una mayúscula aberración.

Fuente:

https://elpais.com/sociedad/2019/05/12/actualidad/1557684038_016957.html

María José Guerra es presidenta de la Red Española de Filosofía (REF) y catedrática de Filosofía Moral de la Universidad de La Laguna.
Antonio Campillo ha sido presidente de la REF y es catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia.

Mauricio Beuchot

Mauricio Beuchot: «Las humanidades alimentan nuestro espíritu»

   
Mauricio Beuchot, investigador en la UNAM y fundador del Seminario de Hemenéutica es uno de los filósofos mexicanos más reconocidos. Imagen, por cortesía del autor.
Mauricio Beuchot, investigador en la UNAM y fundador del Seminario de Hermenéutica, es uno de los filósofos mexicanos más reconocidos. Imagen por cortesía del autor.

El filósofo mexicano Mauricio Beuchot señala que necesitamos las humanidades precisamente para tener una vida verdaderamente humana, digna de ser vivida. Y, añade, en las humanidades es donde más utilizamos la hermenéutica. Él es un experto en este campo, que vertebra esta entrevista. Beuchot explica en qué consiste la «hermenéutica analógica», por qué es necesaria y por qué es actual, pese a las sospechas que, en un primer momento, pueda evocar el término «analógico». 

Por Miquel Seguró

El filósofo mexicano Mauricio Beuchot (Torreón, Coahuila, 1950) ha levantado su corpus filosófico alrededor de la noción de signo y de su interpretación. La ha llamado «hermenéutica analógica», que, dicho así, puede dar cierto respeto –si no miedo– a quien no esté muy familiarizado con la materia, pero no es para tanto. Como él explica, si la vida es interpretación, entonces la existencia es hermenéutica. Y para él debería ser también analógica, alejada de los extremos del cientificismo y el subjetivismo a ultranza. Debería buscar el equilibrio, porque en ese punto, tal y como Aristóteles explicó, es donde se encuentra con la virtud.

Repasamos la trayectoria del filósofo mexicano, investigador en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, la Universidad Nacional Autónoma de México, y fundador del Seminario de Hermenéutica. Es especialista en semiótica, filosofía del lenguaje y hermenéutica y tiene numerosas publicaciones en estas materias. Además, es poeta, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y uno de los filósofos mexicanos contemporáneos más reconocidos.

 

Hermenéutica, analogía y símbolo, de Mauricio Blanchot, en Herder.
Hermenéutica, analogía y símbolo, de Mauricio Blanchot, en Herder.

 

 

 

 

 

 

 

 

En sus últimos libros usted viene desarrollando lo que ha bautizado como «hermenéutica analógica». ¿Puede explicar qué es y por qué cree que es importante?
Creo que la hermenéutica es muy importante. Es la disciplina que nos enseña a interpretar textos. Como señalaban Heidegger y Gadamer, vivimos interpretando, nuestra existencia es hermenéutica. En efecto, los textos pueden ser escritos, hablados y actuados; una pintura, una escultura, muchísimas cosas más pueden tomarse como textos. Pero en la hermenéutica actual encontramos que hay corrientes que son unívocas, es decir, que pretenden una interpretación completamente exacta y rigurosa de los textos, cosa que es poco probable. Y también hay corrientes equívocas, para las que la interpretación siempre es vaga, ambigua, lo cual destruye la hermenéutica misma. El univocismo lo encontramos en la filosofía analítica, sobre todo de sesgo positivista, que es cientificista en extremo. El equivocismo lo encontramos en la filosofía posmoderna, que ha caído en un relativismo excesivo. Por eso hacía falta una hermenéutica analógica, que se colocara en medio de esas dos y tratara de hacer un equilibrio.

«En la hermenéutica actual encontramos corrientes unívocas –que pretenden una interpretación exacta y rigurosa de los textos– y corrientes equívocas, para las que la interpretación siempre es vaga, ambigua». La hermenéutica analógica de Beuchot se sitúa entre ambas

En una sociedad posmoderna como la nuestra, en la que no caben grandes discursos sobre la realidad, ¿por qué volver a la analogía, que es un recurso aparentemente anacrónico?
Al contrario, la analogía es un recurso que se necesita hoy en día, porque no tiene la pretensión de producir grandes relatos, que es lo que la posmodernidad critica en la modernidad. En efecto, en la filosofía del lenguaje de todos los tiempos, desde Aristóteles hasta Quine, ha habido tres modos de significación: el unívoco, el equívoco y el analógico. El unívoco es completamente claro y distinto, pretendidamente exacto y riguroso. El equívoco es confuso y oscuro, abandona totalmente la verdad y la objetividad. En cambio, la analogía es intermedia: no tiene la exactitud de lo unívoco, pero tampoco se derrumba en la inexactitud de lo equívoco. Pues bien, el univocismo es típico de la modernidad, fue su metadiscurso o gran discurso; y el equivocismo es propio de la posmodernidad, es ahora su desconstrucción, claro que engañosa, pues produce un relativismo extremo, que es ahora el gran problema en la filosofía. Por eso es necesaria una hermenéutica analógica, es decir, vertebrada con el concepto de analogía, que no permite metadiscursos modernos ni decadencias posmodernas.

¿Por qué es posible todavía hoy desarrollar discursos ontológicos como el suyo?Porque es un discurso ontológico moderado, módico. De hecho, la analogía, contrapuesta a la univocidad, viene a ser humildad, es un discurso modesto, precisamente la verdadera desconstrucción de los grandes discursos o metadiscursos. Es una ontología moderada, como la que quisieron hacer Foucault, Deleuze y Derrida con su idea de una ontología del presente, lo que Vattimo ha llamado una ontología de la actualidad. Justamente Vattimo me ha dicho que la ontología analógica le gusta porque es débil (esto está publicado en un diálogo que tuvimos en 2004 en mi universidad), solo que yo no la concibo tan débil como él quisiera. Su ontología es demasiado débil, y a mí me pasa lo que le ocurrió a Foucault, que cuando quiso defender a los migrantes en Francia se dio cuenta de que no podía tener noción de derechos humanos si no tenía una ontología por lo menos del presente, de la actualidad. Es lo mínimo, pero yo aspiro a un poco más, a una ontología un poco más firme o menos equívoca.

«La analogía es un recurso necesario hoy, porque no tiene la pretensión de producir grandes relatos, que es lo que la posmodernidad critica en la modernidad»

En otras ocasiones hemos hablado sobre esta cuestión, pero no puedo dejar de insistir en ella: ¿por qué la hermenéutica tiene que ser realista, como usted defiende?
Muy recientemente ha aparecido un movimiento realista en filosofía. Es lo más nuevo en ella. Se ve que hay un cansancio del relativismo posmoderno, ya que los principales propugnadores de este nuevo realismo son discípulos de maestros posmodernos. Tal es el caso de Maurizio Ferraris, discípulo de Vattimo, pero que se opone a este último porque niega la verdad y la objetividad. Muchos filósofos jóvenes, muy brillantes, se han lanzado a esta reconstrucción del realismo y de la ontología. Uno de ellos es Quentin Meillassoux, quien con Graham Harman sostienen un realismo especulativo. Ferraris estuvo en un coloquio que organizamos en mi universidad (la UNAM) en 2014, y declaró que él comenzó a hablar del realismo en 2012, pero que yo ya hablaba de un realismo analógico en un libro mío de 1998 (Sobre el realismo y la verdad en el camino de la analogicidad, que se ha reeditado en Buenos Aires, editorial Círculo Hermenéutico, 2013). Un joven filósofo argentino, José Luis Jerez, y yo hemos publicado un Manifiesto del realismo analógico, en esa editorial, en 2013.

 

¿Qué opina de filosofías como la de Markus Gabriel que apuestan por el realismo? ¿Cree que se parecen sus posicionamientos?
Markus Gabriel es otro de esos filósofos jóvenes muy brillantes que están promoviendo el nuevo realismo. Ha tenido un éxito muy notable con su libro Sentido y existencia (publicado por Herder). También propone un realismo especulativo. Y hay otros filósofos jóvenes que se han sumado a ese movimiento realista. Creo que es un índice del agotamiento de la filosofía posmoderna o, por lo menos, del relativismo excesivo que varios de sus exponentes han sostenido. Ferraris me presentó a Markus Gabriel y es un filósofo joven muy prometedor, que tiene una postura realista en epistemología y en ontología. A veces me parecen un poco duros, un poco unívocos, pero por eso creo que un realismo analógico evitará una vuelta al realismo prepotente de la modernidad, y también nos hará salir convenientemente de ese relativismo extremo que se ha extendido en la posmodernidad.

«Markus Gabriel es otro de esos filósofos jóvenes muy brillantes que promueven el nuevo realismo. Creo que es un índice del agotamiento de la filosofía posmoderna o, por lo menos, del relativismo excesivo»

En sus escritos no aparece mucho el tema de Dios. ¿Es relevante para la filosofía de hoy plantearse el problema de Dios?
Tengo un par de libros sobre la filosofía de la religión. En ellos me planteo el problema de Dios como una fuente de sentido. Yo estuve muchos años en la filosofía analítica, y en ella se privilegiaba la referencia por encima del sentido, es decir, se buscaban pruebas que demostraran la existencia de Dios con argumentos lógicos y científicos; pero en la filosofía posmoderna se privilegia más el sentido que la referencia, y por eso me he planteado el problema de Dios como problema de sentido. Hay un sinsentido muy grande en la actualidad, producto del nihilismo de muchos posmodernos (no de todos, por supuesto), y eso hace que la gente busque sentido para su vida, para no suicidarse o abandonarse al hedonismo, etc. Y es donde me parece que la religión vuelve a ser interesante. Así lo han visto filósofos como Trías y Tugendhat. El mismo Habermas dice que tenemos que buscar algo que supla a la religión como fuente de sentido, pero dudo que haya algo que la sustituya plenamente.

Con anterioridad usted ha trabajado temas relacionados con la filosofía del lenguaje. ¿La hermenéutica analógica guarda relación con esa época o es una superación de la misma?
Yo estuve muchos años en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, un centro de filosofía analítica muy importante, quizás el más importante de América Latina. Allí cultivé la filosofía del lenguaje en registro de filósofo analítico, y me sirvió mucho. Me hizo ver lo endebles que eran las filosofías del lenguaje de los posmodernos. Pero también me sirvió la crítica posmoderna a ese racionalismo prepotente, que no admitía límites. Por eso me interesé en la hermenéutica. A tal punto que participé en 1986 en un congreso en Granada sobre Paul Ricoeur con él mismo. Él respondía a las ponencias principales. Yo llevé una ponencia sobre el símbolo onírico en Freud, según la interpretación de Ricoeur en su libro Freud, una interpretación de la cultura. Tomando café con Ricoeur, él me comentó que para la interpretación del símbolo se necesita el concepto de analogía, porque el símbolo tiene la estructura de la metáfora, que es una de las formas de la analogía. Eso me abrió un mundo nuevo. Y poco después, en 1993, lancé la idea de una hermenéutica articulada en la analogía, una hermenéutica analógica. Ricoeur me orientó hacia ella.

En su libro Senderos de iconicidad se interesa por la importancia del pensamiento icónico en la filosofía contemporánea.  ¿Qué entiende por icono y por qué es importante para usted?
Un autor que me ha servido mucho para desarrollar esa hermenéutica analógica es Charles Sanders Peirce, el pragmatista estadounidense, creador de la semiótica moderna. Para él la analogía es la iconicidad, el signo icónico. En su semiótica, el signo se divide en tres: índice, símbolo e ícono. El índice es el signo natural, es decir unívoco, por ejemplo la huella de un animal en el barro. El símbolo es el signo cultural, es decir, equívoco, porque es completamente arbitrario, como el lenguaje, ya que una misma cosa, como la mesa, se dice de formas diferentes en los distintos idiomas. En cambio, el ícono es en parte natural y en parte cultural o artificial, es un signo híbrido, analógico, mestizo. En efecto, el icono es un modelo, y el modelo siempre es analógico, pero es suficiente para darnos un conocimiento del objeto que representa, de la realidad que deseamos conocer. Por eso me resulta tan importante, incluso se puede hablar de una hermenéutica analógico-icónica.

Senderos de iconicidad, de Mauricio Beuchot, en Herder.
Senderos de iconicidad, de Mauricio Beuchot, en Herder.

 

Los cien libros de Beuchot

Mauricio Beuchot es un autor prolífico que cuenta con más de un centenar de libros publicados de temas variados como la filosofía de la religión, la filosofía del lenguaje, el estructuralismo, la filosofía medieval y, por supuesto, la hermenéutica. También ha escrito y publicado poesía y sobre poesía. Herder ha publicado en España los textos más importantes del autor mexicano como Hermenéutica, analogía y símbolo; los dedicados a figuras como Charles Sanders Peirce: Semiótica, iconicidad y analogía;Ludwig Wittgenstein. Analogías y parecidos de familia, además de una Historia de la Filosofía en el México colonial. Sobre el que se detiene en la entrevista, Senderos de iconicidad, supone un repaso de la filosofía contemporánea para demostrar la importancia que el pensamiento icónico tiene en ella. Pero no solo porque los antecedentes se paran en figuras como la del renacentista León Hebreo, por ejemplo, hasta llegar al complejo pensamiento de Peirce o las críticas que de este hizo Umberto Eco. Además de los nombres, Beuchot subraya también las relaciones de la iconicidad con otros conceptos, como la hermenéutica, resaltando la importancia de la interpretación icónica en las humanidades.

Creo que ambos compartimos que en el pensamiento tiene mucha relevancia la diferencia. Las cosas se parecen, pero también se oponen. ¿Nos da miedo convivir con la diferencia, con la relatividad de las cosas?
En la analogía predomina la diferencia, pero no se pierde la capacidad de universalizar. Los universales análogos o analógicos son impuros, pero suficientes para generalizar, por eso Aristóteles decía que con esos términos se puede hacer silogismo válido. No, en cambio, con términos equívocos, que son la diferencia completa. Pero recuerdo una entrevista que le hicieron a Foucault en la que dice que nadie conoce la diferencia propiamente dicha, aunque se menciona mucho, porque la verdadera diferencia es la locura (que él estudió muchísimo y sabía de qué hablaba). Por eso la verdadera diferencia que humanamente podemos conocer y manejar es la de lo análogo. Yo creo que es muy peligroso jugar demasiado al relativismo, porque se nos puede desbocar y tenemos que ponerle límites, acotarlo. Yo diría que la analogía es diferencia pero con límites; en cambio, la equivocidad pretende ser diferencia total, y yo estoy de acuerdo con Foucault en que eso es más bien la locura. Por eso, acepto un relativismo con límites, un relativismo relativo o analógico.

«Creo que es muy peligroso jugar demasiado al relativismo, porque se nos puede desbocar y tenemos que ponerle límites. Yo diría que la analogía es diferencia pero con límites»

¿Qué aplicaciones prácticas propone su hermenéutica analógica en el terreno de la ética o de la política, por ejemplo?
Una hermenéutica analógica nos lleva a una ética de virtudes, ya que ellas son sentido de la proporción, y analogía es la palabra griega que los latinos tradujeron como proportio. De hecho, tanto en la filosofía analítica como en la filosofía posmoderna ha vuelto la ética de virtudes: en la filosofía analítica, con autores como Elizabeth Anscombe, Peter Geach, Phillipa Foot y Bernard Williams; en la filosofía posmoderna, con autores como Alasdair MacIntyre. También en la filosofía política se habla ahora de virtudes, por ejemplo, en el republicanismo actual (Hannah Arendt, Charles Taylor, Michael Sandel, Philippe Pettit) se promueven las virtudes cívicas, precisamente aquellas que mueven a buscar el bien común en la democracia, y no solamente el bien individual. Hacen que se participe en las votaciones, en los plebiscitos y en los debates públicos. Son cosas muy necesarias para la vida social y una hermenéutica analógica se aplica en ello, porque no olvidemos que la analogía es el esquema de la phrónesis (Gadamer) o prudencia y también el de la justicia (Aristóteles).

«Una hermenéutica analógica nos lleva a una ética de virtudes, ya que ellas son sentido de la proporción, y analogía es la palabra griega que los latinos tradujeron como proportio»

Por último, asistimos en la actualidad a un descrédito permanente de las humanidades y en particular de la filosofía. ¿Qué debemos hacer los filósofos: adaptarnos al imperativo de la utilidad que se nos pide, o reclamar el valor de la vida contemplativa como parte de las necesidades humanas?
Estoy convencido de que los filósofos debemos superar el imperativo de la utilidad y reclamar el valor de la vida contemplativa. Hannah Arendt fue muy clara al señalarla como una necesidad propia del ser humano. Es verdad que hay necesidades materiales y que se tiene que ser utilitarista o pragmatista, pero también es verdad que requerimos de las humanidades, precisamente para tener una vida verdaderamente humana, digna de ser vivida. Y en las humanidades es donde más utilizamos la hermenéutica, es la herramienta que Wilhelm Ditlhey vio para las que llamaba ciencias del espíritu, contrapuestas a las ciencias de la naturaleza. Estas últimas son evidentemente necesarias, pero también las otras, las del espíritu, o humanidades, porque, si las ciencias naturales nos aseguran lo mínimo para vivir y no morir de hambre, las humanidades son las que alimentan nuestro espíritu y nos dan un sentido.

Filosofía feminista

¿Qué es la filosofía feminista?

   
“No podemos hablar de una ‘filosofía femenina’ en la medida en que lo femenino no es una esencia que atraviese todas las épocas históricas. Lo femenino es simplemente una atribución y una construcción social, económica, política de un determinado momento
“No podemos hablar de una ‘filosofía femenina’ en la medida en que lo femenino no es una esencia que atraviese todas las épocas históricas. Lo femenino es simplemente una atribución y una construcción social, económica, política de un determinado momento”, dice Anna Pagès.

Hay una tradición masculina en la filosofía. Pero no hay una tradición de las autoras que recupere otros puntos de vista y otras perspectivas. La filosofía feminista se encarga de hacerlo y de dar visibilidad a las mujeres que tuvieron mucho que aportar a la historia de la filosofía y el pensamiento.

Por Amalia Mosquera

En Cenar con Diotima, publicado por Herder, Anna Pagès, su autora, reivindica el papel de la filosofía feminista. Esta, como ella misma explica, es un movimiento de autoras que reconstruyen el canon filosófico incluyendo en él las obras de mujeres que en diferentes épocas han hecho aportaciones a la filosofía, pero estas no han sido incorporadas al contenido clásico que se enseña y se transmite en el ámbito filosófico. “En este sentido, no podemos hablar de una ‘filosofía femenina’ en la medida en que lo femenino no es una esencia que atraviese todas las épocas históricas. Lo femenino es simplemente una atribución y una construcción social, económica, política de un determinado momento. Hablar de filosofía femenina sería una manera de tergiversar la propia inteligencia y sabiduría de las mujeres en diálogo con los autores”.

La feminidad, lo femenino y el feminismo

Recorremos el significado de cada uno de estos conceptos de la mano de Anna Pagès, que imparte Filosofía de la Educación en la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación-Blanquerna, de la Universidad Ramon Llull, de Barcelona.

  • La feminidad, nos explica Pagès, es una pregunta abierta que tiene que ver con las historias en singular a propósito de qué significa ser mujer en un momento determinado.
  • Lo femenino, por su parte, es una representación histórica de lo que se considera como tal. La filósofa estadounidense Judith Butler lo llamaría lo “performativo” de cada época, y, por tanto, históricamente variable y cambiante.
  • El feminismo tiene que ver con la militancia, con la defensa de la justicia y de la equidad entre hombres y mujeres; “el feminismo es una forma de movilización colectiva, lo que hace que salgamos a la calle”, dice Pagès.

“La filosofía feminista es un movimiento de autoras que reconstruyen el canon filosófico incluyendo la obra de mujeres que han hecho aportaciones a la filosofía pero no han sido incorporadas al contenido que se enseña en el ámbito filosófico”

Los tres conceptos están presentes en su libro Cenar con Diotima. De El banquetede Platón, a Pagès le gustó desde la primera vez que lo leyó, hace ya muchos años, que trataba el tema del amor, pero sobre todo, su dimensión teatral, la supuesta ‘juerga filosófica’ de estos hombres que se encuentran para cenar: su grandilocuencia y vanidad. Lo que más le impactó, dice, fue cómo Sócrates introducía a su amiga Diotima atribuyéndole un saber a propósito del mito del nacimiento del amor. Y le sorprendió el hecho de que la figura de Diotima fuera tan importante, pero al mismo tiempo se dijera tan poco sobre ella en el texto. La idea de Diotima estaba presente en aquella cena, sobrevolaba constantemente…, pero ella, Diotima, no estaba.

Filósofas invisibles

"Cenar con Diotima. Filosofía y feminidad", de Anna Pagès, publicado por Herder.
“Cenar con Diotima. Filosofía y feminidad”, de Anna Pagès (Herder).

 

 

 

 

 

 

 

“El libro surgió porque, en el año 2005, el Instituto catalán de la Mujer financió una investigación que se llamaba precisamente ‘Proyecto Diotima’ –nos cuenta Anna Pagès–. Para esta investigación hicimos un trabajo de campo que consistió en preguntar a hombres y mujeres filósofos y filósofas, profesores titulares y catedráticos de las principales universidades catalanas, qué pasaba con la mujeres y la filosofía: por qué había pocas autoras, por qué estaban tan poco presentes, cuál creían que era el motivo de la invisibilidad de las autoras filósofas en los programas y planes de estudios del grado de filosofía en las universidades. La mayoría de los hombres contestaron que no se sabía, que era un enigma, un misterio, que a lo mejor había una razón histórica…, pero les resultaba muy difícil formular una pregunta en los términos en que la filosofía formula otras preguntas, como qué es la belleza, que es el bien, qué es la justicia, qué es el amor…. Qué es la feminidad o qué es una mujer era una pregunta que no se atrevían a plantear. En muchos de los discursos de los académicos filósofos descubrimos una especia de ‘escondite’; se escondían de esta pregunta. Y así surgió la idea del libro Cenar con Diotima. A partir de Diotima, esa primera historia que nos sirve de acompañante y ‘cómplice’, quería poder contar otras historias”.

“Qué es la feminidad o qué es una mujer era una pregunta que los académicos filósofos no se atrevían a plantear”

Con Diotima en la cabeza y como hilo conductor principal del libro, la idea era analizar una serie de relatos afines a la conversación con Sócrates y a la cuestión de la filosofía y la feminidad. ¿Qué diferencia hay entre filosofía y feminidad y una filosofía feminista? “Hay que distinguir entre feminismo y feminidad, pero son dos aspectos relacionados. El feminismo es un movimiento colectivo político-social de reivindicación de los derechos de las mujeres en pro de la igualdad de derechos y una mayor justicia social para ellas –explica Pagès–. El momento actual no puede entenderse sin los feminismos ni sin la militancia de los feminismos en nuestro tiempo”. Sí, los feminismos, en plural, porque, aclara, “no es lo mismo el feminismo de Martha Nussbaum que la teoría de género de Judith Butler; el punto de vista de Linda Zerilli o la perspectiva de Julia Kristeva, por ejemplo”.

La feminidad no es una respuesta, es una pregunta

“No hay una esencia de la feminidad sino como pregunta, y tiene que ver con las singularidades en primera persona de cada una de las mujeres que, a partir de su propia historia y de su propio recorrido biográfico, se preguntan sobre la feminidad. A todas nosotras, por la educación que hemos recibido, por el lugar en el que hemos nacido, por la relación que hemos tenido con nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras hermanas, nuestras primas, nuestras profesoras, las autoras que hemos leído…., hemos heredado lo que Judith Butler llamaría una ‘performatividad de la feminidad’, que vendría a ser una manera de estar en el mundo”, dice Anna Pagès. “La interrogación sobre esto tiene que ver con la feminidad. La pregunta sobre la feminidad es una pregunta abierta formulada en primera persona, por eso no se puede contestar con una respuesta universal; la respuesta es contar una serie de relatos. En la filosofía, cuando nos hacemos esta pregunta: ¿qué es la feminidad?, la respuesta es: lo que transcurre en múltiples narrativas”. Por eso en Cenar con Diotima Anna Pagès recorre distintas historias de diferentes mujer, en distintas situaciones y distintas épocas, que han, no tanto respondido a la pregunta, sino formulado la pregunta en sus propios términos.

“La pregunta sobre la feminidad es una pregunta abierta formulada en primera persona, por eso no se puede contestar con una respuesta universal; la respuesta es contar una serie de relatos”

El feminismo es hoy un movimiento fundamental; lo femenino está porque tiene que ver con las circunstancias históricas, “pero tal vez hemos abordado poco y no siempre desde la filosofía la pregunta sobre la feminidad”, reflexiona Anna Pagès. La filosofía feminista plantea algo que tiene que ver con el concepto de la tradición, la transmisión y la memoria en femenino. “Esto significa que incorporamos obras de autoras que han sido olvidadas o escondidas, que no han sido visibles. Y eso implica reconstruir la tradición filosófica a partir de huecos o vacíos que no habían sido cubiertos. El trabajo de restitución de la memoria histórica de las mujeres filósofas contribuye también a cuestionar el concepto mismo de tradición, cómo se expresa la tradición, en qué términos, y las modalidades de transmisión académica, escolar, universitaria… de una tradición que se modifica. Esta doble dimensión de transmisión por un lado y reconstrucción por otra es muy característico de la filosofía feminista”.

Fuente:

https://www.filco.es/que-es-la-filosofia-feminista/

Darío Sztajnszrajber

Darío Sztajnszrajber: «La filosofía es una gran demoledora de toda firmeza»

   
El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber (1968). Foto cedida por él.
El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber (1968). Foto cedida por él.

Llevábamos un año siguiéndolo y persiguiéndolo, viendo cómo el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber abre de par en par las puertas del pensamiento y llena locales con sus eventos en su país y en otros de Latinoamérica. Y preguntándonos cuándo cruzaría el Atlántico. Parecía evidente que ese día tenía que llegar y ha llegado. Del 7 al 9 de mayo estará en Madrid y Barcelona presentando el libro que ha triunfado en Argentina –está en la lista de los más vendidos de no ficción–, ha llegado recientemente a México y ahora se acaba de publicar en España: Filosofía en once frases. Hablamos con él antes de su viaje.

Por Amalia Mosquera

Gracias, Darío Sztajnszrajber, por aclarar en su perfil de Twitter que su apellido se pronuncia shtain-shraiber.Estupendo dar respuestas… antes incluso de que hagan la pregunta. Pura filosofía práctica (o casi). Nosotros, desde luego, necesitábamos la aclaración para poder hacer esta entrevista. Y si Sztajnszrajber ha decidido dar instrucciones precisas es que no somos los únicos que nos perdíamos entre tanta consonante.

En realidad, todo en este docente de filosofía –dice también su cuenta de Twitter–, no solo su apellido, nos llamaba la atención. Filosofía en teatros. Filosofía y música. Filosofía y rock. Filosofía y espectáculo. Filosofía y carteles de entradas agotadas. Filosofía y locales y eventos al aire libre llenos cada día. Filosofía y miles de oyentes. Filosofía y gira por Argentina, Uruguay, México, Colombia… Filosofía y cientos de miles de seguidores en las redes sociales. Filosofía y best seller. ¿Por qué? ¿Desde cuándo un filósofo es una estrella o un influencer? ¿Y por qué no? ¿Cómo enseña la filosofía Darío Sztajnszrajber? Está claro que sabe cómo divulgarla. Así que nosotros, que también nos dedicamos a eso, teníamos que conocerlo de cerca, a ver si descubríamos sus claves, sus ideas, su cómo y su porqué.

Filosofía en once frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición que Ariel publica en España.
Filosofía en once frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición que Ariel publica en España.

De momento, lo entrevistamos a distancia, con el móvil –perdón, el celular– por medio. Él en Argentina, nosotros desde España. Pero pronto viajará hasta Madrid y Barcelona, la segunda semana de mayo, para presentar el libro Filosofía en once frases –publicado en Argentina por Paidós, con un gran éxito de ventas, editado también recientemente en México y que acaba de llegar a España de la mano de la editorial Ariel– y podremos verlo más de cerca. Hablamos con él sobre esa filosofía «impertinente» que le permite explorar, buscar, no contentarse con lo comúnmente establecido, ir más allá de lo que se presenta como «normal». Y hablamos también sobre su modo de divulgarla, aliándose con el teatro o el rock. En algún momento de la historia, la filosofía, que nació en la calle, en el ágora, dejó de estar libre y se encerró para estar al alcance solo de los más eruditos. Sztajnszrajber se atrevió a sacarla del aula, airearla por la calle, la radio y la televisión y subirla a los escenarios, y de vuelta encontró una gran acogida, un público entregado y una legión de seguidores. Levantemos ya el telón de este espectáculo filosófico.

En su libro Filosofía en once frases reúne ideas esenciales y populares de la historia del pensamiento y las explica para que el gran público pueda «filosofar sin ser subestimado». ¿Le presupone a la filosofía un elitismo académico y se ha propuesto liberarla de él?
Los que hacemos divulgación de la filosofía lo que buscamos es recuperar algo de la vocación originaria de una disciplina que no nace acartonada ni aristocrática ni solemne, sino que surge en la antigua Grecia, por un lado, en el intercambio entre culturas, en la calle, en el mercado, en el lugar en el cual se encontraban las diferencias, y exigía un desensimismamiento de lo propio para abrirse a las ideas y las costumbres que traía la extranjería. Y al mismo tiempo, más allá de su origen histórico, nace en lo cotidiano; un origen que tiene que ver con que todos hacemos filosofía permanentemente en nuestra relación con las cosas que nos rodean, de las cuales podemos tomar una distancia y colocarlas en posición de extrañamiento.

«Los que hacemos divulgación de la filosofía buscamos recuperar algo de la vocación originaria de una disciplina que no nace acartonada ni aristocrática ni solemne, sino que surge en la calle y nace en lo cotidiano»

Ese ejercicio de hacer filosofía no es algo que se hace enfrascado en normativas burocraticoacadémicas, sino que lo hace cualquier persona, haya o no haya leído filosofía, en la medida que decide provocar el espacio de la pregunta existencial en relación a cualquier acción práctica. Uno puede hacer filosofía mientras camina, mientras come… Cualquiera de los fenómenos en los que estamos inmersos en el sentido común permite la pregunta incómoda, que es la pregunta por el sentido existencial de todo aquello que no hacemos más que reproducir porque nacimos con el mandato que nos exige seguir haciéndolo. Claramente algo se perdió, porque la filosofía obviamente olvidó su carácter existencial y se volvió una disciplina disciplinada más de las distintas áreas del mundo académico. En general, su institucionalización suele ser vista desde este lugar de la pérdida de sus vocaciones originarias.

Darío Sztajnszrajber durante uno de sus encuentros filosóficos con público al aire libre. Foto cedida por él.
Darío Sztajnszrajber durante uno de sus encuentros filosóficos al aire libre con público. Foto cedida por él.

 

 

 

 

 

 

Usted define la docencia como un acto de inspiración, una tarea transformadora, inspiradora y emancipadora. ¿Qué papel juega la filosofía en las aulas?
Yo creo que el aula ha muerto. El aula tradicional no se sostiene en un mundo hipertecnologizado, donde cambian todos los esquemas, las jerarquías y las asimetrías típicas de una historia de la educación donde el estudiante solo llegaba a la escuela con el objetivo de ser formado. Parece que la escuela como formadora es una idea que hay que deconstruir. El estudiante tiene forma, no necesita que se le imprima una forma, y si se le genera, se hace sobre una forma previa, con lo cual se genera un conflicto también.

El aula es un lugar de conflicto. Se juegan relaciones de poder y en ese sentido solemos sostener que el aula es también un acontecimiento político. Hay que reinventar el trabajo en el interior de una escuela que ya está desbordada de sus cuatro paredes. El trabajo de contenidos en el aula no suma mucho, porque los contenidos circulan por internet. No tiene sentido que un docente trabaje en el aula únicamente contenidos, que se totalice el dictado de clase en términos de contenidos cuando estos están disponibles fuera. Exige también una reinvención de la práctica docente.

La clave de las instituciones es su conservadurismo, que más allá de la cuestión ideológica supone también una cuestión de facilismo. Uno aprende un oficio y después trata de reproducirlo, pero la filosofía es básicamente un acto de incomodidad, incomodidad frente a uno mismo y frente a lo que uno cree que es su virtud. La filosofía nos hace pelearnos todo el tiempo contra nuestros lugares más seguros. Desde ahí, una clase de filosofía ya no puede reducirse a la enseñanza de información, sino que es un espacio para hacer filosofía. Y para ello hay recursos pedagógicos que no son los tradicionales que para una enseñanza más clásica resultan insoportables. Lo que pasa es que la historia misma de la enseñanza filosófica siempre ha sido una historia subversiva; las grandes clases de filosofía siempre han sido aquellas que, por suerte, han podido escapar a ese sentido común institucional.

«El aula ha muerto. La tradicional no se sostiene en un mundo hipertecnologizado; cambian los esquemas de una educación donde el estudiante solo llegaba a la escuela con el objetivo de ser formado. La escuela como formadora es una idea que hay que deconstruir»

Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición argentina de Paidós.
Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición argentina de Paidós.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiene más de 280.000 seguidores en Twitter, 320.000 en Instagram, llena teatros con espectáculos musicales entremezclados con filosofía, lleva la filosofía a la televisión y la radio… ¿Cómo surgió en usted la idea de sacar la filosofía del aula y llevarla a los escenarios?
La explosión de estos proyectos de divulgación de la filosofía en la Argentina tuvieron que ver con que hace algunos años se creó un canal de televisión [se refiere a Canal Encuentro] que apostaba por la televisión educativa y cultural desde un punto de vista absolutamente revolucionario, trabajando muchísimo más enfáticamente la cuestión de los formatos y apostando a hacer del medio audiovisual un medio para que los grandes temas de conocimiento pudieran masificarse y llegar desde una realidad más entretenida, despertando emoción, incluso cuestionando esa idea más fría y analítica del conocimiento como algo desafectado.

Justamente hay algo de la transferencia que se da en el aula que tiene que ver con lo erótico y que, en la medida en que pudimos llevarlo a programas de televisión, o de radio, o a escenarios teatrales, o incluso a Filosofía en once frases –que es un libro que entremezcla la filosofía con la ficción–, ahí hay un añadido, un excedente, que tiene que ver con recuperar algo que es muy propio de la filosofía en términos originarios: que la filosofía no solo se comprende racionalmente, sino que nos conmueve, nos estremece. Las grandes preguntas existenciales no alcanza con anotarlas en un papel. Genera en uno una zozobra, una desubicación de nuestros lugares más sólidos, y diríamos con Nietzsche que esos martillazos desestabilizan nuestras sensaciones afectivas más primarias. En ese sentido, la filosofía está más cerca del arte que de la ciencia, o en todo caso entiende que la ciencia no deja de ser también un arte, no solo un acontecimiento racional, sino también emotivo.

Anteriormente a Filosofía en once frases publicó en Argentina Para qué sirve la filosofía. ¿Ha llegado a alguna conclusión?
No, no llegué a ninguna conclusión en ninguno de los dos libros, porque en Filosofía en once frases tampoco llego a la conclusión de que toda la filosofía pueda reducirse, imagínense, a once frases. Las frases son disparadoras de miles de paradojas que vamos planteando a lo largo del libro.

En el primer libro, Para qué sirve la filosofía, el eje vertebral es que la filosofía no sirve para nada. En realidad es un saber inútil, parafraseando la cita sobre el arte que enuncia Oscar Wilde, en la medida en que la filosofía se pregunta por qué todo tiene que ser útil. Ante la pregunta: ¿para qué sirve la filosofía?, la respuesta que entrama el libro es: ¿por qué todo tiene que servir para algo? La filosofía nos reconcilia con los aspectos existenciales más improductivos, más inútiles, más inservibles y, por lo tanto, más del margen, de las sobras. Yo creo que se hace filosofía siempre ahí, desde las sobras, desde los restos, desde esos lugares que no cuajan, que no garpan, decimos acá en Argentina, no «pagan» para lo que es el sentido común hegemónico. Entonces nos despiertan como otro sentido y otra búsqueda del mismo por fuera de los lugares establecidos.

«La filosofía es impertinente, es básicamente un acto de incomodidad frente a uno mismo y frente a lo que uno cree que es su virtud»

¿Para qué sirve la filosofía?, de Darío Sztajnszrajber, edición de Paidós en Argentina.
¿Para qué sirve la filosofía?, de Darío Sztajnszrajber, edición de Paidós en Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos leído sobre usted que es un “explorador impertinente”. ¿Se reconoce en esta definición?
Yo creo que la filosofía es impertinente y que eso hace la diferencia con otras formas de hacer filosofía que son más cómplices del sentido común. No hay una filosofía, hay filosofías muy diversas, en conflicto entre sí. Creo que el campo de la filosofía es un campo de batalla donde distintas formas de hacer filosofía crujen y pugnan.

A mí lo que más me interpela de la filosofía es su carácter deconstructivo, pero entiendo que hay otras formas de hacer filosofía que pasan por otro lado, que hay un montón de gente que acude a la filosofía para encontrar fundamentos firmes. A mí me pasa todo lo contrario: la filosofía me parece una gran demoledora de toda firmeza y en algún punto ese abismo al que nos arroja me resulta convocante. No digo que me haga feliz, pero me realiza en su invocación a la incertidumbre. Y me permite también cuestionar la idea de por dónde pasan la felicidad o la realización.

Creo que la filosofía explora. El sentido etimológico de buscar el saber o amar el saber tiene que ver con eso, con que hacer filosofía es no contentarse con lo que se presenta como «normal», sino que quiere saber qué hay detrás, cómo se juega esa normalidad, cómo se ha estructurado, qué tramas oculta, con qué otros conceptos se vincula. No puede no haber una exploración, pero es una exploración que no va en busca de la verdad, sino que va a cuestionar las verdades establecidas. A mí me parece que invierte un poco el sentido de lo que es el preguntar en general, y de ahí también su impertinencia, porque no cuaja con lo que se espera de una disciplina.

El ser humano siempre se ha hecho preguntas sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea, siempre ha buscado respuestas que le satisfagan o le ayuden a hacerse nuevas preguntas. ¿Son preguntas eternas, o las que nos hacemos hoy difieren de las que se hacían nuestros antepasados y de las que se harán las generaciones venideras?
Creo que es una mezcla. Siempre me gustó esa idea de Baudelaire, de El pintor de la vida moderna, en la que, hablando de la modernidad y la belleza, muestra el contraste entre lo eterno y lo efímero. Yo creo que la filosofía tiene esas dos características. Por un lado, los temas de la filosofía son los mismos, pero siempre acaecen bajo el ropaje de su tiempo; y ese ropaje también disuelve la idea de que hay una categoría que se reproduzca idéntica a sí misma. Solo queda el nombre, la palabra… Si dijéramos, por ejemplo, el amor… Desde El banquete de Platón hasta hoy seguimos leyendo libros sobre el amor y es muy probable que en la lectura que hagamos en un tema tradicional o clásico en El banquete diga y no diga nada de lo que nos sucede hoy en relación al amor. Cómo explicar hoy… no sé…, la seducción que se provoca a través de las redes sociales leyendo el modo en que Pausanias, en el segundo discurso de El banquete, nos explica la transferencia que hay entre el amante y el amado. Todo depende de lo que uno quiera, porque pueden considerarse dos situaciones inconmensurables o no; puede reinterpretarse o releer una situación a la luz de los otros tiempos.

«La filosofía no sirve para nada, es un saber inútil, parafraseando la cita sobre el arte que enuncia Oscar Wilde. Ante la pregunta: ¿para qué sirve la filosofía?, la respuesta es: ¿por qué todo tiene que servir para algo?»

El otro elemento es que la filosofía es extemporánea y eso le hace tener esa condición intempestiva, que sus metáforas nos permiten, más allá de su origen histórico, hablarnos e interpretar lo que queramos. En esa misma lógica, todas las teorías del amor que hay en El banquete, aunque hablan del amor de su tiempo, uno puede utilizarlas extemporáneamente como narrativas que de algún modo nos ayudan a repensar el modo de vivir el amor hoy, no desde lo propositivo, sino desde la deconstrucción. No dejan de ser metáforas que en realidad nos impulsan a cuestionar los modos en que se construye el sentido del amor contemporáneo. Lo mismo con el resto de las situaciones. El avance tecnológico trae nuevas temáticas, pero esas nuevas temáticas están siempre en esa relación dialéctica con lo tradicional. La gran revolución de la informática obviamente supone una novedad, pero la discusión entre lo real y lo aparente está ya en Heráclito y de algún modo una cuestión está entramada con la otra. El tema es cómo trabajar esa tensión.

Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición en México de Paidós.
Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber, en la edición en México de Paidós.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo nos puede ayudar la filosofía a afrontar importantes asuntos actuales como la inmigración, el resurgimiento de las ideas xenófobas, el rechazo al otro que viene de fuera?
Fundamentalmente depende del tipo de filosofía que uno haga. Hay filosofías fascistas y xenófobas. Hitler tuvo su filósofo de cabecera, Rosenberg, en la Alemania nazi. Una filosofía de la deconstrucción es una filosofía que obviamente va a insistir en la necesidad de desapropiarse de lo propio, entendiendo desde un marco teórico, con autores como Derrida, Lévinas o el mismo Foucault, que la filosofía es siempre un ejercicio de hospitalidad, porque la filosofía es la apertura justamente a lo otro; la prioridad infinita de lo otro se da en que la filosofía supone un ejercicio de otredad. La filosofía es la otredad del sentido común. Por eso es incomprensible, es molesta, o no se la entiende, o se la considera una pelotudez. Porque de algún modo cuaja en ese lugar de la otredad.

Una filosofía bien encarada va a estar en la defensa de todas aquellas minorías o todos aquellos sujetos discriminados, violentados u oprimidos, sobre todo aquellos que lo han sido en términos de su propia exclusión por naturalización. La deconstrucción no solo supone una reivindicación de la figura del extranjero, sino de aquellas extranjerías solapadas. No es casual que hoy la filosofía más puntera sea la filosofía de género, que saca a la luz los modos de la alianza entre el saber y el poder que no ha hecho otra cosa que promover una sociedad de sujeción donde la mujer siempre ha tenido que ocupar roles que se supone que le corresponden por naturaleza, justificando así una asimetría social.

«La filosofía no solo se comprende racionalmente, sino que nos conmueve, nos estremece. Las grandes preguntas existenciales no alcanza con anotarlas en un papel. Genera en uno una zozobra, una desubicación de nuestros lugares más sólidos»

¿Cuál es el estado de la filosofía hoy en su país, Argentina?
En estos años hay un reimpulso de la filosofía. Acá en Argentina ha sido muy fuerte Canal Encuentro. Podríamos decir que hay una «moda» de la filosofía que incluye también su presencia en los grandes medios. En la medida en que la filosofía tenga mayor alcance masivo y logre llegar a más gente, va a ser un lenguaje que rápidamente va a ser asimilado. Sobre todo porque, en tanto que su lenguaje sea sano, interesante, seductor, es muy difícil que el ciudadano medio no se enganche a ella.

Después sí, siguen las instituciones académicas tradicionales que de alguna manera, salvo algún que otro caso, no se ven afectadas por ese fenómeno. Está muy escindido. Los que hacemos divulgación no estamos en la academia y los que están en la academia de algún modo le temen a la divulgación, se inmunizan frente a ella. Hoy día hay muchos programas de radio, columnas de filosofía en la prensa, la filosofía se entremezcla con otros géneros… El trabajo que nosotros hacemos es ese. En ese sentido hay una reivindicación de la filosofía. También hay filosofía en la política y en el mundo de la empresa. Se va diseminando por lugares extraños.

El otro fenómeno importante que se dio en la Argentina fue la serie Merlí [se refiere a la serie catalana, que en España se pudo ver primero en TV3, luego en La Sexta y finalmente en Netflix, que compró los derechos para su emisión internacional]. Más que ensalzar la filosofía, lo que hace Merlí es posibilitar otra lectura del rol de la escuela y sobre todo del docente. Es una serie muy interesante que puso en evidencia otra forma posible de vínculo en la relación entre el docente y el trabajo en el aula, un trabajo que lo podemos dejar ya de lado en su formato tradicional y pensarlo como espacio de transformación.

«No hay una filosofía, hay filosofías muy diversas, en conflicto entre sí. Yo creo que el campo de la filosofía es un campo de batalla donde distintas formas de hacer filosofía crujen y pugnan»

La filosofía convertida en best seller

Y lo destacamos como valor. La Filosofía en once frases, de Darío Sztajnszrajber, lleva vendidos hasta el momento más de 80.000 ejemplares. Y la cifra sigue subiendo. Mucho mérito, porque recordemos que estamos hablando de un libro sobre filosofía. Seguramente en su éxito tiene bastante que ver la novedad que aporta: no se trata simplemente de una sucesión de frases filosóficas explicadas para que el lector las contextualice y las entienda mejor, sino que las combina con una trama novelada. Por ahí andan Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Descartes, Marx, Nietzsche, Foucault…, pero también la muerte de un joven en el metro de Buenos Aires. Sztajnszrajber se propone averiguar la causa de esta muerte y para ello se basa en las ideas de once pensadores, los autores de esas once famosas frases, de toda la historia de la filosofía. Un camino de preguntas en el que el argentino nos acerca a la filosofía y nos hace sentir que todos podemos filosofar.

«La filosofía angustia. La pregunta angustia. No nos hace felices, o por lo menos no nos brinda el sosiego de la certeza. Nos obliga a replantearnos todo, incluso la misma idea que tenemos de felicidad. La filosofía nos golpea de lleno con nuestras propias limitaciones. Interrumpe el fluir de una cotidianeidad segura donde todo funciona, y pone por eso todo entre paréntesis. Todo; en especial la noción de funcionamiento como supuesto último de todas nuestras acciones. Al interrumpir, la filosofía hace que todo lo que venía funcionando normalmente se detenga».

Fuente:

https://www.filco.es/dario-sztajnszrajber-filosofia-demoledora-de-toda-firmeza/