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BAJO EL HORIZONTE DE KANT:

EL CIELO ESTRELLADO Y LA CONCIENCIA MORAL

Sebastián Gámez Millán

A la filosofía le ha perseguido casi siempre la sombra de la inutilidad, pero a decir verdad no conozco ninguna idea más valiosa que una de las formulaciones del imperativo categórico de Kant: “Actúa de tal modo que trates a los otros siempre como fines en sí mismos y nunca meramente como medios”, que es el fundamento teórico de los Derechos Humanos. A la pregunta de por qué se deben respetar, se responde con ello. No faltarán quienes aleguen que todavía se incumple con mucha frecuencia, pero en la medida que conseguimos cumplirlo nos damos el trato más civilizado que podemos darnos las personas, recíproco y como fines, no como instrumentos, cosa que por razones biológicas o económico-políticas sucede a menudo. Es la diferencia entre ser y debe ser, entre la naturaleza y la ética, dialéctica que atraviesa su pensamiento filosófico como dos líneas asíntotas que van a su encuentro sin llegar a tocarse nunca. De ahí que nada le llenara más de asombro que el cielo estrellado sobre él y la conciencia de una ley moral en sí. 

Y aunque la libertad es un postulado de la razón práctica, pues “las acciones humanas se hallan determinadas conforme a leyes universales de la Naturaleza”, la libertad es la ratio essendi de la ética, del mismo modo que la ética es la ratio cognoscendi de la libertad. Dicho en otros términos, la libertad es el fundamento de la ética, ya que sin ella carece de sentido las acciones y juicios éticos (¿cómo podríamos comportarnos libres y responsablemente si no podemos elegir?), de la misma manera que el fin de la ética es ampliar nuestros márgenes de libertad, tanto de forma individual como social. Es por esta razón por la que la libertad es considerada el valor fundamental de los modernos; es la condición de posibilidad de los demás valores. Si bien tengo para mí que la axiología se rige bajo el pluralismo: ¿o acaso no se requiere ciertas dosis de paz y de seguridad para que podamos ejercer la libertad tal como es adecuado y conveniente?

Pese a que a Kant le entusiasmaban las noticias que le llegaban de la Revolución Francesa, en la que percibía un signo de progreso de la humanidad, pues los seres humanos eran capaces de sacrificarse en aras de ideales como la libertad, la igualdad y la fraternidad, no era partidario de las revoluciones precisamente porque instrumentalizan la vida de los seres humanos. Más bien era partidario del uso público de la razón como mecanismo para introducir y prolongar reformas graduales en las instituciones, lo que sorprendentemente contrasta con su idea de que bajo “una madera tan retorcida como la de que está hecho el hombre no puede tallarse nada enteramente recto”, pues como buen ilustrado denota una inmensa fe en la razón tanto para elaborar como para reconocer argumentos que permitan progresar.

El progreso, al igual que otros conceptos (emancipación, autonomía…) de la Ilustración, fue puesto en tela de juicio durante la denominada postmodernidad, si no antes –pienso en Nietzsche, Freud o en Dialéctica de la Ilustración, de Adorno y Horkheimer–. Sin embargo, aunque tomemos conciencia de las contingencias y de la finitud humana para ponerlos en práctica, ¿podemos renunciar a ellos? Es cierto que somos interdependientes, pero eso no le resta valor a la autonomía. Mientras más autónomos seamos, ¿acaso no es mejor para nosotros y para las sociedades desde una perspectiva ético-política? Es cierto que no progresamos como soñamos, pero ¿vamos a renunciar a seguir esforzándonos y trabajar por mejorar las condiciones de vida de las personas, de los seres vivos y del planeta? Como señaló Habermas, “la modernidad –vale decir la Ilustración– es un proyecto inacabado. Parte de los problemas de nuestro mundo se deben a la falta de ilustración histórica y actual, y no sólo tecno-científica. Quienes alberguen dudas al respecto, les sugiero la lectura de En defensa de la Ilustración. Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, de Steven Pinker.  

Claro que buena parte de la permanente actualidad de su pensamiento se debe a mi parecer al talante utópico que lo recorre. Kant, que pensaba que el ser humano es lo que puede hacer con su educación, escribió en Pedagogía: “un principio del arte de la educación es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino”. Así, el sentido de su opúsculo de 1795, quizá la más esclarecedora reflexión sobre la paz que se haya escrito nunca, es “hacia la paz, perpetuamente”, pues Kant no ignora que la paz definitiva no se alcanzará nunca, ni siquiera en los cementerios, pero mientras más nos aproximemos, habrá más libertad, más justicia, más dignidad…  

En su Lógica formuló las tres preguntas esenciales: “¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?” Preguntas que desembocan en una cuarta: “¿Qué es el ser humano?”. Con la Crítica de la razón pura respondió a la primera, produciendo un “giro copernicano” que revolucionó la teoría del conocimiento, pues del mismo modo que Copérnico imaginó acertadamente que el Sol no gira en torno a la Tierra, sino al revés, no son los objetos los que modelan al sujeto, sino que más bien se moldean conforme al sujeto; con la Crítica de la razón práctica respondió a la segunda, como con Fundamentación de la metafísica de las costumbres, transformando la ética, que ya no tendrá como fin la felicidad (Aristóteles), el placer (epicureísmo), la ataraxia o serenidad (estoicismo), la bienaventuranza (cristianismo) o la utilidad (utilitarismo), sino la humanidad; con la inconclusa Crítica del juicio responde a la tercera y de paso le da carta de naturaleza a la estética como rama autónoma de la filosofía.

Y si bien no dedicó una obra equiparable a la política, su ética contiene tan poderosas implicaciones que, a pesar del realismo político inaugurado por Maquiavelo, es inevitable volver a contar con la ética para abordar cuestiones políticas. Y al revés, no se pueden abordar cuestiones éticas sin política, como harían Arendt, Rawls, Muguerza o Habermas, algunos de los principales filósofos ético-políticos de las últimas décadas. En 1924 Ortega y Gasset escribió: “En la obra de Kant están contenidos los secretos decisivos de la época moderna, sus virtudes y sus limitaciones”. Un siglo después podemos afirmar que seguimos bajo el mismo horizonte.

¿Para qué sirve la filosofía (si es que tiene que servir para algo)?

Jaime Rubio Hancock  

¿La filosofía es inútil? ¿Es poco más que un pasatiempo sin aplicaciones prácticas? Parece que los legisladores españoles creen que sí: la asignatura ha perdido horas de clase en el instituto y solo será obligatoria en 1º de Bachillerato. Los estudios universitarios en esta materia tampoco pasan por su mejor momento: la tasa de paro se acerca al 30%, en un momento en el que estudiar cualquier carrera universitaria se ve casi en exclusiva como un paso hacia la incorporación en el mundo laboral.

En este contexto, ¿merece la pena estudiar filosofía o es mejor dedicar más horas a otras asignaturas?

Algo más que una salida profesional

«No podemos supeditar nuestra relación con el conocimiento a nuestra salida laboral», afirma a Verne la filósofa Marina Garcés, autora de Fuera de clase. En su opinión, las preguntas «cómo queremos formarnos» y «en qué queremos trabajar» no tienen por qué tener una misma respuesta. Es más, que no coincidan la formación y el empleo que finalmente desempeñamos no es algo que les ocurra solo a los filósofos.

“La universidad no es una expendeduría de títulos para el mercado laboral -nos explica Adela Cortina, filósofa y catedrática de la Universidad de Valencia-. No es el mercado el que ha de decidir qué carreras se implantan y cuáles no. El criterio debe ser el de las necesidades de la sociedad para construir un futuro más humano. Formar personas y ciudadanos con conocimientos y capacidad de innovación es la clave”.

Además de eso, la filosofía es un conocimiento importante incluso aunque nos decidamos por otras carreras o profesiones, ya que nos ayuda “a discernir qué metas queremos perseguir con los conocimientos técnicos -apunta Cortina-. Sin ese saber fecundo las técnicas pueden emplearse para sanar o para matar, para destrozar países y personas o para erradicar la pobreza y reducir las desigualdades”. Es decir, nos invita a una “reflexión profunda sobre las metas, las actitudes y las convicciones que necesita una sociedad flexible”.

Como recuerda Garcés, la filosofía no tiene un objeto de estudio propio, por lo que puede «abrir distancia entre lo que sabemos y lo que no sabemos». Los filósofos se cuestionan lo que damos por hecho, buscando inconsistencias. Por este motivo, esta autora opina que la filosofía es una asignatura fundamental en intitutos e incluso en educación básica, ya que es «un lenguaje fundamental» para aprender a pensar de forma crítica. No se puede hablar de una formación completa sin contar con esta herramienta básica. «La filosofía no es útil o inútil -concluye Garcés-. Es necesaria».

Un manual de instrucciones para la vida

Una de las críticas habituales que se hace a la filosofía es que no hay progreso: llevamos más de dos mil años haciéndonos las mismas preguntas sin llegar a ninguna conclusión. ¿Por qué necesitamos seguir insistiendo con ellas? ¿Alguna vez sabremos lo que es la justicia, por qué hay algo en lugar de no haber nada o si somos de verdad libres?

Pero en realidad, y como recuerda Marina Garcés en Filosofía inacabada, no estamos dándole vueltas a los mismos temas: el discurso filosófico se ocupa de “problemas para los que siempre necesitamos forjar nuevos conceptos. No porque no tengan solución, sino porque cambian de situación existencial y de contexto histórico, social, cultural y político”.

En ética, por ejemplo, hay que mencionar los esfuerzos de Peter Singer por los derechos animales, años antes de que se popularizaran movimientos sociales en este sentido, además de su trabajo para aumentar las donaciones a países del tercer mundo. Todo eso tras estudiar estos problemas desde un punto de vista filosófico y haciéndose las mismas preguntas éticas que nos hemos hecho a lo largo de la historia.

Y si hablamos de política y economía, gran parte del debate de las últimas décadas ha venido marcado por las ideas sobre la justicia distributiva de John Rawls y la respuesta, desde el liberalismo, de Robert Nozick, ambos filósofos.

Además de todo esto, a menudo también es necesario reflexionar sobre problemas completamente nuevos, como hacen, por ejemplo, Nick Bostrom con la inteligencia artificial y Byung-Chul Han al preguntarse cómo la tecnología influye en la sociedad contemporánea.

Es decir, la filosofía no se encarga de preguntas sin respuesta, sino que, como nos dice Cortina, se ocupa de “las preguntas que nos constituyen como seres humanos. Si dejáramos de planteárnoslas, perderíamos nuestra humanidad”. Cortina además apunta que sí hay progreso y que ha dado «una gran cantidad de respuestas que conviene conocer porque sirven realmente para vivir mejor”. Como recuerda Garcés, «pensar es repensar, pero no de cero». Hay un diálogo constante con la tradición.

Una herramienta para la democracia

La filosofía no es solo una guía más o menos práctica para vivir mejor. La filósofa Martha C. Nussbaum afirma que las humanidades son fundamentales para la democracia. La filosofía proporciona herramientas de pensamiento crítico que nos ayudan a cuestionar la tradición y la autoridad. Es decir, lo mismo que hacía Sócrates, demostrando que a menudo no sabemos qué significan realmente los conceptos que manejamos.

Además de la labor de la filosofía, Nussbaum recuerda la importancia de los estudios de historia nos permiten identificar nuestro lugar en el mundo en relación con otras culturas, y el papel del arte y la literatura, que estimulan nuestra imaginación al ofrecernos puntos de vista diferentes.

Estos tres campos están interrelacionados y nos ayudan, por ejemplo, a participar en los debates políticos sin quedarnos solo en un intercambio de réplicas destinado a “ganar puntos” para lo que consideramos “nuestro bando”. Por ejemplo, podemos ver si estas posiciones enfrentadas tienen más aspectos en común de lo que parece o si alguna de estas propuestas ya ha intentado llevarse a cabo con anterioridad.

En ¿Para qué servimos los filósofos?, Carlos Fernández Liria nos recuerda algo similar. La democracia obliga a los ciudadanos a “tomar distancia respecto a su inmediata voluntad”, dándose a sí mismos “una oportunidad para razonar”. Y añade: “Este es, en realidad, el sentido profundo del famoso modelo político platónico: el del Rey Filósofo”. La razón nos permite cuestionar las decisiones políticas que van en contra de la libertad.

Eso sí, hay que recordar que la filosofía no es algo exclusivo de las universidades. Como escribe Garcés, se trata de la necesaria tensión entre la Academia de Platón y la tinaja (o el tonel) de Diógenes. El pensamiento filosófico necesita orden y método, pero también una buena dosis de caos.

“Los filósofos no existen -añade Adela Cortina-. Existen filósofos que se encierran en sus despachos y en las aulas, y cierran puertas y ventanas. Pero hay otros que saben que la filosofía nace de la sociedad para la sociedad y trabajan en los dos campos: en el aula y en la arena social. Estos últimos son los verdaderos filósofos”.

[Cada viernes publicaremos un artículo sobre algún tema filosófico: hablaremos de ética, de política, de felicidad, de identidad personal y, ya puestos, del universo. Nuestro objetivo es recordar, más que descubrir o demostrar, que la filosofía es un estudio vivo, actual y, como dice Marina Garcés, necesario].

Fuente: https://verne.elpais.com/verne/2017/01/23/articulo/1485172191_865768.html

José Carlos Ruiz (50 años), filósofo español: «Hay que vivir como se piensa o acabarás pensando como vives»

El famoso filósofo, escritor y profesor universitario dejó una reflexión sobre la manera de entender la vida hoy en día.

Miguel Villacorta

En una sociedad tan marcada por las redes sociales, vidas aceleradas y el qué diránmuchos acaban perdiéndose dentro de la rutina del día a día. Llegan a un punto en el que no entienden su estilo de vida y se sienten atascados en la inmediatez y el paso de los días, como si del día de la marmota en Atrapado en el tiempo (1993) se tratase. Por ello, el filósofo y escritor José Carlos Ruiz dejaba una reflexión en su participación en Aprendemos Juntos sobre cómo guiar nuestras acciones por el pensamiento consciente y no por el entorno y la inmediatez.

Vivir y sentir el ahora

José Carlos Ruiz (50) es un filósofo y conferenciante español especializado en pensamiento crítico, desarrollo personal y reflexión sobre la sociedad contemporánea. A lo largo de su trayectoria, ha centrado su trabajo en explorar cómo las personas pueden vivir de manera más consciente y coherente, analizando la relación entre pensamiento, acción y las influencias del entorno, incluyendo los medios digitales. Sus charlas y escritos buscan fomentar la autonomía intelectual, el análisis crítico y la capacidad de tomar decisiones fundamentales, convirtiéndolo en una referencia para vivir en el mundo moderno. Así, durante su participación en una de las conferencias organizadas por BBVA, Aprendemos Juntos, el filósofo dejó una reflexión bastante interesante: «Hay que vivir como se piensa porque, de lo contrario, acabarás pensando como vives«.

«Cuando intento comprender esta frase, le doy mucha importancia a la primera parte: hay que vivir como se piensa», aseguraba. «¿Por qué? Porque primero tienes que pensar. Primero tienes que tener tus criterios claros, tu jerarquía de ideas bien asentadas y saber hacia dónde dirigirte«.

Ruiz dejaba claro algo clave para su filosofía: priorizar el pensamiento consciente. Entender quiénes somos, conocer nuestras propias ideas y saber qué es lo que queremos.

«Sé coherente, ten claro ese proyecto y empieza a caminar, pero primero piensa«, afirmaba. «Ten esa jerarquía de pensamiento, porque de lo contrario acabarás pensando como vives. Es decir, de lo contrario, tu manera de pensar va a estar configurada por el modo en el que vives».

«Y vivimos en una sociedad de lo inmediato con una turbotemporalidad que inunda todos los códigos narrativos de nuestra vida, donde el tiempo va atomizando de un sitio para otro y parece que se ha dislocado».

Por ello, en el mundo tan acelerado y marcado por los estímulos, por las redes sociales y por la cultura del clic, parece que se moldean nuestras ideas y no nosotros tratamos de expandir las nuestras propias. Lo cierto es que Ruiz precisamente no se posiciona en contra de internet o las redes sociales, ya que no dejan de ser una herramienta, solo que debemos ser nosotros los que busquemos qué consumir en ellas en vez de consumir lo que nos dé.

«Si estás en estas dinámicas de la vorágine de lo contemporáneo sin pensar, esa vorágine será la que te diga que tienes que pensar dentro de esa vorágine y cómo tienes que pensar. Ahora bien, cuando accedes a internet con criterio, a una red social con criterio, la red social internet se pone a tu disposición y te dicen: ‘¿Qué necesitas? Aquí estamos'», indicaba.

«Y lo utiliza como una herramienta de expansión de conocimiento«.

De ese modo, usar nuestro pensamiento consciente empieza por usar las redes sociales con criterio y darles una utilidad, ya sea aprendizaje, expandir conocimiento o compartir opiniones. Si no hay reflexión detrás de su uso, será entonces el pensamiento del otro el que configure el nuestro.

«Si no has pensado, si no has jerarquizado, pues si te acerca una red social sin criterio, será la red social la que configure tu criterio, es decir, tu pensamiento«, señalaba Ruiz. «Y este es uno de los grandes problemas que veo».

«De ahí que cuando llego a un sitio donde creo que se puede sembrar alguna semilla de pensamiento crítico, siempre utilizo esta frase: hay que vivir como se piensa, porque de lo contrario vais a acabar pensando en función de cómo vivís. Tenéis que ser dueños de vuestro pensamiento«, concluía el filósofo.

Fuente: https://www.elespanol.com/sociedad/20251213/jose-carlos-ruiz-anos-filosofo-espanol-vivir-piensa-acabaras-pensando-vives/1003744048053_0.html

Victoria Camps: «El egoísmo se ha convertido en el patrón moral de nuestro tiempo»

La catedrática de Ética previene en su último ensayo contra los riesgos de vivir de espaldas a la búsqueda del bien común

Juan Fernández

Hablar de ética en los tiempos que corren tiene algo de predicar en el desierto, pero a sus 84 años la filósofa barcelonesa Victoria Camps no decae en su empeño de seguir colocando faros morales en medio la penumbra que nos envuelve. El más reciente lo plantea en ‘La sociedad de la desconfianza’ (Arpa), su último libro, donde señala los peligros de vivir en un mundo regido por el individualismo y el desprecio al bien común.

Parafraseando la célebre frase de Vargas Llosa, ¿tiene claro cuándo se jodió la confianza en nuestra sociedad?

Las crisis que hemos vivido en las últimas décadas han facilitado el sentimiento de desconfianza que hoy encontramos en todas partes. Tanto la crisis económica de finales de la primera década del siglo, que cambió muchas cosas, como la de la pandemia, una situación insólita que al principio no supimos afrontar y que nos hizo tomar conciencia de una fragilidad y una vulnerabilidad que hasta entonces no habíamos vivido. Curiosamente, el covid también nos dio una gran lección de vida: que nuestra salvación pasaba por la cooperación, por pensar en el bien común. Había que atender a los enfermos, encontrar una vacuna y, sobre todo, hacer que esta fuera universal, para todos, porque si no sería imposible superar la pandemia. Pero cuando lo logramos, volvimos a las andadas.

¿Cuáles son esas andadas?

Nuestro gran problema es la forma tan individualista que tenemos de vivir. El egoísmo se ha convertido en el patrón moral de nuestro tiempo. En un mundo en el que cada uno va a lo suyo y nadie se preocupa de los demás ni de todo lo que compartimos, es imposible generar sentimientos confianza. Desconfiamos del vecino, del político, de las instituciones y hasta del propio sistema democrático.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Por una perversión del concepto de libertad a la que nos hemos entregado casi sin darnos cuenta. El triunfo del liberalismo encierra una paradoja: nos ha permitido acabar con siglos de represión de todo tipo, desde la religiosa a la política o la cultural, y alcanzar unas cotas de autonomía personal que nunca antes habíamos conocido, pero en los últimos años ha prosperado una concepción individualista de la libertad en la que solo importa mi bienestar, no el de la comunidad. Alcanzar la libertad personal era imprescindible para lograr una vida buena, buena en el sentido moral de la palabra, pero esa vida buena individual debería serlo también para la colectividad, porque si no sirve de poco, y esa segunda parte es la que no se ha conseguido. Por eso ha cundido la desconfianza.

En los años 80 y 90 del siglo pasado, el neoliberalismo triunfó asociado a mensajes del tipo: sé tú mismo, elige tu destino, conviértete en empresario de tu propia vida. ¿Esos valores están relacionados con todo lo que apunta en su diagnóstico?

Sí. De entrada, ese “sé tú mismo, sé auténtico”, no conduce a nada, porque al tiempo que fomenta el individualismo, vende una libertad dominada por las modas, la publicidad y el consumismo. Al final, todos acabamos siendo iguales y haciendo lo mismo, arrastrados por necesidades que no teníamos y que nos han impuesto. Pero hay algo más importante sobre lo que gravita este problema: ser libres no consiste en hacer todo lo que deseamos, sino en ser responsables para elegir lo que queremos y hacer lo debemos. Hemos ganado autonomía y ya no vivimos en una dictadura que decide lo que debemos pensar, pero eso no significa que podamos pensar ni hacer todo lo que se nos ocurra, porque no todo es válido. Esta parte exige responsabilidad y esfuerzo, pero es la que no hemos desarrollado.

En un mundo en el que cada uno va a lo suyo y nadie se preocupa de los demás ni de todo lo que compartimos, es imposible generar sentimientos confianza

¿Qué le parece que ahora haya tantos jóvenes que dicen ver con buenos ojos los regímenes totalitarios?

En esa reacción hay algo de rebeldía juvenil, que siempre ha movido a los jóvenes a exigir lo que no tienen. En la dictadura pedían democracia y ahora, que han crecido en democracia, proponen cargársela. También hay una reacción ante el mundo que les ofrecemos. Son la generación mejor formada y han tenido una vida bastante fácil y cómoda, pero ahora, cuando quieren emanciparse, topan con dificultades para las que nadie les había preparado: precariedad, salarios bajos, precios disparados, vivienda imposible… Se sienten frustrados, nadie les ofrece soluciones y se agarran a ciertos cantos de sirena sin pensar. La dictadura es más cómoda, porque no tienes que elegir, deciden otros por ti, así eliminas toda la responsabilidad, pero implica perder la libertad y volver a las cadenas. No creo que sea esto lo que realmente desean.

La semana pasada se cumplieron 50 años de la muerte de Franco. ¿Cómo ha visto la evolución de España en este medio sigo?

Los años de la transición fueron, precisamente, de mucha confianza. También hubo críticas desde sectores de la población que se sintieron peor tratados que otros, pero sobre todo primaba una ilusión colectiva y una clara voluntad de mejorar el país. El gran error que cometimos fue creer que cambiar de régimen era suficiente para cambiar a las personas, y eso no funciona así. Las mentalidades se cambian con tiempo y es una tarea que exige voluntad y compromiso, y no siempre los hubo.

¿Faltó voluntad de ir más allá?

En este país crecimos bajo el canon de una moral religiosa que hoy rechazamos, pero no supimos construir una moral laica realmente comunitaria que la sociedad pudiera reconocer como algo que había que conservar y mantener. Le pongo el ejemplo de lo que ha pasado con la mujer. Hemos alcanzado la igualdad jurídica, pero eso no ha conseguido evitar los comportamientos machistas que siguen presentes en la sociedad. Las leyes cambian el derecho, pero no cambian la mentalidad de la gente. Esa es una tarea pendiente.

Ser libres no consiste en hacer todo lo que deseamos, sino en ser responsables para elegir lo que queremos y hacer lo debemos

¿Por qué ha calado tanto este desprecio hacia el bien común? Sin ir más lejos, los impuestos se asocian con una idea de robo, no de contribución a lo que compartimos.

El liberalismo, que es el pensamiento que ha triunfado en Occidente, se distingue por haber puesto por encima de todo la libertad del individuo y, paralelamente, ha fortalecido a los estados más que nunca como entes que protegen a la población. Sin embargo, no ha sabido transmitirle a la gente que esa protección no cae del cielo, sino que es el resultado de las aportaciones que hacemos entre todos. Esto explica que mucha gente solo esté dispuesta a hacer ese esfuerzo si luego resulta directamente beneficiada de él, no si redunda en el colectivo. Vivimos en una sociedad de libertades en la que la autonomía personal se considera el bien supremo, pero somos seres sociales, necesitamos al otro para que nos cuide, para que nos proteja o, simplemente, para que nos acompañe.

¿No es paradójico que disfrutemos de las mayores cotas de bienestar de la historia, en términos de salud, longevidad y confort, y a la vez haya tanto malestar y tanta enfermedad mental?

Porque vivimos en la sociedad del cansancio, como dice el filósofo surcoreano Byung-Chul, reciente premio Princesa de Asturias de Humanidades. La gente está hastiada, sometida constantemente a una presión enorme, obligada a tomar mil decisiones a la carrera entre un mar de ofertas y opciones ante las que no tiene criterio. Hay una absoluta ansia de tranquilidad, reflexión y silencio, por eso proliferan los talleres de meditación. En cuanto a la salud mental, estos problemas suelen surgir en tiempos de bonanza. En la posguerra, nadie hablaba de ansiedad o depresión, porque no podían permitirse esos lujos. Al final, seguimos anclados en aquel malestar de la cultura del que hablaba Freud. Hemos creado una cultura que por un lado nos civiliza y por otro nos enferma.

¿Usted que ostentó un cargo de senadora, qué opinión tiene del panorama político actual, tanto en España como en el mundo?

Me parece tremendo. Se dice que la democracia está en peligro, pero yo no lo creo, porque tenemos instituciones sólidas que la protegen. Sin embargo, me parece alarmante, no ya el clima de desconfianza que hay, sino de polarización y enfrentamiento. Se rechaza al que está enfrente sin escucharle, solo por el simple hecho de pensar diferente. No solo se descarta la opción de alcanzar consensos, sino que se entra en el terreno del insulto, la falta de respeto y el ataque personal.

¿Personalmente, cómo vive todo esto que está contando? ¿Es pesimista o cree que tenemos arreglo como sociedad?

A mí ya me queda poco tiempo de estar aquí, pero tengo claro que mantener la esperanza es una obligación moral. Hay que fomentar la esperanza, pero con eso no basta, hay que pasar a la acción, porque la ética es una cuestión de voluntad, no se limita al plano teórico. El diagnóstico está claro, pero saber dónde está el bien y dónde el mal no es suficiente, hay que poner esfuerzo en recuperar la confianza y mejorar como sociedad, en poner en valor el bien común, y esa tarea empieza por cada uno de nosotros.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20251129/victoria-camps-egoismo-convertido-patron-124162509

Tania Sánchez “Sócrates o Nietzsche: cómo enfrentar la modernidad gracias a la Filosofía”

Entrevista a Tania Sánchez en France24 Español.

Sócrates o Nietzsche: cómo enfrentar la modernidad gracias a la Filosofía

Argumentos para el debate:

La modernidad nos coloca frente a desafíos que, si bien son inéditos en su escala —hiperconectividad, crisis ecológica, aceleración tecnológica, polarización digital—, conservan un núcleo humano que no ha cambiado desde la Antigüedad: la necesidad de preguntarnos quiénes somos, qué valoramos y cómo debemos vivir. Frente a estas tensiones, la filosofía vuelve a convertirse en un territorio fértil para interpretar el presente y buscar caminos para orientarnos. Entre las figuras que más iluminan este debate destacan dos polos opuestos y complementarios: Sócrates y Nietzsche.

A primera vista parecen enemigos irreconciliables: uno defensor del diálogo racional y la búsqueda humilde de la verdad; el otro crítico feroz de la moral tradicional, del racionalismo occidental y de todo intento de encerrar la vida en conceptos fijos. Sin embargo, ambos ofrecen herramientas valiosas para pensar la modernidad desde ángulos distintos. Decidir entre Sócrates o Nietzsche no implica elegir un bando, sino reconocer qué aporta cada perspectiva para comprender y enfrentar la era contemporánea.

  1. Sócrates: la verdad como brújula en el caos

En tiempos de infoxicación y discurso polarizado, la figura de Sócrates adquiere una sorprendente actualidad. Su método —el diálogo crítico, la pregunta incómoda, la duda como motor— funciona como un antídoto frente a la superficialidad y la certeza fácil que dominan la esfera digital.

A. La “ignorancia sabia” frente a la sobreconfianza moderna

La actitud socrática parte de un reconocimiento fundamental: no lo sé todo. En un mundo donde las redes sociales recompensan la opinión rápida y tajante, la humildad intelectual socrática se vuelve revolucionaria. Nos invita a suspender el juicio, examinar nuestras ideas y abrir espacio al entendimiento mutuo.

B. El diálogo como práctica democrática

Para Sócrates, la verdad emerge de la confrontación respetuosa de argumentos. En la modernidad, donde la conversación pública se fragmenta en cámaras de eco, el modelo socrático recuerda la importancia de escuchar activamente y cuestionar sin destruir.

C. La ética como arte de vivir

Sócrates proponía que el mayor enemigo del ser humano no es la ignorancia intelectual, sino la incapacidad de examinar la propia vida. Frente a la hiperproductividad moderna, la ética socrática nos invita a un retorno a lo esencial: ¿qué tipo de persona quiero ser? ¿qué vida vale la pena vivir?

  1. Nietzsche: vitalidad, ruptura y creación en tiempos de crisis

Si Sócrates representa la búsqueda paciente de la verdad, Nietzsche encarna la afirmación radical de la vida. Su pensamiento es una provocación permanente contra todo aquello que oprime, uniformiza o domestica la existencia humana.

A. La crítica al rebaño en la era de las masas digitales

Nietzsche advertía sobre el peligro de convertirnos en seres que siguen la opinión general sin cuestionarla. La modernidad tecnológica, con su maquinaria de tendencias y viralidad, intensifica ese riesgo: la presión por adaptarse, por pertenecer, por ser “aceptado”.

El filósofo propone lo contrario: el cultivo del individuo fuerte, autónomo, capaz de decir “sí” a su propia manera de existir.

B. La transvaloración de los valores

Nietzsche invita a cuestionar radicalmente cualquier sistema moral que hayamos heredado sin examinarlo. En la modernidad —marcada por crisis éticas, transformaciones laborales y nuevos modelos de convivencia— esa invitación es vital: debemos atrevernos a reconstruir nuestros valores, no a repetirlos.

C. El “superhombre” como metáfora de creación

Lejos de ser un ideal de dominación, el superhombre representa la capacidad de reinventarse, superar el nihilismo y crear nuevos sentidos. En un mundo donde la incertidumbre genera miedo y parálisis, Nietzsche apuesta por la potencia creativa como salida.

  1. ¿Sócrates o Nietzsche? Un diálogo necesario para la modernidad

Aunque parezcan polos opuestos, ambos filósofos pueden interpretarse como dos dimensiones complementarias para enfrentar los desafíos contemporáneos:

Sócrates nos enseña a:

Pensar antes de reaccionar.

Conversar antes de confrontar.

Reconocer límites y abrirse al otro.

Construir una comunidad basada en la razón compartida.

Nietzsche nos enseña a:

Liberarnos de normas que ya no sirven.

Desarrollar coraje para vivir según criterios propios.

Crear nuevos valores frente al vacío.

Afirmar la vida incluso en tiempos convulsos.

El equilibrio necesario

La modernidad exige un espíritu socrático que evite caer en dogmatismos, pero también una energía nietzscheana que permita reinventar lo que ya no funciona. Sin Sócrates, quedamos atrapados en la opinión irreflexiva; sin Nietzsche, caemos en la obediencia y la resignación.

La filosofía, así entendida, no es un refugio del pasado, sino un laboratorio para pensar el futuro.

  1. Conclusión: Filosofar como acto de resistencia moderna

En un mundo que se mueve a la velocidad del clic, detenerse a pensar —como Sócrates— o a transformar —como Nietzsche— se convierte en un acto de resistencia. La modernidad necesita tanto la lucidez crítica como el impulso vital. No se trata de escoger entre uno u otro, sino de escuchar ambas voces para navegar la complejidad contemporánea.

Sócrates nos recuerda que el diálogo puede salvarnos de la confusión.
Nietzsche nos recuerda que la creación puede salvarnos del vacío.

Y juntos ofrecen una brújula filosófica que, lejos de vencer a la modernidad, permite habitarla con más sentido, libertad y profundidad.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=lERuczMiy90

El diálogo entre una alumna con cáncer y su catedrático de filosofía: «Profesor, me invaden las tinieblas»

Enrique Bonete publica un libro construido a partir de los correos que intercambió con una antigua alumna en la que ética ilumina el miedo y llega a funcionar como terapia.

Resumen–Paráfrasis Ampliada del Artículo sobre Enrique Bonete y su libro epistolar

El artículo cuenta la historia que está detrás del nuevo libro del catedrático de Filosofía Moral Enrique Bonete Perales, una obra nacida de una situación profundamente humana y difícil: la relación epistolar que mantuvo con una antigua alumna que estaba atravesando un proceso de cáncer.

La mujer, exestudiante de Bonete, decidió escribirle cuando la enfermedad empezó a sacudir su vida con fuerza. En sus mensajes describía un estado emocional dominado por el miedo, la angustia y una sensación persistente de oscuridad interior. Le confesaba que había momentos en los que sentía que la incertidumbre la vencía y no encontraba suelo firme bajo los pies.

Bonete, lejos de limitarse a una respuesta afectuosa o protocolaria, se implicó profundamente en el intercambio. Sus emails se convirtieron en una suerte de acompañamiento ético, un ejercicio de filosofía aplicada a la vida real donde intentaba ofrecer claridad, serenidad y herramientas para pensar lo que ella estaba viviendo. No pretendía “curar” la situación, sino dar luz moral en medio del sufrimiento, ayudándola a comprenderse, a ubicarse frente al miedo y a encontrar un modo de convivir con la enfermedad sin que esta consumiera su identidad.

El artículo destaca que las reflexiones de Bonete no eran abstractas ni demasiado académicas. Estaban escritas con una mezcla de rigor y sensibilidad, recordándole a su interlocutora que la ética no es una colección de teorías distantes, sino un recurso para sostener a las personas en situaciones límite. Así, los correos terminan convirtiéndose en una forma de terapia filosófica: un espacio donde la palabra, la reflexión y el vínculo humano ayudan a aliviar la carga.

Con el tiempo, el intercambio entre ambos fue tomando una riqueza y una profundidad tales que Bonete decidió darle forma de libro. La obra recoge —con el permiso expreso de la alumna— ese diálogo sincero y frágil, en el que se abordan cuestiones como:

  • ¿Cómo enfrentarse racional y emocionalmente al miedo?
  • ¿Qué sentido puede tener el sufrimiento?
  • ¿Cómo sostener la dignidad personal en momentos de vulnerabilidad extrema?
  • ¿Qué papel juega la esperanza cuando el futuro es incierto?
  • ¿Qué puede aportar la ética a alguien que lucha por su vida?

El artículo subraya que el proyecto no es un libro sobre la enfermedad en términos médicos, ni una obra de autoayuda, sino un testimonio de cómo la filosofía —practicada con empatía y cercanía— puede convertirse en un refugio y una brújula moral. El lector encuentra en él no solo el diálogo entre un profesor y su alumna, sino también una reflexión universal sobre cómo cuidarnos mutuamente cuando la vida se vuelve insoportablemente dura.

En suma, la pieza periodística presenta el libro como un ejemplo poco común de filosofía al servicio de la vida concreta, donde el pensamiento ético se vuelve acompañamiento, y la relación entre maestro y alumna se transforma en un testimonio de humanidad frente a la adversidad.

Lee la conversación entre alumna y catedrático aquí: https://www.lagacetadesalamanca.es/salamanca/dialogo-alumna-cancer-catedratico-filosofia-profesor-invaden-20251127092407-nt_amp.html?utm_source=chatgpt.com

«¿Qué hace que merezca la pena vivir?»: Tres autores, en busca del verdadero sentido de la vida

Tres grandes amigos que son referentes del desarrollo personal, cuatro días conversando sobre lo divino y lo humano en una masía rodeada de naturaleza y de contrastes volcánicos en La Garrotxa, cerca de Olot (Girona); y una pregunta en el aire: «¿Qué hace que una vida merezca la pena ser vivida?». Con estos mimbres se trenzó ‘Esencial’ (Arpa Editores), una obra que une la sensibilidad espiritual de Álex Rovira (@alexroviracelma), la creatividad narrativa de Francesc Miralles (@francesc_miralles) y la profundidad psicológica de Xavier Guix (@xavierguix).

Cada uno de sus 21 capítulos, escritos a seis manos, abre una puerta a la transformación personal desde el abordaje de temas como el amor, el perdón, la culpa, la gratitud, la felicidad, la suerte, el miedo o la ansiedad. Y los tres autores lo hacen, como apunta Guix, desde la atalaya de la madurez, «que les ha permitido un trabajo conjunto armónico y una mayor capacidad de síntesis para reducir los grandes temas a lo que es verdaderamente esencial».

En un contexto de incertidumbre, repleto de distracciones y evasiones, en el que abundan las recetas para ser felices y los métodos infalibles para tener éxito, los autores alertan de una paradoja desconcertante: a pesar del abrumador acceso a la información sobre desarrollo personal, nunca había sido tan patente la desorientación generalizada.

Por eso proponen acompañar al lector en una conversación íntima sobre los fundamentos que, a lo largo de siglos de sabiduría humana y décadas de su experiencia profesional y personal (entre los tres suman más de 170 años), han identificado como los pilares para tener «una vida extraordinaria» que, como aclara Rovira, «no tiene nada que ver con logros externos o reconocimiento público, sino con los momentos de conexión auténtica, las pequeñas alegrías cotidianas y los actos de generosidad ofrecidos y recibidos».

Sus reflexiones, nacidas al calor de diálogos largos y pausados, plantean más preguntas que respuestas y tienen como objetivo aportar algo de luz para que cada uno encuentre su propio camino hacia una vida más consciente, más auténtica y más plena.

Felicidad con poso

El viaje interior que plantean Guix, Rovira y Miralles en ‘Esencial’ arranca con la felicidad, pero no como destino sino como una forma de viajar sin expectativas. «A medida que uno va madurando pasa de una felicidad materialista a una humanista, que tiene mucho que ver con la sencillez, con no complicarse la vida y con valorar lo que se tiene», explica Rovira. Completa Miralles esta tesis apuntando que a menudo suele confundirse esa falta de expectativas a la que hacen referencia con la resignación o con no desear nada pero que en realidad a lo que apela es justamente a la importancia de tener una mirada apreciativa y desear lo que se tiene.

Y ese deseo, como advierte Guix, no apunta hacia cosas, situaciones o personas; sino hacia el propio acto de desear que, según manifiesta, habría que complementar con el verbo permitir. «Uno desea y a la vez permite que algo sea tal y como es porque solo desde la aceptación se puede ser feliz», argumenta.

«Con la madurez se pasa de una felicidad materialista a una humanista, que tiene mucho que ver con la sencillez»

Álex Rovira

Escritor y conferenciante

Igualmente se aborda desde la madurez el amor. Y para hablar de ello Miralles recurre al concepto japonés ‘wabi sabi’, que abraza la belleza de la imperfección. «Mientras que el amor romántico y juvenil apunta a la idealización, el amor maduro nace de la aceptación de uno mismo y del otro, cada uno con sus imperfecciones. No es esa emoción abrumadora que retratan las películas y las novelas, sino un compromiso profundo que se renueva cada día y que nos invita a crecer junto al otro».

Para Guix, además, esa visión desde la experiencia ayuda a entender la relevancia de aunar los tres tipos de amor de origen griego: la pasión y sexualidad (eros), la amistad y lealtad (philias) y la ternura y la compasión (ágape). «Si no hay cuidado del otro, no hay amor», advierte el psicólogo.

Rovira se refiere a su vez a la reciprocidad y a la importancia de entender que amar es evitar ver al otro como un objeto y propiciar una relación entre sujetos que permita «alegrarse por la alegría del otro y sentir dolor ante el dolor del otro».

«El amor maduro nace de la aceptación de uno mismo y del otro, cada uno con sus imperfecciones»

Francesc Miralles

Escritor

Sentir frente a pensar

Cada emoción contiene un regalo de autoconocimiento pues, como exponen en su obra, «son mensajeras de la sabiduría interior». Por eso para Rovira es fundamental reconocerlas, acogerlas y permitir que sean una guía, pero que no sean determinantes. «Es una información adaptativa. Son como ríos que fluyen a través de nosotros: intentar detenerlos crea inundaciones internas, dejarse arrastrar por completo puede llevarnos a lugares peligrosos, pero navegar conscientemente por sus aguas procura riqueza en la experiencia», señala.

El problema de las emociones, según matiza Guix, es que se manifiestan en el presente pero pertenecen mayoritariamente al pasado. «Es importante distinguir entre sentir y emocionarse. Somos seres sintientes y el sentir está vinculado al presente, mientras que la emoción puede proceder de la memoria. Por eso cuando invitamos a reestructurar lo que se piensa y a sentirlo desde otro lugar no hablamos de hacerlo desde el miedo, la tristeza o la alegría, sino de crear el sentimiento, sentir lo que se piensa, lo que se crea y lo que se realiza», plantea.

Conviene entender, por tanto, qué es lo que están diciendo las emociones desde la conexión entre la mente y el cuerpo. «El pensamiento nos lleva a la conclusión, pero que es la emoción la que nos lleva a la acción. Muchas personas limitan su vida a los procesos mentales porque desconectan de los emocionales. Si estuviéramos más en contacto con el sentir, nos entenderíamos mejor y tendríamos más capacidad para transformar aquello que no nos encaja en nuestra vida», manifiesta Rovira. Noticias relacionadas

Gratitud y entrega

Algo que, según los autores, puede llegar a transformar lo ordinario en extraordinario es cultivar el hábito de agradecer. Esa práctica diaria de reconocer los dones que se reciben es «como un par de gafas mágicas que permiten ver la abundancia donde antes solo se veían las carencias», sugiere Rovira, quien la califica como la «alquimia más poderosa para transformar la existencia, junto con la compasión y el perdón.

Por eso lo que propone, por su parte, Miralles es elegir esta actitud de agradecimiento permanente frente a otra que puede ser antagónica, como es la queja. «Unos se victimizan buscando la atención y absorbiendo la energía de los otros, otros se fijan solo en lo malo y en lo que va mal, obviando todo lo demás. Los que escogen la gratitud, pueden acogerse a ella incluso en los momentos más adversos de su vida».

«Hay que distinguir entre sentir, que está vinculado al presente, y emocionarse, que puede proceder de la memoria»

Xavier Guix

Psicólogo

Pero además de apreciar y agradecer lo que uno tiene, los tres escritores inciden en la importancia de transformar lo recibido en dones para los otros de modo que uno, al final del día, pueda sentir que ha contribuido, de alguna manera, a hacer el mundo un poco mejor. «Un modelo que se usa mucho para explicar este planteamiento es el que aporta Joseph Campbell en ‘El viaje del héroe’, En él se muestra que el objetivo, tras haber salido de la zona de confort y haber pasado todas las pruebas necesarias para conseguir un valioso elixir, es que todo lo aprendido y lo conseguido no tiene valor si al final no se entrega y se cierra el círculo dejando un legado», recuerda Miralles.

Lo que se siembra y el aprendizaje sobre lo ya experimentado que se aporta a los otros es para Rovira lo que hace que una vida merezca la pena. Y eso, según aclara, se construye con pequeños actos cotidianos de presencia, gratitud y generosidad, más que con grandes logros o aplausos externos.

Propósito sereno

Precisamente esa entrega forma parte de la intersección de la que emerge el ‘ikigai’ o propósito, que implicaría la unión, según señala Rovira, de «lo que se ama, lo que a uno se le da bien, lo que el mundo necesita y lo que se puede ofrecer a los demás». Por tanto, como añade Guix, el propósito no es algo que uno se puede llegar a plantear como meta o como objetivo sino que sería, por un lado un horizonte que orienta y que da sentido a cada paso, y, por otro, un descubrimiento que se suele hacer en la madurez, que es la etapa en la que se ve todo con una mayor perspectiva, se entiende mejor qué es aquello que has venido a aprender a este mundo y cuáles son las conexiones entre todo lo que se ha vivido.

Comparte esta reflexión Rovira quien, sin embargo, apunta que algunas personas pueden llegar a sentir una revelación de su propósito en cualquier momento de la vida, no solo en la madurez, a partir del sufrimiento, de una desgracia o de alguna crisis.

Por eso a la hora de trabajar con el propósito de una forma práctica, Miralles plantea que existen tres momentos vitales a los que conviene prestar atención. Uno es el que se puede producir en torno a los 16 o los 17 años, que suele ser cuando los estudiantes abordan hacia dónde quieren dirigirse profesionalmente o qué camino desean seguir en el ámbito de la educación. Otro se da cuando esa persona sufre alguna crisis personal, ya sea por una enfermedad, una ruina económica, un cambio de país por circunstancias sociales o políticas, una separación o incluso una situación desbordante como la que se vivió durante la pandemia. Y el tercer momento crucial sería la jubilación, pues no solo coincide con una liberación de ocupaciones como el cuidado de niños o de mayores, sino que también implica disponer de un océano de tiempo en el que no siempre se sabe navegar.

Algo que es importante destacar es que el ‘ikigai’, como apunta Rovira, no siempre se manifiesta como una vocación grandiosa: sino que a menudo se encuentra en los pequeños actos con los que se contribuye al bienestar de los demás y del planeta.

La serenidad podría ser la clave para permanecer imperturbable en ese océano de tiempo mientras la superficie se agita con las olas, según sugieren los autores. Y ésta se cultiva, como recuerda Guix, no desde la pasividad ni la resignación, sino desde la aceptación, el desapego y la confianza en que, incluso en los momentos más oscuros, puede haber una luz que nos guíe.

Tres expertos en desarrollo personal

Xavier Guix. Sant Boi de Llobregat, 1960. Desarrolla su labor terapéutica en Kairós Institut y es el fundador de Emprendedores Existencialistas. Imparte cursos en diversas universidades y está especializado en programación neurolingüística y autoconocimiento. Ha escrito ‘El problema de ser demasiado bueno’, ‘Ni me explico, ni me entiendes’, ‘Si no lo creo, no lo veo’ y ‘Mientras me miran’.

Francesc Miralles. Barcelona, 1968. Su vida escolar fue errática hasta que descubrió su pasión por el alemán. Es un prolífico autor. Al principio se centró en la narrativa juvenil, pero después se inclinó por el desarrollo personal. Su ensayo más traducido fue ‘Ikigai’. Ha escrito numerosas obras en coautoría, muchas con Álex Rovira, como ‘La última respuesta’, ‘Un corazón lleno de estrellas’, ‘Homo solver’ o ‘Cuentos para quererte mejor’.

Álex Rovira. Barcelona, 1969. Licenciado en Ciencias Empresariales y MBA por ESADE, es escritor, conferenciante y consultor. Ha publicado numerosos libros, entre ellos ‘La buena suerte’, traducido a más de 50 idiomas. Desde su Escuela de Transformación Vital y Liderazgo, por la que han pasado más de 70.000 alumnos, aborda su compromiso de compartir herramientas para encontrar sentido a la vida. Noticias relacionadas

La gran pregunta

Los 21 fundamentos para una vida plena que proponen Guix, Rovira y Miralles en ‘Esencial’ no son compartimentos estancos, sino que son hilos entrelazados que se potencian y se nutren entre sí para responder a ese interrogante que un día se hicieron los autores y que realmente fue la semilla de su obra: «¿Qué hace que una vida merezca la pena ser vivida?».

Además de lo ya expresado a través de sus textos conjuntos, cada uno de ellos aceptó el reto de contestar individualmente y a vuelapluma a esta pregunta. Y así, tal como manifestaron sus respuestas, se recogen sus mensajes a modo de conclusión y cierre:

Para Francesc Miralles una vida con sentido es aquella en la que uno ama y deja que le amen. «Hay muchas personas que son grandes amadoras pero que han puesto muchos muros al reconocimiento y al merecimiento. El amor ha de ser bidireccional», plantea.

Xavier Guix, por su parte, apunta que saber vivir para saber morir y la conciencia de la finitud de nuestro tiempo es lo que inspira a vivir con más intensidad, propósito y amor. «Si he venido a la vida es para vivirla. Lo esencial es la vida misma y entenderla como el lugar que nos sostiene, no como el conjunto de cosas que nos pasan», argumenta.

Por último, Álex Rovira, incide en que la vida vale la pena precisamente «por la pena» pues, según asegura, es ahí donde está el tesoro. «En cada proceso de encuentro y desencuentro uno ve que nadie sería lo que es si no hubiera pasado por lo que ha pasado», apunta. Y planteando un giro radical y consciente a la célebre frase del poeta Rumi propone: «Es por la herida por donde sale la luz».

Fuente: https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/merezca-pena-vivir-tres-autores-busca-verdadero-20251025174401-nt.html

El “frikismo” como negocio de la marginalidad a la influencia cultural

Dra. Arantxa Vizcaíno Verdú

Antiguamente utilizado para describir a personas con gustos considerados excéntricos, su significado ha cambiado con el tiempo, hasta convertirse en una etiqueta que engloba a individuos apasionados por una amplia variedad de productos culturales. Estos incluyen cómics, videojuegos, películas, series, libros y más. Lo que antes era visto como marginal y poco convencional, hoy constituye un fenómeno global y un motor económico significativo, con la industria cultural adaptándose a la creciente demanda de este segmento del mercado.

¿Cuál es el perfil de un friki? El perfil de un «friki» ha evolucionado de ser simplemente una persona con gustos extravagantes a alguien que exhibe una pasión intensa y especializada por ciertos productos culturales. Académicamente, la etimología del término deriva del inglés “freak”, que en su origen hacía referencia a comportamientos o características físicas que destacaban por ser inusuales. Sin embargo, con la expansión de la cultura popular y el acceso a productos culturales a través de Internet, el concepto de «friki» se ha redimensionado.

“El término friki ya no se emplea únicamente de manera despectiva”, afirma. “Hoy en día, muchas personas se identifican abiertamente como frikis, y sus intereses, lejos de ser marginales, han captado la atención de las grandes industrias culturales”. Este fenómeno ha dado lugar a la creación de subcomunidades dentro del frikismo, que incluyen a geeks, cosplayers, gamers y otakus, entre otros. Cada una de estas comunidades tiene su propia dinámica interna, pero todas comparten una pasión común: el consumo y la dedicación hacia productos que históricamente no formaban parte de la “dieta cultural” principal.

La transformación del frikismo en un negocio Las industrias culturales han reconocido el valor de la comunidad friki y han adaptado sus estrategias para captar la atención de este grupo. Aunque algunos podrían ver la popularización del frikismo como una moda reciente, en realidad su influencia ha sido subestimada durante años.

La proliferación de eventos como la Comic-Con o la E3 (Electronic Entertainment Expo) y la consolidación de plataformas de streaming como Netflix y Amazon Prime Video han jugado un papel crucial en llevar el contenido «friki» a una audiencia masiva. Una de las primeras formas en que las marcas comenzaron a capitalizar este fenómeno fue a través del merchandising.

Desde figuras de acción hasta camisetas y pósters, los productos asociados con películas, series o videojuegos han sido una fuente constante de ingresos.

Con el tiempo, estas empresas no solo han generado beneficios económicos directos, sino que han creado un sentido de pertenencia entre los consumidores. Según el Dr. Henry Jenkins, experto en estudios culturales, “la industria cultural ha logrado responder a una demanda latente que durante años fue invisible para muchos”. En este sentido, las marcas han sabido aprovechar las comunidades frikis no solo como consumidores, sino también como defensores y promotores de sus productos. Hace apenas dos décadas, acceder a ciertos productos culturales, como un manga específico o una película de anime, requería grandes esfuerzos logísticos y económicos. En algunos casos, era necesario viajar a grandes ciudades para encontrar tiendas especializadas que ofrecieran este tipo de artículos.

Fuente: https://www.lahora.com.ec/esmeraldas/El-frikismo-como-negocio-de-la-marginalidad-a-la-influencia-cultural-20241019-0023.html

‘Resumen de mi vida’, de Thomas Mann: la vida dentro de un orden

En esta breve autobiografía, el autor de ‘La montaña mágica’ construye con pudor sus recuerdos, más para iluminar su obra que para desnudar intimidades.

Luis M- Alonso

Efectivamente, llama la atención que un hombre que ha escrito largos testimonios traducidos en extensas y ambiciosas novelas levante en poco más de ochenta páginas un edificio de recuerdos que parece más destinado a iluminar su obra que a desnudar su intimidad. ‘Resumen de mi vida’ destaca por la sobriedad, Thomas Mann (Lübeck, 1875-Zúrich,1955) no se abandona al desorden sentimental ni a la complacencia del recuerdo. Por el contrario, clasifica su vida como quien ordena una biblioteca, cada experiencia está relacionada con un título, cada episodio vital con una página escrita.

La infancia en Lübeck desemboca en ‘Los Buddenbrook’; su estancia en Davos, junto a su esposa enferma, germina en ‘La montaña mágica’, y la figura de Johann Wolfgang von Goethe se alza como inspiración para ‘Carlota (Lotte) en Weimar’. Digamos que la vida se convierte en materia literaria y la literatura en espejo de la vida. Este es uno de los regalos, quizás el mejor, que ofrece Mann en este pequeño gran libro publicado por Nørdica, cuando se cumplen 70 años de su muerte y 150 de su nacimiento. Ese paralelismo, tan característico en él, revela su concepción del arte como una forma de conocimiento.

El escritor no escribe para exhibirse sino para comprender, y convierte esa comprensión en objeto de estudio

El escritor no escribe para exhibirse sino para comprender, y convierte esa comprensión en objeto de estudio.Resumen de mi vida’ es un autorretrato breve pero no simplificado, intelectual, casi clínico, en el que las emociones aparecen tamizadas por el rigor del análisis. El tono, contenido y a la vez musical, recuerda a sus ensayos. Frases medidas y juicios sopesados. El ritmo narrativo es inmejorable.

El hombre y el artista

Cualquiera que busque en estas páginas anécdotas privadas o confesiones desgarradas se sentirá profundamente defraudado. Mann nunca fue un autor que cultivara la transparencia o la rendición de lo íntimo. Su pudor, unido a la convicción de que la verdad de un escritor se encuentra en su obra, le apartó de cualquier tentación de desnudarse. Pero ese mismo pudor otorga al texto una elegancia particular, la de un relato vital en el que la esencia es la relación entre el hombre y el artista. Ello no significa, sin embargo, que el misterio haya sido relegado.

Hay pasajes de este breviario que conmueven por lo que sugieren más que por lo que dicen. Cuando Mann se refiere a la enfermedad de Katia en 1912, lo hace con sobriedad, aunque detrás se adivina el temblor de la experiencia. El viaje a Davos se convierte en literatura, pero en la raíz de esa transfiguración está la vulnerabilidad humana, el miedo a la pérdida. Ese doble movimiento de vivir y transformar lo vivido en obra constituye quizá la esencia del gran autor alemán.

Consciente de su posición en la cultura europea, Mann ofrece una versión abreviada y cuidadosamente elaborada de sí mismo

Mann había anunciado un proyecto de memoria total que jamás llevó a cabo. Esta ausencia puede que otorgue cierto aire fantasmagórico a ‘Resumen de mi vida’, que es, al mismo tiempo, un punto de llegada y una promesa incumplida. Como si el autor hubiera querido reservarse para una narración más amplia que el tiempo o la voluntad no permitieron. Probablemente nunca quiso desnudarse del todo, a la vez que le parecía irrelevante o sencillamente inconveniente hacerlo.

Sus novelas hablaron por él, también los protagonistas. Gustav von Aschenbach, Hans Castorp, etcétera, son, en el fondo, proyecciones de su conciencia moral y estética. Cada uno encarna una faceta de su conflicto interior, el deber frente al deseo, la razón frente a la pasión, la cultura ante la naturaleza. En ‘Resumen de mi vida’ se despliega una idea de la literatura como destino. La vida de Mann no se entiende sin sus libros, y es posible que sus libros no se entiendan sin esa vida. Todo parece implicar mediación.

Ejercicio de afirmación

En el contexto de 1929, año que ya había alcanzado prestigio internacional, Premio Nobel incluido, esta obra puede leerse también como un ejercicio de afirmación. Consciente de su posición en la cultura europea, Mann ofrece una versión abreviada y cuidadosamente elaborada de sí mismo. No hay improvisación, sino la voluntad de fijar una imagen, que es la del artista serio, heredero de Goethe, que convierte la experiencia en arte y la vida en literatura.

Cada frase parece escrita valiéndose de un compás interior y una cadencia que recuerda a la música de cámara. No hay palabras de más, pero tampoco de menos. La claridad viene de la precisión; la emoción, de la contención. Quienes estén familiarizados con sus novelas reconocerán esa armonía que combina la solidez alemana con una sensibilidad casi mediterránea. Mann no desconocía la forma, el estilo, como una cuestión moral.

Cuando escribióResumen de mi vida’, Alemania vivía el final de la República de Weimar, la etapa convulsa y fascinante que preludiaba la tragedia. El escritor consagrado ya observaba con preocupación el avance del nacionalismo y el deterioro moral de su país. Aunque su breve autobiografía no recoja ese momento, se percibe en sus páginas una defensa implícita de los valores humanistas que después lo llevarían a enfrentarse abiertamente al nazismo y a exiliarse en Suiza y en EEUU.

La distancia que se palpa no supone frialdad; al contrario, revela la profundidad de un hombre medido que se conoce demasiado bien como para dejarse llevar por las emociones inmediatas. La mirada en Mann es siempre la de un moralista que se interroga sobre su propio papel en la cultura y en la historia. En cada frase se adivina una ética del trabajo, una confianza en la razón y en la forma, instrumentos de la verdad. Leerlo es abrazar nuevamente la literatura.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/libros/20251028/thomas-mann-critica-autobiografia-resumen-vida-122790813

La filosofía explicada para todo el mundo

La filosofía explicada a todo el mundo
Con Roger-Pol Droit, filósofo y escritor

Imagina que la filosofía no es un asunto reservado a las universidades o a los grandes pensadores del pasado, sino una herramienta viva, cercana y profundamente humana. En este episodio de Aprendemos Juntos BBVA, el reconocido filósofo y escritor Roger-Pol Droit nos invita a mirar el mundo con otros ojos. Con un lenguaje claro, accesible y lleno de curiosidad, Droit demuestra que filosofar es algo que todos hacemos, a menudo sin darnos cuenta, cada vez que nos preguntamos por el sentido de lo que vivimos.

A lo largo de esta versión completa, Roger-Pol Droit recorre algunas de las grandes preguntas que han acompañado a la humanidad desde sus orígenes:

  • ¿Qué significa pensar?
  • ¿Por qué buscamos la verdad?
  • ¿Cómo podemos vivir mejor, más atentos y más conscientes?

El autor nos muestra que la filosofía no consiste solo en leer a Platón, Descartes o Kant, sino en aprender a detenerse, a mirar lo cotidiano con asombro y a descubrir lo extraordinario en lo simple. Con ejemplos de la vida diaria, reflexiones sobre la educación y una mirada profundamente optimista sobre el papel del pensamiento en el siglo XXI, este encuentro es una invitación a redescubrir el placer de pensar por uno mismo.

Roger-Pol Droit, conocido por su obra La filosofía explicada a mi hija y por sus contribuciones al pensamiento contemporáneo, propone una filosofía sin solemnidad, sin jerga, sin barreras. Una filosofía para todos los públicos, que se escucha, se siente y se practica. Su propósito es claro: reconciliar el pensamiento con la vida cotidiana y recordarnos que cada pregunta puede ser el inicio de una aventura intelectual.

Fuente: https://es.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-036&ei=UTF-8&hsimp=yhs-036&hspart=sz&param1=1900011385&gdpr=1&p=noticias+filosofia&type=type80178-2035507134#action=view&id=9&vid=0cc3c9c6c3c0dc2ca7fc7a9b2010043f

¿Y si cancelar ya no sirve? El agotamiento de una estrategia que solo castiga

Leticia Blanco

“La alegría por el castigo no crea nada”, resume el profesor de Filosofía de la UB Antonio Gómez Villar, autor de ‘Transformar no es cancelar’ (Verso), uno de los numerosos ensayos que en los últimos tiempos están analizando un fenómeno nuevo: el agotamiento de la cultura de la cancelación. “Como estrategia se ha mostrado ineficaz, torpe y contraproducente. Muchas personas me han reconocido que años atrás ni siquiera se habrían animado a abrir el libro. Pero en este punto de bloqueo al que hemos llegado se agradecen reflexiones que permitan abrir otro espacio para la crítica”, confiesa el filósofo, que ve un debilitamiento en las dinámicas de cancelación por no haber sido capaces de articular cambios profundos en la vida de las personas. “Estamos a un tres, dos, uno de que aparezca alguien acuñando el concepto: “pos-cancelación”, profetiza.

Cansados de estar indignados

Hay varios motivos que explican este desgaste. Uno es la degradación de su habitat natural: internet está roto; X, la antigua Twitter, no es lo que solía ser, y el algoritmo ha puesto patas arriba las antiguas cámaras de eco de opinión. A ello se suma cierto agotamiento del músculo que más se ha ejercitado en los últimos años, el de la indignación. “Hay una ligazón más que evidente entre la lógica instantánea de las redes sociales y la inmediatez que exige la cultura de la cancelación. Nos exige estar alerta permanentemente. Si nos lleva a una lógica constante de control, es normal que uno termine exhausto”, apunta Gómez Villar.

“La gente no solo está desencantada y cansada. ¡Para empezar, no les importaban tanto estas cosas!”, apunta Umut Özkirimli, autor de ‘Cancelados’, investigador senior en el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals y asociado en el CIDOB. “¿Crees que a los ciudadanos de a pie, a la proverbial «gente de la calle», les importaba qué pronombres usábamos? ¿Por qué la llamada izquierda se olvidó de sus valores o de las cuestiones cotidianas? Gaza fue una dura prueba de la realidad tanto para la izquierda como para la derecha”, opina. Pero más allá de que todos estemos más o menos ‘quemados’ de las redes sociales, para ambos pensadores la clave del fracaso de la cultura de la cancelación está en que “una izquierda punitiva es incapaz de mostrar dónde reside la esperanza y la emancipación”.

El politólogo Umut Özkirimli, autor de ‘Cancelados. Dejar atrás lo woke por una política más progresista’ (Paidós).
El politólogo Umut Özkirimli, autor de ‘Cancelados. Dejar atrás lo woke por una política más progresista’ (Paidós). / Jordi Otix / EPC

El MeToo y las celebridades

En sus orígenes, la cultura de la cancelación surgió de la frustración y la sensación de impunidad ante las injusticias. Movimientos como #MeToo tuvieron un gran éxito al principio. Sin ellos es bastante probable que Harvey Weinstein no estuviese hoy en prisión. Pero para Özkirimli el problema con #MeToo y campañas similares fue que estaban demasiado centradas en el individuo. Las diferencias entre el #MeToo original, el iniciado por Tarana Burke, que se centraba en la violencia estructural contra las mujeres, y el #MeToo posterior, que se viralizó tras el tuit de Alyssa Milano, son un ejemplo de ello. «La propia Burke se quejó del #MeToo impulsado por las celebridades y de cómo dificultaba su trabajo. El sistema no ha experimentado ninguna transformación. De hecho, empeoró debido a la enorme reacción derechista, antifeminista y antiLGBTQ que vemos hoy”, apunta.

Para el autor de ‘Cancelados’, la cancelación tiene que ver en realidad con la derecha. “La censura y la caza de brujas son fenómenos centenarios que nunca acabarán. Son un sello distintivo del pensamiento de derecha y de los movimientos fascistas. La derecha nunca ha defendido la libertad de expresión, como afirma hacer. Y lo vemos ahora. Hay personas que pierden sus trabajos, son enviadas a prisión o incluso deportadas por, por ejemplo, ser pro-Palestina o por creer en la igualdad racial y los derechos LGBTQ. En ese sentido, entramos en una nueva era”, apunta.

El expresidente de la RFEF Luis Rubiales a su llegada a la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, Madrid.
El expresidente de la RFEF Luis Rubiales a su llegada a la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, Madrid. / FERNANDO VILLAR / EFE

El pico de Rubiales, un cambio en España

¿Cuál fue el punto de inflexión en España? Para Gómez Villar, el inicio del fin de la cultura de la cancelación es el caso Rubiales, cuando el pico que le dio a Jenni Hermoso se convirtió en el inicio de una movilización política. “Hay algo muy interesante en el título de la campaña que iniciaron las futbolistas: ‘Se acabó’. El “se” da cuenta de que no es un problema puramente personal. La campaña no se inicia con un “acabemos con Rubiales”, es decir, “cancelemos a Rubiales”, sino con “se acabó”. ¿Por qué? Porque el “pico” de Rubiales es el “pico” del iceberg, expresión de lógicas patriarcales y machistas arraigadas durante años en el funcionamiento de la Federación Española de Fútbol”.

Para el filósofo, lo que hicieron las jugadoras fue apuntar a la naturaleza misma de la institución, a las relaciones de poder y la discriminación sistemática en el fútbol femenino. Porque sin esa dimensión estructural no se explicaba el comportamiento individual de Rubiales. “Lo interesante es que Rubiales no fue ‘cancelado’, sino ‘derrotado’ como resultado de una victoria política”, subraya el filósofo. No es que Rubiales fuese la manzana podrida del cesto, es que lo que olía mal era el cesto, apunta.

Volver a lo universal

¿Qué soluciones proponen ambos pensadores? “Voy a decir algo poco sexy. Las izquierdas tienen que volver a recuperar el que quizás sea su mayor legado histórico: volver a dotar de contenido al concepto de universalidad”, apunta Gómez Villar. Özkirimli coincide en que la izquierda debe volver a sus raíces. “Recordar a la clase trabajadora, intentar solucionar la enorme disparidad salarial y todo tipo de desigualdades. Luchar contra los fascistas, no contra los izquierdistas que discrepan contigo. ¡Deja de llamar fascistas a tus aliados, no en un mundo lleno de fascistas de verdad!”.

De Malcolm X al Ku Klux Klan

Curiosamente, tanto Gómez Villar como Özkirimli citan en sus ensayos al activismo negro de los años 60 y los 70 como ejemplo a seguir. El primero habla de cómo Malcolm X se propuso trasladar las luchas por los derechos civiles a la lucha por los derechos humanos y desplazar el debate del Congreso de los Estados Unidos a la Asamblea General de la ONU. Özkirimli, por su parte, dedica varias páginas a Loretta J. Ross, una veterana activista afroamericana que en 2019 fue de las primeras en denunciar la cultura ‘clicktivista’ en un artículo donde denunciaba que “organizarse no es simplemente insultar a la gente online o ir a una protesta” y que los movimientos de justicia social “ocurren en persona, en la vida real”. “¿Podemos evitar individualizar la opresión y no usar el movimiento como nuestro espacio de terapia personal?”, se preguntaba Ross, superviviente de incesto y crímenes de odio, que en los 70 lideró talleres con mujeres del Ku Klux Klan que acudieron a ella para rescatar a sus hijos de la cultura del odio y también cursos de reinserción con violadores en prisión. Cara a cara con su enemigo.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20251019/cancelar-sirve-agotamiento-estrategia-castiga-122735272