Castelao: en defensa de lo singular

Tras la guerra civil y la derrota republicana, Castelao abandona España. Desde Argentina sigue promoviendo la cultura gallega. Imagen de Á Irmandade Galega Curros Enríquez de Rosario, no día da miña partida. Castelao, 1946. De dominio público, distribuida por Wikimedia Commons.

Alfonso Rodríguez Castelao es uno de los máximos representantes de la cultura gallega. Escritor, artista y político, fue férreo defensor del nacionalismo de su tierra. El pensamiento de Castelao lo sitúa en el anticolonialismo, antiimperialismo y antirracismo.

Por Cristina Arufe

Ya desde muy pequeño, la vida de Castelao (1886-1950) se ve marcada por la emigración y el exilio. Pasa su infancia entre su Galicia natal y Argentina, donde su padre había emigrado en busca de un futuro mejor. Es allí donde descubre el mundo de la caricatura a través de las publicaciones de la revista Caras y caretas, y nace su interés artístico, que le acompañará toda la vida.

Al volver a Galicia, estudia Medicina en Santiago de Compostela, aunque apenas llegará a ejercer como médico. En sus propias palabras, «fixenme médico por amor a meu painon exerzo a profesión por amor á humanidade» («Me hice médico por amor a mi padre, pero no ejerzo por amor a la humanidad»). Castelao quiere ser artista, y es durante su época universitaria cuando empieza a codearse con diversos intelectuales y artistas de la época, con quienes, además de compartir su interés por el arte, comparte también inquietudes políticas. Es así que, además de artista, comienza a desenvolver su faceta política.

Tras la sublevación militar que dio lugar a la guerra civil española y a la posterior derrota republicana, Castelao, como otros intelectuales españoles contrarios al régimen, abandona el país. En un primer momento viaja a Nueva York, para asentarse definitivamente en Buenos Aires en 1950. Allí se instala y compagina su vida política con su faceta artística. Desde Argentina sigue promoviendo la cultura gallega, y en 1944 publica Sempre en Galiza, una colección de ensayos donde plasma su ideario en lo relativo a lo político y social, en la que el autor conecta literatura con el nacionalismo político. La obra se publicó en Buenos Aires, y en el franquismo, esta —y otras obras de Castelao— fue censurada. Hasta 1986 no se pudo publicar en España.

Durante su época universitaria Castelao empieza a codearse con intelectuales y artistas de la época, con quienes, además de compartir su interés por el arte, comparte también inquietudes políticas

Castelao ha sido siempre un defensor tanto de los oprimidos como de la heterogeneidad de los pueblos. Renegó siempre de todo nacionalismo que fuera excluyente por raza:

«Para nós, os galegos, afeitos a percorrermos o mundo e a convivir con tódalas razas, o nacionalismo racista é un delito e tamén un pecado».
Sempre en Galiza

(«Para nosotros, los gallegos, acostumbrados a recorrer el mundo y convivir con todas las razas, el nacionalismo racista es un delito y también un pecado»)

El escritor y profesor de Filosofía Xosé Carlos Garrido Couceiro, en O pensamento de Castelao, explica cómo la homogeneidad europea que veía la diferencia como un error que debía ser subsanado es el contrapunto a la ideología nacionalista de Castelao. Para Castelao, todas las naciones debían defender aquello que las hace singulares: su idioma —en el caso de tenerlo—, su cultura, llegando como consecuencia a la implantación de un autogobierno. Estas ideas eran para el autor gallego no solo aplicables a la situación de su tierra, sino que eran extrapolables a diferentes territorios que se encontraban en una situación similar.

En lo que respecta al ser humano, para Castelao el concepto de nación y el hombre van de la mano, y no se puede comprender una sin el otro. El hombre construye la realidad, ordenándola de un modo que la convierte en su mundo. El ser humano no puede ser concebido como un ente abstracto. El hombre es un ser social, que ha de ser siempre definido por el mundo que habita; mundo que, por otro lado, él mismo ha creado. El hombre es un individuo en el mundo, un producto del espacio que él mismo colabora a construir.

El peculiarismo propio del ser humano al inventar nuestros propios caminos hace que asumamos nuestra libertad. Recuerda aquí a las ideas existencialistas de Jean-Paul Sartre, que afirmaba que el ser humano estaba «condenado a ser libre (…) o si se prefiere, no somos libres de dejar de ser libres». Nadie se puede imponer la libertad porque es intrínseca al ser humano, es parte de la esencia humana. El hombre, al crear y marcar sus propios caminos, actuando en base a esta libertad constantemente, se responsabiliza de su existencia, acciones y decisiones. El hombre «o es libre siempre y todo entero libre, o no es nada». En la línea de estas ideas iba la propuesta de Castelao para el nuevo emblema de Galicia, al que incorpora la frase «Denantes mortos que escravos» («Antes muertos que esclavos»).

Para Castelao, el hombre construye la realidad, ordenándola de un modo que la convierte en su mundo. El ser humano no puede ser concebido como un ente abstracto. Es un ser social, que ha de ser siempre definido por el mundo que habita; mundo que él mismo ha creado

Afirmaba Marx en su tesis número XI de Tesis sobre Feuerbach (1845) que «los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo». Castelao creía firmemente en esta filosofía de la praxis. Para él, la defensa de unos ideales perdía el sentido si dichos ideales no se convertían en acción. Aquellos que buscan nada más que la defensa de unos ideales, simplemente buscan honor y posteridad, sin voluntad de poner en acción ese pensamiento.

Su cometido como autor fue el de comunicar y propulsar temas en relación a la singularidad, identidad y memoria del pueblo gallego. Su obra se caracteriza por la dura crítica social disfrazada en ocasiones de sarcasmo. En Cousas (1926-1929) combina su faceta de escritor con su faceta como ilustrador. La obra se compone de viñetas en las que ilustra la realidad de una Galicia rural y oprimida por el caciquismo. Protagonizadas por niños, agricultores, mujeres, caciques, emigrantes…. Las viñetas nos transmiten mediante el uso de ironía y metáforas, los problemas que afectaban al pueblo gallego en aquel momento: la división de bandos durante la guerra, la realidad de la emigración o la corrupción política de la época.

Muchas de sus obras forman parte del imaginario de la cultura gallega. Es por esto que en 1964 fue homenajeado por el Día das Letras Galegas. Para la Real Academia Gallega de Bellas Artes su obra por los «extraordinarios méritos artísticos».

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