Los filósofos pioneros del bienestar personal

Saber lo necesario para llevar una vida feliz conforme a la naturaleza humana fue la misión de los representables de la corriente helenística de la filosofía. De ahí que se diga que, en el periodo comprendido entre la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) y la batalla de Actium (31 a.C), el esplendor alcanzado por el estudio del pensamiento llegó a su declive pues se pasó del culto a la especulación idealista y del rigor científico de Platón y Aristóteles –es decir, a la ambición teórica– a un afán ético del conocimiento.

La indagación por la existencia humana condujo al apetito helenístico en torno s los diferentes tipos humanos (estoico, epicúreo, cínico y escéptico) y guio a sus mentes más destacadas (como Epicuro y Zenón) al hombre en sí; pero vale la pena tener presente que aún en los tiempos de las raras avis de la filosofía (Platón y Aristóteles) sus doctrinas teóricas también daban indicios de una aproximación al análisis ético del pensamiento.

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“También Platón había buscado en su indagación filosófica lo bueno para el hombre. Sus más diversas investigaciones –ontológica o metafísica, epistemológica, lingüística– confluyen en la encrucijada del ser humano. Y Aristóteles había dedicado buena parte de su obra (al margen de su abundante trabajo en ciencias naturales, lógica y metafísica) a la esfera antropológica: ética, política, poética”, explica J.A. Cardona en su libro ‘Filosofía helenística. Estoicos, epicúreos, cínicos y escépticos’.

Sin embargo, la brecha entre la concepción antropológica platónico-aristotélica y la estoico-epicúrea es amplia. Mientras para la primera solo existe el hombre como parte de la polis (el llamado zoon politikón, animal político y social, que es además excluyente pues solo reconoce como tal al ciudadano varón, dejando por fuera a las mujeres, los esclavos y los bárbaros ), para la segunda corriente, el hombre no está engastado a la polis, sino que es un ser individual, subjetivo y singular.

Y dicha singularidad dota a este hombre helenístico de sentimientos particulares que inclusive, le permitirían elegir si quiere, o no, unirse a una colectividad. “Emerge por tanto una concepción muy moderna del ser humano, algo que, si bien introduciendo algunas pequeñas o grandes modificaciones, podría equipararse básicamente con lo que un bípedo pensante respondería a un encuestador que le preguntara en la calle por la opinión que tiene de sí mismo”, añade Cardona.

Dejando atrás los presupuestos de la naturaleza humana incrustada a la polis, la concepción del hombre desde las filosofías helenísticas sienta sus bases en la modernidad y por ello, se dice de la visión platónico-aristotélica que no supo adaptarse a los nuevos aires de cambio acaecidos en Atenas hacia el año 300 a.C. como reacción a la profunda crisis social, política y económica que terminó arrastrando consigo nuevas necesidades espirituales e intelectuales, “sin arriesgarnos a la acusación de que esto sea moralizar más que filosofar”, en palabras del escritor R.W. Sharples, experto en filosofía griega antigua.

Si bien fueron dos las más destacadas, las escuelas helenísticas fueron cuatro: el estoicismo (fundado por Zenón de Citio en Atenas, cerca del año 300 a.C, veintidós años después de la muerte de Aristóteles y veinticinco más de la de Platón), el epicureísmo fundado por Epicuro; el cinismo establecido en Atenas entre los siglos IV y III a.C y el escepticismo que, se considera, se originó con Pirrón entre los años 360 y 270 a.C.

Todas estas corrientes que integraron las escuelas helenísticas se unificaron bajo el ideal de aprender a vivir mediante una ética que le permite al individuo (ya como ser independiente. libre y autónomo de la polis) alcanzar la felicidad; propósito helenístico que sitúa al filósofo no como intelectual, científico, ni teórico sino como un sabio que, como tal, desea vivir bien.

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Filosofía helenística, en cuatro tiempos

Cada una de las corrientes que le dan forma a la escuela helenística del pensamiento tiene sus propios cimientos, guiados por el interés de la búsqueda de la felicidad del hombre en una época en la que los vínculos sociales se desbarataban mientras surgían nuevas señas de identidad personal.

1. El estoicismo. Basaba su búsqueda de la felicidad en el descubrimiento del individuo como parte del cosmos y del mundo; de ahí su carácter cosmopolita, libre del orden de la polis y dejándolo en situación de vulnerabilidad al tener que buscar su propio camino sin tener una guía clara de elección, como sucedía en la filosofía griega.

2. El epicureísmo. Hallaba la plenitud del individuo en el calor de un selecto grupo de amigos sinceros. “Su espacio no era ya automáticamente el de la ciudad, su destino no era cívico”, escribe Cardona en el tomo número 17 de la colección Descubrir la Filosofía, dedicado a la filosofía helenística.

3. El cinismo. La palabra cínico se usaba como sinónimo de ‘perro’. De hecho, el fundador de esta corriente del pensamiento filosófico, Diógenes, no podía sentirse más honrado de que lo llamaran así pues para él y sus adeptos indicaba el interés por ser sinceros y nobles, por satisfacer sus necesidades naturales físicas y espirituales sin pudor, de frente y con desparpajo. El cinismo aplicado al bienestar humano supone a un individuo disciplinado y consciente de la importancia de realizarse plenamente, viviendo conforme a la naturaleza. “Defendía un tipo de vida en que un hombre obre de la manera que lo que de veras es valioso para él su bienestar interior, no pueda ser afectado por juicios convencionales y morales, ni por cambios de fortuna; solo así se alcanza la verdadera libertad”, cita J.A. Cardona a Anthony A. Long en su libro Estoicos, epicúreos, cínicos y escépticos.

(https://redfilosofia.es/conocer-a-gente-de-bujaraloz/).

4. El escepticismo. Se basa en la búsqueda de la felicidad mediante tres cuestionamientos: ¿cómo son realmente las cosas?, ¿qué actitud debemos adoptar ante ellas? Y ¿qué consecuencias trae dicha actitud? Así, su principal teórico, Pirrón y su discípulo Timón no describieron un escepticismo absolutista, es decir, no duda de la existencia de la realidad ni del mundo; sino que niega que podamos saber algo realmente cierto de él. De ahí, su máxima: “ni siquiera sé que no sé nada”.

‘Filosofía helenística. Estoicos, epicúreos, cínicos y escépticos’, entrega número 17 de la colección Descubrir la Filosofía, circulará esta semana con EL TIEMPO, con un precio de 26.900 pesos. Los interesados en adquirir la colección completa a un precio de 589.000 pesos para suscriptores y de 787.000 pesos para no suscriptores (este precio tendrá un descuento especial para los no suscriptores quienes, al comprar los treinta libros en una misma transacción, pagarán 719.000 pesos) podrán hacerlo a través de tienda.eltiempo.com/filosofia o llamando en Bogotá al 4 26 6000, opción 3, y en la línea nacional gratuita 01 8000 110 990

PILAR BOLÍVAR
​@lavidaentenis

Fuente: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/descubrir-la-filosofia-los-filosofos-pioneros-del-bienestar-personal-693603

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