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Slavoj Žižek

Slavoj   Žižek

zizekxMientras las disciplinas académicas se vuelven cada vez más especializadas, el filósofo esloveno Slavoj Žižek flirtea con la línea entre reliquia y rebeldía. Sus intereses son desvergonzadamente amplios (desde Hegel al psicoanálisis, pasando por el cine y la cultura pop), y sus temas inexcusablemente vastos: el futuro del capitalismo global, la naturaleza de las ideologías o la experiencia de la realidad.

Žižek ha escrito más de 60 libros, y ha sido protagonista también de numerosos documentales. En el recién publicado Trouble in Paradise (Problemas en el paraíso), busca formas de “pensar más allá del capitalismo y la democracia liberal como infraestructuras máximas y definitivas”. El tema principal de su libro es la fusión existente hoy entre el capitalismo y diversas formas de autoritarismo, y las actitudes que pueden emerger de esa unión. En su estilo habitual, el libro de Žižek incluye también y entre muchas otras cosas una interpretación de la película El caballero oscuro, amplias reflexiones sobre Corea del Norte o decenas de burlas y bromas de todo tipo.

zzContacto con Žižek por teléfono cuando se encuentra en su casa de Liubliana, Eslovenia. Durante dos conversaciones distintas hablamos de Bernie Sanders, de los televangelistas y de porqué quiere mudarse a Alaska….

Michael Schulson: En su último libro, Problemas en el paraíso, habla de una revolución, de un “auténtico proceso emancipador”. ¿De dónde tendría que venir dicho proceso?

No veo ninguna garantía histórica que asegure en los próximos años algún gran acontecimiento revolucionario. La única cosa de la que estoy seguro es de que, si no pasa, nos acercaremos poco a poco si no a una catástrofe global, a una sociedad muy triste. Mucho más autoritaria, con nuevos apartheids interiores que separarán a los que están dentro de los que están fuera.

Bien, quizá debería haber preguntado: Si fuera a surgir, ¿de dónde tendría que venir ese cambio?

No se trata de un lugar específico. Veo distintos puntos de tensión potenciales. Tienes literalmente, por ejemplo, a cientos de miles, quizá millones de estudiantes en Europa cursando ahora sus estudios y sabiendo que no van a tener ni la oportunidad de acceder a un empleo.

Ese es un estrato. Luego pienso más y más sobre Europa y me pregunto: ¿Tendría que haber un muro? Los de fuera del continente (inmigrantes, refugiados) ¿deberían poder entrar a Europa? No soy un utópico. No soy un izquierdista liberal estúpido diciendo: “Oh, ya sabes, qué horror, la gente se está ahogando en el Mediterráneo, debemos abrirles las puertas.” No, eso es una estupidez. Si Europa abre realmente sus fronteras, en medio año tendremos una revolución populista anti-inmigración. Sólo estoy diciendo que el problema irá a más y entre los que están dentro y a los que están fuera.

Parece haber cierta agitación en marcha…

No tengo grandes expectativas. Es como estos pseudo-marxistas viejos y estúpidos que afirman que solo estamos viendo el principio, que solo debemos esperar. “Las masas se organizaran solas”, repiten. Yo creo que no, no puedes derrotar al capitalismo global con ideas del pasado.

Hablas de esta idea de un capitalismo “con valores asiáticos”. Una idea que reta la antigua concepción que dice que capitalismo y democracia son los únicos socios posibles.

No es solo eso, con el tiempo veremos más estados como China, Singapur y etcéteras. Estados de capitalismo autoritario. Creo que incluso en occidente, dónde sí tenemos cierta democracia (y reconozco que se trata de un verdadero logro, definitivamente mucho mejor que un régimen dictatorial) está siendo cada vez más relevante.

Por eso son tan importantes a mi entender (y quizá soy un poco ingenuo) los acuerdos como el TiSA y similares. Porque son acuerdos que definirán las coordenadas básicas de nuestra vida social y económica, los flujos de capital, los flujos de información de las décadas venideras. Y se hace todo en secreto: nadie lo controla. Este es hoy el escenario en el que nos movemos. Las grandes decisiones se toman en secreto. No son ni debatidas. ¿Y qué hacen los políticos? Libran guerras culturales, mientras las grandes decisiones económicas reales están siendo diseñadas por expertos a la sombra. Y así sucesivamente.

¿Existe algún caso en el que los votantes tengan opciones reales?

Mi observación irónica sería decir que, cuando los votantes tienen realmente opciones, se acostumbra a percibir como una crisis de la democracia.

De acuerdo.

Por ejemplo, los votantes griegos tuvieron algún tipo de elección, pudiendo votar a favor o en contra de Syriza. Y precisamente por eso todo el mundo entró en pánico.

En Europa, los comentarios en esta línea son cada vez explícitos. Creo que cité en algún lugar un comentario del Financial Times dónde un tipo decía algo como: “El problema más grande de Europa son sus votantes”. Venía a decir que éstos no entendían de verdad la necesidad de ciertas decisiones. Si eso es verdad quiere decir… ¿Cómo expresarlo? Quiere decir que básicamente estamos volviendo a tiempos pre-democráticos, en el sentido de que no se puede confiar en la mayoría.

Vivimos en la era de la ideología. El neoliberalismo es un mito. El papel de los aparatos de estado, de la intervención estatal en la economía, es cada vez más importante. Vi hace poco un reportaje sobre Mali, en el África central. Producen un algodón excelente y el precio es, por supuesto, muy bajo. Pero no pueden abrirse paso… ¿Por qué? Pues porque Estados Unidos, al subvencionar a sus propios productores para que produzcan algodón, gasta más en ayudas a sus granjeros que todo el presupuesto estatal de Mali.

Leí hace mucho una entrevista fantástica que la CNN le hizo al Ministro de finanzas de Mali, quien decía: “por favor, nosotros no necesitamos ninguna ayuda socialista. Den una oportunidad al mercado. No financien injustamente a sus productores, y Mali se salvará, económicamente hablando.” Y fue increíble cómo contestó a estas declaraciones la embajadora de Estados Unidos en el país africano. Dijo: “No es tan simple como esto, en Mali hay corrupción, bla, bla, bla”. Sandeces. Esta es la realidad, la esencia del capitalismo global. Todo el mundo se salta las normas.

O quizá todo el mundo habla de un paquete de medidas, pero en realidad sigue otro.

Hay ciertas reglas, pero no se pretende que las sigas, ya sabes. Hay ciertas normas que se espera que violes. Y, una situación que me interesa aun más, es que hay cosas que no están prohibidas, pero que sin embargo se espera que las hagas silenciosamente.

Es culturalmente muy específico, y llega hasta a los actos más cotidianos. Digamos que tú eres rico y yo pobre, y yo te invito a comer. Por lo menos en Europa, es habitual que, cuando la cuenta llega, aunque los dos sepamos que pagaré yo, me digas “déjame pagar”, o algo así. Se tiene que pasar por este teatro, aunque los dos sepamos de sobras qué pasará, que es que pagaré yo la cuenta.

Lo que parece una premisa bastante básica en muchas investigaciones etnográficas.

Deja que te cuente otra historia horrorosa. ¿No tenéis ahora, en Estados Unidos, esa locura con esto del “sí significa sí”? La idea es que debe haber un sí afirmativo. Digamos que dos personas quieren tener sexo. Hablan, pero no es suficiente un no no. Debe haber un afirmativo. E incluso entonces, hablando de forma un poco irónica, hay todos esos contratos por escrito, fotografías que lo demuestren, o lo que sea.

Lo esencial no es aquí solo reírnos del tema, pero es que precisamente así es como no funciona la seducción. Un ejemplo un poco chovinista: quieres seducir a una mujer. A ella también le gustaría. Pero si le dices abiertamente “¿puedo follarte ahora?” sería bastante humillante para ella. No estoy diciendo que podamos violar ni nada parecido. Lo que digo es que las cosas en estos campos son mucho más sutiles.

No creo que sea exactamente esa la intención de esas normas y guías pero… ok, puedo entender lo que dice. Es como que tenemos ese tira y afloja implícito.

No, no, no, déjame ser muy específico. Estoy extremada y brutalmente en contra de la violación, de la explotación sexual y de cualquier cosa parecida. Solo estoy diciendo que el flirteo y la seducción se estructuran de una manera que es precisamente resistente a ser traducida a normas tan explícitas.

Y eso es lo que ocurre en el acuerdo entre Mali y Estados Unidos, ¿verdad? En vez de los EEUU diciendo explícitamente “utilizaremos nuestras políticas comerciales proteccionistas y jugárosla”, hay un delicado tira y afloja a través del cual se expresa esa relación de poder.

En contraposición al sexo, en la economía de mercado deberíamos apretar más por hacer las reglas explícitas. Si juegas a ese juego en la economía, significa simplemente que ignoras ciertas relaciones de poder muy despiadadas.

Por primera vez en décadas, Estado Unidos tiene a un socialista compitiendo como candidato a la presidencia. ¿Cree que Bernie Sanders realiza una crítica genuina del sistema político y social?

Desde luego que simpatizo con él. Pero soy un poco pesimista. Es cierto, puede jugar un rol muy positivo, bla, bla, bla. Pero no veo que sea el principio de algo que llegue a suponer un cambio real e importante. Quizá uno deba empezar con cosas pequeñas. Por ejemplo, y tal y como enfatizo siempre, también en el libro, yo aun mantengo cierta simpatía por Obama. No compro ese discurso izquierdista de que Obama traicionó a la izquierda. ¿Qué esperaban, que introdujera el comunismo en Estados Unidos? Pero lo que me gusta de Obama, en lo que yo considero fue una muy buena misión, es la atención sanitaria universal. Tocó un punto muy importante de la ideología americana.

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¿Que fue…?

Obviamente tocó algo profundo. Algunos republicanos incluso querían llevarle al Tribunal Supremo. Lo que digo es que así es como deberíamos proceder. No digas “gran revolución”. Escoge algunos puntos específicos, aunque puedan parecer muy modestos al principio. No es nada especial. No puedes acusar a Obama de comunismo, por Dios. Canadá tiene asistencia médica universal, así como la mayoría de países de Europa Occidental. Pero en las condiciones norteamericanas esto significa algo muy potente, y creo que es precisamente esto lo que deberíamos estar haciendo hoy. No soñar en la gran revolución o como quieras llamarlo, sino escoger puntos conflictivos, dramáticos, de cada sistema.

Es interesante que presente el Obamacare como algo revolucionario.

No lo presento como algo revolucionario sino como algo que es insoportable, demasiado fuerte para la forma de ideología predominante en Estados Unidos. Eso es lo único que digo. No me gusta utilizar esta gran palabra, “revolución”.

¿Como distingue entre distintos enfoques a los retos sociales? Me refiero a la asistencia médica universal de Obama entendido como un desafío a cierta ideología americana. En el libro, critica a las organizaciones sociales orientadas a la asistencia médica y a la salud, como la Fundación Gates.

No creo en este modelo de sociedad en el que la solución pasa por que los más ricos gasten la mitad de sus ganancias. El problema es que, primero, ellos consiguen todo ese dinero del sistema, en el sentido de que se aprovechan enormemente, y luego parece que repaguen su deuda. Simplemente no creo que la caridad y la asistencia sean la solución.

El problema de la caridad es que forma parte de la ideología general de hoy. En vez de preguntar sistemáticamente cosas como “qué le pasa a nuestro sistema” vas a la responsabilidad personal. Para mí, el modelo insuperable de lo que yo considero caridad falsa continua siendo Carnegie, de Carnegie Hall. Está bien, hizo de todo, construyó espacios culturales, para conciertos, etc., pero también contrató a centenares de detectives Pinkerton en Texas con el objetivo de vencer a los trabajadores y acabar con los sindicatos. Ese para mí es el modelo. Primero golpeas extremada y brutalmente a los trabajadores, y luego les ofreces un concierto.

Por cierto, sabes quién escribió… olvidé su nombre, el hijo de Warren Buffet…

¿El que escribió una carta al director en el New York Times hace un par de años, criticando la filantropía?

No digo que sean mala gente. Por supuesto, es mejor que hagan esto que no esas tonterías que otros hacen con su dinero. Solo digo que esta no es la solución.

Lo mismo pasa con la ecología. Odio este enfoque de responsabilidad personal, dónde cada uno de nosotros debemos sentirnos culpables de forma individual. “¿Reciclaste todas tus latas, tiraste el papel aparte, bla, bla?” El estilo es el de “no hagas muchas preguntas, pero mírate: ¿qué has hecho tu hoy para salvar el planeta?”

Los problemas reales no son estos. Y, por otro lado, con esto también estás ofreciendo una salida fácil. Es como decir “bien, reciclaré, compraré comida orgánica, y luego podré hacer lo que quiera y tendré el derecho de sentirme bien”. No, la cuestión de fondo es mucho más sistémica.

 Percibo que está sumido en el desencanto. Cuando leo su trabajo, me pregunto si eso es lo que sentía uno cuando leía hace un siglo un trabajo de estridente literatura ateísta.

¿Sí?

¿Hay alguna relación, afinidad? Me refiero a… ¿trabaja usted sobre algún tipo de desencanto relacionado con estos sistemas?

Lo siento, no le entiendo. ¿Me está preguntando sobre esta idea general que dice que estamos entrando en una era post-secular?

Estoy siendo incoherente. Hablemos de la era post-secular.

Estoy radicalmente en contra. No creo en esta era post-secular. Creo que lo sagrado que está volviendo hoy forma parte de nuestro universo post-moderno, individualista y hedonista. Mira a los predicadores que salen por la televisión estadounidense. Son criaturas fruto de una actuación y una representación moderna. Es ridículo. Sea lo que sea, no es religión.

Los críticos ingenuos de la religión (Richard Dawkins, todos ellos), son demasiado ingenuos. No están describiendo de verdad lo que está ocurriendo aquí. No hablamos de auténtica religión. Es parte de nuestra cultura consumista. Por otro lado, está claro que ese tipo de resurgimiento religioso es una reacción a lo que llamamos post-política, el fin de la política tradicional. Ya no tienes encuentros comunitarios, ya no tienes esas formas elementales de auténtica vida política. Y creo que la religión está entrando como un complemento sucedáneo de la política. Y es realmente cierto, si identificamos la política con el antagonismo, con tomar posiciones apasionadas, con una actitud combativa, etc.

¿Qué es exactamente “religión auténtica”?

No es auténtica en el sentido de un valor más elevado. Es auténtica en un sentido muy simple: a su nivel, funciona de la forma en la que dice que funciona. Por ejemplo, la auténtica lucha política en la Alemania de los años treinta fueron Hitler, los comunistas, los socialdemócratas, y así sucesivamente.

Así que la política auténtica pone atención en lo esencial, en luchas básicas, en contraposición con los detalles burocráticos.

Sí, pero no en un sentido mítico profundo. Por ejemplo, vayamos a eso de los fundamentalistas. No son auténticos, en el sentido de que atacan esta moderna y permisiva cultura hedonista. Es un gran espectáculo, bla, bla, bla. Reproducen de la forma más vulgar exactamente lo que están atacando. Su espectáculo religioso es un megaviaje de ego. Para mí es una forma de público divertimento. Eso es lo que lo hace no-auténtico.

¿La política auténtica siempre gravita en torno a la violencia?

Esta es una cuestión muy amplia y problemática que siempre me mete en problemas. Es violento en el sentido de que sí, es básicamente un conflicto (es una utopía pensar que se puede resolver un clonflicto simplemente a través de la argumentación, de la negociación). Realmente es un escenario en el que gente pasional (muy parecida) toma un bando. No creo que funcione una simple ética de la comunicación, pero eso no quiere decir que tengamos que masacrarnos los unos a los otros.

Siempre identificamos violencia con cómo son las cosas cuando las cosas cambian. Manifestaciones, explosiones, etc., pero también deberíamos estar muy atentos a esa violencia que tiene lugar para que las cosas sigan como son. La violencia es parte del hacer normal de nuestra sociedad. Hay violencia. Así que es un poco falso reconocer solo la violencia cuando explota.

[Hablamos durante una oleada de calor en Eslovenia, y la mujer de Žižek no quiere encender el aire acondicionado.]

Lo siento, pero me has pillado ahora en medio de la confusión que produce esta ola de calor. Dios, como odio el calor. Me gusta el frío. Estoy pensando en mudarme a algún otro sitio, a Canadá, o Alaska. No sé, o Islandia, Noruega, dónde sea.

De hecho hace bastante calor en Alaska.

No hablo del país de Sarah Palin. Más al norte.

 Hay este ideal del filósofo perdido en tierra salvaje, ¿verdad? Al límite de la civilización, buscando.

No, no, no, siempre he sido escéptico con esta imagen. Aunque normalmente no eran tan estúpidos. Por ejemplo, Ralph Waldo Emerson y estos, ¿los conoces? Son los llamados trascendentalistas americanos. No eran solo trascendentales con la paz y la naturaleza. Apoyaron a John Brown.

Es verdad.

Pero, en general, creo que aquellos que predican este estilo de vida en conjunción con la naturaleza acostumbran a ser gente peligrosa, violenta. Incluso creo (esto sonará racista) que las civilizaciones que tenían esta idea de vida interna pacifica, pequeños rituales, etc., acostumbran a ser las civilizaciones más crueles. Amo Japón. Pero siempre me trastornaron algunas características de la cultura japonesa cotidiana, incluso de la china. Los bonsáis, por ejemplo. ¿Cómo haces que crezcan? Los alimentas de forma insuficiente y los torturas terriblemente. Para mí, cuando tienes esa dulzura solo de forma superficial, es como una pantalla, un reflejo de paz. Pero mira la crueldad que hay debajo.

Se puede ver violencia en todas partes, ¿no?

Está en todas partes. Está en todas partes. El mundo es un infierno. Mi visión, básicamente, en términos religiosos (aunque sea ateo, por supuesto) es un tipo de visión protestante del mundo caído. Es todo un gran horror. Desprecio a los de izquierdas que piensan que la violencia es solo un efecto de la alienación social, bla, bla, bla, y que una vez lleguemos al comunismo, la gente vivirá en armonía. Yo no lo creo. La naturaleza humana es absolutamente malvada y quizá, solo quizá, podríamos controlarlo un poco mejor con otro tipo de organización social.

Ha sido usted mucho más pesimista en estas conversaciones de lo que esperaba después de leer Problemas en el paraíso.

No creo en el progreso. Tomemos la utopía marxista en su versión más radical. Si, de algún modo nos las ingeniásemos para vencer al capitalismo, ¿habría una sociedad de qué? ¿Cómo sabemos que no habrá allí otro tipo de grandes horrores? Intento constantemente disociar la emancipación social de todas esas ideas, de toda esa concepción de una sociedad armoniosa basada en la colaboración, en la paz, etc.

La gente es simplemente malvada? ¿Es eso?

No malvada. ¿Qué es malvada? No encajaría. ¿Sabes cómo va esta fórmula americana de la búsqueda de la felicidad, verdad?

Claro.

Pienso en el gran teórico de las paradojas sociales, Paul Watzlawick. Escribió un libro llamado La búsqueda de la infelicidad. Creo literalmente en ello. Creo que los humanos somos maestros en sabotear nuestra felicidad. Queremos ser quizá casi felices, pero no realmente felices. No queremos de verdad lo que deseamos. Esa es la lección básica del psicoanálisis.

 Texto publicado originamente en la publicación SALON, en Octubre de 2015

Traducción de Anna Galdón

Fuente:

Slavoj Žižek

Después del fin de la historia

El filósofo esloveno,Slavoj Zizek, uno de los pensadores más influyentes del último cuarto de siglo, repasa el devenir cultural y social de las ideas de una época convulsa

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Si, en la filosofía de hace 25 años, la deconstrucción competía con el liberalismo de John Rawls, en la filosofía actual predominan dos orientaciones nuevas: las neurociencias cognitivas duras, que tratan de naturalizar por completo el cerebro humano, y la visión blanda del ser humano como un ente que puede resultar herido y ser una víctima. Consideran que esa capacidad de sufrimiento es, mucho más que sus posibilidades creativas, la característica esencial del ser humano. La clave de esta transformación está en los cambios experimentados por la situación social y política. En 1992 estábamos viviendo el sueño de lo que Francis Fukuyama denominó el fin de la historia: el capitalismo democrático liberal estaba implantándose gradualmente en todo el planeta. Sin embargo, aunque entonces parecía que la caída del comunismo era el fin de las utopías, hoy, un cuarto de siglo después, sabemos que la verdadera utopía fueron los felices noventa: la historia ha reaparecido, con el regreso triunfal de las divisiones, las crisis, la violencia y la amenaza de guerra mundial. ¿Cómo hemos reaccionado a este giro imprevisto en el Occidente desarrollado?

Cuando se estrenó ET, la taquillera película de Spielberg, en Suecia, Noruega y Dinamarca prohibieron su exhibición: consideraron que la imagen poco amistosa que daba de los adultos era peligrosa para la relación entre padres e hijos. En retrospectiva, podemos ver que la prohibición fue un indicio precoz de la obsesión con la corrección política y el empeño en proteger a las personas de cualquier experiencia que pudiera herirlas de alguna forma. Se piensa que el ser humano es un ser vulnerable al que es preciso proteger mediante una compleja serie de normas y al que hay que advertir sobre cualquier posible intromisión que pueda molestarlo. No sólo se censuran experiencias reales, sino también la ficción, como vemos en numerosas universidades de Estados Unidos. En la Universidad de Columbia, en Nueva York, hubo un famoso incidente en el que una alumna sufrió una crisis provocada por las gráficas descripciones de violaciones en las Metamorfosis de Ovidio, que había tenido que leer; como consecuencia, se ordenó a los profesores que incluyeran advertencias de contenido (trigger warnings) en las obras del canon literario que pudieran herir a estudiantes sensibles.

“Si no puedes afrontar Hiroshima en el teatro, acabaras en una Hiroshima real”. Esta frase, de Edward Bond, ofrece el mejor argumento contra aquellos que se oponen a las descripciones detalladas de la violencia sexual y otras atrocidades, con la excusa de que forman parte de la misma violencia que dicen analizar. Para comprender de verdad la violencia sexual debemos sentirnos conmocionados, incluso traumatizados por ella; si nos limitamos a ver unas descripciones técnicas y asépticas estaremos haciendo lo mismo que quienes llaman a la tortura “técnica de interrogatorio mejorada” o a la violación, “técnica de seducción mejorada”. Para vacunarnos contra una cosa necesitamos probarla; si no, seguiremos siendo progres bien intencionados y protegidos en nuestras burbujas.

¿Cómo de seguras son esas burbujas? Sobre ellas se cierne la amenaza de la realidad social externa, pero también, y de manera mucho más insidiosa, la perspectiva de la digitalización radical unida al examen de nuestro cerebro (o el seguimiento de nuestros procesos corporales mediante implantes). Lo que cierne sobre el horizonte de las ciencias del cerebro es la posibilidad real de una máquina externa que nos conozca mucho mejor —biológica y psicológicamente— de lo que nos conocemos nosotros mismos: al registrar lo que comemos, compramos, leemos, vemos y escuchamos, nuestros estados de ánimo, miedos y satisfacciones, obtendrá una imagen de nosotros mucho más exacta que la de nuestro yo consciente, que, como sabemos, ni siquiera existe como entidad consolidada. Nuestro yo está formado por relatos que, de forma retroactiva, intentan imponer cierta coherencia en el caos de nuestras experiencias, para lo que borran las vivencias y los recuerdos que los alteran. En cambio, la máquina grabará las discordancias y quizá incluso podrá abordarlas de manera mucho más racional que nuestro yo consciente. Por ejemplo, cuando tenga que decidir si me caso o no, la máquina registrará todas las distintas inclinaciones que me atormentan, los sufrimientos y las desilusiones del pasado, que yo preferiría ocultar bajo la alfombra. ¿Y por qué no ampliar esta posibilidad incluso a las decisiones políticas? Mi yo puede dejarse seducir repentinamente por un demagogo populista, pero la máquina tendrá en cuenta todas mis frustraciones anteriores, registrará la incongruencia entre mis pasiones pasajeras y mis otras opiniones. ¿Por qué no dejar que vote ella en mi lugar? Es fácil defender esta opción con un argumento muy creíble: no se trata de que el ordenador que registra nuestra actividad sea omnipotente e infalible, es simplemente que, en general, sus decisiones son mucho más acertadas que las de nuestra mente: en medicina, hace mejores diagnósticos que un médico normal, y así sucesivamente, hasta llegar al trading algorítmico en los mercados de valores, con el que unos programas que pueden descargarse de forma gratuita están ya obteniendo mejores resultados que los asesores financieros.

Incluso defensores del nuevo mundo científico tan famosos como Dawkins y Pinker, después de escribir cientos de páginas que desenmascaran el libre albedrío y la libertad de elección, acaban respaldando el liberalismo político. Sin embargo, como ha señalado Yuval Harari, en la actualidad, “el liberalismo no está amenazado por la idea filosófica de que ‘no hay individuos libres’, sino por tecnologías concretas. Estamos a punto de encontrarnos ante una avalancha de dispositivos, herramientas y estructuras increíblemente útiles que no dejan ningún espacio al libre albedrío del individuo. ¿Podrán sobrevivir la democracia, el libre mercado y los derechos humanos a esa avalancha?”

Y, si el desarrollo deja obsoleto al homo sapiens, ¿qué vendrá después? ¿Un homo deus post-humano (con unas capacidades tradicionalmente consideradas divinas), o una máquina digital casi omnipotente? ¿La singularidad (la conciencia global), o la inteligencia ciega e inconsciente? La perspectiva más realista es la de una división radical, mucho más marcada que la división de clases, dentro de la propia sociedad humana. En un futuro próximo, la biotecnología y los algoritmos informáticos unirán sus poderes para trasladar gradualmente la diferencia de clases a la constitución biológica de nuestros cuerpos: las clases dominantes se irán convirtiendo cada vez más en una raza aparte, y las distintas razas estarán biogenéticamente reguladas.

En su libro In the World Interior of Capital, Peter Sloterdijk demuestra que la globalización capitalista no representa sólo la apertura y el triunfo, sino también un mundo encerrado en sí mismo que separa lo que está dentro de lo que está fuera. Los dos aspectos son indivisibles: la dimensión global del capitalismo se apoya en la forma de introducir una drástica división de clases en todo el mundo, una separación entre los que están protegidos por esa esfera y los que se han quedado fuera. Imaginemos una cúpula gigante y transparente (como las que aparecen en películas como Zardoz, Elysium o Los juegos del hambre) que mantiene la ciudad a salvo de su entorno contaminado, con aseos en los que pueden entrar los transexuales y que garantizan que ya no existe ninguna segregación… en una ciudad que es en sí una zona segregada.

Y esto nos lleva de nuevo a las advertencias: los ricos se encerrarán cada vez más en su burbuja para evitar que su sensibilidad quede herida si entran en contacto con las clases inferiores. Las advertencias sobre el contenido no están para proteger a las víctimas sino para protegernos de las víctimas (inmigrantes, refugiados, violadores y terroristas) y volverlas socialmente invisibles. Este mundo dividido, que tiene cada vez más miedo de sí mismo, es la realidad del mundo capitalista, liberal, globalizado y unido que imaginábamos hace 25 años.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Fuente:

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/20/babelia/1476976602_505346.html

Medialab-Prado Madrid

MEDIALAB-PRADO

media-labMedialab-Prado es un laboratorio ciudadano de producción, investigación y difusión de proyectos culturales que explora las formas de experimentación y aprendizaje colaborativo que han surgido de las redes digitales. Es un proyecto perteneciente al Área de Gobierno de Cultura y Deportes (antes Área de Las Artes, Deportes y Turismo) del Ayuntamiento de Madrid.

Sus objetivos son:

  • Habilitar una plataforma abierta que invite y permita a los usuarios configurar, alterar y modificar los procesos de investigación y producción.

  • Sostener una comunidad activa de usuarios a través del desarrollo de esos proyectos colaborativos.

  • Ofrecer diferentes formas de participación que permitan la colaboración de personas con distintos perfiles (artístico, científico, técnico), niveles de especialización (expertos y principiantes) y grados de implicación.

Para alcanzar estos objetivos Medialab-Prado ofrece:

  • Un espacio permanente de información, escucha y encuentro atendido por mediadores culturales que explican la naturaleza del espacio y ponen en contacto a personas con personas, a personas con proyectos, a proyectos con proyectos.

  • Convocatorias abiertas para la presentación de propuestas y la participación en el desarrollo colaborativo de proyectos.

  • Un programa de actividades compuesto por talleres de producción y de formación, seminarios y debates, reuniones de diferentes grupos de trabajo, muestras de proyectos, conferencias y otros eventos como conciertos y performances.

  • Una atmósfera de trabajo pensada especialmente para el encuentro, la cooperación y el intercambio, donde caben la vida y los afectos, el valor de lo informal y de la cercanía.

La programación se estructura en líneas estables de trabajo. Hasta el momento se han puesto en marcha las siguientes:

  • Interactivos?: usos creativos de la electrónica y la programación

  • Inclusiva.net: investigación y reflexión en torno a la cultura de redes

  • Visualizar: estrategias y herramientas de visualización de información

  • Laboratorio del Procomún: discusión transdisciplinar sobre los bienes comunes

  • AVLAB: creación sonora y audiovisual

La mayor parte de las actividades se registran y retransmiten en vídeo y posteriormente se pueden consultar y descargar en esta web.

Medialab-Prado es un programa del Área de Gobierno de Cultura y Deportes (antes Área de Las Artes, Deportes y Turismo) del Ayuntamiento de Madrid, que tiene su origen en el año 2000 en el Centro Cultural Conde Duque. En el año 2002 toma el nombre de MediaLabMadrid, y en septiembre de 2007 se traslada a la Plaza de las Letras, en los bajos de la Antigua Serrería Belga. Desde entonces pasa a denominarse Medialab-Prado, en alusión a su nueva ubicación junto al Paseo del Prado. Tras la rehabilitación del edificio, en abril de 2013 se convierte en su sede definitiva.

Fuente:

http://medialab-prado.es/

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA

Adela Cortina: «Los animales tienen valor pero quienes tienen derecho son las personas»

adeHay algo familiar en Adela Cortina. Quizás sea el sentido común, ese que, precisamente por común, a todos nos debería resultar familiar. En 2008, se convirtió en la primera mujer en ingresar en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, un hito en una trayectoria que comenzó a fraguarse en la Universidad de Valencia, en donde aún enseña.

  • Trump, Le Pen, el Brexit… ¿Qué pasa?

Yo creo que la democracia es la mejor forma de gobierno posible pero es muy difícil llevarla adelante. Se necesita una ciudadanía muy madura.

  • La educación, se supone, es importante.

Claro, pero me gustaría decir que en el sistema educativo, lo que tiene menos importancia son las leyes. Lo que cuenta es la actitud de los padres, de los profesores, de los niños. Es decir: el contexto. Se puede aprobar una ley maravillosa, pero si los padres no están dispuestos a admitir que el profesor puede tener razón en un posible conflicto con su hijo, el niño no está dispuesto a estudiar y la consejería de Educación no le va a dar la razón a quien la tenga, sino a la solución que le vaya a dar los votos… Entonces las buenas leyes no valen de nada. Por eso, la sociedad debe ser más responsable. Todos estamos educando a los niños.

  • Pese a que el ser humano nunca ha tenido el conocimiento tan a su alcance como en internet, parece que nos decantamos por argumentos reduccionistas.

Tenemos muchos medios para saber, pero en último término todo depende de las personas y estamos demostrando que nos interesa más el mensaje corto que el análisis y la reflexión. La filosofía consiste en deliberar, analizar, criticar, autocriticar… y eso necesita espacio y tiempo. Creo que se está relegando demasiado. Por eso la sociedad es cada vez más manipulable.

  • Y tendente a ciertos atavismos. Lo hemos visto estos días con los ataques al niño con cáncer que quiere ser torero y a la viuda de Víctor Barrio.

No sé cómo la gente puede llegar a comportarse con tan poca humanidad. Yo creo que los animales tienen un valor, pero quienes tienen derechos son las personas.

  • España parece atravesar un momento difícil.

Los momentos difíciles siempre tienen una prehistoria. La crisis ha sido el detonante para que salga a la luz una serie de deficiencias que veníamos arrastrando. La gente no se daba cuenta porque vivía bien. Pero llegó la crisis y empezamos a percatarnos de lo que había detrás. Por eso, la indignación.

  • Ahora está de moda criticar la Transición.

Yo valoro muy positivamente la Transición. Todo lo humano tiene defectos, carencias. Pero en aquel momento en que veníamos de una etapa de una dictadura, de una Guerra Civil, los partidos políticos tuvieron la generosidad de no optar cada uno por el máximo porque entonces hubiera sido imposible llegar a un acuerdo. Todos hicieron sacrificios y eso fue lo que hizo posible los Pactos de la Moncloa, cambiar las leyes… Los políticos buscaron el bien de la gente, no la relevancia de los partidos. Y luego, la ciudadanía, la Iglesia, los grupos sociales… se avinieron. Ojalá tuviéramos la misma capacidad de ponernos de acuerdo.

  • ¿Qué ha pasado?

En cuanto entraron en la normalidad democrática, los partidos fueron ocupando espacios, como es natural, pero poco a poco se han deteriorado. No quiero universalizar, pero creo que la clase política desde la Transición se ha deteriorado. Parece que no importa ya el bien común, que es esencial en política.

  • ¿Hay que reformar la Constitución?

Quizá, pero siguiendo los procedimientos legales. Hay que tomarse en serio el Estado de Derecho. Si no hubiera una legislación común, los más débiles estarían desprotegidos.

  • ¿En qué aspectos habría que reformarla?

Sobre todo en materia de derechos sociales. Por ejemplo, es injusto que las personas más vulnerables tengan diferentes oportunidades según las autonomías. No se puede tratar a una persona de forma diferente porque nazca en un lugar determinado.

  • Pero eso significaría una recentralización de competencias que suele ser lo contrario de lo que se ha hecho en los últimos años.

Lo más importante es proteger el derecho de los ciudadanos. Y un derecho desigual de los ciudadanos no es derecho. En un Estado tiene que haber las mismas oportunidades. No lo llamo recentralización sino derecho de los ciudadanos a ser tratados igual.

  • ¿Y el encaje territorial?

Lo importante es que las propuestas sean claras. Por ejemplo, si el PSOE propone una España federal ha de aclarar en qué consiste el federalismo aplicado a España, si vamos a convertir las diferentes autonomías en estados federales, si será un federalismo simétrico o uno asimétrico, en el que unos estados tengan más oportunidades que otros, lo cual no sería justo. Si se trata de ampliar competencias de las comunidades autónomas, hay que decir en qué. Todos quieren hacer reformas, pero pocos explican cómo serían.

  • ¿Soportaría el Congreso de los Diputados una auditoría ética como las que usted realiza a las empresas?

Yo creo que no porque lo primero que tendrían que hacer los diputados es deliberar y eso no lo hacen. Cada uno se dedica a su discurso en lugar de tratar de llegar a acuerdos.

  • Parece que al final gobernará Rajoy.

En cualquier caso deberán buscar el bien común. Tienen que ponerse en marcha valores como la libertad, justicia, igualdad… Y ante la falta de acuerdo, el mal menor es que el partido más votado forme gobierno, pero el resto debe marcarle muy de cerca. Hay que hacer reformas urgentes.

  • Pero el presidente en funciones es un hombre que aparece en sumarios, en la supuesta contabilidad en B del PP. Por lo tanto, está bajo sospecha. La vergüenza social es una de las armas de la ética.

Es un tema peligroso. Las acusaciones de corrupción afectan a al PP pero también a los demás partidos en las diferentes autonomías. Está claro que la corrupción existe y que los jueces tienen muchísimo trabajo. ¡Ojalá lo hagan con celeridad! Pero en Brasil a Dilma Rousseff la han intentado echar por corrupción por algo que yo creo que no lo es. A mí me da miedo la agresión moralista que consiste en eliminar a otros utilizando denuncias. Eso es propio de China, de Corea del Norte. Lo que no puede ser es que se intenten ganar las elecciones utilizando la corrupción sin hacer propuestas. El PSOE, por ejemplo, tiene un programa magnífico de socialdemocracia y debería presentar su propuesta además de hablar de corrupción.

  • ¿Se está acabando con la presunción de inocencia? Le pregunto por Rita Barberá.

No se está acabando con ella, pero sí que se está socavando. Los medios de comunicación deberían cuidar no hacer juicios paralelos, porque esa no es su tarea. La función policial es fundamental en un país y los jueces tienen que hacer su trabajo, por eso la gente es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y eso es fundamental.

  • El PSOE ha perdido parte de su electorado.

No ha sabido ser la oposición que capitalizara el descontento. Ni crear una alternativa ilusionante. Pensaban: ya caerán… No han tenido interés en fortalecer sus bases, ni en explicar qué es la socialdemocracia. Por eso ahora tienen una buena oportunidad.

  • Usted dice que lo más urgente debe ser el auxilio a los refugiados.

Europa, salvo excepciones, no ha sabido responder a una de las crisis más importantes de la historia contemporánea. Pero ahí están los resultados electorales. Merkel sí ha tenido una buena política con los refugiados y los votantes no se lo han perdonado. Están surgiendo movimientos xenófobos.

  • ¿Cuál es el problema? ¿El multiculturalismo?

Es la pobreza. A nadie le molesta que un extranjero compre un equipo de fútbol. O que los saudíes inviertan. No es la multiculturalidad. El problema es que viene un conjunto de gente que necesita vivienda, trabajo… y nosotros les cerramos las puertas porque decimos que ya tenemos bastante con lo nuestro.

  • Algunas informaciones apuntan a que miembros del ISIS podrían llegar a Europa entre los refugiados.

Pero el terrorista puede estar ya en el país. La mayoría de los atentados los realizan personas ya afincadas en Europa. Por otro lado, en España hemos sufrido durante muchos años el terrorismo autóctono.

  • Una falta de integración… ¿no es un caldo de cultivo para el terrorismo?

El terrorismo tiene que ver con la mentalización, la psicología personal, la ideología. La integración intercultural es un reto al que debemos responder.

  • Está la cuestión del velo en los colegios.

No sé qué molesta que una estudiante lleve un velo. Otra cosa es el burka porque no se le ve la cara. Si las niñas lo quieren llevar por su identidad religiosa porque lo eligen así, que lo lleven, como cualquiera pueda llevar sus símbolos religiosos.

  • Un velo define la situación de la mujer respecto al hombre.

Eso es ya entrar a discutir lo que significa en una determinada cultura. A mí lo que me parece es que las culturas no están cerradas, sino que evolucionan. Y por eso me parece fundamental dialogar con gentes de distintas culturas desde las bases para ir viendo qué nos une. Creo que hay que hacer intercultural la vida cotidiana. El diálogo es esencial.

  • Lo que sí parece haber atizado la crisis de los refugiados es el auge de los partidos nacionalistas.

Si… Y los propios partidos tradicionales también tratan de pescar en ese electorado. Es suicida para la UE, que tiene una carta de derechos y valores que es lo contrario a la cerrazón. Eso es lo distintivo de la UE.

  • El hombre como fin en sí mismo, decía su Kant.

Eso es el corazón de Europa. Y si pierde esto, su identidad de valores se va al traste. Kant hablaba de hospitalidad, Europa tiene que ser hospitalaria.

  • Algunos hablan de conquista demográfica.

Entonces puede que los europeos no estemos tan seguros de nuestro valores como creemos. Quizás tememos que se impongan otros que se toman sus valores más en serio. Yo no veo que la gente esté tan preocupada por la libertad, la igualdad… En ese caso, no podrían dormir pensando en los refugiados.

  • En España hay inmigración iberoamericana y no se percibe como un riesgo.

Claro. Los que vienen del mundo islámico traen valores diferentes. Reitero que nuestra sensación de inseguridad es porque quizás no estemos seguros de esos valores europeos de los que tanto alardeamos.

  • Pero los populismos…

Los populismos no cuadran con la democracia.

  • Los referéndums parecen haberse convertido en un instrumento fundamental del populismo y de otros que presumen de no serlo, como Sarkozy.

Soy partidaria de una democracia deliberativa. Pero que la gente participe más no significa que tenga que haber más referéndums. Hay que hacer pocos, con información buena y veraz y con preguntas diáfanas. Porque lo que no se puede permitir es que la gente vote en una campaña de mentiras, como ha pasado con el Brexit. Los referéndums se prestan a la manipulación de las emociones. En política para tomar decisiones hay que ser experto, saber. A mí me parece interesante una democracia deliberativa en la que la gente propone, da ideas, discute. A eso me refiero al hablar de democracia participativa. ¿No es mejor que las decisiones importantes las tomen gente con experiencia a las que se les pueda pedir cuentas?

  • Por ejemplo, un referéndum de Cataluña. Podemos se ha comprometido a realizarlo.

Sería ilegal y, por tanto, no debe celebrarse.

  • Mas, por ejemplo, propuso preguntar el 9-N: «Usted desea que Cataluña sea un nuevo estado de la UE». Eso por definición es imposible.

Aparte de que sea o no imposible, preguntarse si es legal o no es un asunto previo.

  • ¿Manipular las emociones atenta contra la ética?

Ese es el problema del independentismo y de otras cosas. El principio clave de la ética moderna es que las personas son valiosas por sí mismas y que no se las debe instrumentalizar. Y claro, la manipulación de las emociones es instrumentalizar al ser humano y va en contra del principio supremo.

  • ¿Qué opina de la ley de Memoria Histórica?

Hubo un momento en el que en este país se acordó una reconciliación nacional, en la que participó también el Partido Comunista y todos los demás estuvieron de acuerdo. Fue uno de los avances que nos permitieron salir adelante. Por supuesto que hay que hacer justicia y también tratar de seguir construyendo el futuro a la altura de 2016.

  • ¿Cómo está la salud ética de los españoles?

Mejor que en algunos lugares y peor que en otros. No hay que ser derrotista. Hay una sociedad vigorosa y políticos que se lo toman en serio. Si miramos al pasado, nunca hemos estado mejor. Y ya que estamos en un momento bueno, intentemos progresar.

  • ¿El hombre es un lobo para el hombre?

Nuestro cerebro está capacitado para la cooperación, no sólo para el egoísmo. Eso es lo que nos ha permitido salir adelante. Un jefe indio contaba que en todo hombre conviven el lobo de la misericordia y el lobo del egoísmo. «¿Y cuál gana?», le preguntaron. «El que alimentéis». En todo ser humano conviven el egoísmo, la cooperación, la bondad… ¿Y qué valores alimentamos? Para eso sirve la educación.

Fuente:

http://www.elmundo.es/opinion/2016/10/15/5801156422601dc51b8b4571.html

Midiendo la consciencia.

MIDIENDO LA CONSCIENCIA

conciencia

El camino de la Filosofía de la Mente

A día de hoy, la mejor teoría acerca de la naturaleza de la consciencia se la debemos al neurocientífico italiano Giulio Tononi, partiendo de la base de la teoría del núcleo dinámico (elaborada junto a Gerald Edelman en los años noventa) y teniendo continuadores y defensores en el norteamericano Christof Koch o en el matemático Adam Barrett. A priori, la teoría es simple: todo sistema lo suficientemente complejo para integrar información será consciente. La cantidad o cualidad de la experiencia consciente dependerá de la cantidad de información que el sistema sea capaz de integrar.

La teoría de la información integrada (TII) baila entre dos polos:

  1. La enorme riqueza informacional (cantidad y variedad) de la experiencia consciente. No solo percibimos en distintas modalidades sensoriales (vista, oído, tacto, interocepción…), sino que la cantidad de estímulos sensoriales de cualquier experiencia sensible es muy alta. Quite el lector la vista de la pantalla, mire a su alrededor y compruebe la maravillosa variedad de formas y tonalidades de color que puede percibir (y no solo las que percibe actualmente, sino las que potencialmente puede llegar a percibir). A nivel más técnico, Tononi define información como una propagación causal dentro de un sistema, capaz de reducir la incertidumbre (en el fondo, es la misma que la clásica de Shannon). Sin embargo la riqueza informacional es condición necesaria pero no suficiente para la experiencia consciente. En su famoso paper “Consciousness: Here, There but Not Everywhere”Koch y Tononi ponen el ejemplo de un electrodiodo que es capaz de capar la presencia o ausencia de luz. Tendría solo dos bits, dos estados informacionales. Aunque hiciéramos una enorme malla con miles de fotodiodos de modo que subiéramos mucho la cantidad de información recibida, esa malla seguiría siendo totalmente inconsciente. La TII pretende mejorar el antiintuitivo panpsiquismo (o pampsiquismo) quedándose solo con lo mejor de él. Hace falta algo más para la consciencia.

  2. Toda experiencia consciente se nos presenta como información integrada. Esta es la clave. Mi experiencia consciente sintetiza información, hace de ella un todo unificado y coherente, de modo que adquiere cierto grado de irreductibilidad, de no divisibilidad en partes. Según Koch, la consciencia emerge de esta integración, no siendo reductible a lo estrictamente material: el todo es mayor que la suma de las partes. Estamos ante el clásico emergentismo: la cantidad de información genera una sinergia que fortalece la experiencia consciente.

Además, la virtud de la TII es que va acompañada de su correspondiente teoría matemática. Aplicando la teoría de la información podemos calcular la cantidad de integración informacional de un sistema. Es lo que Tononi llama el número Φ (no confundir con el número áureo). Integración no equivale únicamente a conectividad. Pensemos, por ejemplo, en un montón de fibras musculares trabajando al unísono para contraer un músculo. El sistema muscular tendría un número phi bajo a pesar de estar muy interconectado porque sincronización no es igual a integración (esto explicaría porqué cuando alguien tiene un ataque epiléptico y sus neuronas se sincronizan masivamente no da lugar a un estado de hiperconsciencia). Integración consiste en un equilibrio entre síntesis y especialización, tal y como ocurre en nuestro cerebro: muchos módulos especializados que confluyen en una información integrada.

Y, mejor aún, ciertas evidencias científicas apuntan a que la TII puede ser correcta. Por ejemplo, ciertas observaciones en pacientes anestesiados parecen indicar que lo que causa el estado de inconsciencia no es que disminuya la actividad neuronal en ciertas partes del cerebro, sino que se corte la comunicación entre el tálamo y la corteza (se interrumpan o desintegren ciertos circuitos talamocorticales). Esto es lo que predice la TII: cuanto más fragmentes menos consciencia. En un famoso estudio de 2009, el equipo de Tononi estimuló magnéticamente ciertas áreas cerebrales de sujetos experimentales, de modo que activaban dichas áreas produciendo una reverberación que se propagaba, creando una reacción en cadena de activaciones en muchas otras neuronas. Después, sedó a los sujetos y volvió a estimularlos de manera similar. La reverberación fue mucho menor: alcanzó a menos áreas, propagó un patrón mucho menos complejo y su duración fue menor.

Crítica:

  1. Creo que no está suficientemente bien definido el concepto de integración sensorial ¿Qué es lo que realmente hay de indivisible en nuestra experiencia consciente? Aunque se me presente muy  unificada, sí que puedo dividirla. De hecho este fue el proyecto de la escuela psicológica estructuralista. Si bien es cierto que todo en la experiencia sensible no es reductible a la suma de sus partes (como bien sostuvo la Gestalt), sí que hay muchos elementos sensibles perfectamente divisibles: puedo dividir las modalidades sensoriales y, dentro de ellas, igualmente, puedo dividir y clasificar la multiplicidad de formas, colores, olores, sabores… Realmente no hay tanta irreductibilidad.

  2. La TII adolece de los mismos problemas que el emergentismo: explica bien poco. No hay ninguna explicación de cómo el cerebro integra esa información (binding problem) ni de los procesos biológicos-físico-químicos que generan la experiencia consciente. Claro que esto sería pedir mucho dado el estado actual del arte.

  3. No se explica porqué ni cómo integración es igual a experiencia consciente. No sé por qué si un sistema integra información ya es consciente y si no integra no lo es. Puedo aceptar que en muchas experiencias conscientes se integra información pero no entiendo por qué una información no integrada no pueda ser consciente. Pensemos que estamos en una cámara de privación sensorial en la que no percibimos prácticamente nada. De pronto escuchamos un simple sonido, un fonema o una simple nota musical. Tendríamos un único sonido no integrado y seríamos perfectamente conscientes de él. Lo que sabemos es que la integración suele acompañar a muchas experiencias conscientes, pero no tenemos claro si es condición necesaria para la consciencia.

  4. La dificultad de calcular Φ en sistemas tan complejos como el cerebro humano es, a día de hoy, misión imposible. La cantidad de variables es astronómica, incluso para la Caenorhabditis elegans, con apenas 302 células nerviosas. El grupo de Tononi ha propuesto como estimador (a la espera de algo mejor) el índice de complejidad perturbacional (PCI) que surge de estimular magnéticamente el cerebro (EMT) de un individuo y ver su respuesta en el encefalograma. Si el sujeto está haciendo una operación consciente, la respuesta es mucho más compleja a nivel informacional  que si el sujeto está dormido o anestesiado.

En general, y tal y como he comenzado el artículo, creo que la TII es la mejor teoría de la que disponemos a día de hoy sobre lo que puede ser la consciencia, lo cual no significa ni que sea correcta ni que carezca de serios problemas. Es buena en que parece encajar bien con la evidencia disponible (y en que es más o menos falsable) y en que apunta a solucionar viejos problemas con respecto al panpsiquismo (no todo va a ser consciente), se lleva bien con el emergentismo (aunque adolece de sus mismos problemas), y no tiene dilema alguno con la IA (en principio, no hay ningún problema en construir una máquina que sea capaz de integrar información). Es un intento muy loable en un campo de estudio muy difícil.

Fuente:

https://vonneumannmachine.wordpress.com/category/filosofia-de-la-mente/

 

 

Nuevo libro de Jordi Claramonte

Estética Modal

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Reseña: Tecnos publica «La estética modal» de Jordi Claramonte. Se trata de una teoría de la distribución, una teoría de los modos de lo sensible que especifica cómo lo que hay comparece siempre combinando en lo efectivo diferentes proporciones de orden y caos, de necesidad, contingencia, posibilidad e imposibilidad…

Se contribuye desde ahí, como quería Lukács, a un replanteamiento de la estética como una triple teoría: una teoría del arte, una teoría de la sensibilidad y una teoría de la performatividad social y política del arte. Esto se articula a través de un pensamiento de lo necesario-repertorial, uno de lo posible-disposicional y uno de lo efectivo-complexo, sin descuidar las tramas de relaciones que los unen y los ponen en tensión.

El objetivo de todo ello es acometer una recuperación de lo estético en toda su potencia, investigando la consistencia y la lógica de los procesos autopoiéticos y de auto-organización sin los cuales no se entiende un pimiento ni en un plano meramente estético ni mucho menos en un plano social y político.

Dicho de otro modo: la Estética modal es un pensamiento de lo necesario, lo posible y lo efectivo aplicado en el ámbito de la producción artística, la sensibilidad estética y el despliegue político de ambas.Considera que las unidades básicas del pensamiento y la acción estéticas son lo que podríamos denominar «modos de relación».

Fragmento: La Tercera Antinomia de Kant, el Ejercito Rojo avanzando sobre Berlín y Nicolai Hartmann saliendo por piernas con su lógica inédita a cuestas.

La cosa venía de largo.  Alrededor de 1770 uno de los superhéroes de nuestra historia filosófica, Immanuel Kant, ya se encontraba asediado, en su placida casita de Königsberg, por dos poderosos y temibles ejércitos que le tenían rodeado y sometido mediante una clásica maniobra de pinza, cercado por dos frentes como siempre han temido los alemanes.

Ya en su Disertación Inaugural (De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis)el recién nombrado Profesor de Lógica y Metafísica, que sin lugar a dudas se las veía venir, había intentado dar cuenta de la distinción entre las facultades correspondientes al pensamiento intelectual y las relativas a la receptividad sensible. Era imprescindible diferenciarlas -decía el nuevo profesor- para entender bien sus especificidades, su necesaria autonomía y sus leyes internas. Pero una vez tramada esta diferenciación, una vez constituida esa autonomía ¿aceptarían las facultades, así por las buenas, cooperar en un proyecto conjunto de dignidad e inteligencia? ¿O como abogados de causas impías buscarían embaucarse mutuamente y, ya puestos, pillarnos a todos entre dos fuegos? Si así fuera se llevarían de calle, ya no al joven Kant, sino al proyecto Ilustrado mismo basado en la exploración y la expansión -sobre todo- de la autonomía de las facultades, las sociedades y los individuos. Si los defensores del proyecto de la autonomía ilustrada en vez de centrarse en el carácter contagioso e instituyente, de la exigencia de autonomía, utilizaban las cotas de autonomía conquistada en cada área del espiritu para zurrarse unos a otros… mal nos iba a ir.

Esta era entonces la guerra en curso. Y estos eran -y en cierta medida siguen siendo- los brazos de la tenaza que rodeaban al Kant precrítico:

En el frente Norte, el de la receptividad sensible, le acechaba la epistemología británica que con Hume y Newton acabarían por imponer una teoría del conocimiento absolutamente dependiente de la causalidad mecánica, sometida a leyes de tipo matemático y que hacía del mundo algo tan previsible y calculable como una sesión de la Cámara de los Lores.

En el frente Sur, el del pensamiento intelectual, resonaba sus trompetillas la filosofía francesa que seguía postulando, pese a sus eventuales y epatantes alardes de mecanicismo maquínico, una clara preponderancia de la Razón, del Esprit, del más incorporeo Cogito incluso.  Que no se engañe nadie, a los franceses lo suyo les viene de lejos, no es solo cosa de Deleuze.

No en balde los ingleses la habían cortado la cabeza ,y el cogito ya puestos, a su rey hacía prácticamente un siglo y tanto sus colonias como sus negocios o sus reformas políticas parecían ir cayendo por sí mismas, tan por su propio peso como la manzana de Newton. En el mundo de los ingleses del XVIII la mano invisible era algo beligerantemente eficiente y no parecían necesitar de intervención externa alguna. Eso hacía sensato creer en la omnipresencia de la causalidad mecánica, la universal aplicabilidad de las leyes físicas.

Por el contrario y por su parte, los franceses, pese a la brillantez de su vida intelectual, de sus Luces y su Enciclopedia no parecían capaces de columbrar que ningún cambio político significativo fuera a darse de suyo, antes al contrario diríase que se hacía preciso un salto cualitativo, la intervención de un Deus ex machina, o de una suprema y barbada Ratio ex machina si se quiere…

En definitiva, parecía que el espíritu les sobraba a los ingleses allí donde a los franceses les hacía demasiadafalta. (y sigue…)

Biografía: Jordi Claramonte Arrufat es doctor en Filosofía por la UNED, donde imparte Teorías Estéticas Contemporáneas. Ha sido profesor invitado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), la Universidad de Yale y el Arts Institute de Chicago. Ha traducido textos de John Dewey, Luigi Pareyson, Michel de Certeau o Stewart Home, entre otros, y escrito artículos y libros que, como La República de los fines (2010), tratan de construir una noción de autonomía relevante tanto para las prácticas artísticas como para las políticas más comprometidas. Ha participado, con diversas contribuciones, en algunos de los movimientos artísticos y políticos más característicos del ámbito del arte de contexto, como los que en este libro se tratan.

UN MUNDO SIN FILOSOFÍA

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Rafael Narbona.  Escritor y crítico literario.

La desaparición de la filosofía de las aulas no provocará daños materiales, pero es indudable que empobrecerá la mente de las jóvenes generaciones y debilitará nuestra salud democrática. Aunque parezca increíble, la filosofía no es una asignatura obligatoria en Alemania. No se trata de una medida reciente. A principios de los noventa, hablé con un estudiante alemán que acababa de iniciar sus estudios universitarios. No puede evitar la tentación de mencionar a Kant, Leibniz, Heidegger. No conocía a ninguno de los tres. Pensé que mi lamentable pronunciación le impedía reconocer a tres grandes filósofos de su nacionalidad. Opté por escribir sus nombres en un papel, pero sólo logré que se agudizara su expresión de perplejidad. Me temo que los españoles avanzamos hacia el mismo futuro. Presumo que dentro de pocos años, casi ningún joven habrá oído hablar de Ortega y Gasset. Saber que millones de personas viven hipnotizadas por las modernas pantallas digitales, sólo agrava mi desolación. ¿Se han cumplido las profecías de Ray Bradbury en Fahrenheit 451? Durante mis años como profesor de filosofía, solía incluir la novela entre las lecturas obligatorias. Los alumnos más inteligentes señalaban que el mundo actual se parecía bastante a la distopía de Bradbury. Desde entonces, ha transcurrido más de dos décadas. Los grandes historiadores sostienen que los cambios sociales suelen producirse progresiva e inadvertidamente. ¿Vivimos en la época de la noche del pensamiento?

El “eclipse de Dios” comenzó a mediados del XIX y alcanzó su plenitud en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial. Auschwitz e Hiroshima parecían la prueba definitiva de la muerte de Dios. Desde entonces, Europa Occidental y Estados Unidos han disfrutado de una paz alterada tan sólo por los estragos del terrorismo. En cambio, el resto del planeta ha soportado guerras, hambrunas y desastres naturales. Para gran parte de los europeos, Dios es un vestigio arqueológico, una columna de piedra en un viejo anfiteatro, que sólo despierta el interés de los turistas. Muchos celebran este ocaso y entienden que la filosofía debería correr la misma suerte. Opinan que la ciencia y la tecnología representan el triunfo del progreso. Liberales y socialdemócratas suscriben este planteamiento con el mismo fervor. Y cada vez parece más improbable que la filosofía regrese a las aulas. No parece casual que se arrojen al vertedero dos mil años de asombro, reflexión y aventura en un tiempo donde la política se ha rebajado a un lamentable intercambio de insultos y banalidades.

El poder totalitario nunca disimuló su hostilidad hacia la filosofía. Nazis y bolcheviques mostraron el mismo encarnizamiento con el pensamiento, quemando libros y asesinando, exiliando o silenciando a los pensadores que se atrevieron a desafiarlos. Pienso en Karl Jaspers, Gadamer, Hannah Arendt, Walter Benjamin. Benjamin se suicidó en Portbou, cuando las autoridades franquistas se mostraron dispuestas a entregarlo a la Gestapo. Stalin no se mostró menos implacable, pero gracias a la hegemonía del marxismo como línea de pensamiento apenas tuvo que litigar con los filósofos. Las peores represalias cayeron sobre los escritores que no claudicaron ante las exigencias del realismo socialista. Isaak Babel, autor de Caballería Roja y Cuentos de Odessa, fue detenido, torturado y ejecutado sumariamente en 1940. Dos años antes, había muerto Ósip Mandelshtam en un Gulag por el horrible delito de escribir un poema que aludía críticamente a Stalin.

Mientras escribo este artículo, hojeo mi ejemplar de El giro hermenéutico, de Hans-Georg Gadamer (1995). Discípulo de Heidegger, Gadamer se opuso al nazismo desde su aparición. En ese sentido, se distanció de su maestro, que simpatizó con Hitler y se afilió al Partido, aceptando durante un breve período cargos y honores. Gadamer renovó la tradición hermenéutica con Verdad y método (1960), uno de los grandes clásicos de la filosofía del siglo XX, señalando que “habitamos la palabra” y, en consecuencia, ser hombre significa “dialogar”. Con los otros y con el mundo. Leer no es un mero entretenimiento, sino una experiencia que nos transforma y nos reinventa. Algo semejante sucede cuando aceptamos confrontar nuestras ideas. El papel de la filosofía es abrirnos los ojos y recordarnos que la palabra es el lugar de encuentro con el otro. El diálogo no es una opción, sino la condición de posibilidad de una vida plena, humana, racional, responsable. Gadamer apunta que el fin de la filosofía es mantener vivas las preguntas. Interrogarnos sobre las cosas nos permite traspasar nuestra subjetividad y adentrarnos en el punto de vista ajeno, con voluntad de comprensión y conciliación. “Allí donde se logra realmente una conversación, los interlocutores ya no son exactamente los mismos cuando se separan. Están más cerca el uno del otro”.

En nuestro país, vivimos un escenario de crispación política que ha olvidado los buenos modales democráticos. La filosofía enseña a debatir, a respetar al adversario, a ser autocrítico. Gadamer recuerda que Aristóteles destacó la importancia de la phrónesis (prudencia, sabiduría práctica) en la vida de la polis, cuya permanente invitación a la moderación frena y contiene a la hybris (desmesura, ira, apasionamiento ciego). Aristóteles sigue “representando para nosotros el ideal de la razón, el ideal de un mundo razonablemente ordenado y comprensible”. Suprimir la filosofía (o minimizarla) en los planes de estudio, sólo contribuirá a fomentar la demagogia y los mesianismos. “Si un día se acaba el preguntar, se habrá acabado también el pensamiento”, escribe Gadamer. Si un día desaparece la filosofía, la democracia probablemente sobreviva, pero indudablemente dañada. Desconocer el origen y el sentido de una forma política, sólo puede beneficiar a los que añoran el totalitarismo, con sus masas hipnotizadas y sus falsos ídolos. Quizás Ortega no se equivocaba y nuestro país sigue cautivado por “la trágica emoción del fracaso”.

Fuente: http://www.elimparcial.es/noticia/164867/opinion/

Rocío Orsi: Filosofía entre fronteras

Rocío Orsi: Filosofía entre fronteras

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Profesora de Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid. Autora de El saber del error. Filosofía y tragedia en Sófocles (Plaza y Valdés) y Butterfield y la razón histórica (Plaza y Valdés). Editora de El desencanto como promesas. Fundamentación, alcance y límites de la razón práctica (Biblioteca Nueva) y Ritmos contemporáneos. Género, política y sociedad (siglos XIX y XX) (Plaza y Valdés). Ha traducido, entre otros, a Bernard Williams y Martha Nussbaum.¿Cuál es el papel de la filosofía en la actualidad?
Hoy, como siempre, tiene que propiciar o ahondar en la comprensión de nuestro tiempo y nuestro pasado, debe proveernos el utillaje conceptual con que reconciliarnos con nuestro mundo, con todo lo que esta compleja operación entraña.

¿Crees que la filosofía está condenada a desaparecer de la enseñanza reglada?
Vamos por mal camino, y no solo porque desaparezca del bachillerato o se imparta de forma generalista en la universidad; me temo que el estudio de la filosofía pueda sustituirse, de manera callada e incluso subrepticia, por un batiburrillo de filosofías aplicadas y deontologías, de formación cívica o en valores que, si bien pueden ser enseñanzas útiles y valiosas –y aunque la percepción pública a veces las confunda con ella–, no son intercambiables por la filosofía. Quizás queramos arrinconar definitivamente esta disciplina; sería una decisión muy mala, pero podemos tomarla. Lo que sospecho es que no somos conscientes de hasta qué punto lo estamos haciendo.

Eres autora de un libro sobre Sófocles, un clásico de la tragedia griega. ¿Hay una clara frontera entre filosofía y literatura?

La filosofía es en cierto modo un género literario y en muchas ocasiones es artificioso distinguirla de la literatura. Se puede hacer filosofía literariamente, y se puede leer filosóficamente un texto literario. Explotar la condición porosa de las fronteras disciplinares nos enriquece. Sin embargo, creo que es honesto distinguir entre dos formas de discurso que tienen objetivos y reglas –concebido todo ello con bastante holgura– diferentes.

¿Forman parte filosofía y política de un todo común?
Deberían estrechar sus vínculos, pero tal y como se practican… no forman una pareja bien avenida, sino que se ignoran recíprocamente. Lo que no significa, por supuesto, que no exista una afinidad íntima entre las preocupaciones políticas y las filosóficas; de hecho, la filosofía es política. Además, las instituciones pueden obstaculizar, posibilitar o promover la práctica de la filosofía, lo cual, a su vez, afecta a las instituciones mismas: de ahí la importancia de la parrousía, de la posibilidad (o no) de hablar claro ante o al poder. Tengo la sensación, sin embargo, de que el problema no es que no podamos hablar parresíacamente: el problema es más bien que el filósofo y su público no terminan de encontrarse, quizás por una incapacidad achacable a todos y para todos perjudicial.

¿Puede ayudar la filosofía a afrontar un panorama de crisis económica y social como el que el mundo occidental vive hoy?
Debería ayudarnos a comprender qué nos ha traído hasta aquí y cómo encontrar la salida del laberinto. Sin embargo, la misma condición intemporal del discurso filosófico dificulta que, precisamente en lo que atañe a la crisis económica y social, pueda ofrecerse como una herramienta para la iluminación del presente. Mi experiencia es que la mejor filosofía va más allá, y la peor se queda corta y, en lugar de contribuir a desmontar tópicos y afinar nuestra percepción del entorno, aporta sus propios ladrillos a la construcción de un relato mítico de la crisis en que estamos sumidos.

¿Qué figura del panorama filosófico actual, nacional o extranjera, consideras una referencia ineludible?

Yo destacaría a ensayistas a la vez sesudos y mediáticos, como Antonio Valdecantos y José Luis Pardo, muy en la línea de Ferlosio. José Luis Villacañas me parece un sabio admirable, y en lo que atañe a pensadores extranjeros, quizá no se pueda dejar de leer a autores como Sloterdijk, Badiou, Butler o Agamben, y clásicos del siglo pasado como Arendt o Foucault conservan toda su vigencia.

¿Sobre qué tema o autor gira tu investigación actual?
Acabo de terminar la edición de un breve ensayo de un historiador, Butterfield. Un texto de historiografía que en su momento se leyó y citó mucho y que hoy está un tanto olvidado. Me gusta la crítica que le hace a los progresistas más entusiastas por su manera un poco atolondrada de ver el presente como si todo estuviera dispuesto para desembocar en el triunfo de la libertad y del parlamentarismo (británico, en su caso). Es del año 31, es decir, que la advertencia no podía ser más urgente (y, ¡ay!, más desoída). Así pues, no nos creamos que lo ganado no puede perderse: cada día vemos que lo más inquietante de nuestro pasado puede estar otra vez ahí, a la vuelta de la esquina…

Fuente:

http://filosofiahoy.es

Entrevista a Carlos Blanco

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Carlos Blanco (Madrid, 1986) es doctor en Filosofía, doctor en Teología y licenciado en Ciencias Químicas. Desde 1997 es miembro de la Asociación Española de Egiptología, donde estudió egipcio clásico en sistema jeroglífico (1997-2000). En 1998, a los doce años, El Mundo y medios de comunicación internacionales le consideraron el egiptólogo más joven del mundo. Entre 2009 y 2011 ha sido Visiting Fellow en el “Comité para el Estudio de la Religión” de la Universidad de Harvard. Ha publicado quince libros, entre ellos La Belleza del Conocimiento (Siddharth Mehta), Grandes Problemas Filosóficos (Síntesis), Leonardo da Vinci o la Tragedia de la Perfección (De Buena Tinta), Lógica, Ciencia y Creatividad (Dykinson), Historia de la Neurociencia (Biblioteca Nueva), El Pensamiento de la Apocalíptica Judía (Trotta), Conciencia y Mismidad (Madrid 2013), Philosophy and Salvation (Portland 2012), Filosofía, Teología y el Sentido de la Historia (Madrid 2011), Why Resurrection? (Portland 2011), así como numerosos artículos de investigación sobre filosofía, historia y cosmología. Entrevistado por periódicos, cadenas de televisión y emisoras de radio de España y de Latinoamérica, alcanzó gran popularidad con sus intervenciones semanales en “Crónicas Marcianas”, con trece años de edad. Impartió su primera conferencia a los doce años en el Museo Egipcio de Barcelona. Ha sido invitado a hablar en universidades de Estados Unidos, México, Portugal, Argentina y Rusia. Actualmente es profesor en la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid. Es miembro fundador de The Altius Society de Oxford y miembro correspondiente de la World Academy of Art and Science.

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AG: Todos sabemos que su infancia fue muy televisiva. Pasó por programas como “Crónicas Marcianas”, etc. El cociente intelectual (mayor al de Einstein) fue un reclamo para la audiencia, que sin duda le hizo muy popular. A mí, si me permite, me gustaría hacerle una pregunta. ¿La inteligencia académica va al unísono con la emocional?

CB: Creo que no existe una relación clara entre inteligencia académica e inteligencia emocional. Lo que sí pienso es que la vida académica exige interaccionar con todo tipo de personas, lo que ofrece la posibilidad de cultivar también las facetas emocionales. Se trata siempre de un equilibrio enormemente complicado, porque si la razón se deja guiar por las emociones, pierde objetividad y sucumbe a prejuicios, fugaces impresiones e injustas precipitaciones, pero si rechaza por completo la emoción, se vuelve demasiado fría e incluso ciega para comprender el mundo, sus aspiraciones y necesidades. 

AG:¿Ha tenido problemas afectivos en ese sentido? ¿Tener un cociente alto ayuda a encontrar respuestas o para ello también es necesario el factor creativo, lateral? 

CB: Ciertamente. Muchas veces, el desarrollo del pensamiento puramente teórico lleva a un callejón sin salida, se abisma en esquemas excesivamente rígidos y es incapaz de contemplar otras posibilidades enriquecedoras para la propia racionalidad. Es un tema que me fascina: ¿cómo surgen las grandes ideas creadoras? Es el mayor misterio de la neurociencia. Por supuesto, uno tiene que haber meditado mucho sobre un tema para elaborar reflexiones profundas, pero no todos los que se sumergen en una materia alcanzan el estado verdaderamente creativo, no meramente reiterativo. Probablemente el ambiente (un entorno estimulante que privilegie la creatividad) y las emociones, las predisposiciones de la psicología de un individuo para contemplar ideas nuevas y partir de presupuestos distintos, subyazcan al acto estrictamente creativo. Pero son meras elucubraciones.

AG: Pero entremos en materia filosófica, si le parece. Revisando sus ponencias y el material publicado, he comprobado que para usted el centro de gravedad actual de la filosofía es el problema mente-cuerpo. ¿Podría contarnos sus postulados respecto a ello? 

CB: En efecto. Creo que es el problema fundamental de la metafísica y la epistemología, las bases de toda filosofía. Tengamos en cuenta que prácticamente todas las ramas de la filosofía llegan a dualidades infranqueables entre, por ejemplo, materia y espíritu, cantidad y cualidad, causalidad e intencionalidad. Es el problema mente-cerebro, es nuestro insuficiente conocimiento de la naturaleza de la mente humana, y por tanto nuestro deficiente entendimiento del hombre, que es al fin y al cabo quien formula todos los interrogantes filosóficos. Estoy trabajando en una teoría del conocimiento basada en postulados y en tesis; me llevará tiempo, aunque ya tengo algo avanzado (quiero que sea lo más completa posible, y que incorpore también filosofía de las matemáticas y filosofía de la física). Mi intuición parte de que podemos organizar la teoría del conocimiento desde dos grandes postulados. Es una forma simple, aunque no la única, de elaborar una teoría del conocimiento compatible con la teoría de la evolución y con la plasticidad del cerebro humano. Sucintamente, el primer postulado nos dice que los fenómenos de la mente reflejan las leyes y la estructura de la naturaleza; el segundo sostiene que no existen conceptos irreversibles. Como postulados, no son demostrables, pero su valor puede juzgarse según su fecundidad teórica. Lo que plantea el primer postulado es que todo producto de la mente remite, en realidad, a la naturaleza, a su estructura y a las leyes que rigen el funcionamiento de esa estructura en el espacio y en el tiempo. Pero, junto a este postulado “rígido”, creo necesario proponer uno “flexible” (pues es imposible examinar la creatividad de la mente, su superación de barreras aparentemente inquebrantables, y no sentir una sincera admiración por sus capacidades). Aunque la mente parta del mundo y de las leyes de la naturaleza, goza de la suficiente flexibilidad como para imaginar infinitas combinaciones posibles de esos elementos y condiciones de contorno que conforman el universo, tal y como se presenta ante nosotros. 

AG: ¿Qué dice exactamente el segundo postulado cuando afirma que no hay conceptos inalterables, colocando como prejuicio a las categorías kantianas a priori, y exaltando la creatividad de la mente?

CB: Pensar que existe un elenco de categorías a priori en el entendimiento, sean doce, como dice Kant, o cualquier otro número, me parece incompatible con el enfoque evolucionista. ¿Cuándo y por qué surgieron esas categorías? ¿Cómo se transmiten de una generación a otra? ¿Cómo puede probarse que son inmutables, y que no se pueden añadir más categorías al entendimiento? La creatividad de la mente, que ni siquiera es rehén de las constricciones del lenguaje, nos ha permitido incluso desafiar prejuicios inveterados, como el de que todos los infinitos son iguales (no es cierto, pues el infinito de los números reales es mayor que el de los naturales). Jamás me atrevería a cerrar el espacio del entendimiento posible a un conjunto perfectamente delimitado de categorías. Creo, de hecho, que las categorías básicas son ser, no-ser y posibilidad, y que muchas de las otras categorías kantianas se infieren claramente desde estas tres; además, me parece que se trata sólo del primer escalón en una hilera potencialmente infinita de categorías y pensamientos posibles, a las que sin duda accederá una mente mucho más evolucionada que la nuestra. Digamos que hay categorías de las que no podemos exonerarnos (ser, no-ser y posibilidad), puntos de no retorno de los que ni siquiera una inteligencia superior podría eximirse, pero en este ascenso evolutivo hacia categorías cada vez más sofisticadas podemos descubrir niveles insospechados de flexibilidad en esas mismas categorías, que nos permitan asimilar un universo cuya complejidad no cesa de desafiarnos.

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AG: Ha dicho también que muchas preguntas filosóficas están irresueltas al no estar resuelto el tema de la mente. ¿La neurociencia puede ayudarnos a construir los cimientos de una nueva filosofía? 

CB: Sin duda. No sólo una nueva filosofía (que quizás no sea tan nueva, pues siempre descubrimos que ideas pretendidamente nuevas ya habían sido alumbradas por los griegos o por genios como Leibniz), sino una nueva economía, una nueva sociología… una nueva ciencia humana y social, en definitiva. Sin una teoría de la mente es imposible formular adecuadamente una teoría del comportamiento, sobre la que ha de radicar la teoría económica. Sin una comprensión neurocientífica de la mente navegamos a la deriva al intentar entender qué es el hombre y cómo se gestan los pensamientos y las más sublimes producciones del espíritu. La neurociencia está destinada a servir como base de muchas de las grandes ramas de la filosofía. Precisamente la necesidad de lo interdisciplinar es lo que hemos intentado plasmar, por ejemplo, en las conferencias Altius de Oxford: reunir a científicos, economistas, filósofos y políticos para discutir desafíos globales, como las oportunidades de la inteligencia artificial, de la extensión de la vida, del transhumanismo… 

AG: ¿Seremos capaces de dar otro salto lateral y crear un nuevo sistema filosófico? La filosofía conceptual actual, situada en la posmodernidad, necesita nuevas fuentes y nuevos discursos? 

CB: Es muy triste que la filosofía renuncie a su vocación sistemática, porque se convierte en mero comentario de texto, en erudición desprovista de pensamiento creativo. No me extraña entonces que algunos científicos sostengan que la filosofía ha muerto. La historia de la filosofía no es filosofía; es una herramienta imprescindible, pero ni agota ni puede pretender agotar la labor propiamente filosófica. Hoy urge integrar los saberes, sobre todo los científicos, para ofrecer una visión unitaria de una realidad que, a tenor de la ciencia, es unitaria. El contacto con la ciencia, sobre todo con la física fundamental y con la neurociencia, puede infundir esa sana ambición explicativa de la que la filosofía no puede desprenderse. 

AG: Dado que la novedad filosófica se cierne al mundo académico, donde existe casi en exclusiva, “anclando” y “anclada” en y para el plano teórico, ¿no sería una autoexigencia para el filósofo, desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, plantearse también la filosofía práctica y aplicada? 

CB: Por supuesto. Creo que, en último término, no existe ninguna idea filosófica despojada de algún significado práctico, positivo o negativo. Y es tarea del pensador buscar las conexiones entre lo teórico y lo práctico. En un mundo, como el nuestro, que experimenta progresos asombrosos pero que también adolece de innumerables contradicciones; en mundo, en suma, sujeto a tantos desafíos, la filosofía es más necesaria que nunca, porque inspira amplitud de miras, afán integrador, espíritu crítico y tolerancia creativa ante las visiones distintas. Por otra parte, no es cierto que la creación filosófica tenga lugar en el mundo académico. Muchos grandes filósofos, científicos y pensadores trabajaban fuera de la universidad. A veces, el academicismo lleva a disputas estériles y obtura los atisbos de creatividad filosófica. 

AG: ¿El modelo de saber de esta última puede aportar un plus de información, indagatorio, verificatorio, complementario al contemplativo? 

CB: Creo que sí. El filósofo ha de especular, y su labor no difiere tanto de la del físico teórico que formula hipótesis, muchas veces guiado por la intuición. Pero las especulaciones han de ser contrastadas con los datos empíricos, por lo que la información proporcionada por disciplinas científicas, sociales y humanísticas es esencial para la filosofía. Por parafrasear a San Ignacio de Loyola, digamos que el filósofo ha de “contemplar en la acción”, y que el contacto del mundo real ayuda inconmensurablemente a la filosofía, pues la valida o la rechaza, la impulsa o la frustra. 

AG: ¿Serían correctas las afirmaciones siguientes? 1) El problema mayor de la filosofía radica en filosofar desde referencias académicas, perdiendo el contacto con lo filosofable y filosofado. 2) El círculo vicioso trazado en la posmodernidad respecto al conocimiento podría superarse en filosofía práctica y las nuevas fuentes de saber aportables. 

CB: Sí. Creo que el academicismo y el enquistamiento en escuelas, discípulos y maestros es un error, que ahoga el pensamiento creativo. El filósofo ha de buscar el saber por sí mismo y plantearse cada cuestión como si fuera eternamente nueva. Una saludable ingenuidad es necesaria para pensar, o de lo contrario prestamos más atención a la forma que al fondo, a quién lo dijo que a lo que dijo, a la subjetividad que a la objetividad. La perspectiva hermenéutica es muy sugerente, sobre todo para disipar adanismos, pero si el filósofo se limita a leer textos y no se plantea los problemas filosóficos y la sistematización del pensamiento desde cero, sin atención a escuelas y a aspectos historiográficos, pierde su razón de ser. Me apasiona la historia, pero no por ello creo que el filósofo deba limitarse a hacer historia de la filosofía. Y, ciertamente, el contacto con el mundo real plantea preguntas y desafíos a los que muchas veces no accede el filósofo por sí solo, en la soledad de sus reflexiones. Por usar un símil evolutivo: la variación se criba siempre con la selección. La variación corresponde a la parte teórica, creativa, a la infinita ductilidad de la mente, que puede conjeturar todo tipo de afirmaciones y alumbrar toda clase de hipótesis filosóficas; la selección tiene que ver con el contraste empírico e histórico de lo que dice y propone. 

AG: Cambiemos de tema. En varias ocasiones ha defendido la existencia de Dios. En el mundo actual, agnóstico, relativista, donde la religión ha cedido la transcendencia a la cultura siendo esta el áccesit hacia lo infinito, ¿la tesis sobre Dios le parece recomendable? 

CB: Depende de qué entendamos por Dios. Cuando digo que me parece posible la existencia de Dios me refiero a que la mente humana, como imaginación orientada potencialmente a lo infinito e ilimitado, se ve legitimada a perfilar la noción de una inteligencia que desborda inconmensurablemente el entendimiento del hombre; un Dios más allá de religiones, libros y dogmas (me considero un creyente ecuménico, pues no me parece necesario confinarse a religiones, sistemas filosóficos o ideologías). Las pruebas tradicionales de la existencia de Dios son inválidas, a mi juicio, porque lo que predican de Dios podría serle atribuido al mundo. El ser supremo al que me refiero no se concibe antropomórficamente, sino como fundamento e inteligibilidad del orden del universo, como el ser previo a la realidad, como la lógica de lo posible que rige el devenir de la materia, pero como fundamento cuya justificación es indisociable del mundo. Evoca así la perfecta sinergia entre lógica y ontología, entre pensamiento y materia, entre posibilidad y realidad. El regreso infinito en la cadena de las razones suficientes se detiene entonces en la reciprocidad entre Dios como sostén de la inteligibilidad del mundo y el mundo como reflejo necesario de la inteligibilidad de Dios. 

AG: La mística, sin dogma, como búsqueda de lo absoluto, ¿es útil para el conocimiento? 

CB: Si por mística entendemos una actitud contemplativa, arrebatada por la admiración de la grandeza del universo y de la sofisticación de sus leyes, así como de la belleza que resplandece tanto en el cosmos como en innumerables creaciones del hombre, creo que sí, pues estimula la intuición y aviva el deseo de comprender aún más sobre lo que nos rodea y lo que nosotros mismos forjamos. Pero si la mística se identifica con un holismo unificador que, en lugar de analizar y descomponer la realidad para entenderla cabalmente, se refugia en expresiones vagas, en unificaciones precipitadas y en exaltaciones poéticas de lo inefable e insondable, puede paralizar la razón. Lo ideal es fundir razón y mística, el entendimiento y su dimensión estética, emocional y contemplativa, que ha inspirado a tantos grandes espíritus a consagrar sus mayores esfuerzos a formular preguntas atrevidas y a buscar respuestas no menos osadas.

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AG: ¿Cuál es su modelo de Dios a defender? Sabemos que personas como Einstein se acercaban a Spinoza. ¿A qué modelo se aproxima usted? 

CB: La noción de una inteligencia suprema converge con el futuro de la mente humana. Así como el hombre sería un dios para la fe de una criatura menos evolucionada, la inteligencia suprema encarnaría el límite asintótico al que tiende el desarrollo posible de la mente. Y sí, me siento muy identificado con el Dios de Einstein, con el sutil espíritu que permea la inteligibilidad del universo, y creo que la labor del hombre consiste en construir, en la Tierra, una obra digna de las capacidades que, por azar o necesidad, le han sido deparadas, una obra que nos enaltezca hasta las cumbres más elevadas de lo real y de lo posible, hasta el espacio mismo de lo divino. 

AG: ¿El infinito desde lo finito es posible sin el infinito? ¿Lo finito sin el infinito es posible? 

CB: Antes pensaba que el infinito sólo existía en la mente (por ejemplo, como conjuntos infinitos numerables), pero, honestamente, me resulta imposible concebir un universo que no sea infinito en el espacio y en el tiempo. Quizás esté equivocado, pero no puedo concebirlo. Creo, de hecho, que todo es un infinito numerable: cada elemento está ordenado en ese conjunto infinito que es el universo, que es la imaginación, que es el todo. Lo finito son delimitaciones arbitrarias que establece la mente, sin duda basada en fronteras más o menos plausibles que observamos en el universo, pero que, examinadas con mayor prolijidad, pertenecen a un todo infinito. Por tanto, lo finito no es posible sin lo infinito, pero lo infinito es primario en todos los sentidos. Metafóricamente, digamos que creo en la hipótesis de un continuo universal entre todas las esferas del universo, por lo que, en el fondo, creo que el infinito es la realidad fundamental. 

AG: Para finalizar le instaría, como a todos los entrevistados, a que me esbozara una definición de esta expresión: “La mirada zurda”.

(http://lamiradazurda.blogspot.com.es/)

CB: Mejor una mirada panorámica…

By:  ANTONIO GUERRERO